Eclesiastés 3:16-4:6EclesiastésNathan Díaz
Trabajando en un Mundo Impío
Transcripción
Lo que hemos visto en Eclesiastés
Hemos estado estudiando el libro de Eclesiastés desde el principio, desde el capítulo uno, y hemos estado viendo varias de estas cosas que son tan crudas, tan realistas, acerca del mundo en el que vivimos. Les doy este resumen para que lleguen hasta donde estamos hoy y conecten todo. En el capítulo uno empezamos a ver cómo el autor de Eclesiastés habla de esta monotonía que existe en la vida: nos levantamos en la mañana, vamos a trabajar, nos vamos a acostar; nos levantamos en la mañana, vamos a trabajar, nos acostamos. Y pasa un día, y otro día, y otro día; el sol sube y baja, el viento gira y gira. Y se pregunta el Predicador: ¿realmente hay ganancia en esta vida, o simplemente estamos atorados en este ciclo que nunca termina, y no estamos realmente yendo a ningún lado? Esa era su pregunta en el capítulo uno.
Y dice: "Yo me propuse explorar dónde y en qué áreas de la vida podría haber ganancia". Entonces, con toda la fortuna y toda la riqueza que tenía, construí muchas obras arquitectónicas, y sembré jardines, y planté árboles, compré ciervos, ciervas; tuve muchas esposas: "A lo mejor en el sexo es donde está la solución, o el significado de la vida". Cantores, cantoras: a lo mejor en el arte, en la música. Todas estas cosas las exploró para ver si en esas cosas a lo mejor había verdadera ganancia en la vida. Pero el resumen, al final, del Predicador es que todo es como correr tras el viento; es vanidad de vanidades.
¿Por qué? Bueno, porque al final nos morimos. Esa es una de las realidades más fuertes con las cuales nos confronta Eclesiastés: la realidad de la muerte. Todos algún día vamos a morir, lo cual hace que se vea como que todo lo que podríamos lograr en esta vida es en vano, porque el día que nos morimos no nos llevamos nada de lo que hemos logrado. ¿Y entonces qué estamos haciendo? Si al final nuestro destino, el de todos, es el mismo, que es la muerte, entonces, ¿qué diferencia hace cómo vivimos o cómo no vivimos? Es más, esa es una de las realidades que vimos: en una o dos generaciones hasta se van a haber olvidado de que existimos alguna vez. Nadie se va a acordar ya de nuestro nombre. Nadie va a decir: "Ay, mi tatarabuelo Nathan". Nadie.
Esa es la realidad que el Predicador, Qohélet, está tratando de asimilar para su propia vida. Dice: "A ver". Y empieza a mirar a su alrededor, y no ve respuestas. Y después empieza a mirar hacia arriba, y al final del capítulo 2 dice: "Bueno, sí hay parte de la respuesta". En donde podemos empezar a encontrar significado es si empezamos a reconocer que todo lo bueno que recibimos en esta vida proviene de Dios. Ese sería el primer paso hacia empezar a encontrar algo de significado. Es decir, lo que tú tienes hoy es un regalo, y viene de Dios; es de la mano de Dios. Es el capítulo 2, versículo 24.
Después, esto es lo que vimos el domingo pasado, el capítulo 3, donde el Predicador reconoce que existe un tiempo para todo, y Dios ha establecido esos tiempos: debajo del cielo todo tiene su hora. Dios estableció los tiempos para que diferentes cosas pasen: tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado. Entonces ya nos empieza a confrontar con la realidad de que, si Dios es soberano, es decir, si Dios tiene el control de todas las cosas, empieza a tener un poquito más de sentido todo. Porque quiere decir que hay un plan, que hay un propósito, y que esta vida no es todo lo que hay.
De hecho, lo confirma en el versículo 11 del capítulo 3. Dice: "Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos" —de los hombres—, "sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin". O sea, aunque tú no entiendas todo lo que está pasando y por qué está pasando, la realidad es que existe más de lo que ves. Sí hay un Creador, sí hay un Dios, sí hay un Diseñador, y sí tiene un propósito, y este mundo sí va en una cierta dirección.
Lectura del pasaje
Vamos a ver hoy desde el versículo 16 del capítulo 3 hasta el versículo 6 del capítulo 4. Ahora, esta es otra perspectiva que tiene el Predicador: "Si Dios está en control, si Él estableció los tiempos, ahora regreso y vuelvo a observar el mundo que me rodea". Eso es lo que está haciendo: va volteando hacia arriba de repente, y se acuerda de qué papel juega Dios dentro de todo, pero otra vez vuelve a poner su mirada hacia enfrente, ve lo que está pasando y lo analiza.
Y dice: "Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad. Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace. Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias. Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra? Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?
Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quién los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador. Y alabé yo a los finados" —los que ya murieron— "más que a los vivientes" —los que viven todavía—. "Y tuve por más feliz que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen. He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu. El necio cruza sus manos y come su misma carne. Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu".
Trabajamos en un mundo impío
Bueno, hay mucho aquí, y mucha cosa confusa aquí. No está muy claro a veces de qué está hablando el autor de Eclesiastés, pero vamos a tratar de examinarlo. Vamos a tratar de diseccionar esta sección de Eclesiastés y ver qué es lo que está diciendo. Creo que este es el punto de Salomón, o el Predicador: el punto es que trabajamos en un mundo impío. Estamos viviendo, y trabajando, y contemplando un mundo impío. Así que él va a plantear cuál es el problema que nos rodea.
Sí, quiero que vean... No vamos a ir en orden, pero vamos a analizar todo este pasaje viendo cuál es el problema que ve el Predicador en la sociedad. Ya leímos todo el pasaje, ya se dieron una idea, pero vamos a ir analizándolo. Número uno: vamos a ir hasta el capítulo 4, versículo 4, porque esa es una de las cosas que él ve. El problema, en realidad, él lo ve en el corazón del hombre, el corazón del ser humano. Dice: "He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo". Hay algo en la naturaleza del ser humano que así es. Tú trabajas, y trabajas, y trabajas, y logras obtener todo lo por lo que estás trabajando tan duro, y de pronto volteas a tu lado y ahí hay otro que tiene más y que trabajó menos. ¿No es la realidad? ¿Y qué hace eso? Causa envidia, ¿no? "Él, de veras, él tiene más que yo, si yo estoy trabajando mucho más duro que él; yo me he sacrificado mucho más que él". Esa es la realidad del corazón humano: siempre nos estamos comparando con otros. Siempre, siempre están las posesiones materiales. Ese es un punto de comparación donde siempre estamos comparando y diciendo: "A ver, pues él tiene eso, pero yo tengo esto; y yo tengo eso, pero él tiene eso". Siempre estamos haciendo eso.
Y no nada más son las posesiones materiales; también es la apariencia física muchas veces, ¿no? "Bueno, él está más fuerte que yo, pero yo estoy más alto". En las mujeres... bueno, no quiero decir qué cosas podrían comparar; no quiero meterme en problemas. Pero ustedes saben cómo se podrían comparar con otras personas también. Eso siempre estamos haciendo. Siempre estamos, en nuestro corazón, por naturaleza, llenos de envidia. Esa es la raíz, creo, de donde surgen todas estas cosas que él está observando en la sociedad. "Toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo. Esto es vanidad y aflicción de espíritu". Solo causa problemas, pero lo hacemos. Esa es la realidad que observa el Predicador.
Entonces la envidia es el resultado del trabajo, y el trabajo es el resultado de la envidia; va en las dos direcciones aquí, en el capítulo 4, versículo 4. Vean lo que dice Proverbios 27:4. Es sumamente honesto aquí, nuevamente. Proverbios 27:4 dice: "Cruel es el furor, e inundación la ira; pero ¿quién se mantendrá ante los celos?". ¿Quién puede resistir los celos? Nadie; esa es la respuesta.
La injusticia social
¿Cuál es la siguiente observación que hace el Predicador? Ahí está: ese es un lado, el corazón del ser humano. Es uno de los problemas de donde surge todo lo demás que estamos contemplando en la sociedad. Creo que esa es la raíz. Ahora vamos a ver cómo se manifiesta en varias áreas. Él observa la injusticia social, y eso está en el capítulo 3, versículo 16 de Eclesiastés: "Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad".
Es la frustración con la que se encuentra el Predicador. Porque en el momento en que sale y evalúa de una manera sincera y honesta la sociedad, se da cuenta de que la sociedad no funciona como debería. Algo está mal en nuestro sistema social. Y esto es con lo que nos está confrontando: todos los sistemas políticos y sociales nunca resolverán los problemas sociales. No importa quién esté gobernando, no importa quién sea nuestro presidente o quién sea el gobernador: los problemas de nuestro país nunca se van a arreglar. Siempre va a haber injusticia y siempre va a haber maldad.
Abran su Facebook en cualquier momento y se van a dar cuenta de que Facebook se ha convertido como en este lugar de frustración sobre la injusticia, ¿no es cierto? Eso es lo que más va a aparecer: "¿Cómo puede ser? Miren". ¿No? Algún video de algún policía aceptando una mordida, o algún lugar donde están tratando mal a los animales, o alguna cuestión política donde se ve una conspiración contra nosotros de todos los políticos. Queremos justicia, ¿no es cierto? ¿No es nuestro anhelo ver justicia? En el momento en que empezamos a abrir los ojos, en el momento en que salimos allá fuera y empezamos a ver cosas que no nos gustan, nos empezamos a frustrar, porque decimos: "Así no deberían ser las cosas".
No nos damos cuenta de que nosotros somos parte del problema. Siempre son los otros los que tienen el problema, no nosotros. Nosotros sí vemos claramente por qué no funcionan las cosas; ellos no. "Tú eres el problema", ¿no? Esa siempre es la acusación: "Gente como tú es el problema de nuestra sociedad". Y el Predicador sale y ve, y se siente abrumado por todo lo que está sucediendo.
Realmente, si tú no sientes este tipo de frustración en algún momento, de que las cosas no son como deberían ser, y dices: "Pues es que mi vida está bien; yo veo que todo está bien, yo veo que toda la gente es buena y que todos se tratan bien"; bueno, si piensas así, vives en una burbuja, un círculo muy limitado de gente. Pero tarde o temprano esa burbuja se va a romper, porque aun ese círculo de gente con el que estás conviviendo, que crees que es perfecto, te va a decepcionar. Tarde o temprano vas a sentir no nada más que hay injusticia en el mundo, sino que se te hace injusticia a ti. Tarde o temprano vas a lidiar con eso.
Y esta es la frustración del Predicador. Dice: ¿quién garantiza que se hará justicia? Hay una frustración aquí. Parece que no hay control, parece que nadie está viendo lo que está pasando, y sienten su frustración en estos versículos cuando los leen.
La opresión
La siguiente realidad con la que nos confronta el Predicador, de cuál es el problema, está en el capítulo 4, versículo 1. Ese es el otro problema que está viendo. Dice: "Me volví y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos, sin tener quién los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador". Esta es la frustración, nuevamente, que está sintiendo. Ve, sale, empieza a contemplar las cosas. Y les garantizo: en el momento en que empiezas a viajar un poquito, en el momento en que empiezas a salir un poquito de los círculos cómodos que a veces tenemos, empiezas a ver esto. Empiezas a ver que el poder está en manos de unos cuantos que oprimen a otros.
De hecho, o sea, nosotros podemos decir: "Ah, sí, ese soy yo, el oprimido". No; les voy a decir algo: nosotros aquí todos estamos viviendo la excepción. Nosotros somos la minoría de la población del mundo. La mayoría de la gente que vive en el mundo tiene que lidiar con poder encontrar suficiente que comer todos los días, con la esclavitud o con la represión de otros, que nosotros no conocemos aquí. O sea, yo lo que les estoy diciendo es que lo que ustedes creen que es opresión no es opresión, comparado con lo de gente que vive en India, y en China, y en África, y en otras partes del mundo. La mayoría de los habitantes de nuestro planeta vive en una realidad muy diferente a la que tú estás viviendo, donde no estás preocupado por si vas a tener algo que comer hoy y mañana, y donde no te están vendiendo como mercancía. Ese no es el problema con el que nosotros lidiamos, pero mucha gente en el mundo hoy sí está lidiando con ese tipo de aflicción.
Es la realidad: algunas personas tienen el poder y la capacidad para oprimir a otros para su propia ventaja. Ese es el mundo en el que vivimos: la opresión. En donde dice el Predicador: "No veo que exista un verdadero consuelo para los que están sufriendo. ¿Quién los consuela a ellos? ¿Tienen alguien que los pueda consolar?". Es: "Veo que sufren tanto, veo que hay tanta injusticia en la opresión que algunas personas reciben", que dice: "La muerte sería preferible". "Y alabé yo a los finados" —los que ya murieron— "más que a los vivientes" —los que viven todavía—. "Entiendo por qué se querrían suicidar esas personas; entiendo por qué, si nunca hubieran existido, sería mejor para ellos que haber entrado al mundo y experimentar lo que están experimentando. Así de grave es la aflicción que veo. No veo ningún consuelo, ninguna felicidad, ninguna satisfacción en la vida que ellos tienen". O sea: prefieres no existir a venir a este mundo nada más a sufrir. Esa es la cruda realidad con la que el Predicador está confrontándonos.
La muerte
Dice: este es el último problema que veo; la muerte es un problema. ¿Por qué? Dice en el capítulo 3, versículo 19 —este es el problema de la muerte—: "Lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad". No nada más, dice, hay injusticia; no nada más hay opresión; no nada más hay envidias; sino que, si tú lo analizas fríamente, te das cuenta de que tú y tu perrito terminan igual: un día se mueren y regresan al polvo. Entonces, si yo soy como un animal, o termino como un animal, entonces aún menos esperanza existe para el ser humano. Porque no nada más es que no hay consuelo cuando hay opresión; no es que nada más no podemos tener una sociedad justa, que siempre va a haber injusticia; sino que además todos nos vamos a morir, e igual. Esa es la perspectiva que él está teniendo acerca de la vida del ser humano: a ver, ¿existe significado? ¿Existe algo por qué vivir? ¿Existe esperanza, realmente, más allá de lo que estoy viendo delante de mis ojos?
De vuelta a Génesis
Quiero que vean un detalle muy importante aquí. El Predicador está retomando conceptos que leímos en la creación original. De hecho, desde el domingo pasado, cuando estábamos viendo el capítulo 3, versículo 11, donde dice: "Todo lo hizo hermoso en su tiempo". Esa es una referencia también a cómo fue originalmente la creación: todo hermoso, todo perfecto. Y ahora está viendo que algo está pasando con esa creación. Dios sí creó todo perfecto, pero eso perfecto ya no es perfecto. Y entonces ahora también está regresando a otra realidad, que es el versículo 20: "Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo". Esa también es una referencia, ¿a qué? A Génesis.
A ver, Génesis 3:17, ¿qué dice? Ese es el problema que fue introducido en Génesis. Entonces Dios le dijo a Adán: "Por cuanto has escuchado la voz de tu mujer, y has comido del árbol del cual te ordené, diciendo: 'No comerás de él', maldita será la tierra por tu causa; con trabajo comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y abrojos te producirá, y comerás de las plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás".
Esta es la realidad a la cual está regresando el Predicador. Está diciendo: "Yo solo estoy observando lo que Génesis 3 dijo que era una realidad de parte de Dios". Dios ya había establecido las cosas así: vas a trabajar, vas a sudar, no va a ser fácil; te vas a enfrentar a injusticia, te vas a enfrentar a envidia. ¿Por qué? Porque el pecado ha entrado en la humanidad. Así va a ser. Vivimos en una sociedad corrompida por el pecado, y la consecuencia final de eso es: te vas a morir y te vas a hacer polvo.
Disfruta tu trabajo
Bueno, no podemos terminar aquí el mensaje, porque van a estar muy deprimidos el resto de la semana. ¿Cuál es la solución? Está aquí en el pasaje también: la solución a estos cuatro problemas con los cuales está siendo confrontado Salomón. Número uno, la primera solución a lo que está viendo, dice el versículo 22 del capítulo 3: "Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?". La primera cosa que quiere que pensemos como solución a este problema es: disfruta tu trabajo, porque Dios te lo ha dado. Lo que haces, Dios te lo dio.
A veces vemos el trabajo como algo malo, como algo que... o sea, es la frustración de nuestras vidas: que tenemos que trabajar. "Si me ganara la lotería, ya no tendría que trabajar"; eso pensamos, ¿no? No. Disfruta tu trabajo; Dios te lo dio. Eso es parte de la experiencia que Dios quiere que tengas en este mundo. De hecho, el trabajo no fue introducido como consecuencia del pecado; las complicaciones del trabajo son lo que fue introducido a causa del pecado. Dios les dio trabajo a Adán y Eva antes de que pecaran. Pero había una armonía y una paz dentro de esa creación, con la cual ellos podían disfrutar plenamente de su trabajo. Y el Predicador quiere regresarnos a eso, decir: "Miren, vean el trabajo que Dios les ha dado como un regalo de Dios, y disfrútenlo. Disfrútenlo; no es algo malo".
No te afanes por tener más
Ahora, la segunda solución que ve a este problema. Dice: la otra cosa que puedes hacer, al contemplar esto que está sucediendo en nuestra sociedad, es: no te afanes por tener más, más. No te afanes por tener más. Y aquí hay dos perspectivas que él da, que podrían ser el resultado de decir: "Bueno, aquí estoy, tengo que trabajar, y veo que él está echando ganas para tener más; veo que él está echando ganas para tener más. Pues yo también tengo que echarle ganas para tener más; ese debe ser también mi propósito". O que tanto te hayas esforzado por tratar de tener más, y que al final los demás tengan más sin esforzarse tanto como tú, que digas: "Mejor que me mantenga mi esposa. Mejor voy a vivir con el mínimo de esfuerzo, ¿no? Ah, si quieren darme algo, pues ya que me den. No, pero mejor vivo como hippie".
Pero esto es lo que él tiene que decir sobre esa actitud hacia el trabajo. Dice el versículo 5 del capítulo 4: "El necio cruza sus manos y come su misma carne". ¿Qué es esto de cruzarse de manos? Es eso que les acabo de decir. Vean lo que dice Proverbios 6. Proverbios 6, versículos 6 al 11: "Ve, mira la hormiga, perezoso; observa sus caminos, y sé sabio. La cual, sin tener jefe, ni oficial, ni señor, prepara en el verano su alimento, y recoge en la cosecha su sustento. ¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de dormir, un poco de dormitar, un poco de cruzar las manos para descansar, y vendrá como vagabundo tu pobreza, y tu necesidad como un hombre armado". Eso es lo que pasa si estás en ese lado: te vas a morir de hambre, vas a terminar comiéndote tu propia carne. Esa es la manera en que lo pone aquí.
Pero creo que la mayoría de nosotros no estamos tan propensos a ese lado. Hay gente que sí, pero creo que la mayoría de nosotros estamos propensos al lado más común, que es afanarnos por trabajar más y tener más. Y ahí es donde entra el versículo 6 del capítulo 4. Dice: "Más vale un puño lleno con descanso, que ambos puños llenos con trabajo y aflicción de espíritu". Sí, a lo mejor, si te afanas lo suficiente y empiezas a trabajar como loquito, podrás tener un poquito más, y no nada más llenar esta mano, sino llenar esta mano también. Pero adivina qué viene con eso: aflicción de espíritu. Entre más tengas, probablemente más infeliz serás.
Piensas que no es así. Piensas: "Entre más tenga, más satisfacción tendré, mejor me sentiré sobre mí mismo y mis logros". Pero te das cuenta de que, cuando tienes más, quieres más, y así, y no acaba, y te consume ese deseo. Más posesiones solo representan más aflicción. Les voy a leer algunos otros proverbios; no los tienen que buscar. Pero Proverbios 15:16 dice: "Mejor es lo poco con el temor del Señor, que gran tesoro y tribulación con él". Proverbios 16:8 dice: "Mejor es poco con justicia, que gran ganancia con injusticia". Proverbios 17:1 dice: "Mejor es un bocado seco y con él tranquilidad, que una casa llena de banquetes con discordia".
Y Jesús dijo esto, Lucas 12:15: "Estad atentos y guardaos de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes". Ahora, la sociedad nos está diciendo lo contrario: la vida consiste en tus bienes. Porque todos los comerciales y toda la publicidad que nos rodea está enfocada en hacernos sentir que, si yo tengo ciertas cosas, entonces estoy mejor. Pero dice el Predicador: debe existir un balance aquí, donde sí trabajas, y sí eres responsable, y sí haces lo que tienes que hacer para ganarte la vida, pero vives en paz. Vives tranquilo, no vives afanado, no vives estresado, no vives como la mayoría vive. ¿Se dan cuenta? Vivimos en una sociedad donde el trabajo lo es todo. Esa es la sociedad en la que vivimos, donde la manera en que te desarrollas laboralmente se convierte en el todo de tu existencia. Y entonces la gente está trabajando día y noche, día y noche, para tratar de tener un poco más y para tratar de sentir que están siendo un poquito más exitosos.
Esa es la realidad que nos está rodeando. ¿Y entonces qué pasa? Vemos hogares quebrados, hogares divididos, peleas, riñas; "no tengo tiempo para hacer las cosas que son importantes". Esa es la realidad de nuestra sociedad. La Biblia nos está advirtiendo una y otra y otra y otra vez contra eso. Y aquí está: el Predicador nos dice: "Más vale un puño" —no dos, uno nada más— "lleno, pero con descanso, que ambos llenos con trabajo y aflicción de espíritu".
Al justo y al impío juzgará Dios
Ahora, esa es la otra realidad. Ya vimos esto; es la cuestión del trabajo, cómo lidiamos con el trabajo en nuestra sociedad. Pero ¿cuál era el otro problema que había visto el Predicador? Había visto también que existe el tema de la muerte, ¿no? Todos vamos a morir, y eso es sumamente deprimente. Pero la razón por la que eso es deprimente es porque parece que cuando te mueres ahí se acaba todo. Esa es la razón por la que es tan deprimente. Porque, a nuestros ojos, se muere un perrito y lo enterramos, y ya, ahí fue. Y se muere una persona y la enterramos, y ahí fue. Ese es el problema con el que está lidiando.
Y dice: "Si es así, entonces toda la injusticia que se comete en la sociedad nunca verá justicia, nunca". Porque mucha gente vive toda su vida cometiendo injusticia, y al final nadie le hace pagar por las cosas injustas que hizo, ¿no es cierto? O sea, esa idea de que sí, todos obtienen su recompensa en esta vida, y sí, todos obtienen su castigo en esta vida, es falsa. No es cierto. En ciertas áreas sí, pero por lo general no es verdad. A menos que... ¿qué dice el Predicador? Versículo 17: "Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace". Si Dios de veras es soberano, y tiene control de todas las cosas, y Él ha establecido el tiempo de la muerte, entonces puede ser que después de la muerte venga verdadera justicia para todo ser humano, y Dios la establece. Dios sabe cómo hace la justicia.
¿Quién sabe si el espíritu sube arriba?
Quiero que vean, nada más brevemente —les voy a explicar esto—, que si ustedes leyeran así, nada más, estos versículos, dirían: "¡Híjole! Pues aquí me está diciendo que no pasa nada después de la muerte". ¿No? Como que hay una contradicción aquí en el Predicador, porque dice: "Bueno, sí, Dios los juzgará", pero el fin de un animal y de una persona es el mismo. Parece que eso es lo que está diciendo. Pero vamos a ver qué es lo que está diciendo. Dice: "Como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad. Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo".
¿Qué es lo que está diciendo? ¿Somos iguales a los animales, sí o no? Sí, porque nos morimos igual que los animales; en ese sentido sí somos iguales. Pero sí hay una diferencia, y aquí es donde entra esta diferencia. Dice el versículo 21: "¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?". A ver, si yo quisiera comprobar científicamente qué pasa después de la muerte, ¿podría hacerlo? No. Nadie puede, por observación nada más racional, saber qué pasa; nadie. Físicamente, lo que está delante de ti es muerte, punto; ahí acaba.
Pero la Biblia nos está diciendo otra realidad. No la puedes ver, no la puedes confirmar científicamente, pero sí te está diciendo otra realidad. Ya nos dijo el Predicador en el capítulo 3, versículo 11: Él ha puesto eternidad en el corazón de ellos. Y si Él ha puesto eternidad en el corazón de ellos, y si Dios juzgará al justo y al impío, como dice el versículo 11, entonces, aunque no podemos comprobar hacia dónde va una persona después de que muera, si eso es verdad, entonces el espíritu o el alma de la persona va hacia arriba, y el alma de un animal va hacia abajo; es decir, deja de ser. Si eso es verdad, si la eternidad existe, entonces del ser humano sí podemos saber que sube hacia arriba.
Y cuando el versículo 22 —perdón— termina con esta pregunta: "¿Quién lo llevará?", ¿quién llevará al hombre para que vea lo que ha de ser después de él?, ¿saben cuál es la respuesta? ¿Quién es el único que puede llevarnos a ver lo que sigue después? Dios. Dios es el que nos llevará para que veamos lo que ha de ser después. Ninguna persona puede mostrártelo; Dios es el que lleva al alma hacia la eternidad.
El juicio pospuesto
Y hay otro detalle, nada más, que quiero que vean. Dice: "Dije en mi corazón: Es así por causa de los hijos de los hombres" —esta realidad de la muerte de las bestias—, "para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias". ¿Cómo es que Dios nos está probando en la realidad de la muerte, para que veamos que somos como los animales? Ahora, está justo después de que habló de que Dios hace juicio. Dios hace juicio, y esto es para probar a los seres humanos y mostrarles que son como animales. Ese es el razonamiento. Es muy extraño, pero vamos a pensarlo un poquito.
Creo que a lo que se refiere esto es a que el posponer Dios el juicio es para mostrar que el hombre en realidad sí está inclinado al mal. ¿Por qué? Porque, cuando no crees que hay algo después de esta vida, entonces tienes más licencia para hacer injusticia, ¿no es cierto? O sea, ¿qué es lo que provocaría que salga el mayor mal en la sociedad? El creer que todo se acaba con la muerte. "Aprovecha, gana ventaja; no importa que tengas que oprimir a los demás, porque tú eres tu único dios, y lo que logres o hagas en esta vida es todo lo que hay. Si lograste mucho, tuviste mucho; aprovecha. Pues ¿qué te importan los demás? ¿Qué te importa la moral de una sociedad, cuando no hay nadie que pueda asegurarse de que seas juzgado de acuerdo a esa moral?".
Ese es el problema que ve el Predicador. Dice: "A ver, Dios está posponiendo Su juicio. No lo vemos todavía; sé que lo hará algún día. Pero mientras, todos morimos igual, y eso solo está haciendo florecer más la injusticia en la sociedad". Vean el capítulo 8, versículo 11 de Eclesiastés. Dice —y de ahí es de donde viene mi manera de interpretar este pasaje de Eclesiastés 3—: "Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal". O sea, si se tarda, si se prolonga un poquito el juicio, entonces el ser humano tiene más oportunidad para hacer cosas malas. Eso es lo que está diciendo. Y si tú ves la muerte como el fin de todas las cosas, entonces haz lo que quieras, porque, al fin y al cabo, a lo mejor hoy te mueres; ¿qué importa?
Pero la Palabra nos está confrontando con otra realidad. Dice 2 Corintios 5:1: "Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos". Vayan al versículo 6: "Por tanto, animados siempre y sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor". Y el versículo 8: "Pero cobramos ánimo, y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor". El juicio venidero solo es real si hay algo después de la muerte. Si Dios realmente puso eternidad en nuestros corazones, entonces sí hay un juicio. Entonces sí, lo que aparentemente está sucediendo en este mundo, que está fuera de control, no está fuera de control, porque hay algo más después de esta vida, aunque no lo parezca. Esa es la realidad. Ese es el problema que ve aquí: "No sé; se supone que está Dios y que ha puesto eternidad, pero lo que veo... esa parte no la veo. Lo que yo veo es lo que está aquí enfrente de mí".
La solución más profunda: Cristo
Así que quiero concluir con una cosa más, y esto está fuera de Eclesiastés. El problema lo plantea Eclesiastés, pero la solución está fuera de este libro, y es una solución aún más profunda a estos problemas que hemos contemplado hoy. ¿Se acuerdan de que eran cuatro cosas cuando vimos los problemas que planteó el Predicador? Número uno: el primer problema era el corazón del ser humano. Está inclinado hacia el mal; ya lo vimos. El ser humano, por naturaleza, busca lo que le conviene y lo que lo pone a él en el centro de su universo; es decir, rebeldía e independencia de Dios.
Pero cuando vamos al Nuevo Testamento, y vemos cómo culminó en Cristo la historia, hacia todo lo que estaba apuntando... Ahí estaba el problema, pero Jesús fue sin pecado. Es decir, Él no tenía ese problema de la naturaleza del ser humano en Su corazón; Él fue sin pecado. Y eso es lo que nos dice 2 Corintios 5:21: "Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él". ¿Cómo es que tú puedes ser perfecto delante de Dios? Porque Jesús fue perfecto. Por eso; no porque tú puedas ser perfecto, sino porque Jesús fue perfecto por ti. Por eso es que Él no tuvo pecado. Jesús no tuvo pecado y vivió una vida perfecta para que esa perfección pudiera ser tuya, porque eso es lo que necesitas.
Dios no acepta un corazón inclinado hacia el mal. No lo acepta. Dice: "¿Sabes qué? Fallas". O sea, nosotros tenemos un estándar y decimos: "Bueno, es que yo no soy tan malo; yo soy como de los buenos, ¿no? Yo estoy de este lado; yo no me veo como que soy de la gente mala". Pero Dios está diciendo: todos pecaron, todos están destituidos de la gloria de Dios. Todos tienen el mismo problema; todos hemos fallado. Nuestro corazón es el mismo. No hay nadie que sea más apto para presentarse delante de Dios que Jesucristo, y no hay nadie que pueda presentarse delante de Dios más que Jesucristo.
Jesús experimentó la injusticia
Número dos: ¿cuál era el segundo problema? La injusticia. Jesús experimentó la injusticia para darte a ti justicia. Lucas 23:41. Cuando estaba crucificado Jesús junto a los dos ladrones, ambos tuvieron una reacción diferente ante lo que estaban viendo. Y uno dice: "¿No eres el Hijo de Dios? Pues bájanos", ¿no? Como demandando sus derechos, pensando que Dios le debía algo a él. Y el otro ladrón se dio cuenta de una realidad muy importante. Él dijo: "Nosotros, a la verdad, justamente estamos aquí en esta cruz, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos; pero este nada malo ha hecho".
Si hay una persona, una persona en este mundo que fue tratada realmente injustamente, ¿saben quién fue? Jesús. Él realmente experimentó injusticia. Porque podríamos argumentar que, aunque hay injusticia en este mundo, ¿qué ventaja tiene una persona? ¿Por qué una persona debe ser tratada mejor que otra, y por qué uno debería tener ciertas preferencias sobre otros? Esa es la realidad del mundo en el que vivimos. Pero si vemos que el corazón del hombre es malo, y que todos merecemos injusticia, entonces más bien lo que nos debería sorprender es que nos traten justamente, ¿no? Si lo que merecemos es injusticia, en realidad; porque ese es el mundo en el que vivimos, ese es el corazón de todos: ser injustos.
Pero Jesús no merecía ser tratado como fue tratado, porque Él sí era perfecto. Y la razón por la que Él sufrió injusticia fue para que tú pudieras tener justicia; no por lo que mereces, sino por lo que te ha sido dado. O sea, ¿Dios puede declararte justo? Sí, porque Jesús fue tratado injustamente. Y va a ser perfectamente justo si tú te paras delante de Dios y dices: "Sí, Señor, yo puedo estar aquí delante de Ti, y sé que me vas a aceptar, porque he confiado en Tu Hijo". Dios es perfectamente justo en aceptarte; perfectamente justo. No hay ninguna injusticia en Dios en hacer eso, porque Su Hijo vivió la justicia que tú no pudiste vivir.
Jesús fue oprimido
Leyeron este pasaje hoy en la mañana: Jesús fue oprimido. Existe este problema de opresión para el Predicador: no hay consuelo para los oprimidos. Jesús fue oprimido. Dice Isaías 53, versículo 3: "Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos. Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor quiso que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros".
La opresión en este mundo no es el principal problema que tú puedes tener; la opresión eterna es el principal problema que puedes tener. Porque, si existe, dice, si hay vida después de esta, si hay vida después de la muerte, si existe algo después de esta muerte, ¿cuál es esa realidad? Dice la Biblia: la realidad es que o has sido perdonado o has sido condenado. No hay otra opción, porque todos hemos pecado. Entonces, o eres perdonado, o eres juzgado por lo que hiciste. No hay otra. No hay como una balanza, como: "Ay, este como que sí, sí, sí, todavía tiene unos problemas, pero no está tan abajo, ¿no?". Como que: "Con seis pasan; no, cinco ya reprueban; seis pasan". ¿Hace eso Dios? No. Dice: es 10 o es cero, no hay otra. O eres perfecto, eres justificado perfectamente por la sangre de Jesús, o eres condenado por toda la eternidad por lo que hiciste. Así funciona la justicia de Dios; no hay otra opción.
Pero Jesús fue oprimido para que tú no tuvieras que ser oprimido y condenado por tu pecado. No injustamente habrías sido oprimido por tu pecado; habrías sido condenado y oprimido justa y perfectamente, de acuerdo a la ley de Dios.
Jesús padeció la muerte
Último punto: ¿cuál era el último problema con el que se encontraba el Predicador? La muerte, ¿no? Y ese es el otro problema con el que nos enfrentamos: morimos. Y la solución más profunda nos está apuntando, en la vida de Jesús, a que Jesús padeció la muerte para que tú pudieras tener vida. Y eso es lo que dice Romanos 5:10: "Porque si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de Su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por Su vida". Él venció a la muerte para que puedas saber que sí puedes tener vida, y vida eterna después. El día en que tú mueras no es el capítulo final de tu vida; es donde apenas está empezando tu vida. Por eso es que dijo Jesús en Juan 11:25: "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en Mí, aunque muera, vivirá".
¿Soluciona esto el problema con el que se encontró el Predicador? Sí, sí soluciona el problema. Porque yo sé que no nada más hay algo después de la muerte, y que hay justicia de parte de Dios, sino que tengo una manera provista por Dios mismo para que, en ese juicio que se haga sobre mi vida, yo pueda ser declarado inocente. ¿No es increíble? Dios ha provisto la manera para que yo ahorita pueda saber que el día en que yo muera y sea enjuiciado por Dios, sea declarado inocente. ¿Cuál es esa manera? Mira a Cristo. Mira lo que Él hizo por ti.
Por eso hacemos esta reunión que tuvimos hoy en la mañana: la Cena del Señor, con el pan y las copas con el jugo, es un recordatorio de esa realidad. Jesús murió por ti, y esa es tu única esperanza. En eso estamos parados; no hay otro fundamento para la vida cristiana. De eso se trata todo para el cristiano: "Jesús, yo reconozco que he fallado y que he quebrantado Tu ley. Pero también te veo a Ti, y veo cómo Tú la cumpliste perfectamente, y sé que me estás ofreciendo darme Tu justicia. Cuando te veo ahí en la cruz, derramando Tu sangre, sé que es por mí, y que me lo estás dando como un regalo por medio de la fe, para que yo pueda ser reconciliado con Dios y pueda vivir eternamente en perfecta armonía, en perfecta paz, contemplando la gloria de Dios", que es para lo que finalmente tú y yo fuimos creados. Él puso eternidad en nuestros corazones, y la manera de contemplar esa eternidad y vivir esa eternidad en el gozo perfecto de Dios es basándola primeramente y fundamentalmente en lo que Jesús ya hizo.
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