Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Isaías 61IsaíasNathan Díaz

La salvación de la simiente de Sión

¿Qué significa “el año favorable del Señor” que Jesús proclamó en Nazaret? Isaías 61 anuncia el jubileo: deudas canceladas, cautivos libres y un pacto eterno para quienes reconocen su esclavitud al pecado. El sermón explica cómo esa libertad se ve hoy en gozo, salvación, justicia y alabanza, la ropa que Dios pone sobre los suyos.

Transcripción

Dónde vamos con Isaías

Bueno, tenemos planeado que podamos terminar Isaías justo antes de las conferencias de misiones de las que hablaba Roberto y de la celebración del aniversario; eso es justo el domingo antes. El plan es terminar Isaías. Y para los que han estado preguntando qué libro vamos a ver después: en marzo vamos a empezar a ver 1 Corintios. Entonces ese va a ser el siguiente libro en nuestras series expositivas. Y recuerden, vamos Nuevo Testamento, Antiguo Testamento; así vamos alternando. Y aunque 1 y 2 de Corintios sería bueno verlos juntos, ¿no?, pero bueno, vamos a ver qué pasa.

Entonces hoy vamos a estar viendo Isaías 61, que continúa con la misma esperanza y el mismo gozo que habíamos estado viendo en el capítulo 60. Porque en el versículo 20 del capítulo 59 había una promesa: "Vendrá un Redentor a Sion, y a los que se aparten de la transgresión en Jacob". Y nos preguntábamos entonces: si viene un Redentor a Sion, si viene a redimir a su pueblo, ¿cómo se va a ver eso? Y el capítulo 60, que vimos el domingo pasado, nos mostraba aspectos de la gloria futura que viene a Sion, aspectos de lo que representa no nada más la primera venida en su inauguración del reino, sino la segunda venida en la culminación del reino, en donde podemos ver ya una nueva creación perfecta, eterna, de la gloria de Dios, en donde estamos disfrutando de Él para siempre. Y eso en el capítulo 60 lo estamos viendo.

Y van a encontrar en Isaías este tipo de contrastes continuos en cuanto al Mesías, en cuanto al siervo que hemos estado leyendo en otros capítulos, donde está un aspecto de la primera venida siendo representado y descrito, y luego también un aspecto de la segunda venida siendo ejemplificado y descrito. Y eso lo vamos a ver también ahora en el capítulo 61.

La simiente de Sion

Y nada más quiero adelantarme ahorita para que vean de dónde viene el título y de qué se trata esta idea de la simiente de Sion. Versículo 9 del capítulo 61: "Entonces su descendencia será conocida entre las naciones, y sus vástagos en medio de los pueblos; todos los que los vean los reconocerán, porque son la simiente que el Señor ha bendecido". Entonces tenemos esta simiente siendo descrita. Y en todos estos títulos, estos capítulos, hemos usado el término "Sion", porque es el término que usa Isaías para describir al pueblo de Dios: Sion, el verdadero pueblo de Dios. Y lo que representa ser de la simiente de Sion, eso es lo que vamos a ver hoy en el capítulo.

Pero esto se regresa mucho más. Y hoy en la mañana, cuando estaba compartiendo, Giuseppe mencionó este versículo específicamente: Génesis 3:15. Y Génesis 3:15 es un versículo muy importante en la Biblia, porque nos muestra desde un principio cómo el plan de Dios se va a desarrollar en dos diferentes líneas, dos diferentes simientes. Y entonces hay un nacimiento que pertenece a la simiente de la serpiente, que es la simiente de los que se rebelan contra Dios y se han querido independizar de Dios, siendo ellos su propio dios, que es lo que hicieron Adán y Eva originalmente. Y hay la otra simiente, que es la simiente de la mujer, que representa la simiente que va a ser redimida y va a ser perdonada de su pecado por Dios, y preservada a lo largo de las generaciones, para tener Dios un pueblo para sí mismo, un remanente.

Y esa simiente se va a ver siendo desarrollada a lo largo de todo el Antiguo Testamento, cómo Dios preserva esa simiente. Y a lo largo del Antiguo Testamento nos está apuntando hacia Cristo Jesús como el que hace posible que esa simiente exista, como el que hace posible que la descendencia del Mesías sea una realidad. Ya leímos en el capítulo 53: "Verá su descendencia". Entonces es el descendiente: la simiente de la mujer crea para sí mismo una descendencia, que es la simiente de Dios. Entonces siempre hay estos dos lados: está el lado de los enemigos de Dios y el de los hijos de Dios. "Pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu simiente y su simiente; Él te herirá en la cabeza y tú le herirás en el talón".

La promesa: el ungido trae libertad

Bueno, entonces, ¿qué dice el capítulo 61 sobre cómo esta simiente va a ser redimida, cómo va a venir salvación para esta simiente? Los primeros tres versículos nos muestran esta promesa: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido el Señor para traer buenas nuevas a los afligidos; me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los cautivos y liberación a los prisioneros; para proclamar el año favorable del Señor y el día de venganza de nuestro Dios; para consolar a todos los que lloran, para conceder que a los que lloran en Sion se les dé diadema en vez de ceniza, aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido; para que sean llamados robles de justicia, plantío del Señor, para que Él sea glorificado".

Señor, guíanos en el entendimiento de tu Palabra, que podamos ver aquí cómo es que tú quieres mostrarnos una verdad importante acerca de ti mismo, y que sea una realidad en nuestros corazones al meditar en esto. En tu nombre oramos, amén.

Somos prisioneros que necesitan ser liberados

Vamos a ser liberados por Dios. Primero, porque la promesa de este texto es que vamos a ser liberados de nuestra esclavitud: somos prisioneros, somos cautivos. Eso es como nos describe: estamos quebrantados, somos cautivos, somos prisioneros. Esas son las descripciones que hace este texto, y esa es la razón por la cual necesitamos ser liberados. Esa es la razón por la cual este versículo 1 describe que está trayendo buenas nuevas. Para que sean buenas noticias, tiene que haber malas noticias primero, y ya hemos sido confrontados una y otra vez en el libro de Isaías con esta verdad: que somos culpables delante de Dios, que tenemos un problema con Dios, que nuestro pecado nos separa de Dios. Eso ha sido repetido una y otra vez, y Dios es el que hace ese juicio contra nosotros. Entonces la esperanza viene porque, a la luz de esa culpabilidad, existe salvación, existe libertad.

Y estaba pensando sobre esto, estaba pensando cómo describe esta situación en la que estamos, y yo me estaba imaginando realmente uno de los peores escenarios que podríamos vivir cualquiera de nosotros: sería que nos metieran a la cárcel, ¿no es cierto? Que esa es una de las cosas más difíciles, o más tristes y angustiantes, que podríamos vivir. Y honestamente, si somos culpables, pues tendríamos que aceptar esa sentencia. Y el escuchar este veredicto de culpable: cuántos años, cadena perpetua; que te dijeran "esta es tu sentencia, esto es lo que mereces", y vas a la cárcel, y estás detrás de esos barrotes, y no tienes libertad, y no puedes salir, y no puedes hacer lo que tú quisieras hacer.

Esa es la idea que está tratando de ser comunicada acerca de nuestra situación espiritual. Esta es la realidad que todo ser humano vive por naturaleza: es enemistad contra Dios, y es esta esclavitud que existe de todo ser humano al pecado. El pecado no nos permite tener comunión con Dios, así como esos barrotes de la celda no nos permiten salir y disfrutar de la libertad que la mayoría de nosotros disfrutamos, donde podemos ir y hacer lo que queramos. De la misma manera, no podemos disfrutar de la comunión que deberíamos poder tener con Dios por nuestro pecado; estamos encerrados, no podemos salir. Y entonces ese es un aspecto que pueden imaginarse: cómo se sentiría estar encarcelados, cómo se sentiría estar detrás de los barrotes por una sentencia justa en la cual nosotros sí somos culpables, y escuchar: vine a darte libertad, para que puedas salir de ahí.

¿Cuáles son las cosas que afligen nuestro corazón? Todos conocemos... A lo mejor, para algunos de nosotros, diríamos: bueno, es que yo nunca he estado en la cárcel y no creo que nunca vaya a estar en la cárcel, así que no me preocupa. Pero todos conocemos lo que es estar endeudados económicamente; eso sí todos lo conocemos, sabemos lo que significa deber dinero. Y normalmente, cuando te llega tu estado de cuenta y te dicen cuánto debes, te das cuenta en cuántos problemas realmente estás: es tanto, gasté tanto, debo. Y ese sentimiento, esa carga, esa opresión que se puede sentir, ese estrés que se puede sentir a causa de una deuda, todos conocemos ese sentimiento. Y es la imagen que nos está presentando este pasaje: nos está presentando un escenario en el cual viene alguien y nos dice: tu deuda ha sido pagada, eres libre de esa deuda, ya no debes nada.

El año del jubileo

Ahora, la imagen aquí en el texto está en el versículo 2, y quiero que lo vean porque es importante, cuando dice "para proclamar el año favorable del Señor". Esto es una imagen que proviene del mismo Antiguo Testamento donde está Isaías, pero esto es de la ley mosaica, y es lo que vamos a encontrar en Levítico, en Levítico 25. Existía... es toda una descripción, pueden leer todo el capítulo si quieren, el 25 y el 26, de hecho; está un lado negativo también. Pero el lado positivo que está siendo escrito en Levítico 25 es lo que se conocía como el año del jubileo.

Levítico 25, versículo 8: "Contarás también siete semanas de años para ti, siete veces siete años, para que tengas el tiempo de siete semanas de años, es decir, cuarenta y nueve años. Entonces tocarás fuertemente el cuerno de carnero el décimo día del séptimo mes; en el día de la expiación ustedes tocarán el cuerno por toda la tierra" —y esto es importante, porque ustedes van a anunciar públicamente este año; este año es un año de celebración que ustedes tienen que proclamar, pueblo de Dios—. Y dice: "Así consagrarán el quincuagésimo año" —o sea, año número…— "y proclamarán libertad en la tierra para todos sus habitantes; será de jubileo para ustedes, y cada uno de ustedes volverá a su posesión, y cada uno de ustedes volverá a su familia".

Entonces este es un año muy especial, porque las deudas son perdonadas, las tierras son regresadas nuevamente —si es que las habían perdido por alguna razón, por alguna deuda—, y los esclavos regresan a su libertad; todos restaurados nuevamente. Es como borrón y cuenta nueva cada cincuenta años. Eso era lo que al pueblo de Israel se le había ordenado. Este era el año favorable del Señor; esto era lo que representaba para el pueblo, en un sentido literal: libertad, el perdón de mis deudas.

Aquí está siendo retomado este concepto, para ahora decir: alguien va a tener el Espíritu del Señor sobre de él, va a ser ungido por Dios, y esa persona va a traer buenas nuevas al mundo afligido, al mundo que está quebrantado, al mundo que está en esclavitud y prisionero, y va a proclamar: este es el año en el cual las deudas serán perdonadas, este es el año favorable del Señor. Esto es lo que el jubileo representaba, lo que yo he venido a hacer.

Jesús en la sinagoga de Nazaret

¿Quién es? Lucas 4, versículo 18: "Jesús llegó a Nazaret, donde había sido criado, y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de reposo y se levantó a leer. Le dieron —por casualidad— el libro del profeta Isaías, y, abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 'El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres; me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año favorable del Señor'". ¿Se pueden imaginar esta escena? Está Jesús leyendo el texto, y justamente se detiene ahí, "para proclamar el año favorable del Señor". "Cerrando el libro, lo devolvió al asistente, se sentó". ¿Se imaginan la escena? Imagínense: ah, regresa, pone el rollo, ya leí el texto de hoy. "Y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en Él". ¿Nos vas a explicar algo del texto, Jesús? Dice: esto es lo único que tengo que explicarles: "Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído".

Imagínense la reacción de la gente cuando escuchó eso, cuando Jesús les dijo: aquí, esto que les acabo de leer, están viendo el cumplimiento. ¿De qué estás hablando, Jesús? ¿Tú eres este Mesías? ¿Estaba hablando de ti Isaías? Sí, estaba hablando de mí. Entonces, Jesús... no tenemos que dudar de cómo tenemos que interpretar el cumplimiento de este texto: Jesús hizo ese trabajo por nosotros, y Lucas, al registrarlo, para que entendamos exactamente qué es lo que estamos leyendo cuando leemos Isaías.

Y si ustedes leen, lo que empezó a pasar, esto fue justo al principio del ministerio de Jesús, y ya ha sido ungido por Juan el Bautista en su bautismo, ya se ha representado esta idea del ungido de Dios —que los reyes, los sacerdotes, los profetas eran ungidos como símbolo de que iban a llevar a cabo la obra de parte de Dios para el pueblo—. Y Jesús, al principio de su ministerio, es bautizado para mostrar que él está siendo ungido por Dios para llevar a cabo la obra que se le ha encomendado por Dios, profetizada desde Isaías: como rey, como profeta, como sacerdote.

"La verdad los hará libres"

Y empezamos a ver su ministerio desarrollarse y cómo se cumple lo que Isaías estaba diciendo. Vean lo que dice Juan 8:31: "Entonces Jesús decía a los judíos que habían creído en Él: 'Si ustedes permanecen en mi palabra, verdaderamente son mis discípulos, y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres'. Ellos le contestaron: 'Somos descendientes de Abraham y nunca hemos sido esclavos de nadie, ¿cómo dices tú: serán libres?'". Nosotros no somos esclavos, nosotros no somos quebrantados, y cautivos, y prisioneros como decía Isaías; no estamos afligidos. "Jesús les respondió: 'En verdad les digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre. Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres'".

El problema es que no entendemos que somos esclavos. El problema es que no entendemos que somos prisioneros de nuestro pecado. Entonces contestamos a Dios como contestaron estas personas a Jesús: ¿de qué estás hablando, Jesús? ¿Libertad? ¿De qué? No, no, estamos en libertad, yo ya puedo ir y hacer lo que yo quiera hacer. No, tú no entiendes tu condición delante de Dios, tú no entiendes lo que el pecado realmente te hace, tú no entiendes la esclavitud y el peso de lo que significa realmente estar separado de Dios por tu pecado. Y esa es la realidad que este mundo está viviendo todos los días: ceguera espiritual, no entienden su verdadera condición; están en la cárcel y no lo saben, no se han dado cuenta de lo que significa estar separados de Dios y no tener esperanza real para sus vidas.

La cruz de Cristo cancela nuestras deudas, y es solamente cuando vemos esa cruz y el sacrificio perfecto y único hecho ahí que podemos realmente encontrar libertad para nuestra alma. Entonces, hermanos, quiero que piensen en lo que dice Pablo en Gálatas 5:1, porque hay implicaciones acerca de esta libertad. Gálatas 5:1 dice: "Para la libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permanezcan firmes y no se sometan otra vez al yugo de esclavitud". Entonces este término de libertad que encontramos en Cristo es usado para hacer referencia a cómo vivimos en el presente los que hemos encontrado libertad en Cristo.

Estoy diciendo esto solo como un paréntesis de reflexión para cada uno de nosotros, que decimos que tenemos libertad: sí, yo sostengo libertad y he encontrado el perdón de pecados en Cristo Jesús. Bueno, Romanos 6, Romanos 7, Gálatas 5: vamos a encontrar que cuando eres libre, cuando no eres esclavo del pecado, tu vida muestra esa libertad. O sea que nuestra santificación es evidencia de que no somos esclavos del pecado. Si estamos siendo santificados, si nuestra vida de hecho sí está cambiando, sabemos que hemos sido hechos libres por Cristo. Si no hay ningún cambio, si estoy en los mismos pecados una y otra vez sin ningún sentido de remordimiento, sin ningún sentido de verdadera tristeza y quebrantamiento por mi pecado y de lo que eso hace a mi comunión con Dios, si no hay eso, entonces no soy libre, sigo siendo esclavo del pecado, no he sido perdonado todavía. Entonces vean su vida, vean las evidencias de su vida hoy como parte de la evidencia que les dice si ustedes ya han sido hechos libres por Cristo Jesús, y cuestionen esa libertad si es que ustedes siguen viviendo en pecado continuo y no arrepentido en sus vidas. Esa es una de las implicaciones de este texto.

El año favorable del Señor. 2 Corintios 6:2: "Hoy es el día de salvación". Si tú no conoces esta libertad, hoy es el día para que la conozcas. Este es el año favorable del Señor; Dios ya ha hecho la obra, ha proclamado que nuestras deudas pueden ser perdonadas.

El gozo que trae la libertad

Y lo que van a encontrar aquí en el versículo 3 es este énfasis en el gozo que esto trae a nuestras vidas, porque dice: "consolar a todos los que lloran, conceder que a los que lloran en Sion se les dé diadema" —o sea, celebración, recompensa— "en vez de ceniza, el aceite de alegría en vez de luto, manto de alabanza en vez de espíritu abatido, para que sean llamados robles de justicia, plantío del Señor, para que Él sea glorificado".

Entonces, gozo perfecto es una de las consecuencias que empezamos a encontrar, uno de los frutos que empezamos a encontrar cuando encontramos este tipo de libertad en Cristo: nuestra vida se llena de gozo, hay verdadera esperanza, porque sabemos que esta vida no es todo lo que hay. Podemos ver más allá de esta vida y pensar: no hay nada que me pueda separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro; ni lo presente, ni lo futuro, ni potestades, ni tribulaciones, ni persecución, ni hambre, ni desnudez. No hay nada que me pueda separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Lo cual trae verdadero gozo a mi corazón: háganme lo que quieran, quítenme mi salud, quítenme mi dinero, quítenme mi familia, háganme lo que ustedes quieran hacerme, nunca me pueden separar de Dios.

¿Eso trae gozo a tu corazón, ese tipo de esperanza, ese tipo de convicción? Espero que sí. Ese es el fruto que se supone que tiene que traer a tu vida: somos invencibles en Cristo. Por eso cantamos, por eso nuestro corazón rebosa de alegría y decimos: estas son las verdades más increíbles de todo el universo, así que nos reunimos y las cantamos juntos, y lo cantamos con todo nuestro corazón y con toda nuestra voz. Y aunque esté desafinado, y aunque suene feo mi voz, yo sé que estas verdades causan gozo en mi ser, y por eso las proclamo y quiero que la gente me escuche proclamarlas: mi hermano y mi hermana que están junto a mí, que me escuchen decir "esto es cierto para mí también". Gozo perfecto. Y, como ven al final del versículo 3, para la gloria de Dios; el propósito está siendo bien establecido, y esto está en muchos lugares de Isaías, donde Dios dice: es para mi gloria que hago esto, yo seré glorificado en el hecho de que ustedes conozcan mi esperanza, mi misericordia y mi gracia en sus vidas.

Ahora, un detalle nada más. Se acuerdan que les decía que en los pasajes de Isaías encontramos juntos aspectos de la primera y la segunda venida, ¿no? ¿En dónde está, en el versículo 2, algo que pertenece a la segunda venida de Cristo? Está ahí en medio, nada más, es muy breve, y es justo donde se detuvo Jesús cuando estaba leyendo Isaías. Se acuerdan: se detuvo cuando decía "para proclamar el año favorable del Señor", y no siguió leyendo. Y no es porque Jesús no vaya a cumplir lo que sigue: es porque no lo cumplió en su primera venida, lo cumplirá en su segunda venida: "el día de venganza de nuestro Dios". Entonces hay aspectos que están siendo colocados aquí juntos que pertenecen a dos diferentes fases del ministerio de Cristo, y vamos a ver más sobre eso en los capítulos que vienen de Isaías.

La simiente será transformada

Bueno, la simiente será liberada. Número dos: la simiente será transformada. "Entonces reedificarán las ruinas antiguas, levantarán los lugares devastados de antaño, y restaurarán las ciudades arruinadas, los lugares devastados de muchas generaciones. Se presentarán extraños y apacentarán los rebaños de ustedes, e hijos de extranjeras serán sus labradores y sus viñadores. Y ustedes serán llamados sacerdotes del Señor; ministros de nuestro Dios se les llamará. Comerán las riquezas de las naciones y en su gloria se jactarán. En vez de su vergüenza tendrán doble porción, y en vez de humillación ellos gritarán de júbilo por su herencia; por tanto poseerán el doble en su tierra y tendrán alegría eterna".

Somos buenos para destruir las cosas, ¿no es cierto? Somos buenos para la destrucción, la humanidad en general, porque el pecado destruye a otros y nos destruye a nosotros mismos. Y las guerras son un buen ejemplo de eso: todo el tiempo estamos viendo guerras entre países y entre naciones que tienen diferencias, a veces religiosas, a veces políticas, a veces económicas, y eso causa guerras. Y claro, nadie nunca tiene la culpa, ¿verdad? "Yo solo estoy reaccionando, estoy respondiendo, porque ellos me hicieron eso a mí, entonces tengo que defenderme". Y claro, desde la perspectiva de ese país, pues siempre está justificado por qué entrarían en guerra con la otra nación, y por qué los atacarían, por qué los matarían. Y estamos viendo esto ahorita entre Rusia y Ucrania. Entonces siempre hay justificación para hacer daño a los demás y para destruirnos unos a otros.

Y eso es al nivel macro de este mundo, pero a nivel individual también. A nivel individual también nos destruimos unos a otros, especialmente porque —estaba leyendo a alguien que lo describía así— tenemos una memoria larga y una mecha corta: nos acordamos de todo lo que nos han hecho, y nuestra capacidad de paciencia es así. Entonces nos lastimamos constantemente, nos criticamos constantemente, nos juzgamos unos a otros constantemente, justificamos nuestro propio pecado constantemente por causa de lo que otros nos han hecho a nosotros. Dios, es que por eso yo puedo reaccionar mal, porque a mí me hicieron mal. Eso es algo que constantemente estamos justificando en nuestra naturaleza pecaminosa.

Al punto, hermanos, de que estamos viviendo en ciudades colapsadas, en ruinas. Nuestro mundo nunca ha podido encontrar una verdadera solución para la paz, una verdadera solución para que haya comunidad de paz entre los habitantes de la tierra. No hay. Por eso existe la policía, y por eso existen las cárceles, y por eso existe un sistema judicial, y las leyes: porque no sabemos cómo convivir unos con otros, porque nos hacemos daño unos a otros. Esa es nuestra naturaleza. Esto es lo que está describiendo este pasaje.

Ahora, hay un sentido literal en el cual el pueblo de Israel habría entendido este pasaje, porque efectivamente, después de que regresaron del exilio de Babilonia, sí reconstruyeron su ciudad, sí había quedado en ruinas literalmente Jerusalén. Pero este pasaje está yendo más allá, y lo vamos a ver por todo el contexto, por lo que vamos a estar viendo más adelante en este capítulo: que va más allá de solamente una ciudad física que está en ruinas y está siendo edificada, sino que hay un sentido espiritual mucho más profundo y con un impacto mucho mayor que está siendo descrito aquí.

¿Cuál es la condición espiritual en la que nosotros estamos? Estamos nosotros en ruinas. Pero la promesa, la manera en que es descrita aquí, es: nuestras vidas, nosotros estaremos siendo reedificados de esas ruinas, y estos lugares devastados serán levantados, los lugares devastados de muchas generaciones. ¿Para construir qué tipo de ciudad? Una ciudad y una esperanza celestial, como leemos en Hebreos 11, 12 y 13.

Una comunidad de especialistas en reparación

¿Y cómo se va a ver esta ciudad? ¿Cuáles son los ciudadanos de esta ciudad? "Se presentarán extraños" —o sea, gente que no era de la ciudadanía original de los judíos— y se servirán unos a otros: "apacentarán los rebaños de ustedes, e hijos de extranjeras serán sus labradores y sus viñadores". Hay un sentido de servicio mutuo que se empieza a dar, porque son llamados sacerdotes del Señor. Eso, ¿no está apuntando hacia una realidad futura que se cumple en nosotros, que Pedro describe de esta manera? "Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes en otro tiempo no eran pueblo, pero ahora son el pueblo de Dios; no habían recibido misericordia, pero ahora han recibido".

Y en Apocalipsis, en la visión que Juan tiene, eso es lo que él escucha y es lo que él describe de parte de Jesucristo, "el testigo fiel, el primogénito de los muertos y el soberano de los reyes de la tierra, al que nos ama y nos libertó" —ahí ven esa idea conectada aquí, "nos libertó"— "de nuestros pecados con su sangre, e hizo de nosotros un reino, sacerdotes para Dios su Padre; a Él sea la gloria y el dominio por los siglos de los siglos, amén".

Es lo que está describiendo todo esto de ser sacerdotes y ministros de Dios, y todos somos llamados así. Y la manera en que se describe cómo nos servimos unos a otros describe una nueva comunidad, un nuevo sentido de comunidad, de especialistas en la reparación. Esa es nuestra especialidad, se convierte en lo que somos: los que arreglamos cosas destruidas, ciudades que están en ruinas, que es la realidad de todos los corazones que todavía viven en la esclavitud del pecado. Entonces esa es nuestra misión: es reconstruir. Esa es la misión que Dios nos ha dado específicamente: ustedes vayan y reconstruyan las vidas de aquellos que han sido arruinados por el pecado; denles una nueva identidad, una nueva ciudadanía y una nueva esperanza como sacerdotes de Dios.

Y este se convierte en un servicio mutuo de edificación entre nosotros también: hermano, ¿tú estás luchando con el pecado?, ¿cómo te puedo ayudar en la reconstrucción de tu vida, que ha sido dañada por el pecado?, ¿cómo te ayudo a reconstruir las ruinas que tú estás experimentando en tu corazón, la desilusión, el dolor, la depresión, todo lo que viene a causa del pecado? ¿Cómo es que nuestra comunidad se convierte en un lugar de restauración continua, de gracia continua, que la gente puede experimentar cuando hablamos unos con otros y nos conocemos unos a otros, y nos discipulamos unos a otros, y somos reconstruidos para ser llamados robles de justicia, que todo el mundo pueda ver: mira cómo Dios ha reconstruido mi vida? Y eso se convertirá en restauración para todas las naciones. La iglesia, la iglesia de Cristo: este texto está apuntándonos directamente hacia la misión que Dios le daría a la iglesia de Cristo Jesús: vayan y hagan discípulos de todas las naciones.

Número tres: el pacto eterno

"Porque yo, el Señor" —versículo 8— "amo el derecho, odio el robo en el holocausto". Bueno, aquí tenemos un problema, ¿verdad? Este versículo nos presenta un problema muy grande, porque dice Dios: yo, Dios, amo la justicia. Dios ama la justicia. ¿Y eso dónde me pone a mí? Si Dios realmente ama la justicia, tiene que odiarme a mí, porque yo no soy justo, ni en mi corazón, ni en mis pensamientos, ni en mis actitudes. Dios no puede amarme si Él ama la justicia. De hecho, me está describiendo cuando habla de "odio el robo en el holocausto": eso es quién soy yo. Yo le he robado a Dios en el holocausto, porque lo que yo le ofrezco a Dios no es mi vida, sino otras cosas que no me importan mucho, porque he colocado a Dios en un nivel de prioridad en mi vida que Él no debería tener, y he puesto otras cosas en su lugar. Eso es el robo del holocausto.

Tenemos un problema. El problema es la promesa que continúa aquí, porque dice: "fielmente les daré su recompensa". Entonces, ¿cómo me va a recompensar Dios, si yo no merezco recompensa? ¿Cómo me va a dar algo que yo no me he ganado y que no me puedo ganar? ¿Entienden el dilema que surge en el texto? Ahí está: ¿cómo puede Dios bendecirme, darme alguna cosa buena en mi vida?

Y la respuesta está en el versículo 9. Al final del versículo 8 dice: "haré con ellos un pacto eterno". Entonces aquí está la primera parte de la respuesta: la manera en que Dios lo va a hacer es haciendo un pacto con nosotros; Él va a prometer algo que Él va a hacer. ¿Cuál es este pacto eterno? Dice: "Entonces su descendencia será conocida entre las naciones, y sus vástagos en medio de los pueblos; todos los que los vean los reconocerán, porque son la simiente que el Señor ha bendecido". Sí va a recibir bendición. ¿Cómo van a recibir bendición? Porque voy a hacer un pacto con ustedes.

¿Cuál es este pacto? ¿De qué está hablando aquí? Aquí es llamado un pacto eterno, pero en otras partes del Antiguo Testamento es llamado un nuevo pacto, y es el pacto que leemos en Jeremías 31, versículo 27: "Vienen días, declara el Señor, en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos, declara el Señor. Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, declara el Señor: pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; entonces yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. No tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciéndole: 'Conoce al Señor', porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, declara el Señor, pues perdonaré su maldad y no recordaré más su pecado".

Entonces este pacto en Isaías 61 es llamado un pacto eterno, pero es el mismo pacto del que Jeremías está hablando, y también Ezequiel habla de él: que es un pacto nuevo que Él hace con su pueblo, en el cual ahora Él pone dentro de ellos su propia ley, para que puedan cumplir la ley y de esa manera recibir la bendición de parte de Dios. Y hoy en la mañana celebramos ese pacto, porque en Lucas 22:20 Jesús dijo: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre". Esta sangre que yo voy a derramar por ustedes representa el pacto que yo hago con ustedes, para que sea posible mi bendición en sus vidas. ¿Quieren recibir bendición? ¿Quieren ser bendecidos por Dios? ¿Quieren ser la simiente que el Señor ha bendecido, que todos los pueblos y las naciones reconozcan? Entonces vean mi sacrificio como la manera en la cual ustedes son reconciliados conmigo, a través del pacto que hago en mi Hijo.

Por la fe vemos a Cristo y decimos: Señor, haz pacto conmigo, yo quiero estar dentro de tu pacto; yo quiero que tú me des las promesas que tú hiciste a tu pueblo Israel, que me las des a mí, porque Jesucristo cumplió perfectamente la ley, y Él se convirtió en el sacrificio perfecto —que yo merecía morir— y se convirtió en mi sustituto, y me está ofreciendo a mí las bendiciones de tu pacto eterno, que es gloria y comunión perfecta por los siglos de los siglos, y esperanza para hoy.

Y por último: la simiente será vestida

Además, y por último, amor. Tenemos un cambio aquí a primera persona, versículo 10: "En gran manera me gozaré en el Señor, mi alma se regocijará en mi Dios, porque Él me ha vestido de ropas de salvación, me ha envuelto en manto de justicia". Ya hemos leído algo así antes, a ver, acuérdense, capítulo 59: "Se puso la justicia como coraza y el casco de salvación en su cabeza". ¿De quién estamos hablando ahí? De Jesús. Jesús de hecho es el que se goza en el Señor, Jesús es el que dice "mi alma se regocijará en mi Dios", porque Él reflejaba perfecto gozo y perfecta alegría en cumplir la voluntad del Padre. Y ese gozo de poder cumplir la voluntad del Padre y tener comunión perfecta con el Padre es lo que nos da a nosotros. Por eso Él nos viste de ropas de salvación, Él nos envuelve en manto de justicia, porque Él se ha convertido en lo que nosotros necesitamos. Y eso es lo que representa la ropa: es que alguien más te pone lo que tú necesitas para cubrir tu vergüenza y tu desnudez delante de Dios.

Entonces, la simiente será vestida. Y aquí describe varias cosas: número uno, el versículo 10 describe gozo; número dos, describe salvación; número tres, describe justicia; y número cuatro, describe alabanza. Vean lo que dice el versículo 11: "Porque como la tierra produce sus renuevos, y como el huerto hace brotar lo sembrado en él, así el Señor Dios hará que la justicia y la alabanza broten en presencia de todas las naciones". Entonces, cuatro cosas que vienen cuando encontramos nuestra libertad en Cristo: gozo, salvación, justicia y alabanza.

Su justicia, por supuesto —sabemos, Romanos nos explica esa parte—: "Ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, confirmada por la ley y los profetas; esta justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo es para todos los que creen, porque no hay distinción, por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios". Y en 2 Corintios 5:21 leemos: "Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él". Eso es ser vestidos de justicia, y eso es lo que trae salvación, gozo y alabanza.

Entonces me estoy brincando el "como el novio se engalana con una corona y como la novia se adorna con sus joyas", porque eso lo vamos a ver junto con el capítulo 62 el próximo domingo. Pero solo quiero terminar con esta pregunta. Ya vimos que este capítulo nos muestra la realidad posible de que se nos dé ropa nueva, de ser vestidos de una cierta manera delante de Dios. Entonces mi pregunta es: ¿puede ver la gente esta ropa en nosotros? ¿Esas cuatro cosas que aparecen aquí son parte de nuestra vida cotidiana: gozo, salvación, justicia y alabanza? Pues si es lo que nos hemos puesto, si es lo que Dios nos ha dado, eso es lo que la gente debería ver. Estos textos describen una y otra vez que las naciones lo ven, es evidente para las naciones que está produciendo un cambio en nosotros una vez que hemos conocido la libertad de Cristo. ¿O caminamos desnudos todavía, en la vergüenza y la tristeza de nuestro propio pecado?

Ven a Jesús y encuentra justicia y libertad para tu vida. Pues, te pido: vamos a cantar sobre las cadenas de la muerte, de las cuales Él ya nos libró para darnos libertad.

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