Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 13:20-25HebreosNathan Díaz

Bendición final para una iglesia desanimada

¿Qué hacer cuando estamos desanimados y sin paz? La bendición final de Hebreos 13 presenta al Dios de paz que resucitó a Jesús, el gran Pastor de las ovejas, y a la sangre del pacto eterno como fuente de toda transformación. El mensaje explica por qué la capacidad para hacer la voluntad de Dios no viene de nuestro esfuerzo, sino de su gracia.

Transcripción

Un corazón pastoral

Bienvenidos. Ya nos habíamos conocido el jueves, con quienes estuvimos platicando. Y estamos estudiando el libro de Hebreos, y tratando de entender estas exhortaciones que vienen desde un corazón pastoral para esta iglesia. Al autor de esta carta le preocupa la iglesia. El autor de esta carta sabe que hay amenazas constantes que vienen a la iglesia, y que son cosas que ponen en peligro nuestras propias almas, la eternidad, y la manera en que estamos dando testimonio al mundo que nos rodea. Cómo mantener a Jesucristo central, y la obra que Él ha hecho, como elementos centrales y fundamentales de la iglesia: ese es el tema.

Y aunque hoy vamos a concluir con Hebreos, el próximo domingo vamos a hacer algo que no hemos hecho antes, que es, en un solo sermón, un resumen de todo el libro: recorrer el libro de principio a fin y ver cuál fue la estructura del libro y los temas centrales del libro, para acordarnos de todas las cosas que hemos estado viendo ya por más de un año. Creo que ni siquiera me acuerdo bien cuándo empezamos; creo que fue en enero del año pasado que empezamos la carta.

Lectura: Hebreos 13:20-25

Así que hoy vamos a leer los versículos 20 al 25 del capítulo 13: "El Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén. Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente. Sabed que está en libertad nuestro hermano Timoteo, con el cual, si viniere pronto, iré a veros. Saludad a todos vuestros pastores, y a todos los santos. Los de Italia os saludan. La gracia sea con todos vosotros".

Señor, bendice este tiempo juntos meditando en Tu Palabra, y en esta carta de Hebreos, y en esta bendición final. Ayúdanos a entender la gran profundidad de todo lo que está aquí, y a poder ser transformados a través de Tu Espíritu Santo por medio de la Palabra. En el nombre de Cristo Jesús.

Cómo empieza y cómo termina

Una de las cosas que hablamos en la clase de predicación expositiva, en las clases que tenemos en la iglesia de cómo estudiar la Biblia, es que quieres normalmente entender cuál es el tema central de todo el libro, que es entender de qué se trata el libro en general. Y hay pistas a lo largo del libro que te muestran cuál es el tema, y una de las pistas que puedes seguir para saber de qué se trata el libro es leer con cuidado cómo empieza y cómo termina. Por lo regular hay algún tipo de resumen en las cartas acerca de cuál es el propósito de la carta, cuál es la intención de esa carta. Y en este caso creo que esta doxología, esta bendición final del libro, resume muchos de los temas centrales de toda la carta.

Pueden ver que al principio de la carta, capítulo 1, versículo 3, teníamos temas que para el autor de Hebreos eran los temas centrales, y empezó hablando acerca de Jesús. Ese fue el tema central. De entrada les dijo: "Esta carta se va a tratar acerca de Jesús, el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas". Eso es mucho. Pasamos casi todo un sermón hablando de ese versículo; hay tanto contenido ahí acerca de quién es Jesús y qué tan central es Su muerte, Su sacrificio, en nuestras vidas, ¿para qué? Para la gloria de Dios.

Esa fue la manera en que empezó la carta, y ahora está terminando con estas mismas ideas: se trata acerca de Jesucristo, se trata de Su sangre del pacto eterno, de la manera en que eso los va a transformar y les va a dar la capacidad para hacer la voluntad de Dios. Y se trata de la gloria de Dios; se trata de que Él sea glorificado al final. Ese es el punto. Entonces pueden ver que, en la mente del autor de Hebreos, estos han sido los temas centrales de toda la carta.

¿Quién escribió Hebreos?

¿Quién es el autor de Hebreos? Bueno, no sabemos quién es el autor de Hebreos. Ya hablamos acerca de esto cuando empezamos a estudiar la carta. Yo les di mi suposición, basado en algunas cosas que habíamos estudiado en el libro de Hechos, de quién pienso yo que escribió la carta, pero no lo sabemos con certeza. Tengo un comentario que está casi 100% seguro de que es Bernabé, y están tan seguros en este comentario que a lo largo de todo el comentario dicen: "Y Bernabé les dice esto", "y Bernabé...". O sea, siempre se están refiriendo a Bernabé.

Sí sabemos que es alguien cercano a Pablo; eso sí lo sabemos. Hay gente que cree que es Pablo, aunque el estilo de griego de esta carta es diferente; tiene características diferentes a las cartas de Pablo, en realidad. Pero sí hay muchas cosas muy similares —lo hemos estado viendo a lo largo del libro—, cosas que suenan mucho a Pablo. Y lo más probable es que la razón de eso es que es alguien que ha escuchado mucho a Pablo predicar, alguien que conoce bien lo que Pablo enseña. Y de hecho, hasta esta carta termina exactamente como termina, por ejemplo, la carta a Tito. Hay muchos paralelos aquí; está muy familiarizado también con los escritos de Pablo, y está hablando de una manera muy similar.

Y obviamente aquí tenemos una pista acerca de esta relación cercana con Pablo, porque es alguien que conoce muy bien a Timoteo, está muy familiarizado con lo que está sucediendo en la vida de Timoteo. Pablo había sido encarcelado, y Timoteo lo había acompañado en esta primera ocasión de encarcelamiento, y luego fue enviado a Éfeso a pastorear la iglesia allá. Y entonces aparentemente había sido encarcelado nuevamente Pablo al final de su ministerio, y quiere que Timoteo venga a verlo. Aparentemente había habido un encarcelamiento de Timoteo, y aquí el autor de Hebreos les dice: "Ya está en libertad Timoteo".

Los destinatarios

Y entonces veíamos también que la carta está escrita a un grupo de judíos. No sabemos exactamente dónde están, pero parece que son judíos que están en Italia, en Roma. Y entonces, desde donde sea que él está escribiendo, el autor les está mandando saludos de gente que pertenece a ese grupo, que están con él. Por eso habla de "los de Italia" que están con él. Como si yo estuviera en otro lugar y les digo: "Los de Cuajimalpa, los que ustedes conocen, les mandan saludos". Parece que esa es la ubicación de la iglesia a la que les está escribiendo. Sí, entonces tenemos pistas aquí, claro, al final de la carta, que nos muestran algunos detalles del contexto histórico y cultural de esta carta.

Una palabra de exhortación breve

Pero nos vamos a enfocar ahorita en los versículos 20 al 21, que son esta bendición final. Esto, creo, es el centro de la manera en que termina la carta. Otra vez, el autor quiere resumir todo lo que ha venido hablando. Fíjense cómo se refiere a su mensaje: "Os ruego, hermanos, que soportéis la palabra de exhortación, pues os he escrito brevemente". Tarda un poquito más de una hora leer la carta de Hebreos, y eso leyéndola un poquito rápido. Entonces, la definición bíblica de un sermón corto es una hora. Así debería yo, ¿verdad?, exhortarlos cada vez: "Soporten la palabra de exhortación cortita": una hora están escuchando la Palabra. Hermanos, es breve.

¿Cuál es esta palabra de exhortación que es el centro de este mensaje? Es esta bendición, lo cual, creo yo, también es una oración por ellos. Es el sentir, el deseo del autor de Hebreos por esta iglesia que ha pasado por tantas aflicciones y ha pasado por tantas tribulaciones. Entonces esta bendición está diseñada para animarlos, para darles esperanza. ¿Cómo lo va a hacer? Número uno, va a decirles cuál es la fuente de toda bendición, de dónde viene realmente la bendición para sus vidas. Él sabe que él no puede finalmente apelar a ellos para hacer todo lo que la carta dice que deben hacer. Él no puede confiar en su fuerza de voluntad: "Nada más decídanse, échenle ganas, hagan todo lo que les he dicho, pónganle celo". Él sabe que eso no puede ser finalmente en donde confía para la transformación de esta iglesia. ¿A quién apela para lograr estas cosas? ¿Quién es la fuente que va a traer todas estas cosas a sus vidas para que ellos sean transformados? El Dios... Zacarías 4:6 dice: "No por el poder, ni por la fuerza, sino por mi Espíritu, dice el Señor de los ejércitos". "Yo soy el que hace la obra".

El Dios de paz

Entonces quiero que piensen en varias de estas cosas que está mencionando. Número uno, está mencionando al Dios de paz. Y estaba pensando acerca de esto: es tan importante entender este concepto de los judíos. Es el concepto del shalom, ¿verdad? Es paz: "La paz sea contigo". Pero cuando pensamos sobre paz, muchas veces pensamos en que, por ejemplo, está de moda ahorita decir: "Oren por la paz de Israel". ¿Han escuchado eso? ¿Han leído eso en Facebook? Ahora sí, debemos orar por la paz de Israel, y donde sea, pero esa no es la paz de la que está hablando aquí. No está hablando de paz de que no te avienten bombas.

Y el concepto de shalom en el hebreo es un concepto que habla de bienestar en todos los sentidos, de verdadera bendición. Al final del día se trata de salvación, y de eso se trata la paz: no de ausencia de conflicto; se trata de tener lo mejor que puedes tener, lo cual a veces puede ser en medio de que te estén atacando. Es el cumplimiento real de lo que Jeremías le dijo al pueblo de Israel en ese contexto del exilio en Babilonia, donde les dijo: "Yo sé los planes que tengo para ustedes, declara el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza. Ustedes me invocarán, y vendrán a rogarme, y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón. Me dejaré hallar de ustedes, declara el Señor, y restauraré su bienestar, y los reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde los expulsé".

Y eso se cumple finalmente, sí, en un sentido, en la manera en que regresan de Babilonia otra vez a su tierra, pero de una manera completa y de una manera real se cumple cuando Jesús dijo: "La paz les dejo, mi paz les doy; no se las doy como el mundo las da. No se turbe su corazón ni tenga miedo". Solo Dios tiene dentro de sí mismo verdadera paz para dar.

Nadie más puede dar paz

Y ese es el verdadero problema al que nos enfrentamos en nuestras vidas, en nuestra sociedad: no tenemos paz. ¿Tienes paz? La gente no tiene paz. Platiquen con ellos, si creen que tienen paz, y se van a dar cuenta de que no la tienen: están abrumados, y están agobiados, y están estresados, y están deprimidos, y no tienen esperanza. Y hemos buscado toda clase de soluciones para poder tener paz en nuestro mundo. La psicología moderna trata de traernos paz echándole la culpa de todos nuestros problemas a alguien más, y no ha funcionado. La pornografía, y las invitaciones a disfrutar nuestra sexualidad como queramos disfrutarla, y la ideología de género, y el homosexualismo, y la promiscuidad, son maneras en las cuales como sociedad hemos buscado tener paz, y no la tenemos.

El poder tener mejores trabajos, y que nos paguen más dinero, y poder tener más cosas: pensamos que nos va a traer paz, y no la tenemos. Los políticos están en sus campañas prometiéndonos paz y mejorar la situación, y "si tú tienes problemas, ellos van a arreglarlos", y jamás lo han hecho. Ningún gobierno ha traído paz a una nación realmente, porque es un problema del corazón. Es algo que nadie puede solucionar, y nuestras circunstancias no lo pueden solucionar. Alguien, algo mucho más poderoso que nuestros problemas tiene que ser el que tenga la capacidad de transformar esa realidad interna en nuestras vidas. A eso es a lo que está apelando el autor de Hebreos. ¿Y en dónde radica al final esa paz con Dios? Romanos 5: "Cristo muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Él murió por nosotros", para salvarnos de la ira venidera.

El gran Pastor de las ovejas

Lo cual me lleva al siguiente punto que es mencionado aquí: este Dios de paz es un Dios muy poderoso, porque "resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas". Es interesante: es una frase, una descripción que el autor de Hebreos no ha usado para Jesús en su carta todavía. Pero ahorita, al terminar su carta, para resumir lo que él quiere que sepamos acerca de Jesús, usa esta ilustración acerca de un pastor. Y es interesante, porque estaba pensando en lo que habíamos estudiado el domingo pasado, y habíamos hablado acerca de cómo tenemos que sujetarnos a nuestros pastores. Esa había sido la exhortación: sujetarnos a nuestros pastores, obedecerlos; lo que hablamos el domingo pasado.

Pero creo que esa es una de las razones por las cuales otra vez está hablando acerca de Jesús, pero ahora como pastor: porque quiere que entendamos que de hecho no depende de los pastores nuestra paz y nuestra transformación. Finalmente no depende del liderazgo de la iglesia; viene de Dios, depende de Jesucristo, el Pastor de pastores. Él es el verdadero pastor, el que sí realmente vela por nuestras almas, y nos cuida de una manera perfecta, y nos protege de una manera perfecta. Yo no puedo llevar el crédito; yo no puedo decir: "Señor, mira mi iglesia, qué bien va; gracias por hacerme tan especial y poder lograr esto". No soy yo.

Y este pastor es un pastor sumamente poderoso, ¿no es cierto? Porque ahí dice el texto que resucitó de los muertos: Él venció al enemigo más grande que existe, que es la muerte. Entonces, ¿de qué te protege Él? De lo que sea. Es la idea de Romanos 8, ¿verdad? No hay nada que nos pueda separar del amor de Dios: ni tribulación, ni angustia, ni desnudez, ni peligro, ni espada, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir. Nada nos puede separar del amor de Cristo, en Cristo Jesús, Señor nuestro, porque no hay ningún enemigo que Él no pueda derrotar. "Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas, y ellas me conocen, al igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre, y doy mi vida por las ovejas".

La sangre del pacto eterno

Otro tema central de esta carta está aquí, en lo que sigue: "por la sangre del pacto eterno". Este tema de la sangre ha sido un tema central del libro, ¿verdad? Hemos escuchado sobre sangre una y otra vez, desde tantos ángulos diferentes, viendo lo precioso, lo valioso que es esta sangre. Pero todos sabemos —hay algo en nosotros que sabe— todas las implicaciones que hay de sangre, de lo que significa la sangre. A algunos les alerta, ¿no?, la sangre. Si yo salgo ahorita aquí y veo a alguien tirado en la calle y hay sangre, las cosas no están bien; algo pasó, algo trágico probablemente sucedió. Y no nos gusta la sangre; hay algo en nosotros que nos causa temor, que nos causa repulsión.

Hay gente que se desmaya cuando ve sangre. Hasta aun ver que te está saliendo sangre cuando estás donando sangre y se pasa por un tubito es una sensación rara, ¿no? Porque la sangre siendo derramada sabemos que representa muerte, sabemos que representa sufrimiento, sabemos que representa lamento. Y en el caso de la narrativa bíblica, también sabemos que representa juicio. Entonces, hay sangre, hay un juicio que se está dando: alguien está pagando, y está pagando con su vida ese juicio de Dios.

Y eso es algo irónico de la Biblia: que algo tan repulsivo, en realidad, algo que nos causa tanto temor y algo que nos causa una sensación de tristeza y depresión —pensar en el derramamiento de sangre—, realmente para nosotros representa esperanza. La sangre para los cristianos representa, sí, el juicio de Dios, pero el juicio de Dios cayendo sobre alguien más, no sobre mí. Por eso es esperanza: porque es Cristo el que está derramando Su sangre, no yo; Él es el que está sufriendo por mi pecado. Alfredo hablaba sobre esto hace dos domingos, creo. Él decía: "Dios odia al pecador". Dios odia al pecador, sí, la Biblia dice que Dios odia al pecador, porque Su ira está sobre el pecado. Y el pecado no es algo allá afuera, como que: "Aquí estoy yo, allá está el pecado; a ver si puedo protegerme para que no me llegue". No: el pecado es la esencia de quiénes somos. Por eso Dios, un Dios santo, no puede vernos y tener comunión con nosotros cuando estamos contaminados por ese pecado, porque es parte de nuestra esencia.

Aborrece al pecador, dice la Palabra, y la ira de Dios está sobre el pecador, y nuestra sangre es la sangre que debe ser derramada como el juicio por ese pecado. Entonces, ¿qué hace Dios? Pone a Su Hijo en medio, y es la muestra de Su amor: a través de Su Hijo provee una manera para que la ira y el odio que Dios tiene para con nosotros sean desviados, cayendo sobre Jesús. Y Él absorbe esa ira, Él absorbe ese odio, Él absorbe ese juicio en nuestro lugar. Eso es el evangelio. De eso se trata el cristianismo: de entender eso como un gran tesoro que hemos venido a comprender a través de la Palabra. No hay nada más hermoso que pensar en lo que significa ver a Jesús ahí, sufriendo por mí, mostrándome Su amor y Su misericordia, para que yo pueda ser reconciliado con Dios, para que yo pueda tener paz con Dios.

Dios sí ha hecho algo

He escuchado a gente tener objeciones al cristianismo porque dicen: "Este mundo no es como debería ser; las cosas no funcionan como debían ser. ¿Por qué no hace algo Dios? Murió de COVID; Dios lo pudo haber sanado, ¿por qué no lo hizo? Lo atacaron, lo agredieron: eso es injusto. Esto no debería ser así. ¿Por qué?". Y entonces empezamos a reclamarle a Dios, y la gente le reclama a Dios y señala a Dios, y no se da cuenta de que el juicio debería ser contra nosotros, no contra Dios. La pregunta es: ¿por qué Dios no permite que más cosas malas sucedan en este mundo, de acuerdo a lo que realmente merecemos?

Y el mensaje del evangelio es: de hecho, Dios sí ha hecho algo. Dios sí está lidiando con el problema de este mundo; no lo quieres aceptar, no lo quieres reconocer, esa es la cosa. Pero Dios sí ha tratado con el problema que nos enfrenta en todo el mundo, el pecado que nos rodea, dentro de nosotros, fuera de nosotros. Dios sí está tratando con él a través de Jesucristo, y lo ha hecho: el juicio ha caído sobre Su Hijo, para todos los que pongan su esperanza en Él.

Un pacto eterno

Y aquí está esta palabrita que usa el autor de Hebreos, donde dice: "la sangre del pacto eterno". Ya habíamos leído acerca de esto cuando estudiamos Ezequiel. Había hablado ya Ezequiel en el Antiguo Testamento, y también Jeremías; había profetizado esta idea de un pacto eterno que Dios ya estaba planeando, a través del cual haría una transformación del corazón. Dice: "Haré con ellos un pacto de paz" —y ahí está esa palabra: pacto de paz, un Dios de paz—, "será un pacto eterno con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario en medio de ellos para siempre".

Es un pacto eterno, lo cual significa que antes de la creación del mundo, antes de que el universo existiera, Dios ya había hecho y desarrollado este plan. Ya había dicho: "Esta es la manera en que quiero salvar a la humanidad". Ya había habido este diálogo entre las personas de la Trinidad, en donde dijeron: "A ver, vamos a desarrollar este plan. Ahora va a empezar a existir el tiempo; vamos a hacer ex nihilo todas las cosas que van a existir en el universo, el mundo, la vida. Y vamos a hacer esta creación especial, hecha a imagen y semejanza nuestra, que va a pecar y va a desobedecer nuestra ley, pero vamos a mostrar nuestro amor y nuestra misericordia y nuestra gloria a través de ese plan, porque vamos a redimir una nación santa de reyes y sacerdotes, para que nos puedan conocer y nos puedan disfrutar por toda la eternidad".

"Y eso va a ser a través de que tú, mi Hijo" —le dice el Padre al Hijo—, "tú, mi Hijo, te vas a encarnar, te vas a hacer un hombre como ellos, y vas a vivir una vida perfecta en la historia de la humanidad. Y después vas a dar Tu vida y vas a hacer el sacrificio perfecto por ellos; vas a derramar Tu sangre para que ellos nos puedan conocer, y puedan ser reconciliados, y puedan tener paz, verdadera paz. Y que esta vida no es todo lo que hay; que entiendan que estamos poniendo este periodo tan temporal simplemente como una preparación para todo lo que viene en la eternidad, que es nuestra gloria, su placer, su satisfacción, su gozo para siempre". Y todavía no existía el universo.

Ustedes saben que no fueron redimidos de su vana manera de vivir, heredada de sus padres, con cosas perecederas, como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo. Porque Él estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a ustedes. Isaías lo profetizó. Isaías 53, versículo 11: "Debido a la angustia de su alma, Él lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, porque derramó su alma hasta la muerte, y con los transgresores fue contado; llevó el pecado de muchos, e intercedió por los transgresores".

Eso, hermanos, es el plan; no un plan... el plan: lo que Dios quería hacer. Así sería glorificado. Y esto es el fundamento para nuestras vidas: entender la soberanía de Dios y el rol que Dios juega en nuestras vidas para que podamos ser justificados y santificados. Es la única esperanza que tenemos. Si yo me paro aquí, hermanos, domingo tras domingo, y les digo: "Échenle ganas, ustedes pueden", ¿saben qué va a pasar? Cuando termine la semana van a regresar completamente frustrados, diciendo: "No pude". Pero si yo les digo semana tras semana: "Vean a Cristo, vean el plan de Dios por ustedes, atesórenlo a Él, confíen en Él, dependan de Él", de repente empiezan a ver esperanza, porque no depende de mí: depende de lo que Él hizo. La obra ya está hecha; Él ya venció a la muerte. ¿Qué enemigo, qué pecado puede ser más grande que Jesús no pueda derrotar en mi vida?

"Os haga aptos en toda obra buena"

Por eso es que el autor de Hebreos dice que este es el fruto de la bendición: "Los haga aptos en toda obra buena para que hagan su voluntad". Es la primera cosa que dice. Dice: lo primero, el primer fruto de esta obra, es capacidad para buenas obras. Esta palabra, "los haga aptos", "los equipe", es la misma palabra en griego que pueden encontrar en otras partes traducida de otras maneras: perfeccionar, enmendar, reparar, corregir. La misma palabra. Dios puede arreglar lo que sea; no hay nada que esté más allá de Su alcance para reparar y restaurar. No importa qué es lo que has hecho en tu pasado; no importa cuál es la ofensa, por tan grave y severa que sea, que Dios no pueda restaurar para hacerte apto para toda buena obra. Hay esperanza para absolutamente todos.

Y ese poder está disponible para nosotros. Está diciendo: "Esto es para ustedes". Dios les está dando este poder a través del Espíritu Santo para que puedan hacer Su voluntad, para que puedan agradar a Dios. ¿Desean ese poder? "Yo puedo; no lo necesito. Creo que soy esencialmente una buena persona, le echo ganas, y la verdad es que siento que voy bien". Si esa es tu manera de pensar, si ese es tu sentir, probablemente no has leído la carta de Hebreos; probablemente no entiendes la carta de Hebreos, ni la Biblia. Debemos desear este tipo de poder.

Y estarle pidiendo constantemente a Dios ese poder: "Señor, dame Tu poder, hazme apto, dame la capacidad de hacer lo que Tú quieres que yo haga, para agradarte a Ti. No importa lo que la gente crea; lo que me importa es lo que Tú creas. Existo para…". Finalmente, aquí está: "haciendo Él en vosotros lo que es agradable delante de Él por Jesucristo".

Para Su gloria

Y aquí está el resumen de toda la Biblia: "al cual sea la gloria por los siglos de los siglos". Se trata de la gloria de Dios. Él ha hecho todas las cosas para Su gloria, y por eso existimos nosotros: para la gloria de Dios. Y por eso nos ha redimido: para Su gloria, para que le sirvamos a Él, para que Él sea reflejado a través de nuestras vidas en la misericordia, en el amor, en el perdón que nos ha mostrado a través de Jesucristo; que eso sea evidencia de la gloria de Dios al mundo que nos rodea. Y así se ve la gloria de Dios: un pecador destrozado, corrompido, humillado, quebrantado por su pecado, que encuentra esperanza y encuentra un propósito de vida. Y eso es glorioso, porque eso es algo que solo Dios puede hacer.

Colosenses 1:16: "Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles, ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen". Todo es a través de Él y todo es para Él. Su paz en nosotros lo glorifica; en Su pacto eterno, haciendo Su pacto eterno con nosotros, lo glorifica a Él; Él siendo nuestro pastor, que nos cuida y nos protege de una manera perfecta, lo glorifica a Él; y la capacidad que Él nos da como los santos para hacer buenas obras y ser de testimonio en un mundo que está lleno de oscuridad y tinieblas lo glorifica a Él. Así termina la historia.

Mi esperanza para esta iglesia

Así que, ¿cuál es mi esperanza, hermanos, para nuestra iglesia, al estar predicando aquí delante de ustedes hoy? ¿Cuál es? Quiero la bendición de Dios para sus vidas. Estoy orando: "Señor, dame el mismo deseo que tenía el autor de Hebreos por aquellos que recibieron esta carta. Dame a mí ese mismo deseo por mis hermanos y hermanas. Yo quiero ver Tu bendición en ellos, que abarca todas estas cosas. Quiero que tengan Tu paz, quiero que te experimenten como su pastor, quiero que ellos hagan un pacto contigo a través de la sangre que fue derramada por Cristo Jesús, y quiero ver sus vidas siendo transformadas y renovadas diariamente a través de la obra del Espíritu Santo, para Tu gloria". Eso quiero que sea el deseo de mi corazón, y esa es mi oración.

Así que, ¿cuál es la única esperanza que puedo tener para que eso suceda? Es el versículo 25: "La gracia sea con todos vosotros". Si no es por la gracia de Dios, no sucederá. Y no lo merecemos; no merecemos la bendición de Dios. Pero lo único que puedo hacer yo es pedir que la gracia de Dios sea con ustedes: que experimenten Su gracia al recibir Su bendición. Esa es mi única oración por esta iglesia: gracia para sostenernos hasta el final, gracia para ser la fuente y el fundamento de cada momento de nuestras vidas. Es mi única esperanza. No sé qué más puedo querer; cualquier cosa fuera de eso perecerá, no va a funcionar. Así que pónganse de pie.

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