Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 12:25-29HebreosNathan Díaz

Dios es fuego consumidor

¿Qué significa que Dios es fuego consumidor? Hebreos 12:25-29 presenta un fuego que advierte contra la idolatría, que consume todo lo temporal de este mundo y que deja en pie un reino inconmovible. De esa gracia inmerecida nace la gratitud, y de la gratitud una adoración con temor y reverencia.

Transcripción

Un comercial: la Nueva Biblia de las Américas

Aprovecho para darles este comercial, que es: ya hay más Biblias de esta versión, que es la Nueva Biblia de las Américas, NBLA. Aunque sé que la mayoría de ustedes tienen Reina Valera 60, y esta Biblia que normalmente uso también es Reina Valera 60, realmente esta es mi versión favorita de la Biblia. Me gusta esta traducción, y si notan, todos los pasajes que leo fuera del texto que estamos viendo específicamente, normalmente los leo de la NBLA. Entonces es una versión que les recomiendo mucho, y nos gustaría como iglesia hacer la transición lo más posible a esta versión, a que la mayor cantidad de ustedes puedan tenerla. Y antes no había muchas opciones, pero ahora ya hay buenas opciones, letra grande, pastas bonitas, y primero Dios van a ver más opciones conforme pasen los meses y los años. Entonces consideren seriamente, si no tienen NBLA, adquirir una copia de esta versión, que creo que para estudio es una muy buena versión de la Biblia; y en general prefiero la traducción, cómo está traducido el texto en esa versión.

Dos montes: Sinaí y Sion

Entonces, vamos a continuar hoy con Hebreos, y de hecho vamos a estar concluyendo el capítulo 12 hoy. Vimos el domingo pasado que la imagen que nos presenta el autor tiene que ver con dos montes y lo que esos montes simbolizan en nuestra vida. Y esos montes son Sinaí y Sion. Y Sinaí es el lugar en donde se manifiesta la ley perfecta de Dios, es donde no nos podemos ni siquiera acercar, porque moriremos consumidos por la santidad de Dios y Su majestad siendo desplegada. Y eso es lo que sucedió en Sinaí cuando fueron dados los Diez Mandamientos: Moisés fue el que subió, y el pueblo tenía miedo de subir, porque era tan majestuoso, tan impresionante lo que estaba sucediendo ahí, con los truenos y con el fuego y con el sonido de trompeta. El pueblo de Dios decía: "No, no queremos que Dios nos hable; si esa es la manera en que nos va a hablar, no queremos que nos hable".

Y entonces el autor de Hebreos tiene bien claro que esa manifestación de Dios es un lado de Su carácter y de Su naturaleza. Y por el otro lado, a través de Jesucristo siendo manifestado, tenemos lo que el autor de Hebreos llama monte Sion, en donde se manifiesta la gracia de Dios. Porque Jesús es el que está en el monte Sion, y es Jesús el que nos ofrece acceso a través de Su sacrificio, y podemos subir a ese monte sin miedo, sin temor, porque ya ha sido pagada la deuda y ya se ha hecho la justicia perfecta a través de la vida y el ministerio y el sacrificio y resurrección de Cristo Jesús. Es lo que vimos la semana pasada. Sinaí provocaba que clamaran en temor; Sinaí provocaba que clamaran en temor. Sion provoca que clamen con gozo. ¿Por qué? Porque tenemos un mediador, que es Jesús, Mediador del nuevo pacto, y que derramó una sangre que es mejor que la de Abel.

Lectura de Hebreos 12:25-29

Versículo 25: "Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor".

Señor, esta es Tu Palabra, esta es Tu verdad, y nosotros queremos someternos a ella y queremos entenderla correctamente. Así que ayúdanos; trabaja en cada uno de nuestros corazones para abrir los ojos de nuestro entendimiento al gran tesoro que hay delante de nosotros. En el nombre de Cristo Jesús.

Los versículos 25 al 29 son una descripción, creo yo, que tiene este fundamento de la manera en que termina la sección: "Nuestro Dios es fuego consumidor". Ese es el fundamento sobre el cual está explicando todas estas ideas. Por eso termina con esa idea: es porque quiere mostrarnos al final que el hecho de que Dios es fuego consumidor nos lleva a ver varios aspectos de Su naturaleza, e implicaciones acerca de ese fuego. ¿Qué es lo que hace ese fuego?

Un fuego que habla

La primera cosa que hace es que es fuego que habla. Por eso empieza con esta exhortación, que es la quinta exhortación de advertencia contra la apostasía en este libro; quinta y última advertencia contra la apostasía. "Mirad". ¿Se acuerdan de algo muy parecido en el capítulo 3? Capítulo 3, versículo 12: "Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo". Entonces, esta es una exhortación a estar atentos, a estar alertas constantemente con respecto a una realidad, que es: Dios está hablando.

¿No les recuerda un poco, cuando hablamos de fuego que habla, una historia en particular? Está Moisés, y está en el monte Horeb, y está esta zarza que está ardiendo, y la zarza empieza a hablarle: "Pon atención, Moisés, a lo que te voy a decir". Pero de acuerdo al libro de Hebreos, la manera en que Dios nos habla ya ha sido establecida claramente. Así empezó la carta, ¿se acuerdan cómo empezó? "Dios, habiendo hablado muchas veces" —sí, habló a través de una zarza ardiente en el desierto a Moisés— "muchas maneras habló en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo".

Entonces, lo primero que tenemos que pensar es: cuando hay una exhortación, "Mirad que no desechéis al que habla", estamos escuchando la voz de Jesucristo. Él es el que está hablando; es lo que Él ha hecho y lo que Él ha dicho a lo que tenemos que estar poniendo atención. Esa es la sangre que habla mejor que la de Abel. Habla la sangre, pero no es la de Abel la que habla principalmente; es la de Jesús la que nos está hablando. Y es algo que podemos ignorar o pasar por alto tan fácil, porque estamos tan distraídos por tantas cosas que no nos importa muchas veces qué es lo que Jesús tiene que decir. Pero lo que Jesús tiene que decir, como fuego, es una advertencia.

Me acuerdo que cuando yo era niño —tenía, creo, nueve años, ocho años, en 1986—, y recuerdo un evento bien claro en mi mente todavía. Todos querían ver en vivo una nave de la NASA, se llamaba Challenger, donde había, creo, siete tripulantes, o nueve tripulantes, algo así. Y uno de los tripulantes era una maestra de primaria que iba a dar su clase desde el espacio; entonces era algo súper innovador que se iba a hacer en ese momento. Y recuerdo las imágenes; o sea, recuerdo estar viendo la televisión y ver cómo el cohete explotó en el aire unos minutos después de haber despegado. Y pues de momento estaban tratando los noticieros de descifrar qué es lo que había pasado y por qué había pasado.

Y conforme pasó el tiempo, se reveló que sí hubo ingenieros que habían hecho una advertencia, que habían dicho: "No despeguen, puede haber un problema". Las personas que tomaron la decisión de despegar ignoraron esas advertencias, y por supuesto fueron sumamente trágicas las consecuencias de ignorar las advertencias. Aquí en este texto tenemos una advertencia de alguien que está hablándonos, con consecuencias mucho más permanentes y significativas. ¿Cuáles son? Bueno, va a usar este mismo argumento que había usado antes el autor de Hebreos, donde razona desde algo menos importante hacia algo más importante. Como cuando estudian matemáticas, ¿se acuerdan? "Mayor que": tienen este simbolito así. Esa es la idea cuando dice: "Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra" —monte Sinaí—, "mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos".

El argumento es: la consecuencia para los que estaban ahí, que vieron el monte Sinaí, que al final sí rechazaron el mensaje que estaban escuchando de Dios desde el monte... al final la mayoría sí lo rechazó. ¿Cuál fue la consecuencia? Murieron en el desierto: 40 años, 40 años más desde ese punto de desobediencia hasta que entran a la tierra prometida; 40 años de estar dando vueltas en el desierto para que esa generación muriera. Esa fue la consecuencia. Y dice el autor de Hebreos: "Para ustedes es peor que para ellos". ¿Por qué? Porque ustedes tienen una revelación más completa. Dios no solamente ha hablado desde un monte; para ustedes ha hablado desde el cielo, manifestado a través de Su Hijo. Si ustedes rechazan eso, la gracia y la misericordia de Dios mostrada en la cruz del Calvario por ustedes, la sangre siendo derramada por ustedes, que habla mejor que la de Abel; si ustedes rechazan eso, no son 40 años en el desierto para que mueran en esta vida: es condenación eterna.

Y hay más peso sobre ustedes, porque ustedes tienen mayor conocimiento acerca del plan de Dios en toda la historia bíblica; ya vieron a Jesús, ya vieron cómo se cumplió. Los lectores de la carta de Hebreos estaban tentados a regresar al judaísmo y a las viejas prácticas, porque es la presión que estaban recibiendo de todos sus amigos judíos: "¿Qué estás haciendo con eso de Jesús?". "No se trata de los corderitos, y de los sumos sacerdotes, y del templo; no se trata de eso". Ustedes que ya conocen lo que Jesús hizo, no regresen a las viejas prácticas del judaísmo, porque el juicio será más duro sobre ustedes por rechazar lo que ustedes ya han escuchado.

Y entonces este fuego que habla está amonestándonos desde el cielo; nos está amonestando desde el cielo. ¿Y qué es lo que está diciendo? Y aquí voy a tomar el texto del cual está citando el autor de Hebreos en el versículo 29, "porque nuestro Dios es fuego consumidor", para tratar de sacar una pista de cuál es esta amonestación para nosotros. En la NBLA: "Y el Señor se enojó conmigo por causa de ustedes, y juró que yo no pasaría el Jordán ni entraría en la buena tierra que el Señor tu Dios te da por heredad. Porque yo moriré en esta tierra, no cruzaré el Jordán; pero ustedes pasarán y tomarán posesión de esta buena tierra". Aquí está la amonestación, ¿cuál es? "Tengan cuidado, pues, no sea que olviden el pacto que el Señor su Dios hizo con ustedes, y se hagan imagen tallada en forma de cualquier cosa que el Señor tu Dios te ha prohibido". Y esa es la frase: "Porque el Señor tu Dios es fuego consumidor, un Dios celoso".

Entonces, ¿ven cuál es la amonestación? La amonestación es: ten cuidado de los ídolos. Ten cuidado de las cosas que pueden convertirse en cosas más importantes que Dios, cosas que tú sabes que empiezan a ocupar un lugar en tu vida que solo Dios debería de tener en tu vida. Ese es el fuego de Dios que está hablándonos: un fuego de celo santo porque Él sea el único Dios de nuestra vida, para que Él sea el único tesoro, para que Él sea el centro de nuestro universo, y no nosotros y nuestras cosas.

Un fuego que juzga

Y por el otro lado, este fuego que habla también es un fuego que está juzgando a los que rechazan el evangelio. No nada más nos está hablando a nosotros como creyentes, para recordarnos que debemos de resistir la idolatría en nuestras vidas, sino también está hablando a todos los que han escuchado el evangelio y lo rechazan abiertamente. Y ese es el tipo de fuego que encontramos en 2 Tesalonicenses 1, versículos 7 al 10: "Pero que Él les dé alivio a ustedes que son afligidos" —estos son los cristianos— "y también a nosotros, cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con Sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando castigo a los que no conocen a Dios y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder, cuando Él venga para ser glorificado en Sus santos en aquel día, y para ser admirado entre todos los que han creído, porque nuestro testimonio ha sido creído por ustedes".

Hay una aclaración importante: no olviden que el monte Sinaí sigue siendo real. También está Sion, y nosotros hemos llegado a la presencia de Dios a través de Sion, pero ¿eso significa que Sinaí ha desaparecido? La realidad de la santidad, del juicio de Dios sobre todas las naciones, todavía es una realidad futura que podemos esperar con certeza: Dios es fuego consumidor. No crean esto de que... es una creencia común: el Dios del Antiguo Testamento era este Dios medio malo y medio sádico, que le gustaba acabar con naciones, que le gustaban las peleas y la sangre; y luego ya viene Jesús, y Jesús llega diciendo: "No, yo soy amor, yo amo a todos, yo acepto a todos". "Ay, yo prefiero el Nuevo Testamento; yo prefiero un Jesús todo tranquilo y todo pasivo, que nunca me va a decir nada que me incomode y que siempre me va a aceptar tal como soy".

Ya lo leímos, qué es lo que va a hacer Jesús. ¿Y pensabas que el Antiguo Testamento era duro contra el pecado? No has leído con calma el Nuevo Testamento. De hecho, Apocalipsis es el libro más sangriento de toda la Biblia. Tanto la gracia como el juicio nos muestran al verdadero Dios, ambos; no se trata de escoger uno o el otro. Tenemos que meditar constantemente en ambas cosas. Sí, Dios es un Dios de gracia y de amor y de misericordia, pero también es fuego consumidor.

¿Qué es lo que llamamos justicia? Justicia, en nuestra sociedad, es que se cumpla la ley, ¿no es cierto? Las leyes existen para que las cumplamos, y si tú rompes la ley, tú debes de ser castigado de acuerdo a lo que esa ley ha determinado. Entonces, si te pasas un alto, deberías de tener una multa; si vas a exceso de velocidad, deberías de tener una multa, lo cual ya me ha sucedido. Si nuestras leyes terrenales, cuando son rotas, deben de tener una consecuencia, cuánto más —otra vez, de menor a mayor—, cuánto más las leyes eternas de Dios. Si rompes la ley de Dios, tú ofendes a un Dios infinitamente más majestuoso y santo; y no creas que no va a pasar nada. Esto es muy serio; de hecho, es lo más serio que puedes escuchar en tu vida.

Un fuego que purifica

La segunda cosa la encontramos en los versículos 26 y 27: el hecho de que este fuego también purifica. Dice: "La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles". Entonces, esta voz del que habla, este fuego que habla, también es un fuego que purifica. ¿Por qué? Porque está hablando de una realidad eterna aquí, en donde este fuego deshace todas las cosas temporales de este mundo; donde este fuego dice: "Algún día, así como me manifesté en Sinaí y causé fuego en la tierra, algún día vendrá fuego del cielo", pero no nada más para consumir una parte geográfica limitada, sino para consumir todas las cosas que son temporales.

Si tú le hubieras preguntado a uno de los lectores de esta carta acerca del Imperio romano: "¿Crees que el Imperio romano algún día se acabará?", probablemente te habría dicho: "No creo". Porque el Imperio romano era tan poderoso y tan increíble, y tenía tanto poder en todo el mundo conocido, que no había manera de que alguien pudiera visualizar que un día se acabaría. Ellos pensaban: "El Imperio romano durará por siempre, seguramente". Y para muchos el cristianismo nada más era una moda; para muchos el cristianismo era nada más algo que estaba pasando: "Miren a estos pobres judíos que están creyendo en su Mesías, pero ya se les va a pasar; nada más dales unas cuantas generaciones y se va a acabar esa creencia". Y esa era la tentación de los que estaban leyendo esta carta: pensar qué tan duradero es lo que estamos creyendo acerca de Dios, qué tan duradero es este tipo de fe que tenemos en este Mesías que ha sido revelado. ¿Realmente permanecerá? Y aquí estamos, casi dos mil años después, y ¿de quién estamos hablando? Estamos hablando de ese mismo Mesías. Tenemos la fe, la misma fe que tenían esos cristianos, la misma. Y cuando hablamos de Roma, ¿qué es? Un recuerdo del pasado; ya no existe ese imperio. Leí a alguien que escribía: "Hoy la gente les pone a sus perros Nerón, pero a sus hijos, Pablo", cuando muestra qué tanta influencia ha tenido el cristianismo en todo el mundo a lo largo de estos últimos 2000 años.

¿Qué es lo que anhelan nuestros corazones? "Señor, enséñanos a orar; enséñanos cómo orar". ¿Y qué dijo Jesús? "Déjenme enseñarles cómo orar: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre". ¿Qué sigue? "Venga tu reino". Si oramos correctamente... ¿cómo estaríamos orando si estuviéramos hablando correctamente? Estaríamos empezando siempre pensando, ¿en qué? En lo eterno, en lo que nunca se va a acabar: "Venga tu reino; hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra". Porque sé que lo único que tiene que ver con Tu Reino es lo que permanecerá. "Y por cierto, Señor, ayúdame, porque estoy mal de salud; ayúdame, porque no tengo trabajo". Es el enfoque, no es aparte de la oración, lo que nos lleva a orar, y nos olvidamos de que todas esas cosas pasarán: nuestra salud pasará, nuestro trabajo pasará. A veces es lo que más nos consume. "Venga tu reino" debe de reflejar nuestro deseo de lo eterno.

Isaías 40:6 dice: "Una voz dijo: Clama. Entonces él respondió: ¿Qué he de clamar? Toda carne es como la hierba, y todo su esplendor es como la flor del campo. Se seca la hierba, se marchita la flor cuando el aliento del Señor sopla sobre ella; en verdad el pueblo es hierba. Se seca la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre. Súbete a un alto monte, oh Sion, portadora de buenas nuevas; levanta con fuerza tu voz, oh Jerusalén, portadora de buenas nuevas; levántala, no temas. Dile a las ciudades de Judá: Aquí está su Dios. Miren, el Señor Dios vendrá con poder, y Su brazo gobernará por Él. Con Él está Su galardón, y Su recompensa delante de Él". Cuando Jesús estaba hablando acerca de Su segunda venida, en Mateo 24, dijo: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". "El mundo pasa, y también sus pasiones, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre".

Así que también tenemos, por el otro lado, que el fuego de Dios no nada más purifica las cosas de este mundo que son temporales, sino también purifica nuestras obras en esta vida. Nos hace ver en qué estamos enfocando nuestro tiempo y cuáles son nuestras motivaciones para hacer las cosas que hacemos. Y pon en perspectiva lo que dice 1 Corintios 3, que dice: "Ahora bien, si sobre este fundamento alguien edifica con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada uno se hará evidente; porque el día la dará a conocer, pues con fuego será revelada. El fuego mismo probará la calidad de la obra de cada uno. Si permanece la obra de alguien que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa. Si la obra de alguien es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; sin embargo, él será salvo, aunque así como a través del fuego".

Es decir, ¿cuánto de lo que estamos haciendo en esta vida será deshecho al final? "Ah, me compré un nuevo carro": se acabó. "Ah, tenía una cuenta muy llena de dinero en el banco, una cuenta de ahorros con muchos intereses": se acabó. Pero ¿amaste a tu hermano y a tu hermana? ¿Amaste a tus enemigos? ¿Mostraste misericordia? ¿Reflejaste el amor de Dios? Eso permanecerá para siempre. Eso será probado: nuestras motivaciones, la razón por la cual hacemos lo que hacemos, será probada al final por el fuego purificador de Dios.

Un fuego que renueva nuestra morada

Y tercero, este fuego que purifica, purifica nuestra morada de este mundo, o renueva nuestra morada de este mundo. Aquí el autor de Hebreos toma de Hageo 2:6, es donde está citando: "Aún una vez"; esa es la traducción aquí; en la NBLA, "Una vez más", "y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo". Y entonces dice que esto, esto que Dios está haciendo de quitar las cosas temporales, es porque lo que quiere que quede es solamente lo que es permanente. Dice el versículo 28: "Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible". Ahí está la idea: es el reino que vendrá, el reino futuro de este mundo, cielos nuevos y tierra nueva. Debería de ser nuestra esperanza constante. ¿Dónde está nuestro enfoque? 1 Pedro 1:3 dice: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para ustedes".

Entonces, Hageo 2 está en el contexto del exilio de Babilonia y el juicio de Dios sobre Babilonia. Y entonces Dios le está diciendo al pueblo de Israel: "Bueno, sí, yo he hecho un juicio contra Babilonia; pero así como es un juicio contra Babilonia, en un futuro voy a hacer un juicio contra todas las naciones. Y entonces todas las naciones serán destruidas, y todos los imperios de este mundo serán destruidos, porque entonces vendrá mi imperio, que será eterno". Y entonces pon en perspectiva un poquito esto del Día de la Tierra, así se llama, ¿no?, lo que acaba de pasar. ¿No han visto algo sobre eso? El Día de la Tierra: "Este es nuestro único planeta, es todo lo que tenemos, hay que cuidarlo". Sí, hay que cuidarlo. Espero que como cristianos sean los ciudadanos responsables, que no les gusta contaminar y no les gusta destruir plantitas y matar animales. Espero que como cristianos tengamos un sentido de cuidar y de ser buenos administradores de los recursos que Dios nos ha dado.

Sin embargo, esto no es todo lo que tenemos; todo esto pasará. Por eso, cuando hablan de calentamiento global: sí, sí, algún día esta tierra se acabará. Es cierto, están talando bosques, están subiendo los niveles del mar, está subiendo la contaminación; es cierto. Pero mi esperanza no está en que tengamos un mundo mejor ahorita. Mi esperanza está en que yo ya compré —alguien compró por mí—, ya me apartó un terreno. Anímense, hermanos, porque ahorita en Cuajimalpa está muy caro el metro cuadrado, y decimos: "Híjole, no me alcanzará ni para 2 metros, 3 metros cuadrados". Y yo me acuerdo cuando mis papás compraron terreno aquí en Cuajimalpa, en los años 80, principios de los años 80; todavía la perspectiva era: "Cuajimalpa es súper barato". Y entonces los que compraron en ese tiempo ahora están muy felices, porque dicen: "Ahora mi inversión vale muchísimo más de lo que pagué originalmente".

Bueno, ¿saben qué? Comprar para la eternidad ahorita es muy barato, porque a nadie le importa; no hay mucha demanda. Así que aprovechen, porque esa inversión que ustedes hagan, tesoros en el cielo, esa inversión les pagará mil veces todo lo que puedan perder en esta vida. Inviertan, inviertan, hermanos; inviertan en el futuro, inviertan en lo que durará para siempre, en lo que nadie les puede quitar. Ahí inviertan su tiempo, y su esfuerzo, y su dinero. Es la razón por la cual está escribiendo esto el autor de Hebreos. Está diciéndonos: es como si estuvieran de viaje. Yo me acabo de ir una semana con mis hijos, en parte de paseo, en parte eran algunas reuniones. Pero, ¿saben cuántas maletas nos llevamos en el viaje? Nos regresamos con muchas más, pero nos fuimos con una. Pero imagínense que hubiera yo dicho: "Voy a empacar toda mi ropa de todo mi clóset, y voy a llevarme todos mis libros, y voy a llevarme todas mis cosas, por esta semana que voy a estar fuera". ¿Por qué es ilógico? Es porque no tiene sentido: nomás te estás yendo por una semana; ¿cuánto necesitas para una semana? No necesitas tus cosas; deja las cosas que te importan en donde realmente vives, en donde estás la mayoría del tiempo. Ahorita no necesitamos mucho, porque esto es súper temporal.

A veces he pensado eso. Hace rato Roberto lo comentaba: qué tanto pensamos acerca de la muerte y lo que sigue después de la muerte. Y ya estás... he pensado que lo comparo un poco con la experiencia que tengo muchas veces de soñar cosas que pienso que son reales. En mis sueños son muy reales, y a veces son cosas ridículas, lo cual me confunde mucho en mi sueño, porque digo: "¿Cómo puede ser esto posible? ¿Cómo puede estar pasando así y así?". Y entonces en mi mente es una realidad. Pero de repente despierto y digo: "Ah, eso no era real; esto sí es real. Ahora estoy despierto; ahora veo qué es lo que sí es real". Y creo que es una experiencia parecida a lo que vamos a experimentar cuando pasemos de esta vida a la eternidad: "Viví 60, 70 años en esta tierra; yo pensaba que eso era real. Eso no era real como esto es real. Esto sí es real, porque esto sí es permanente; esto sí durará".

Un fuego que lleva a la gratitud

Lo cual me lleva al último punto, que es: fuego que lleva a la gratitud. Véanlo en el versículo 28. Este fuego que consumirá todas las cosas, que hará que todas las cosas sean nuevas; este fuego que destruirá todo lo temporal de este mundo; ese fuego, cuando pensamos en él y cuando pensamos en el reino inconmovible que nos va a traer, ¿qué es lo que debe provocar en nosotros? Dice el autor de Hebreos: "Tengamos gratitud". Algo debe de provocar en nuestra manera de vivir cuando pensamos en estas cosas. Por eso es que Pedro escribió: "Pero el día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no deben ser ustedes en santa conducta y en piedad!".

¿Ven la conexión? Si piensan que estas cosas pasarán, y lo que va a venir, esto los debe motivar a vivir vidas santas, "esperando y apresurando la venida del día de Dios, en el cual los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán con intenso calor. Pero, según Su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia". Aquí está la idea, hermanos: de dónde viene la gratitud. La gratitud viene de entender la gracia. Nosotros merecemos ser destruidos con fuego; nosotros merecemos la condenación eterna de Dios. Pero no es lo que vamos a recibir: nosotros vamos a recibir un reino inconmovible.

La gratitud viene de entender la gracia, lo cual significa que la gratitud solamente viene de entender lo que realmente mereces. Si tú no entiendes lo que mereces, entonces nunca vas a ser agradecido; entonces te vas a quejar todo el tiempo: "Ay, pobre de mí, no es justo; ¿por qué me hacen esto? ¿Por qué me pasa esto a mí?". Todo el tiempo te la vas a vivir lamentándote y quejándote, porque piensas que mereces que te vaya bien, porque piensas que mereces que todos te traten bien a ti, y que te consideren a ti, y que te amen a ti, y que piensen en tus necesidades todo el tiempo; y entonces yo, yo, yo. Pero cuando tienes la perspectiva de Dios, de lo que es gracia, dices: "Lo que merezco es el juicio y condenación de Dios; lo que merezco es la muerte. Así que, cuando vengan cosas malas en mi vida, las recibo con el gozo de saber que tengo un regalo mejor de Dios que no merezco". No merecemos nuestra herencia futura.

Y aquí está la conexión: "tengamos gratitud". ¿Qué sale de la gratitud? "Y mediante ella" —mediante la gratitud— "sirvamos a Dios". Esta palabra, "sirvamos", es la misma palabra de "adoremos a Dios"; podría traducirse de cualquiera de las dos maneras. Por la gratitud que hay en nuestros corazones, adoremos a Dios. Lo cual significa que, de la misma manera como no puedes tener gratitud sin la gracia de Dios, no puedes tener adoración sin gratitud. No puedes adorar sin gratitud, y no puedes tener gratitud sin gracia. Pero el fuego de Dios es lo que merecemos; hemos sido salvados de la condenación eterna del fuego de Dios sobre nosotros. "Gracias, Señor; gracias porque te puedo ver".

Y aquí está: "agradándole con temor y con reverencia". Ese es el tipo de adoración que agrada a Dios: la gracia que lleva a la gratitud, la gratitud que lleva a la adoración, y la adoración que se manifiesta con temor y reverencia delante de Dios. Lo cual está contemplando a Sinaí de este lado —por eso hay temor y reverencia—, y está contemplando a Sion de este lado, y dice: "Señor, gracias por lo que me estás dando aquí. Sin ver Tu santidad, yo no puedo entender lo que me estás ofreciendo; yo no puedo entender cuál es mi problema; yo no puedo entender qué tan increíble y glorioso es el evangelio, si no veo Tu justicia y Tu ira sobre el mal siendo manifestadas en ese monte".

¿No ven? Entonces hay algo ahí de lo que Moisés sentía cuando iba a subir al monte, y estaba temblando, y estaba espantado. Pero al mismo tiempo hay seguridad, y hay gozo y gratitud en nuestro corazón, porque decimos: "Yo sé que puedo ser aceptado delante de Dios; yo sé que me puede perdonar, porque Jesús ya hizo la obra, y tengo mi confianza enteramente puesta en Él".

Adoración con temor y reverencia

Lo cual me hizo pensar mucho sobre la adoración aquí hoy en la mañana. Estamos cantando, y pienso: ¿qué es lo que se manifiesta en nuestros corazones y nuestras voces cuando estamos leyendo esas letras, cuando estamos escuchando esa música? Realmente, ¿qué es lo que provoca en nosotros? ¿Temor y reverencia? Lamentablemente, hoy en día en muchas iglesias —y es un peligro en la nuestra también— la adoración puede convertirse más en entretenimiento que otra cosa: "Ah, me gusta esta; me gusta cómo suena esta canción. No me acuerdo qué dice, pero me gusta". Que nuestra adoración no refleje los valores superficiales y temporales de este mundo; que nuestra adoración refleje profundamente la santidad y la gloria de Dios en nuestros corazones, y nuestra respuesta a lo que estamos contemplando.

Así que, hermanos, nuestro Dios es fuego consumidor. Todos los días estamos siendo confrontados con dos mundos, dos opciones: las cosas que pasarán, todo lo temporal, y las cosas eternas, todo lo permanente. ¿Qué cosas en nuestra vida pasarán la prueba del fuego de Dios? ¿Cómo está nuestra vida hoy reflejando la clase de Dios que tenemos? ¿Puede ver la gente en nosotros constante gratitud? ¿Pueden ver temor en nosotros? ¿Pueden ver reverencia en nosotros, en todo lo que hacemos?

Señor, consúmenos con el fuego de Tu santificación, para Tu gloria. Gracias, Padre, por Tu Palabra, y gracias, Señor, porque Tú nos muestras quién eres a través de ella. Que esta imagen de cómo te manifiestas en fuego se quede grabada en nuestras mentes y nuestros corazones. En el nombre de Cristo Jesús.

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