Isaías 42:18-43:27IsaíasNathan Díaz
Dios salva para su gloria
¿Por qué Dios nos salva si seguimos siendo ciegos, sordos y rebeldes? Isaías 42:18–43 responde que Él redime, protege y llama a un pueblo que no lo merece, y lo hace todo para su gloria. Un recordatorio de que nuestro valor no está en nosotros, sino en Aquel a quien pertenecemos.
Transcripción
Lectura de Isaías 42
Isaías capítulo 42, donde nos quedamos, todavía al final de ese capítulo. Y lo que vimos el domingo pasado tenía que ver con esta profecía acerca del siervo del Señor, el siervo de Dios. Dice el versículo: "He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones". Ese fue el enfoque del domingo pasado: ver las características de este siervo y cómo es que esas características se cumplieron en Jesús. Ese fue el enfoque, y concluimos con el versículo 17.
Entonces vamos a continuar ahora con el versículo que dice: "Sordos, oíd, y vosotros, ciegos, mirad para ver. ¿Quién es ciego, sino mi siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el siervo de Jehová, que ve muchas cosas y no advierte, que abre los oídos y no oye? Jehová se complació por amor de su justicia en magnificar la ley y engrandecerla. Mas este es pueblo saqueado y pisoteado, todos ellos atrapados en cavernas y escondidos en cárceles; son puestos para despojo, y no hay quien libre; despojados, y no hay quien diga: Restituid.
¿Quién de vosotros oirá esto? ¿Quién atenderá y escuchará respecto al porvenir? ¿Quién dio a Jacob en botín, y entregó a Israel a saqueadores? ¿No fue Jehová, contra quien pecamos? No quisieron andar en sus caminos, ni oyeron su ley. Por tanto, derramó sobre él el ardor de su ira, y fuerza de guerra; le puso fuego por todas partes, pero no entendió; y le consumió, mas no hizo caso".
Y ahora, ayúdanos a entender tu Palabra correctamente, a aplicar tu Palabra a nuestras vidas. En el nombre de Cristo Jesús.
El siervo ciego y sordo
El tema que vamos a estar desarrollando a partir de esta parte, y lo que está en el capítulo 43, tiene que ver con la gloria de Dios: la manera en que Dios hace las cosas para su gloria. Pero al llegar a esta sección de Isaías 42 tenemos un pequeño problema, una tensión aquí, que espero que hayan sentido. Porque les acabo de recordar que el domingo pasado hablamos del siervo de Dios como Jesucristo, y claramente los evangelios hacen esa conexión; dicen: "Jesús cumplió lo que Isaías 42 estaba diciendo acerca del siervo del Señor". Y de repente tenemos los versículos 18 y 19, en que el siervo es descrito como ciego y sordo, y hay como una condenación aquí hacia el siervo.
Entonces claramente hay diferentes categorías de siervo que se están usando en el libro de Isaías. Y ya lo vimos, porque si recuerdan, también lo vimos en el capítulo 41: el pueblo de Dios, en el versículo 8, Israel, había sido llamado el siervo de Dios. Entonces sí ha habido esta manera de alternar, y lo podríamos pensar como el cuerpo, el pueblo de Israel, y la cabeza, el representante del pueblo. ¿Quién va a rescatar a este pueblo? ¿Quién va a ser el representante que va a poder hacer justicia a favor del pueblo? Esa es la manera en que se está desarrollando la idea del siervo.
El siervo del Señor es Israel, pero hay alguien, un individuo... de repente cambia el enfoque hacia un individuo que tiene la capacidad de ser representante del pueblo y de hacer lo que sea necesario para rescatar al pueblo, de hacer justicia por el pueblo. Y entonces, nada más para recordarles este contraste: vimos en el capítulo 42 que el siervo es descrito como alguien que abre los ojos de los ciegos y que saca de la cárcel a los presos. Entonces, si es alguien que va a guiar a los ciegos, no puede estar ciego, que es la descripción que está aquí.
Entonces, el representante del pueblo, el siervo, el siervo del Señor, la cabeza, va a guiar al resto, al cuerpo, como el siervo del Señor escogido para hacer la obra que el cuerpo no puede hacer. Es la manera en que se está desarrollando. Lo cual nos llevaría a ver en todo este pasaje que en realidad el problema que está puesto aquí delante de nosotros es que Israel, como nación, como el siervo de Dios, ha fallado. ¿En qué? En glorificar a Dios. Entonces va a ser nuestro enfoque: Dios hace todas las cosas para su gloria, pero en esta situación, en lo que está describiendo aquí, el siervo falla.
El siervo no ha podido cumplir su función evangelística hacia el mundo, de proclamar a las naciones la gloria de Dios como debería de proclamarla. ¿Por qué? Pues porque está ciego y está sordo. ¿Alguna vez han jugado estos escenarios hipotéticos? "¿Qué preferirías: estar sordo o estar ciego?". Y todos tenemos alguna respuesta en nuestra cabeza sobre qué cosas preferiríamos ceder en nuestras vidas. Pero la verdad es que no quisiera ninguno de los dos; no quisiera ni estar ciego, y no quisiera estar sordo. Es terrible, porque la capacidad que tiene se ve altamente disminuida; su capacidad para hacer cosas se ve altamente disminuida.
Por ejemplo, si estuviera yo ciego, no podría manejar un coche; y si estuviera sordo, no podría oír música; y si estuviera ciego, no podría leer libros; y si estuviera sordo, sería muy difícil tener conversaciones con ustedes. Hay tantas cosas que empiezo a pensar: "Señor, tú sabes, pero yo no quiero estar en esa condición". Y es la descripción del siervo del Señor aquí: como ciego y sordo. Lo cual nos está mostrando que, de hecho, Israel es incapaz de cumplir con la misión que se le ha asignado. ¿Cómo vas a ser luz para las naciones si tú ni siquiera ves? ¿Cómo vas a proclamar el mensaje del evangelio, cómo vas a proclamar la gloria de Dios a los demás, y tú ni siquiera escuchas? Ese es el contraste que está siendo desarrollado.
Más luz, más responsabilidad
Porque vean esto —vamos a verlo en un momento—: Israel fue llamado a ser testigo de Dios a las naciones, y por eso es que en el versículo 19 es descrito como el mensajero de Dios; Él los envió. Pero como la gloria de Dios y su grandeza no han tenido un efecto en ellos, han sido incapaces de comunicar las verdades de Dios a las demás naciones. Y vean el versículo 21, que describe cómo es que Dios se ha complacido en magnificar la ley, engrandecerla. Eso solamente agrava la responsabilidad que ellos tienen delante de Dios, porque Dios les dio la ley a ellos; ellos son los que supuestamente tienen más luz acerca de quién es Dios.
Cuando nosotros fallamos en proclamar y en reflejar al Dios que tenemos, eso solamente se agrava entre más expuestos estamos a la verdad, entre más conocemos de la verdad. Entonces, el hecho de que ustedes están aquí los pone en mayor responsabilidad delante de Dios; los pone en mayor responsabilidad delante de Dios por lo que ustedes están comunicando a otros acerca de Dios. Porque entre más saben ustedes, más los sostiene Dios responsables por ser testigos y mensajeros de ese mensaje.
Entonces el juicio de Dios vendrá sobre Israel justamente porque no han hecho la labor que Dios les ha encomendado. Y aquí entonces está describiendo, de hecho, lo que va a suceder en el versículo 25... bueno, versículo 24: "¿Quién dio a Jacob en botín, y entregó a Israel a saqueadores?". ¿Quiénes son nuestros saqueadores? Babilonia. Y vamos a ver más sobre eso en los próximos capítulos. Pero entonces Dios está juzgando a Israel; los está entregando a los babilonios. "Por tanto, derramó sobre él el ardor de su ira, y fuerza de guerra; puso fuego por todas partes, pero no entendió; y le consumió, mas no hizo caso".
No entienden ellos por qué es que les están pasando estas cosas. Ese es el punto del pasaje: "Yo los estoy juzgando porque los sostengo responsables de sus acciones delante de mí, de la misión que yo les di, y de la manera en que ustedes tienen la responsabilidad de ser luz a las naciones. Y sin embargo no lo han hecho; ustedes mismos son ciegos, ustedes mismos son sordos". Y si recuerdan, en el capítulo 6 de Isaías, eso es exactamente lo que Dios le dijo a Isaías que iba a suceder: "Ve y predícales", pero no te van a escuchar. Bueno, se está cumpliendo ahora: van a ser entregados a los babilonios, van a ser quemados por los babilonios, en el sentido del juicio de Dios. Entonces, primeramente, fallamos en glorificar a Dios porque somos incapaces de glorificar a Dios en nuestras propias fuerzas: estamos ciegos, estamos sordos. Y también somos rebeldes; es lo que está expresando este pasaje. Dios nos manda una cosa, y, así como Jonás, decimos: "No, yo no; yo prefiero ir en esta dirección".
Te cansaste de mí
Pero vean más adelante; quiero llevarlos hacia el final del capítulo 43 ahora, para que vean también otro aspecto de la razón por la cual Israel está siendo juzgado por Dios. Vean el versículo 22 del capítulo 43. Dice: "Y no me invocaste a mí, oh Jacob, sino que de mí te cansaste, oh Israel. No me trajiste a mí los animales de tus holocaustos, ni a mí me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda, ni te hice fatigar con incienso. No compraste para mí caña aromática por dinero, ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino pusiste sobre mí la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades".
Ya vimos algo de esto en el capítulo 1 de Isaías. Cuando empezábamos a ver el desarrollo del mensaje de Isaías, veíamos que en realidad Israel sí estaba adorando externamente, pero era adoración falsa. ¿Por qué? Porque venía no de un corazón arrepentido, sino simplemente de cumplir con las demandas externas que Dios les había pedido. Y creo que eso es a lo que está apuntando este pasaje; dice: "Miren, ustedes han cumplido externamente, pero estos sacrificios en realidad no son reales; no logran el propósito por el cual yo los instituí, que era un corazón contrito y humillado delante de mí, un corazón quebrantado que viene en arrepentimiento para encontrar restauración con Dios".
Entonces encontramos que la razón por la cual fallamos en glorificar a Dios es porque nos cansamos de Dios; esto está siendo descrito aquí. Entonces, el pasaje que estamos viendo hoy empieza con nuestra rebeldía y con nuestra manera de ser incapaces de cumplir con la misión que Dios nos ha dado, y terminamos con más razones todavía por las cuales Dios juzga a su pueblo, que es: "Señor, no sé si tú me puedes ayudar en esta situación; entonces, por ahorita, voy a voltear para acá y voy a poner mi esperanza en esto". Como vamos a ver el próximo domingo, en el capítulo 44, la tentación: nos cansamos de Dios, ¿y hacia qué volteamos? Hacia nuestros ídolos.
"Ya he escuchado: Dios, y Dios, y Dios nos protege, Dios nos cuida, Dios nos rescata. Ya me cansé de estar escuchando eso. Yo necesito algo tangible; yo necesito algo ahorita que me ayude en esta situación. Así que" —nada en contra de los psicólogos— "voy con un psicólogo, mejor". Porque nos cansamos de Dios. Nos cansamos de leer la Biblia; nos cansamos de leer sus promesas, porque las hemos estado escuchando desde niños. Y ese es el gran peligro de crecer en la iglesia: que se vuelva tan rutinario que en realidad no signifique nada real para ti.
Conoces el lenguaje, sabes cómo hablan los cristianos, sabes cómo se supone que tienes que orar y las palabras que tienes que decir, pero estás cansado, y has puesto tu confianza y su esperanza en otras cosas. Israel estaba tan expuesto a los rituales, a las fiestas, a la ley, que habían empezado a vivir una vida religiosa vacía, una vida desconectada de Dios. Y estábamos hablando acerca de esto allá; nos estamos juntando varios pastores de varias iglesias, y estábamos hablando acerca de esto. O sea, tú puedes, en términos de ministerio cristiano, ser sumamente exitoso, y que tu corazón esté lejos de Dios.
El éxito ministerial, el tener una iglesia llena, el poder predicar en diferentes lugares, y en eventos, y en conferencias, y el poder tener un cierto nivel de reconocimiento, no significa nada en relación a nuestra verdadera condición delante de Dios. ¿Qué tanto estamos pasando tiempo en oración? ¿Qué tanto tiempo estamos pasando en la Palabra, que nos transforma internamente, y que no nada más es esta rutina de "esto es lo que hacemos"? Estoy hablando de mí. Estas son las cosas que nos confrontan constantemente en la Palabra. ¿No las leemos? Y es: "Señor, soy yo; estás describiendo aquí... yo soy alcanzado, Señor, el que se cansó de ti".
Y recuerda, dice Dios, versículo 25: "Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor en mí mismo, y no me acordaré de tus pecados. Hazme recordar, entremos en juicio juntamente; habla tú para justificarte". ¿Por qué has estado viviendo apartado de mí? "Tu primer padre pecó, y tus enseñadores prevaricaron contra mí. Por tanto, yo profané los príncipes del santuario, y puse por anatema a Jacob y por oprobio a Israel". Mi juicio viene con un propósito.
Pero ahora
Aquí va, ¿listos? Capítulo 43: "Ahora". En La Biblia de las Américas: "Mas ahora"; puede empezar: "Pero..., pero ahora". Son las palabras más alentadoras que hay en la Biblia, ¿no es cierto? Porque lo que va a describir a continuación no es un cambio en Israel. No está diciendo: "Pero ustedes van a cambiar". No, lo que está describiendo el capítulo 43 es: "Pero yo. Ustedes están ciegos y sordos, ustedes son rebeldes, ustedes se han cansado de mí, pero yo...". Una declaración de la gracia de Dios.
"Así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú". Yo. Si dependiera de ti, no habría esperanza. Pero Dios... Y lo que hace es recordarles varias cosas. Les recuerda: "Yo te hice, yo te creé". Dice: todo este mundo, dice, todo el universo. "Pero no nada más yo lo hice y lo eché a andar, y entonces me fui de vacaciones, sino que formé e hice la creación entera, y luego formé a cada individuo, y puse atención a cada persona".
Entonces ahí está este énfasis en lo general, y en lo pequeño y detallado e individual de cada persona: Dios poniendo atención a su creación, explicando que nos ha formado individualmente. Cada uno de nosotros es diferente, y tenemos huellas digitales diferentes, pero también tenemos sentimientos diferentes y personalidades diferentes, y tenemos experiencias diferentes, porque crecimos en diferentes lugares. Cada uno de nosotros es completamente único, y Dios es el que está detrás de esa individualidad de cada quien.
De Jacob a Israel
Y les recuerda: "Jacob... Formador tuyo, oh Israel". Y eso nos recuerda un punto histórico, ¿no?, para el pueblo de Dios. ¿Cuál fue este punto histórico? A Jacob se le cambió el nombre a Israel. ¿Para qué? Para representar que estaba haciendo Dios, ¿qué? Un pacto con él; que algo especial iba a hacer Dios. "Después de que peleas contra Dios, y tienes esta batalla con el ángel del Señor, y si perseveras en esa batalla, yo cambio tu nombre para hacerte ver que yo estaré contigo hasta el final", ¿no? Jacob, Israel.
Entonces Dios nos está recordando de dónde nos trajo: nuestra pasada identidad, lo que éramos sin Él. ¿Cuál sería la diferencia, hermanos, si tú no fueras cristiano? Dios quiere que te acuerdes. "Si yo no fuera cristiano, entonces no habría podido perdonar a esta persona que me hizo tanto daño. Si yo no fuera cristiano, entonces yo ya no estaría casado con mi esposa; ya nos habríamos divorciado. Si yo no fuera cristiano, entonces hubiera cedido ante esa tentación de engañar o de mentir en mi trabajo, nada más para poder tener un poco más de dinero".
Y Dios quiere que pensemos así, que nos acordemos quiénes éramos, cuál era nuestra identidad, cuál era nuestro nombre antes de conocer al Señor: Jacob. "Pero ahora has peleado con Dios y has perseverado; esto significa algo: que ya no eres la misma persona. Tú, pueblo de Israel, por lo tanto, no temas". Fuimos creados para Dios. Y vean lo que dice el versículo 4, porque quiero conectar estas ideas. Dice: "Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé". Entonces fuimos creados por Dios y fuimos amados por Dios, lo cual muestra esta idea de la elección de Dios de este pueblo. Y vamos a desarrollar en un momento con más detalle. Pero es que no nada más es que Dios nos ha creado, sino que nos ha escogido, nos ha amado específicamente, de tal manera que el pacto que tenemos con Él es eterno. Y más vale que le demos la importancia que tienen esas palabras: "Yo te amé".
Yo te amé
Tratamos de enseñarles a los adolescentes, porque esta es nuestra propia experiencia, ¿no?: cuando eres niño, 9, 10 años, y de repente hay una niña que te gusta: "¿Quieres ser mi novia?". "Sí, quiero ser tu novio". Ahora somos novios, y ahora pienso: "Es mi novia. Ahora, ¿qué le digo? Te amo". Y a esta niña no la he visto en 35 años. ¿Qué significaba eso? ¿Tenemos entendido qué significaba? Pensaba que eran mariposas en el estómago: "Ahora te amo". No, hay algo más profundo ahí, que representa un pacto, que representa una elección, que representa: "Estoy contigo para siempre, y yo voy a hacer todo lo que yo pueda hacer para darte lo mejor que yo tengo que darte, y de esa manera mostrarte mi amor. No tienes que tener miedo de que mañana voy a despertar y creo que ya no te amo". Esa es la profundidad de lo que hay en esas palabras.
No temas, porque yo te redimí
Bueno, ahora, si lo conectamos con la idea del versículo 1: "No temas". Me encanta, porque en realidad Dios nunca... o sea, esta palabra de "no temas" aparece muchas veces en la Biblia, pero Dios nunca nos dice "no temas" sin un fundamento, una razón para no temer. No es como una orden que Dios dice: "No temas; a ver cómo le haces, pero saca el temor de tu vida". Así no es como nos habla Dios. Ya: "No temas, y déjame decirte por qué no debes de temer. Y déjame darte una pequeña lista de 20 cosas por las cuales no debes de temer. Y si me crees, si realmente me crees, si me crees que yo soy quien digo que soy, y que este es mi carácter, estos son mis atributos, entonces vas a dejar de tener miedo".
¿Por qué? "Porque yo te redimí". Ya vimos este concepto desarrollado en el versículo 14, ¿se acuerdan?: "El Santo de Israel es tu Redentor". Es pago de un precio: "Hay un precio; yo lo estoy pagando". Eso significa cuando dice "yo te redimí". Y la idea es que Dios nos redime para su gloria. ¿Para qué? Para decir: "Eres mío". Versículo 3: "Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti". Entonces la idea es: "Yo te estoy comprando, te estoy adquiriendo; ahora eres mío, y por lo tanto ya no tienes que tener temor".
Entonces la razón, o sea, ¿no lo ven en el versículo 1? "No temas". ¿Por qué? "Porque ya te compré. Por eso no debes de tener temor: tú eres mío, y yo soy tuyo". Ese es el principio de Emanuel, que significa Dios con nosotros. Ese es el pacto. La pregunta más importante es: ¿perteneces a Dios? Lo que importa más acerca de ti no es lo que mereces, sino de quién eres. Es lo que nos está mostrando este pasaje.
Eres precioso: el piano
Pero algo que quiero que vean, y esto es increíble, porque si ustedes lo están leyendo en La Biblia de las Américas —no recuerdo cómo lo dice— el versículo 4: "Porque eres precioso". Es como lo dice: "En gran manera eres precioso". ¿Sí? Pero, Señor, acabas de describirme como sordo y ciego, como alguien que no cumple con lo que tú has pedido de mí, como alguien que se ha cansado de ti. ¿Eres precioso? No entiendo, Señor. A ver, déjenme ponerles un ejemplo para que entiendan qué está pasando aquí.
Hace unos años nos donaron un piano. Con la mejor de las intenciones lo hizo esta hermana, porque, bueno, ahí lo tenían, y dijeron: "Ustedes lo pueden tener". Pues lo trajimos aquí a la iglesia, y el piano... le hablé a un reparador de pianos, un afinador de pianos, y le dije: "Oye, ¿puedes checar cuánto costaría arreglar este piano?". Y lo revisó, y me dijo: "¿Sabes qué? Te sale más barato comprar uno nuevo. O sea, lo que les va a costar arreglar esto es demasiado, ¿no? Ya no sirve". Completamente inútil, realmente.
Entonces, si ustedes visitan el estudio, se van a dar cuenta: yo le quité todas las teclas y las pegué en la pared. Y entonces tengo una decoración ahí en el estudio de teclas de piano, de piano real. Pero ese es el mayor provecho que pude sacarle al piano; el mueble lo regalamos. Pero estaba pensando: ese piano inútil, ese piano desafinado, ese piano que el técnico dice: "Si quieres, úsenlo para leña". ¿Qué hubiera pasado cuando nos hubieran dado ese piano, el mismo piano, y nos hubieran dicho: "Por cierto, ese piano perteneció a Mozart"? Probablemente no lo hubiéramos destruido. "Y, por cierto, en ese piano Mozart escribió la Marcha turca".
De repente, ¿saben cuánto vale? De repente se dan cuenta de que ya no solamente es un piano inútil; ahora significa algo. ¿Pero por qué? Porque ahora el valor absoluto que tiene está en base a qué: de quién fue. Eso es lo que está describiendo este pasaje. Nuestro valor no es inherente; no es algo que poseemos dentro de nosotros mismos. Aunque somos creados a imagen y semejanza de Dios, y eso nos pone en una cierta posición dentro de la creación de Dios, el verdadero valor que tenemos está determinado por aquel que nos posee.
Por eso Dios puede declarar lo que declara acerca de su siervo, acerca de su pueblo. Por eso puede decir: "Porque eres precioso para mí; a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable". Es por mí, por mi gloria, que ustedes obtienen su valor, y que ustedes pueden encontrar una verdadera identidad y decir: "No soy yo; es a quien le pertenezco". "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. Porque Dios nos escogió en Cristo antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme a la buena intención de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia que gratuitamente ha impartido sobre nosotros en el Amado".
Sin merecerlo
Fuimos redimidos para la gloria de Dios: creados y amados, para no temer, para poseernos, y, sobre todo, sin merecerlo. No hay nada, nada, absolutamente nada dentro de nosotros mismos que nos hace merecedores de lo que Dios nos ha dado, porque si no, no sería gracia. Si no, no sería su absoluta y soberana y autónoma soberanía para hacer lo que Él quiere hacer y escoger a quien Él quiere escoger. Y es por eso que el pasaje nos muestra este contraste.
Y esto es súper complicado para nosotros de entender, hermanos. Lo que dice el versículo 3: "A Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti". Y vean lo que continúa diciendo en el versículo 4. Dice: "Daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. No temas, porque yo estoy contigo". Entonces, a ver, Señor, ¿qué estás diciendo? ¿Que vas a usar otras naciones para beneficio nuestro? Pero, ¿somos mejores que esas naciones? ¿Somos mejores realmente que Egipto, Etiopía, Seba? ¿Hay algo que los hace a ellos inferiores? "Y yo soy cristiano porque, mira qué inteligente soy yo: sé escoger bien; o sea, sé reconocer la verdad cuando la veo. Tú, inconverso, pues no eres tan listo como yo, porque tú rechazas este mensaje".
¿Es eso en lo que se fijó Dios? ¿"Yo tengo una mayor capacidad intelectual y moral para escoger correctamente"? ¿Es eso lo que me hace superior a los demás? Vean cómo lo explica Pablo, Romanos 9:22. Él dice: "¿Y qué, si Dios, aunque dispuesto a demostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia a los vasos de ira preparados para destrucción?". Ahí está Egipto, Etiopía, Seba. ¿Por qué lo hizo? "Lo hizo para dar a conocer las riquezas de su gloria sobre los vasos de misericordia, que de antemano Él preparó para gloria, es decir, nosotros, a quienes también llamó, no solo de entre los judíos, sino también de entre los gentiles". ¿Por qué algunos son salvos y otros no? Para la gloria de Dios; es la única respuesta real que tenemos. Él será glorificado en los vasos de ira, y en mostrar su gracia aún más a los vasos de misericordia cuando condena a los vasos de ira. Y Dios no está siendo injusto; ni una milésima de injusticia hay en Él. ¿Por qué? Porque es Dios; Él pone las reglas; Él sabe cómo hace las cosas. Pero eso debería sorprendernos aún más.
Protegidos para su gloria
Y ahora llegamos a este versículo 2... Los tres... Perdón, hermanos, pero estaba pensando cómo agrupar estas ideas. Versículo 2: no es nada más que hemos sido redimidos para su gloria; no es nada más que de entre las naciones, sin merecerlo, Dios nos ha visto a nosotros y ha dicho: "Mío eres tú; yo te amé, yo te escogí, yo te he traído de aquí acá, cambiando tu nombre y tu identidad". No es nada más todo eso, sino vean lo que dice el versículo 2: "Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti".
O sea, que no es nada más que hemos sido redimidos para la gloria de Dios, sino que también estamos siendo protegidos para la gloria de Dios. De tal manera que, a ver, esta idea del fuego y del agua son ideas que son desarrolladas en la Biblia como símbolos del juicio de Dios. ¿No escuchamos en la mañana acerca del arca de Noé, cómo juzgó Dios al mundo en el diluvio por medio de agua, y cómo juzgará Dios al mundo en su segunda venida por fuego? Entonces estos son símbolos de juicio. Pero no nada más son símbolos de juicio; ¿saben de qué son símbolos también? De purificación.
Vean lo que dice 1 Pedro 4:12: "Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo". ¿Se acuerdan cuando Jesús, en Mateo 7, dice: "Hay dos casas; una está construida sobre la arena y otra está construida sobre la roca"? Lo que es tan interesante es que lo mismo les pasa a las dos casas, en realidad. ¿Qué les pasa? Esta es la lluvia, sube el agua; a ambas casas les pasó lo mismo. Lo mismo aquí.
O sea, lo que está diciendo este texto es: si no eres creyente, pasarás por fuego y pasarás por agua; y si eres creyente, pasarás por fuego y pasarás por agua. No es que los creyentes, no es que los escogidos de Dios, no pasarán por la prueba. Sí pasarán por la prueba; las cosas sí se van a poner difíciles en nuestra vida. Esa no es la pregunta. Algo va a sucederte que va a ser una prueba difícil en tu vida, ¿verdad? Ser hijo de Dios no nos excluye de las pruebas. Pero, ¿qué dice este texto? Tienen un propósito diferente, porque sabemos que al final no nos pasará nada, porque Dios está con nosotros. Es la diferencia.
Dios no está con los que no son sus hijos, y este es el final: la prueba es el final; la prueba es el juicio de Dios, porque no voltean hacia Dios, y no confían en Dios, y no va a funcionar para traerlos a un mejor lugar. Pero para los que somos de Cristo, sabemos lo que dice Romanos: "Sabemos que todas las cosas ayudan a bien a los que a Dios aman, y han sido llamados conforme a su propósito". Sabemos eso. Esta es la esperanza que tenemos delante de nosotros: que la protección de parte de Dios es para nuestra purificación en medio de la tribulación.
Lo cual nos lleva a la gran esperanza de Romanos 8: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió". Entonces yo sé que no hay nada en este mundo —ni tribulación, ni angustia, ni persecución, ni hambre, ni desnudez, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo futuro—, no hay nada que nos puede separar del amor que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. Sabemos que somos más que vencedores, aunque nos maten, porque el amor de Dios es incondicional en nuestras vidas. Es un pacto eterno; nunca, nunca se separará de nosotros.
¿Lo sabes? O sea, ¿tienes esa seguridad? Lo que está diciendo este versículo: "Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti". ¿Qué es la muerte? ¿Qué es el dinero? ¿Qué es la salud, cuando tenemos algo mucho mejor?
Llamados a ser sus testigos
Lo cual me lleva al último punto del texto. Vean cómo se expresa el versículo: "Diré al norte: Da acá; y al sur: No detengas; trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice". Ahí está, hermanos: la razón por la que tú y yo hemos sido llamados es para la gloria de Dios. Así que dice el versículo 8: "Sacad al pueblo ciego que no tiene ojos, y a los sordos que tienen oídos". Ya han experimentado esta nueva revelación, donde ahora sí empiezan a ver y escuchar.
"Congréguense a una todas las naciones, y júntense todos los pueblos. ¿Quién de ellos hay que nos dé nuevas de esto, y que nos haga oír las cosas primeras? Presenten sus testigos, y justifíquense; oigan, y digan: Verdad es". La única verdad es la verdad que glorifica a Dios como Dios, que le da gloria a Él. Y ese es el testimonio al cual hemos sido llamados. Así como el siervo de Dios, Israel, había sido llamado, a esta vida del remanente, aquellos que están siendo… por Dios para conocer a Dios en su gracia, son llamados a testificar a las naciones.
Dice el versículo 10: "Vosotros sois mis testigos, dice Jehová, y mi siervo que yo escogí, para que me conozcáis y creáis, y entendáis que yo mismo soy; antes de mí no fue formado dios, ni lo será después de mí". ¿Qué es lo que estamos llamados a proclamar a las naciones? Estamos llamados a proclamar que hay un Dios, hay un solo Dios verdadero; no hay ningún otro. Y vamos a ver más sobre eso el domingo próximo, cuando hablemos más de los ídolos, aquí en el texto, en Isaías 44. Y el versículo 11... Y esto es lo que Pablo declaraba; el 17 es un ejemplo de cómo llega: "Ustedes… muchos dioses aquí en el Areópago; déjenme decirles cuál es el que les falta conocer: el verdadero, el que creó los cielos y la tierra".
Versículo 11: "Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve". ¿Qué hemos sido llamados a proclamar? Hemos sido llamados a proclamar a las naciones que hay un solo camino a Dios; que Dios ha diseñado un plan para la humanidad; que toda la humanidad tiene el mismo problema, que es: todos hemos quebrantado la ley de Dios, hemos pecado contra Dios, eso nos separa de Dios. Y toda la humanidad tenemos una sola solución. No hay muchas maneras de llegar a Dios; no hay muchos caminos de salvación. Hay uno solo, y se encuentra en una persona, y en un evento de la historia, y en un solo sacrificio, que es el sacrificio de Cristo Jesús en la cruz por nosotros.
Y ese es el único lugar en donde puedes poner tus ojos y tener la completa seguridad y esperanza de que serás reconciliado con Dios; la única manera. Eso es lo que hemos sido llamados a proclamar. Y es difícil, porque en el momento en que decimos eso somos considerados como arrogantes e intolerantes: "¿No? ¿Tú crees que tienes la verdad y que todos los demás están mal?". No, yo no te estoy diciendo lo que yo pienso; te estoy diciendo lo que Dios piensa. Eso está aquí, en la Biblia; yo no lo estoy inventando; tú lo puedes leer. La pregunta es si le crees. No me creas a mí; créele a Dios, y lo dice. No creo más que nadie al estar declarando: "Yo poseo la verdad". Yo no poseo nada; la verdad ha sido revelada a mí desde afuera. Dios la ha revelado. Dios me está diciendo quién es; Dios me está diciendo qué es lo que Él ha hecho. Por eso dice el versículo 12: "Yo anuncié, y salvé, e hice oír, y no entre vosotros dios ajenos. Vosotros, pues, sois mis testigos, dice Jehová, que yo soy Dios. Aun antes que hubiera día, yo era; y no hay quien de mi mano libre. Lo que hago yo, ¿quién lo estorbará?".
Entonces hemos sido llamados a proclamar esto. Dios ya lo anunció; Él lo proclamó desde el Antiguo Testamento. Ya decía: "Yo tengo un plan; yo lo voy a desarrollar. Yo les voy a decir cuáles son las características de este siervo específico que les voy a dar, y que va a cumplir la función de ser justicia para ustedes, de perdonar sus pecados, de traer redención y paz a mi pueblo. Yo les voy a anunciar todo esto, y no nada más se los voy a anunciar: lo voy a hacer en la historia". Y ahora nosotros podemos voltear 2000 años atrás y decir: "Sí, Dios lo hizo. Dios hizo lo que dijo que iba a suceder", porque Jesús vino; ya es un evento histórico.
Aquí todavía estaba apuntando 700 años en el futuro. Nosotros podemos ver hacia atrás y decir: "Señor, ya actuaste, ya lo hiciste". Ahora nos dice: "Háganlo: vayan a las naciones, proclámenles a todos lo que yo ya he hecho por ellos". Esa es la proclamación del mensaje del evangelio, y la manera en que quiere usarnos Dios como sus testigos.
He aquí que yo hago cosa nueva
Y me encanta este versículo, versículo 14, porque dice: "Así dice Jehová, Redentor vuestro" —otra vez recordándonos su obra de redención—, "el Santo de Israel: Por vosotros envié a Babilonia, e hice descender como fugitivos a todos ellos, aun a los caldeos en las naves de que se gloriaban". Entonces tiene la idea aquí: está ya anticipándose 150 años en el futuro para decirles: "Miren, aunque ustedes van a ser juzgados por mí, como el pueblo de Israel rebelde, y sordo, y ciego, de todas maneras yo los redimiré del exilio para traerlos nuevamente a la tierra que tengo preparada para ustedes".
"Yo Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey. Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados". ¿Eso ya lo hemos escuchado antes, verdad? ¿A qué les recuerda lo que está describiendo aquí? Aguas: "Yo los rescaté del agua, y a los ejércitos que vienen tras de ustedes, yo los derroté". ¿A qué les recuerda? Al éxodo, ¿verdad? Eso es lo que está diseñado para recordarles.
Es increíble. Él dice, versículo 18: "No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a la memoria las cosas antiguas". ¿Eso? ¿El éxodo? "No se acuerden de eso". ¿Por qué? "He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré el camino en el desierto, y ríos en la soledad. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, ríos en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido. Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicarán".
Entonces hemos sido llamados a proclamar algo nuevo que Dios está haciendo. Ese es el testimonio a las naciones que Dios quiere que demos para su gloria: Dios ha hecho algo nuevo. ¿Qué es lo que ha hecho? Algo mejor que el éxodo. Ahora, podríamos pensar que lo que está diciendo es: "Ah, yo los voy a traer de Babilonia, y van a pasar por el desierto". Pero fueron como 40,000 judíos nada más los que regresaron al principio del exilio —digo, del regreso del exilio—… atrás, por millones los que cruzaron por el desierto en el éxodo original.
Sí hay un sentido en el cual lo nuevo que va a hacer Dios es rescatarlos del exilio babilónico, pero está hablando más amplio. Porque recuerden otra vez el panorama: inclusive es algo nuevo que Él está haciendo, que inclusive involucra una restauración de la creación. Y sabemos que tiene un cumplimiento mucho más amplio que solamente el regreso del exilio de Babilonia: algo mejor, sí, algo nuevo que "yo voy a hacer".
"Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien"... Anuncien que Jesús es el mejor camino a Dios. Pero no es el mejor camino; es el único camino. Eso es lo que han sido llamados a anunciar: "Las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Ustedes en otro tiempo no eran un pueblo, pero ahora son el pueblo de Dios; no habían recibido misericordia, pero ahora han recibido". ¿Qué misericordia? La misericordia de algo nuevo que Dios ha hecho.
El nuevo pacto
¿Qué ha hecho Dios nuevo? En Jeremías 31 nos revela este misterio de algo nuevo que está haciendo Dios, por si piensan que estoy tratando de imponer algo del Nuevo Testamento aquí nada más; porque si no… esto es del Antiguo. Lo nuevo que está haciendo Dios es: "Este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, declara el Señor: Pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré. Entonces yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. No tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciéndole: Conoce al Señor, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, declara el Señor, pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado".
"Voy a hacer algo nuevo". Y fue tan nuevo que no lo esperaban: nació un bebé en un pesebre en Belén. ¿Es lo que esperabas? Sí, es algo nuevo. El velo del templo se rasga en dos; ya no hay más sacrificios; el templo es destruido en el año 70. Eso es nuevo. Sí, eso es nuevo; está conectado a la ley, y está cumpliendo la ley, pero son cosas que no esperábamos que Dios iba a hacer. ¿Y cómo lo va a hacer? A través del sacrificio de Cristo, transformando nuestros corazones, y después dándonos al Espíritu para sustentarnos en el desierto.
Y es la imagen del agua en medio del desierto: "Daré aguas en el desierto, ríos en la soledad". Eso se cumple en la manera en que Dios provee para nosotros lo que necesitamos para vivir la vida cristiana; es decir, el poder, la dirección y la sabiduría del Espíritu Santo. Si no, no podemos vivir la vida cristiana. Bueno, Él va a encontrar maneras; Dios va a encontrar maneras de recrear el éxodo en nuestras vidas, pero de una manera más gloriosa y majestuosa. "¿Pasarán por medio del agua? Sí; yo los llevaré hasta el otro lado". Él tiene todo el poder; Él hace toda la salvación, porque solo a Él pertenece la gloria. Y nosotros somos el pueblo escogido, que nos gozamos en el privilegio inmerecido de estar aquí hoy y disfrutar de las bendiciones de su gracia. Pues sí.
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