Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Apocalipsis 14:1-5ApocalipsisNathan Díaz

El número del pueblo de Dios: 144,000

¿Quiénes son los 144,000 de Apocalipsis? Apocalipsis 14:1-5 no describe a un grupo exclusivo de judíos solteros, sino al pueblo redimido completo: 12 tribus por 12 apóstoles, marcados con el nombre del Cordero. Nathan Díaz explica por qué se les llama vírgenes y cómo la pureza, la obediencia y la verdad describen a todo cristiano hoy.

Escuchar el audio de esta predicación →

Transcripción

Repaso: las dos bestias y el número 666

El domingo pasado estábamos viendo el capítulo 13, y vimos todo el capítulo 13, y vimos algo acerca de la realidad de la bestia, de las dos bestias. Hay una bestia del mar y una bestia de la tierra. La bestia del mar representa una fuerza política que se opone a Dios, y es una realidad de toda la historia de la iglesia, no nada más del final, pero se va a intensificar hacia el final. Y la bestia de la tierra representa una fuerza, una influencia religiosa en el mundo, o filosófica en el mundo, que también está buscando convencer a la gente y engañar a la gente.

Y veíamos entonces que el número 666… Se ha dicho mucho acerca de ese número, y hay tres interpretaciones que se sacan de ese versículo o de ese número. La primera es la interpretación futurista, que tiende a colocar el 666 solamente como un evento futuro, y siempre a relacionarlo con tecnología y con métodos humanos para prohibir que alguien compre o venda. Y entonces se ha hecho mucha especulación en torno a una visión futurista del número 666, y yo no creo que eso es a lo que se refiere. Entonces, esa es una visión, la más popular, pero creo que es altamente especulativa; no bíblica, sino que tiende a imaginar muchas cosas de cómo se puede cumplir.

La segunda es la gematría. Y recuerden, la gematría era esta idea de que los nombres en la antigüedad correspondían a un número. Entonces, las letras correspondían a un número, y si tú sumas los números de cada letra, podías llegar a un número final para cada nombre; y esto era una práctica común de la antigüedad. Entonces, el nombre de César Nerón, transliterado del griego al hebreo, equivale a 666. Todavía hay muchos que creen que a eso es a lo que se refiere el 666: una manera codificada de hablar de ese César Nerón como una figura, un prototipo del anticristo futuro, o un prototipo de la oposición a Dios, del espíritu del anticristo.

El problema con esa interpretación es que la audiencia original de Juan probablemente no hablaba hebreo. Las siete iglesias probablemente no hablaban hebreo; probablemente sólo hablaban griego, por lo cual es muy poco probable que Juan les esté dando una clave que tienen que descifrar hacia el hebreo. Y es muy, muy fácil ir de un nombre a un número, pero es muy, muy, muy difícil ir de un número a un nombre. ¿Por qué? Porque las posibilidades son muchísimas: cuando vas de número a nombre, de pronto tienes muchas posibilidades de qué es lo que podría ser el equivalente de ese número. Lo que sí es interesante es que en griego la palabra «bestia», en gematría, equivale a 666 también; es el número equivalente a esas letras en griego. Entonces hay algunas razones para pensar que sí, que la gematría podría ser una de las respuestas.

Pero la más probable es el mismo significado que la Biblia le da al número 6, que es el número del hombre: el número que representa a la humanidad caída, el número que representa a una humanidad que se rebela contra Dios, que se queda corta de la perfección que Dios demanda. Y ese número realmente representa eso: representa a toda la humanidad que no busca a Dios, que hace lo que quiere. Danny estaba hablando acerca de eso en la mañana, de la naturaleza de nuestro corazón. Y esa es la idea de la trinidad satánica, 666, que vemos representada también en el dragón y en las dos bestias.

Muestran el contraste con Dios, el contraste con lo que Apocalipsis nos está mostrando, que es la realidad del Cordero. Recuerden que la bestia y el anticristo realmente son una parodia de Cristo: están tratando de imitar a Dios, están tratando de actuar de la misma manera que Dios para engañar a la gente, para poder engañar, como dice Mateo 24, si aun fuera posible, a los elegidos.

Si alguno tiene oído, oiga

Entonces veíamos el versículo 9 del capítulo 13: «Si alguno tiene oído, oiga». Y es una referencia, ¿a qué? A las siete cartas. ¿Se acuerdan? Las siete cartas así terminan: «Si alguien tiene oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias». Y aquí se repite esta exhortación: «Si alguno tiene oído, oiga. Si alguno lleva en cautividad, va en cautividad; si alguno mata a espada, a espada debe ser muerto». Y eso es una referencia a Jeremías 15 y a Jeremías 43, una combinación de ambos pasajes, mostrando la realidad de la aflicción y del sufrimiento que deben de pasar los hijos, el pueblo de Dios.

Por eso es que dice: «Aquí está la paciencia», o la perseverancia, «y la fe de los santos». Aquellos que perseveran son los hijos de Dios: aquellos que, a pesar de la oposición del anticristo y de la bestia, y a pesar de la persecución, y a pesar de la tribulación, se mantienen firmes. Esa era la exhortación en las siete cartas: manténganse firmes. «El que persevera hasta el fin, ese será salvo». Y eso es lo que vimos el domingo pasado.

El contraste entre el capítulo 13 y el capítulo 14

Yo había planeado brincarme básicamente los primeros cinco versículos del capítulo 14, porque cuando estudiamos el capítulo 7 vimos los 144,000 y le hicimos muchas referencias al capítulo 14 cuando estábamos ahí. Sin embargo, al estar estudiando nuevamente este capítulo, me pareció importante hoy estudiar estos primeros cinco versículos del capítulo 14, porque creo que el contraste que hacen con el capítulo 3 es muy importante. No es casualidad, no es coincidencia que esté aquí esta narración, esta segunda ocasión en la cual se narra acerca de los 144,000. Y entonces no quería brincármelo, porque creo que fluye, creo que se conecta con el capítulo 13, y tenemos que ver ese contraste.

El contraste es este, y lo vamos a ver en el capítulo 14… Porque —y lo ven en su boletín— el plan era hablar de la siega, de la cosecha, hoy, pero eso lo vamos a dejar hasta después de las conferencias. El contraste entre el capítulo 13 y el capítulo 14 no es si el hombre adora, sino a quién adora. Entonces, el capítulo 13 son los que adoran a la bestia, y el capítulo 14 empieza con los que adoran a Jesucristo. Y ese es el contraste que quiere Juan que veamos en esta visión: cómo el mundo entero se divide en estas dos categorías. ¿Quién es tu amo: Dios o el hombre?

De la misma manera que en el capítulo 13 la segunda bestia puso una marca en la gente, dándoles acceso al mercado y a las glorias de Roma, los 144,000 ahora tienen una marca del Cordero, indicando su inclusión en las glorias del reino de Dios. Entonces, ese es el contraste. Y quiere mostrarnos Juan una visión más grande, más majestuosa, acerca de lo que está pasando detrás de la opresión y de la tribulación que podríamos estar experimentando aquí en esta vida. Aquí vamos a vivir tribulación, sí; aquí vamos a vivir oposición al reino de Dios, sí. Pero si abres la cortina y ves lo que hay detrás, vas a ver una imagen gloriosa del Cordero parado en un monte junto con su pueblo, un pueblo que tiene su nombre escrito en la frente, y ese nombre dice: «Le pertenecemos a Dios».

Abre sus ojos para que vea

Y entonces se parece esta imagen, creo yo, a la imagen o a la visión que recibió Elías cuando estaba con su siervo en Dotán y estaban rodeados por el ejército sirio. ¿Se acuerdan de esa historia? 2 Reyes 6: «Cuando el que servía al hombre de Dios se levantó temprano y salió, he aquí que un ejército con caballos y carros rodeaba la ciudad. Y su criado le dijo: "¡Ah, señor mío! ¿Qué haremos?". Y él respondió: "No temas, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos"». Elías entonces… Perdón, dije Elías, ¿verdad? Es Eliseo. Eliseo entonces oró y dijo: «Oh Señor, te ruego que abras sus ojos para que vea». Y el Señor abrió los ojos del criado, y miró, y he aquí que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo.

Esa es la idea. Estoy estudiando esta introducción porque quiero que vean por qué son tan importantes estos primeros cinco versículos del capítulo 14: porque estos primeros cinco versículos nos representan a nosotros y la realidad que nosotros vivimos el día de hoy en la presencia de Cristo, como victoriosos. Porque Él es victorioso, porque Él está parado sobre el monte, y porque, si somos de Él, tenemos la victoria asegurada. Como dice Juan 10:28: «Yo les doy vida eterna, y jamás perecerán, y nadie los arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre». Entonces, tengan esto en mente cuando piensen en el contraste del capítulo 14: entre pertenecer a la bestia, en pecado y en incredulidad, y pertenecer a Cristo, en fe. Porque cada creyente tiene una marca en la frente que dice: «Hecho en el cielo». Es la realidad de cada una de las vidas que han sido redimidas por Cristo Jesús.

Lectura de Apocalipsis 14:1-5

Lean lo que dice. Dice el versículo 1: «Después miré, y he aquí el Cordero en pie sobre el monte de Sion, y con él 144,000 que tenían el nombre de él y el de su Padre escrito en la frente. Y oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno; y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono, y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos; y nadie podía aprender el cántico sino aquellos 144,000 que fueron redimidos de entre los de la tierra. Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes. Estos son los que siguen al Cordero por dondequiera que va. Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero; y en su boca no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios».

Señor, ayúdanos hoy a meditar sobre estos cinco versículos y a ver las realidades que quieres que veamos de tu Palabra acerca de la redención y de lo que significa pertenecer al Cordero. En el nombre de Cristo Jesús.

¿Por qué 144,000?

Como ya vimos en el capítulo 7, creo que los 144,000 —a diferencia de otras interpretaciones del libro del Apocalipsis— no representan una comunidad de judíos étnicos. Creo que representan la cantidad entera del pueblo redimido por Dios. Y la fórmula es la siguiente, no es muy complicada: por el significado que tienen los números en Apocalipsis, en vez de pensar en cantidad de gente, debemos de pensar en por qué 144,000. Esa es la cosa. El problema es que nuestro enfoque se va en una dirección errónea cuando decimos 144,000 y nos imaginamos un lugar con 144,000 personas. Pero la pregunta no es si son nada más 144,000, porque no nada más son 144,000: es una multitud que nadie puede contar, de cada tribu, nación y lengua.

La pregunta es por qué 144,000, y la respuesta nos la da la misma Biblia. Hay doce tribus de Israel y doce apóstoles: las doce tribus representando la comunidad de santos del Antiguo Testamento, y los doce apóstoles representando la comunidad de santos del Nuevo Testamento. Y cuando tú multiplicas 12 por 12, ¿cuánto es? 144. Es la integridad, o el número completo, de esta combinación: los del Antiguo y Nuevo Testamento puestos juntos, 144 por mil. Y esta fórmula, este patrón, se va a ver repetido hacia el final del libro de Apocalipsis.

Entonces, no piensen en términos literales, como que hay este grupito especial que Dios tiene, una categoría especial que Dios asignó para hacer una tarea específica, que no se parece mucho a las características que tenemos nosotros, pero no somos nosotros. No, sí somos nosotros. Y hoy quiero mostrarles cómo es que sé que somos nosotros, al compararlo con otras partes de la Biblia. Entonces, voy a regresar a algo que ya vimos en el capítulo 7: les voy a mostrar de otras partes de la Biblia cómo las características que describe acerca de los 144,000 de hecho son las mismas características que la Biblia da para la iglesia, el pueblo de Cristo. Es lo mismo que describe aquí.

El escenario: el monte de Sion

Entonces, número uno: ¿cuál es el escenario? El escenario es el monte de Sion. Y esto ha llevado a algunos a pensar que entonces, en el futuro, Jesús va a descender al monte de Sion en Jerusalén con sus 144,000, y entonces va a hacer una guerra desde ahí. Sin embargo, creo que la visión es diferente. Creo que esta visión es muy parecida a la visión… —y les voy a ir mostrando a lo largo del mensaje cómo se parece— a la visión que aparece, no en el capítulo 14, sino en el capítulo 4 y 5, que son visiones que suceden en el cielo, no en la tierra. Entonces nos va a mostrar por qué creo que este escenario es en el cielo, no en la tierra. El monte de Sion es una referencia no al monte de Sion literal en Jerusalén, sino a una realidad espiritual que podemos ver en otras partes de la Biblia.

Y esto también está en contraste. Fíjense quién está parado en el monte de Sion: el Cordero «estaba en pie sobre el monte de Sion». Eso está diseñado para contrastar con el capítulo 12, ¿se acuerdan? En el capítulo 12, versículo 17… perdón, capítulo… versículo 7. Sí, el capítulo 12, versículo 7, dice: «Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón». ¿De dónde salió este dragón? El dragón salió del abismo. Luego, en el capítulo 13, versículo 17… versículo 11, perdón, capítulo 13, versículo 11 —es que no apunté estos versículos, nada más me estoy acordando—. Perdón: capítulo 13, versículo 11: «Después vi otra bestia que subía», ¿de dónde? «De la tierra». Y en el versículo 1 dice: «Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos».

Entonces, ¿de dónde surgen la bestia y el dragón? Del mar, y de la arena del mar. Entonces, en contraste con la bestia está el Cordero. El Cordero, ¿dónde está? De pie sobre el monte de Dios. Entonces, está diseñado para mostrarnos la diferencia, el contraste, en dónde están parados ambos. Y la visión en el cielo es la siguiente: monte Sion.

¿Qué dice la Biblia acerca del monte de Sion? Salmo 2, versículos 6 y 7, nos da una pista, porque este es un salmo mesiánico, un salmo profético, que dice: «Pero yo mismo he consagrado a mi Rey sobre Sion». Entonces, la profecía es acerca de Jesús, que lo ha puesto «sobre Sion, mi santo monte». Y luego dice: «Ciertamente anunciaré el decreto del Señor, que me dijo: "Mi Hijo eres tú; yo te he engendrado hoy"». Y esta profecía del Salmo 2 se repite a lo largo del Nuevo Testamento, cumplida en Jesús, en Hechos 2, en Hechos 13. Muestra que la realidad de esto, de Jesús parado sobre el monte de Sion, ya es una realidad. No es algo que Dios espera en el futuro: es Dios, al mandar a su Hijo, y morir y resucitar, que ya estableció su reinado, su autoridad, desde el monte de Sion.

Y esto es lo que se confirma en Hebreos, Hebreos capítulo 12. Escuchen bien lo que dice Hebreos 12:22: «Vosotros, en cambio, os habéis acercado…». Ya está hablando a nosotros. El autor de Hebreos dice: ustedes se han acercado, ¿a dónde? «Al monte de Sion, y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, a la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos» ¿en dónde? «En los cielos, y a Dios, el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos ya perfectos». Entonces, el autor de Hebreos dice: ustedes pertenecen a una ciudad, pero es una ciudad espiritual, una ciudad celestial, y eso se llama monte de Sion. Entonces tenemos ya un poquito de pistas aquí acerca de a qué se refiere cuando habla acerca del monte de Sion.

Vean lo que dice Apocalipsis 2, versículos 26 y 27: «Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre». Es una referencia nuevamente al Salmo 2 y a su cumplimiento en el capítulo 12, versículo 5, que dice: «Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono». Entonces, eso nos muestra la realidad de la unión que tenemos en Cristo: a través de Él, parados sobre su santo monte, como el Rey que regirá a las naciones con vara de hierro. Esto ya empezó; no ha culminado todavía, pero ya empezó. Cristo ya está reinando, y esta es parte de la realidad que hemos estado viendo.

Una visión en el cielo

Y quiero que vean por qué también creo —esto es muy simple de ver—… pero porque también nos muestra Juan que esta visión es en el cielo y no en la tierra. Vean las descripciones: «Oí una voz del cielo como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran trueno». Esta es la voz de los 144,000 que están cantando. «Y la voz que oí era como de arpistas que tocaban sus arpas, y cantaban un cántico nuevo delante del trono». Las visiones que ya vimos delante del trono en el capítulo 4 y 5 eran en el cielo. Y sabemos que estamos viendo una visión en el cielo porque están «delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos»: estos personajes son personajes que aparecieron en el cielo. Y sabemos entonces que esta visión, y el monte de Sion, no es el monte literal en Jerusalén: es el monte en el cual Dios ha establecido su reino junto con sus escogidos. «Nadie podía aprender el cántico sino aquellos 144,000 que fueron redimidos de entre los de la tierra».

Es una visión que ahora contrasta con el capítulo 7 de los 144,000, porque se describe en dos puntos diferentes a los 144,000. Y, bueno, ¿por qué? Porque en el capítulo 7 los 144,000 fueron descritos en la tierra como el ejército de Dios —lo vamos a ver en un momento—, y ahora, en el capítulo 14, los 144,000 son descritos como el pueblo de Dios en el cielo, triunfantes con Cristo. Y es una descripción de la iglesia, de nosotros.

Un cántico nuevo

Lo que quiero que vean es que también este escenario contiene un cántico: cantan un cántico nuevo. ¿Dónde vimos esto antes, también en el cielo? Vayan al capítulo 5, ¿se acuerdan? Capítulo 5, versículos 8 al 10: «Cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los 24 ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas» —arpas, nuevamente, es una descripción que encontramos aquí en el capítulo 14—, «y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: "Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra"». ¿Quiénes van a reinar sobre la tierra? Los redimidos por Cristo.

Y en el pasaje del capítulo 4 los redimidos por Cristo son descritos como los 144,000, con la misma descripción del capítulo 5: tienen arpas, cantan un cántico nuevo delante del trono, en presencia de los 24 ancianos y los cuatro seres vivientes. Todo es lo mismo, el mismo tipo de visión. Y el capítulo 15 va a regresar más adelante —el 11 del capítulo 15—, pero con la misma descripción nuevamente. Dice —y pongan mucha atención dónde está la visión—, dice, ¿de dónde? «En el cielo, otra señal, grande y admirable: siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios. Y también como un mar de vidrio mezclado con fuego». Mar de vidrio: ¿dónde vimos eso? Lo vimos en el capítulo 4, ¿se acuerdan? Capítulo 4, versículo 6: «Delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes».

Entonces aquí tenemos: «Y también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen» —¿quiénes? Los 144,000 en el capítulo… 14—, «y su marca y el número de su nombre». Es interesante con qué contrasta eso, nuevamente: con la marca de la bestia en el capítulo 13. Ellos tienen la marca y el número del nombre de Dios. «En pie sobre el mar de vidrio». Ahora están sobre un mar de vidrio: en el capítulo 14 están sobre el monte de Sion; en el capítulo 15 están sobre un mar de vidrio. Pues la misma descripción: «con las arpas de Dios. Y cantan el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: "Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos"».

Un libro de paralelismos

Entonces, miren, hermanos, lo que estoy tratando de mostrarles es que el libro de Apocalipsis es un libro de paralelismos, donde vemos un mismo evento siendo descrito varias veces de diferentes maneras. Pero creo que complicamos innecesariamente el libro cuando pensamos en cada evento por separado y le damos su propio lugar, como si fueran eventos diferentes. No: son dos categorías de gente, los de Dios y los que no son de Dios; dos escenas, en la tierra y en el cielo; y tenemos un juicio de santos y de impíos, y tenemos una sola venida de Cristo para juzgar y gobernar sobre la tierra. Es mucho más sencillo de lo que a veces pensamos que es. Creo que es la mejor manera de entender este libro y de ver cómo se armonizan todos estos eventos.

De otra manera, si queremos pensar en estos 144,000 con las características que tienen —que vamos a ver en un momento—, pues está solito en Apocalipsis. No tiene ninguna otra referencia en ningún otro lugar de la Biblia. No vamos a encontrar 144,000 mencionados en ningún otro lugar; no vamos a encontrar un grupo de judíos solteros hombres. No existe. Pero si lo vemos como el pueblo de Dios, entonces empezamos a ver cómo estas cosas simbolizan realidades que hablan de nosotros.

La adoración en el cielo

Y quiero que piensen en esto, ¡qué hermoso! ¿Les gusta cantar, hermanos? ¿Les gusta alabar al Señor? Bueno, qué bueno, porque eso es lo que van a pasar haciendo el resto de la eternidad. Más vale que les guste. Hay una combinación aquí de belleza y volumen: es una voz del cielo «como estruendo de muchas aguas, y como sonido de un gran» estruendo. Es majestuoso en su poder y en su volumen, y hermoso en su melodía, y por eso es esta descripción «como de arpistas». Las arpas son algunos de los instrumentos más melódicos que hay. Y es esta combinación de la adoración en el cielo que, si se pueden imaginar, es potente, es fuerte, y al mismo tiempo es lo más melodioso y hermoso que han escuchado en toda su vida.

¿Y por qué cantan? ¿No es interesante que dice que solamente, solamente conocen este canto los 144,000 que fueron redimidos de entre los de la tierra? «Nadie podía aprender el cántico», dice el versículo 3, «nadie puede aprender el cántico sino aquellos 144,000 que fueron redimidos de entre los de la tierra». ¿Saben por qué? Porque son los únicos que conocen la gracia de Dios, lo que significa ser redimidos del pecado. Son los únicos que pueden contrastar la amargura de la convicción del pecado y lo que significa ser perdonado por ese pecado. Son los que han probado eso con las papilas gustativas espirituales que Dios nos da.

Solamente los cristianos conocen el gozo de la salvación. Inclusive 1 Pedro 1:12 dice que aun los ángeles anhelan ver y conocer lo que nosotros estamos experimentando, y no pueden. No saben lo que es ser redimidos del pecado; no entienden lo que es vivir en la realidad de la condenación y de la esclavitud a una naturaleza pecaminosa, y ver la libertad en Cristo Jesús y la luz que Él nos muestra a través de su sacrificio en la cruz. Pero no conocen eso. Y por eso creo que es esta exclusividad que narra Juan, donde solamente este grupo conoce el cántico, solamente este grupo puede cantar esa canción. ¿Por qué? Porque solamente ellos conocen lo que significa ser lavados por la sangre del Cordero. Nadie más.

En el capítulo 5… perdón, en el capítulo 7 —nuevamente, esto es una razón para darnos cuenta de que está hablando de la iglesia—, en el capítulo 7 tenemos una multitud la cual nadie puede contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas, que están delante del trono. ¿Y qué están haciendo? Están adorando a Dios, están cantando alabanzas a Dios. Si este canto fuera exclusivo de 144,000 literalmente, nosotros quedaríamos excluidos. Pero este cántico es el canto de los santos.

Tres características del carácter cristiano

Bueno, hay tres descripciones aquí acerca de los 144,000, y aquí es donde quiero que piensen cómo es que estas son realidades sobre nosotros. Estas realidades son tres características del carácter cristiano: cómo se ve la vida cristiana, cómo se le debería de mostrar al mundo la vida de un cristiano. Número 1, en pureza; número 2, en obediencia; y número 3, en verdad. Esas tres características son las tres características que se van a mostrar acerca del carácter de estos 144,000, y son características de todo cristiano. Entonces quiero mostrárselas, porque es muy extraño.

Pureza: «pues son vírgenes»

Versículo 4: «Estos son los que no se contaminaron con mujeres, pues son vírgenes». ¿No les suena raro? Número 1: si ustedes quieren tomar eso literalmente, pues parece ser que está diciendo que el sexo realmente es malo, aunque estés casado, porque te contamina. No es cierto. Nunca en la Biblia dice que el sexo es pecaminoso dentro del pacto matrimonial; de hecho, es algo bueno, es algo que Dios creó. No hay razón para pensar que el sexo nos contamina delante de Dios y que hay una especie de superioridad de aquellos que no están casados: «Tú no estás casado, así que tú estás más cerca de Dios», y otros no. No es lo que está diciendo el pasaje, que haya algo especial de ellos porque no están casados.

Es más, hay un segundo problema que tenemos si queremos tomarlo literalmente: todos estos son hombres. Excluye completamente a las mujeres de esta categoría. Perdón, mis mujeres, ustedes no están aquí. Pero nuevamente, no es lo que significa; no está diciendo que son hombres. ¿Qué significa cuando dice «son vírgenes», «no se han contaminado con mujeres»? Vean el contexto; no es tan difícil de interpretar esto.

«Vírgenes», número 1, tiene una referencia a la pureza ceremonial. Es una cuestión ceremonial en el Antiguo Testamento que tiene que ver con la batalla, con la guerra, con un enfoque claro hacia lo que están haciendo. Esa es la primera referencia. Y parte de la pista es la manera en que son enumerados los 144,000. El capítulo 7 dice: 12,000 de la tribu de Judá, 12,000 de la tribu de Rubén, y así se va: 12,000, 12,000, 12,000, 12,000. Y realmente ese estilo de narrar números de cada tribu, en el Antiguo Testamento, está relacionado directamente con un censo para la batalla, para enlistar al ejército que va a representar a Dios.

Entonces, la guerra santa del Antiguo Testamento, cuando Dios les decía: «Vayan y conquisten esta nación», se hacía de esta manera: era un ejército que se tomaba de las diferentes tribus. Se enlistaban de todas las tribus y se preparaba este ejército para representar a Dios en batalla. Y uno de los requisitos que se tenía dentro de la ley mosaica ceremonial era: cuando tú estás enlistado en la guerra para hacer batalla, debes de abstenerte de relaciones sexuales. Es para tener un enfoque claro sobre tu misión y sobre el llamado que Dios te está haciendo en ese momento específicamente.

David, Betsabé y Urías

Esto hace que tenga un poquito más de sentido, para muchos de ustedes, la historia de David y Betsabé. Si recuerdan esa historia, después de que David durmió con Betsabé y se da cuenta de que está embarazada, ¿qué hace con Urías? Lo llama, lo emborracha y le dice: «Ve y acuéstate con tu esposa». Porque, dice, entonces, si se acuesta con su esposa, puede ser que piense que el hijo es de él. Esa es la estrategia de David. Y se rehúsa a ir a estar con su esposa. Y no es porque es algo de Urías nada más; es porque ese era el requerimiento para los soldados que están en batalla. La ley mosaica requería que no tuvieran relaciones sexuales durante el periodo de la batalla. Por eso es que Urías se rehúsa. Dice: «Esto va en contra de lo que yo sé que Dios pide de nosotros durante esta época».

Entonces, hay una referencia aquí, cuando habla de pureza, de que no se acuestan con mujeres: esta es una referencia clara al hecho de que este es el ejército de Dios. Son los que representan a Dios, y la imagen que quiere Juan que tengamos del Antiguo Testamento es de un ejército y de la consagración del ejército. Pero más allá, aquí la parte de «vírgenes» no nos ayuda mucho en esa parte, porque «vírgenes» nos da otro sentido y otra perspectiva acerca de por qué son descritos de esta manera. Bueno, aquí les puse los pasajes, pueden leerlos: Deuteronomio 23 es donde se da este requerimiento, y está en los pasajes de 1 y 2 Samuel.

El ejército y la esposa del Cordero

También quiero que vean —porque esto va a venir más adelante, en el capítulo 19— que de hecho la iglesia de Cristo es descrita como un ejército. Capítulo 19, versículo 14, dice: «Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos». Entonces, es un ejército que viene del cielo junto con Cristo a reinar, a gobernar sobre la tierra. Ahora, en el capítulo 17 —y quiero que vean la conexión que hay aquí—, este ejército celestial vestido de lino fino, blanco y limpio, de hecho, ¿quiénes son? La iglesia. ¿Y cómo es descrita la iglesia? Como la esposa, la esposa de Cristo que se ha preparado para la boda del Cordero; las bodas del Cordero, cuando Jesús regrese para gobernar, se darán entre la iglesia y Él.

Esta descripción nos lleva a ver este segundo aspecto acerca de «vírgenes», el cual creo que es el más importante, el que creo que debemos de ver sobre los 144,000. No es que no están casados, no es que no tienen relaciones sexuales: es un concepto en la Biblia que hace referencia a la separación de la idolatría. Y lo pueden ver en el contexto inmediato, unos versículos después —esto lo vamos a ver en 15 días—, pero unos versículos después, el versículo 8 dice: «Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación». En la relación, Babilonia ha hecho beber a las naciones, ¿de qué? De su fornicación. ¿A qué se refiere eso? A la idolatría. Todo el libro de Apocalipsis tiene una relación entre el sexo y la fidelidad, o la infidelidad.

Separados de la idolatría

Vean cómo lo describe Juan… perdón, cómo lo escribe Pablo en 2 Corintios 11:2. Es la idea detrás de este concepto: «Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un esposo, para presentaros como virgen pura a Cristo». Entonces, Pablo nos describe como la esposa que es presentada a Cristo como una virgen pura. Esa es la idea; es el concepto espiritual de virginidad. 1 Juan 5:21 dice: «Hijos, guardaos de los ídolos». La inmoralidad sexual, la fornicación, equivale a la idolatría en la Biblia. Y en Apocalipsis lo van a ver desde el capítulo 2: es escrito de esa manera.

Vean en el capítulo 2, versículo 14, dice: «Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación». Ahora, sí hay un aspecto literal de eso, pero también un aspecto espiritual, y se sigue desarrollando en los versículos 20 al 22, que dicen: «Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos». Versículo 22: «He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran». Entonces, ven esta imagen, la imagen de la inmoralidad sexual, para hablar acerca de la idolatría que existe a veces en la iglesia, y en general en el mundo que nos rodea, de los que siguen a la bestia y al anticristo. En el capítulo 14, versículo 8, ya vimos esa descripción de la fornicación.

Pero quiero que vean el capítulo 17, porque aquí hay otro personaje. Todavía no lo hemos visto, pero va a aparecer, y este personaje se llama la gran ramera. Ahora, no es que literalmente hay una ramera: es el símbolo de la idolatría de este mundo. Es la gran ramera. Es la idea de que estos hombres, estos 144,000, son vírgenes porque no se han contaminado con mujeres: es la idea de gente que no ha cedido ante la idolatría de este mundo. Ellos tienen una alianza y una lealtad a Dios, y solamente a Dios. Ellos no se inclinarán ante ningún otro dios, ningún otro ídolo de este mundo, porque le pertenecen a Dios. Él es el que los ha sellado.

Estos son los conceptos que surgen. Vuelve a regresar este tema también en el capítulo 21, versículo 2, cuando habla acerca de la santa ciudad, la nueva Jerusalén, que desciende del cielo, que es «como una esposa ataviada para su marido». Entonces, ven esta imagen de pureza sexual: de la manera en que la iglesia es presentada como una virgen pura que va a presentarse delante de su esposo el día de su boda, preparada, limpia, vestida de blanco. Esa es la imagen que nos da Apocalipsis. Por eso es que los 144,000 son descritos como vírgenes; por eso es que se escribe que no se contaminaron con mujeres.

Obediencia: siguen al Cordero

Número 2: siguen al Cordero. «Esos son los que siguen al Cordero por dondequiera que vaya». Es muy simple: esto es una referencia a la obediencia. Primero tenemos una referencia a la pureza; número 2, tenemos una referencia a la obediencia. Y lo único que está diciendo aquí básicamente es: este es el ejército de Dios. ¿Y un ejército qué hace? Obedece. Tú dices: «Nosotros vamos». Tú ordenas: nosotros hacemos. Esa es la categoría de la iglesia de Dios en cuanto a la obediencia.

Y esto es descrito por Jesús mismo en Juan 10:27, que dice: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco», ¿y qué hacen? «Y me siguen». Los que son hijos de Dios siguen a Dios, punto. Si tú no sigues a Dios, no eres de Dios. Son descripciones categóricas acerca de lo que significa ser el pueblo de Dios, el pueblo escogido de Dios.

Primicias para Dios y para el Cordero

Y aquí hay un paréntesis que hace Juan. Dice: «Estos fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero». Ahora, esto es una descripción de quiénes son. Otra vez, estas personas son descritas como los que fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero. ¿Qué significa eso? Bueno, número uno, significa… y lo vemos desde el Antiguo Testamento; hay una idea. Vayan conmigo a Levítico, al libro de Levítico, porque esto les va a ayudar a entender mucho.

Acuérdense de este detalle: el capítulo 14 va hacia un concepto que se llama la siega, la cosecha. Son los versículos 14 al 20, principalmente. No lo vamos a ver hoy, pero tengan eso en mente. Vean lo que dice Levítico 23, versículo 17. Esto está hablando de una de las ceremonias de los judíos que sucede precisamente siete semanas después de la Pascua: «De vuestras habitaciones traeréis dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias para Jehová». Y ahora hay un detalle, y esto lo vamos a ver en un momento, que dice: «Ofreceréis con el pan siete corderos de un año sin defecto», o sea, sin mancha.

Más adelante, vean el versículo 29; nuevamente se repite esta idea: «Y el sacerdote los presentará como ofrenda mecida delante de Jehová, con el pan de las primicias y los dos corderos; serán cosa sagrada a Jehová para el sacerdote». Y luego el versículo 22 —aquí está la conexión, vean claramente el concepto—, dice: «Cuando segareis la mies», ¿de dónde? «De vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigaréis tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo Jehová vuestro Dios».

Ahora, hay algo interesante que está sucediendo en las descripciones que da Levítico 23, ¿no es cierto? Número uno, está hablando de las primicias; número dos, está hablando de un cordero sin mancha; y número tres, está hablando de segar la tierra. Los cuales son los tres conceptos que van a aparecer en el capítulo 14 de Apocalipsis.

¿Qué significa ser las primicias de Dios? Significa que somos los receptores de la herencia eterna. Eso es lo que significa. Y lo vemos en Jeremías 2, versículo 2, donde dice: «Ve y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: "Así dice el Señor: De ti recuerdo el cariño de tu juventud, el amor de tu desposorio, de cuando me seguías en el desierto, por tierra no sembrada. Santo era Israel para el Señor, primicias de su cosecha; todos los que comían de ella se hacían culpables; el mal venía sobre ellos", declara el Señor». Describe a Israel y al pueblo de Dios como las primicias de Dios. Es una descripción del pueblo de Dios.

Véanlo en Santiago 1:18; aquí está en el Nuevo Testamento. Dice: «En el ejercicio de su voluntad, Él nos hizo nacer por la palabra de verdad» —existe esta conexión, viene en un momento el concepto de verdad: la palabra de verdad—, «para que fuéramos las primicias de sus criaturas». Entonces Santiago dice: Dios nos redimió para ser primicias. Es la descripción de los santos.

Y esto, el concepto de primicias, empieza aquí, sí. Porque cuando nosotros estemos en la presencia de Dios —si yo muero hoy, estoy en la presencia de Dios—, voy a empezar a cosechar ya el resultado de ser hijo de Dios. Voy a empezar a recibir las bendiciones de la herencia eterna. No tengo que esperar a que Jesús regrese para empezar a disfrutar de las bendiciones que vienen en el cielo; en la eternidad vamos a tener las bendiciones de ser primicias de Dios. Pero cuando Jesús regrese y restaure todas las cosas, y tengamos cielos nuevos y tierra nueva, entonces, entonces se hará una siega y se hará una recolecta que será entregada al pueblo de Dios como su herencia.

Y eso es de lo que habla Pablo en Romanos 8:23, cuando dice: «No sólo ella» —o sea, no sólo la creación—, «sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo». La Biblia describe la resurrección de los santos como el beneficio, las primicias de los hijos de Dios. Por eso 1 Corintios 15:20 dice: «Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos; primicias de los que durmieron».

Entonces, cuando dice que los 144,000 «fueron redimidos de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero», no vamos a pensar en un grupo exclusivo: «¡Ah, qué privilegio tienen ellos!». No, es el privilegio de los santos, de la iglesia de Dios. Nosotros somos las primicias de Dios. Todos los cristianos que han encontrado salvación en Cristo Jesús recibirán la herencia eterna. Ese es el concepto de primicias.

Verdad: no hay mentira en su boca

El último punto es el siguiente, la tercera característica de los santos y de la iglesia: que no hay mentira en su boca. En el versículo 5: «En sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios». Ahora, esta es otra razón por la cual no podemos tomar todo este pasaje literalmente, porque si no, parecería que hay gente que no tiene pecado y que no peca. No es lo que está diciendo. Lo que está describiendo es una categoría de gente que ha encontrado el perdón de los pecados. Pero el encontrar el perdón de los pecados significa que lo que hemos proclamado y entendido acerca de Cristo Jesús es la verdad, y ese es el tesoro más grande que poseemos: la verdad que proclamamos.

Recuerden que a lo largo del libro de Apocalipsis —lo vimos con la bestia, lo vimos con el dragón, lo vamos a ver con Jesús— se describen cosas que salen de su boca. Y lo que sale de nuestra boca describe el contenido, ya sea verdadero o falso, de lo que creemos. Entonces, Satanás es el padre de mentira: todo lo que sale de su boca es mentira. Y obviamente los que siguen a Satanás, y los que siguen a la bestia, ¿qué sale de su boca? Mentira. ¿Por qué? Porque no conocen a Cristo. Tú no puedes hablar y conocer verdad sin experimentar la gracia y el perdón de Dios en el evangelio, porque esa es la verdad, la verdad final y fundamental del universo y para todo ser humano.

Vean lo que dice Apocalipsis 21; aquí está el contraste con los 144,000. Porque el 21:8 dice: «Los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras» —y aquí está cómo lo engloba todo— «y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda». Si tú no perteneces a Cristo, esa es la categoría a la que perteneces. Pero si perteneces a Cristo, tú perteneces a aquellos que no tienen mentira en su boca.

Sin mancha, como el Cordero

Esta idea que muestra: «son sin mancha». ¿De dónde saca esto de «son sin mancha»? Bueno, esta característica, ¿es nuestra? ¿Nosotros somos sin mancha? No. ¿Quién es sin mancha? El Cordero, el Cordero que está en pie sobre el monte de Sion. Ese es el Cordero sin mancha. Entonces, lo que está diciendo es: ustedes poseen —ustedes, el pueblo de Dios, los 144,000 poseen— características, ¿de quién? Del Cordero.

¿Qué dice Isaías 53:9? «Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia ni había engaño en su boca». ¿Quién es el único que habla verdad? Jesús. Y por asociación, cuando tú crees en Jesús, tú empiezas a reflejar las mismas características que Él tiene. Ahora, esto se dice fácil, pero es un gran reto que hay delante de nosotros: refleja nuestra vida, lo que decimos y lo que hacemos, las características de Cristo; reflejan la pureza de Dios, reflejan la obediencia hacia Dios y reflejan la verdad de Dios. Bueno, eso es lo que caracteriza a los hijos de Dios.

Vean lo que dice Sofonías 3:13: «El remanente de Israel no hará injusticia ni dirá mentira, ni se hallará en su boca lengua engañosa, porque ellos se alimentarán y reposarán sin que nadie los atemorice». Cuando tú encuentras tu refugio en Dios, Dios te da la libertad de creer y de vivir la verdad de una manera que da testimonio al mundo del evangelio que has creído.

Nuevamente quiero regresar a este pasaje de Hebreos 12, porque aquí muestra otra vez esta relación: qué significa ser sin mancha, qué significa ser perfecto. Dice Hebreos 12… Este es el pasaje que hace referencia a Sion como la ciudad celestial, y ahora, a continuación, el versículo 23 dice: «A la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y a Dios, el Juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos ya perfectos». Somos hechos perfectos. De acuerdo al capítulo 12, ya la perfección empieza ahora. Sí, todavía hay una batalla con el pecado; sí, todavía no hemos llegado ahí completamente. Pero nuestra perfección ya está reflejada delante de Dios por la sangre de Cristo Jesús. Podemos acceder al trono porque hemos sido hechos ya perfectos. Y en la eternidad lo gozaremos de una manera que concluye este ciclo, que muestra la realidad, ahora perfecta y consumada, de nuestra perfección delante de Dios, y especialmente en cuerpos glorificados, cuando sea la resurrección de los santos.

Lavados en la sangre del Cordero

Así que sólo quiero que piensen sobre estos cinco versículos, cómo muestran realidades de la iglesia de Cristo. Son preguntas muy simples que nos hacemos: ¿cómo representamos la verdad? ¿Cómo reflejamos al Cordero? ¿Podemos decir que somos sin mancha y sin mentira? ¿Podemos decirlo? Déjenme mostrarles cómo lo pueden decir. Capítulo 7, versículo 14, de Apocalipsis: «Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero».

Así es como puedes ser sin mancha; así es como puedes ser sin mentira: tu ropa ha sido emblanquecida por la sangre del Cordero, si has puesto tu fe en Él, y sólo en Él, como la esperanza para tu alma, como la esperanza y la meta de la reconciliación con Dios a través de Cristo Jesús. A través de la fe en Él, nada más en la fe, porque sabemos que todo lo que necesitamos Él lo hizo. Todo lo que nosotros no podríamos hacer, Él lo ha hecho por nosotros. Y la muerte que Él murió por nosotros, y la vida que Él vivió por nosotros, puede ser nuestra en fe, como un regalo de Dios. Y ese es el mensaje del evangelio: solamente podemos ser sin mancha mediante la imputación de la justicia y de la santidad de Cristo Jesús.

Vamos a continuar en 15 días el capítulo. Pues, de pie…

Volver al vídeo ↑

Escúchanos

Ven un domingo

Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.

Qué esperar si vienes →