Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hechos 2:37-40Hechos

El sermón de Pedro (parte 3)

¿Es necesario el bautismo para ser salvo? Cuando la multitud, compungida de corazón, pregunta qué debe hacer, Pedro responde con arrepentimiento, bautismo y el don del Espíritu Santo. Este mensaje sobre Hechos 2:37-40 explica en qué consiste el verdadero arrepentimiento, por qué el bautismo señala una salvación ya recibida y cómo saber si el Espíritu está obrando en tu vida.

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Transcripción

Introducción

(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.)

…del sermón de Pedro, o más bien el resultado del sermón de Pedro, es lo que vamos a ver hoy. Y creo que, en general, en lo que hemos estado viendo hasta ahorita en el libro de Hechos, nos damos cuenta de por qué es tan básico, cuál es el fundamento para nuestra iglesia al estar viendo este tipo de cosas. O sea, este es el tipo de cosas que queremos para nuestra iglesia: lo mismo que veían en gran parte en la primera iglesia es lo mismo que queremos ver en la nuestra hoy. Así que vamos a ver hoy lo que sigue aquí.

Si recuerdan, el domingo pasado hablamos acerca de la supremacía de Jesús, la manera en que Jesús fue central en el mensaje de Pedro, la manera en que Dios usó la parte histórica explicada a través de Pedro para mostrar quién era Jesús, para mostrarles que desde el tiempo de David, en las profecías que se habían estado dando, en todo lo que se había venido diciendo acerca de Él, Jesús cumplió. No nada más con ser el descendiente de David, como el Mesías, sino que además fue resucitado; cumplió la profecía de resurrección, que mostraba que efectivamente era varón aprobado por Dios, que efectivamente el mensaje que Él había estado diciendo era verdad. Y luego fue sentado a la diestra del Padre; ascendió y reina, es Señor de señores y Rey de reyes. Y esa afirmación acerca de Jesús es muy importante, porque nos muestra realmente quién era: era el Señor de David, era el cumplimiento de todo lo que los judíos realmente habían estado esperando.

Y, sin embargo, les dice Pedro a los que lo están escuchando, a esta multitud, les dice: "Ustedes lo mataron. Ustedes mataron a su Mesías, Aquel que era el descendiente de David, Aquel que había sido prometido; ustedes lo mataron. Es su culpabilidad, es su pecado, es su responsabilidad reconocer lo que han hecho". Y, bueno, más les estoy diciendo quién era esta persona. Pedro básicamente les dice: "El evento más increíble de toda la historia acaba de suceder hace unos días. Todo lo que por miles de años se había venido hablando en la historia de Israel acaba de suceder, lo acabamos de ver, acabamos de ser testigos, y lo despreciamos". O sea, lo ignoramos, dijimos: "Ah, eso a mí no me importa, yo sigo con mi vida". Creo que esa es la frustración que Pedro quiere expresarle a esta gente, para hacerles ver la gran importancia, la gran relevancia de lo que acaba de pasar cuando Jesús fue crucificado, cuando Jesús resucitó y cuando Jesús ascendió a los cielos. Esas tres cosas son sumamente importantes; no hay nada más importante, de hecho, en toda la historia, que ustedes deberían de reconocer.

Señor y Cristo

Entonces termina diciendo, en el 36 de Hechos 2: "Sepa, pues, ciertísimo toda la casa de Israel —ustedes, nación de Dios—, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo". O sea, su esperanza ha venido; Él es de quien se trataba la esperanza de Israel. Cuando decimos "Dios le ha hecho", no se estaba refiriendo Pedro a que antes no era Señor y Cristo y ahora ya es Señor y Cristo. Simplemente es decir: este ya es el reconocimiento público de Dios de Su Hijo. Esa es la afirmación, el sello que Dios está haciendo públicamente de que Jesús es efectivamente Señor y Cristo. A eso se refiere cuando dice que Dios lo ha hecho Señor y Cristo; no que no lo era antes, sino que ahora ha sido confirmado, ahora es público, ahora todos lo saben. No hay excusa.

Si no hubiera resucitado, bueno, sería otra historia. Podían ignorarlo, podrían decir: "Ah, fue un maestro más; ah, fue otro personaje más que podamos admirar y respetar". Sin embargo, el hecho de que Él ha resucitado confirma que no solamente Dios lo aprueba, sino que Su sacrificio en la cruz en realidad es efectivo; lo que Él dijo es verdad acerca de ser el único camino a Dios. Y si Él está vivo ahora, entonces, ¿qué hay de mi relación con Él? O sea, ¿cómo me relaciono con este Jesús? No está muerto, está vivo. Hay una esperanza para tener una relación con Él; hay algo que puedo yo ver en Él hoy para mí. Hay un sentido contemporáneo: aún 2000 años después de que sucedió, hoy estamos diciendo "Jesús está vivo". ¿Eso qué quiere decir para mí? ¿Eso qué quiere decir para nosotros como iglesia? Sí, si está vivo, hay relevancia, hay un sentido de que mi relación con Él es importante.

Eso es como termina Pedro, hablándole a esta multitud de personas. Como vamos a ver en un momento, eran miles ya para este momento las personas escuchando a Pedro decir esto. Me gusta tratar de imaginar esta escena, porque aquí somos un poco más de 100 personas y necesito un micrófono para hablarles. No sé cómo sería la voz de Pedro, y cómo se habría parado, y cómo... o sea, no me imagino bien la manera y la capacidad de hablar a tantas personas. Pero así fue: muchas personas lo estaban escuchando en este punto.

Lectura: Hechos 2:37-40

Vamos a ver hoy versículos 37 al 40: "Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación".

Señor, pedimos Tu bendición sobre este tiempo y sobre nuestro estudio de este pasaje. Ayúdanos a entender todo lo que quieres decirnos a través de este momento de la historia que ha quedado registrado para nosotros, para que podamos aprender realidades acerca del Evangelio y acerca de nuestras propias vidas. Y te pedimos, Señor, que Tu Palabra sea la que penetre en nuestros corazones. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

Arrepentimiento, bautismo y Espíritu Santo

Vamos a estructurar este mensaje en tres cosas que creo que están aquí. La primera es el arrepentimiento del que habla; la segunda cosa es el bautismo del que habla, y la tercera es el Espíritu Santo. Creo que estos tres factores son los temas centrales de este pasaje: arrepentimiento, bautismo, Espíritu Santo. Vamos a analizar qué es lo que pasó aquí y qué es lo que Pedro les dijo a estas personas. Es la conclusión de todo lo que se ha venido diciendo; acuérdense, él ha estado testificando acerca de Jesús, acerca de la historicidad de Jesús, ¿y qué pasa? Hay arrepentimiento.

Y creo que está el sándwich aquí de arrepentimiento al principio y al final. Creo que empieza con el tema de arrepentimiento y termina con el tema de arrepentimiento. Así que vamos a verlo de esa manera: vamos a empezar por el final, de hecho, hablando del arrepentimiento, y después también el principio, y luego vamos a ver lo de en medio.

Arrepentimiento

La razón por la cual la gente rechaza el cristianismo, la razón por la cual no queremos... O sea, cuando ustedes han compartido su fe con alguien y le explican acerca del Evangelio, esta parte de arrepentimiento es la parte que pone a la gente en una posición incómoda. Es la parte que hace que la gente diga: "¿Y eso qué quiere decir? ¿Quiere decir que de veras estoy mal? ¿Quiere decir que de veras tengo que cambiar cosas en mi vida? ¿Quiere decir que de veras soy tan mala persona?". O sea, hay tantas implicaciones contra las cuales la gente lucha naturalmente cuando escucha esta palabra, arrepentimiento. Entonces creo que eso es a lo que se refiere Pedro aquí cuando habla acerca de arrepentirse.

Pero Dios, evidentemente, cuando leemos este primer versículo, había ya preparado los corazones de estas personas. Es Dios el que está obrando, es Dios el que hace una obra, y esto queda claro por lo que leemos al final, en el versículo 39, cuando Pedro hace esta invitación del Evangelio, que comenzó en realidad, si se acuerdan, explícitamente en el versículo 21.

"Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo". Eso es una invitación para todos: quien sea que invoque el nombre del Señor será salvo. Pero siempre están acompañados estos dos lados. O sea, hablamos de la invitación universal, la responsabilidad humana del Evangelio, y también hablamos acerca de la soberanía de Dios actuando para que la gente pueda efectivamente creer en Jesús. ¿Quiénes son todos los que invocan el nombre del Señor, esta categoría de gente? ¿Quiénes son? Los que el Señor nuestro Dios llamare. Pedro hace este paréntesis al final para admitir que esto es una obra sobrenatural de parte de Dios.

Estuvieron escuchando esto durante todo el ministerio de Jesús, ¿sí?: "Aquellos que el Padre me dé serán míos, y no los perderé de mi mano". Esta es esta categoría de personas, y Dios está salvándolas. Dice: "Sed salvos de esta generación perversa". De ahí es de donde los está sacando: de una generación que ha rechazado a Jesús como su Mesías.

Una generación perversa

La esencia de una generación perversa no es: "Ay, es que están legalizando el matrimonio homosexual, es una generación perversa", o "Ve la violencia que hay en las calles, es una generación perversa". O sea, a veces pensamos, sí, si usamos estas palabras, "generación perversa", pues ¿cuáles son las cosas perversas que hace la gente? Sin embargo, la esencia de una generación perversa no es esa. La esencia de una generación perversa es que piensan que no necesitan a Dios en sus vidas; esa es la esencia. Muchas veces una generación perversa está mejor definida por la gente más moral y más bien portada, porque es la gente que a veces menos entiende su necesidad de arrepentimiento, menos entiende su necesidad de Dios.

¿Se acuerdan de Jesús con el joven rico? ¿Cuál era su problema en realidad? "Yo sigo los mandamientos, yo no estoy tan mal". Y había un sentido de autojustificación... no más de Dios. Porque decimos: "Ah, pues esto debe ser el favor de Dios, debo de estar haciendo algo bien, me debo de estar portando bien en algún sentido, porque Dios me da más y más cosas, más dinero". Entonces empezamos a crear una falsa ilusión de nuestra verdadera condición delante de Dios.

Y creo que es la esencia de lo que está diciendo Pedro: "Sean salvos de una generación perversa", una generación que rechazó a Jesús como su Mesías, una generación que no se da cuenta de que está en graves problemas, con una gran necesidad de Dios y del perdón de Dios. Y esta frase, "sed salvos de esta generación perversa", incluye, creo, los elementos que debe incluir nuestra predicación del Evangelio. "Sed salvos" es esperanza: hay esperanza, sí; pero también están mal, o sea, tienen un problema, es una generación perversa. Entonces hay un aspecto de esperanza, pero también hay un aspecto de condenación en el mensaje de Pedro.

Esperanza y advertencia en el Evangelio

Y quiero que lo vean, quiero que sientan la fuerza de lo que está aquí en relación a nosotros hoy. Esto es como nosotros deberíamos estar predicando el Evangelio. No es nada más: "Ay, sí, Jesús te ama, Jesús te ama y quiere que estés mejor". Y el problema es que muchas iglesias, al predicar el Evangelio, se han enfocado en la parte de esperanza solamente: "Ya, sí, Jesús te quiere salvar". Sí, sí te quiere salvar, pero ¿cómo vas a entender de qué te estás salvando? ¿Te está salvando de qué? ¿De que no tengas trabajo, de que tus relaciones familiares no estén tan bien como quisieras? ¿De qué te estás salvando? Hay una advertencia aquí: tú eres parte de una generación perversa.

Y esto es muy difícil; creo que lo han experimentado todos ustedes, porque se encuentran con gente... Miren, naturalmente no queremos dejar nuestras vidas, no queremos reconocer que hemos estado mal. Y especialmente, entre más viejos nos hacemos, menos queremos reconocer que hemos estado mal, porque el arrepentirse o el reconocer que hemos estado mal es decir: todos estos años, mi manera de pensar, mi manera de ver a Dios, toda mi vida he estado equivocado. Y ustedes saben cómo es, y especialmente aquí en México, en relación al catolicismo. O sea: mis tatarabuelos estaban mal, mis abuelos estaban mal, mis papás estaban mal. Eso es lo que arrepentirme representa; o sea, eso es lo que estoy diciendo: sí, todos mis antepasados estaban mal, esa era la generación perversa de la cual Dios me está llamando a salir.

Pero entiendan lo difícil que es, naturalmente hablando, lo difícil que es que una persona llegue a ese punto en su vida en donde pueda decir... Es más, les voy a decir una cosa: es una generación perversa. Aquí hay 3000 personas, pero había millones en Jerusalén durante las peregrinaciones. O sea, la implicación es que la mayoría de la gente está mal, la mayoría. "¿Cómo puede ser que la mayoría esté equivocada? ¿Cómo puede ser? ¿No somos tan inteligentes como humanos? ¿La humanidad no ha progresado lo suficiente?". Como que hemos estado evolucionando a un nuevo nivel de conciencia en donde en realidad ya no están tan mal las cosas; o sea, ya tenemos más tolerancia por otros, ya tenemos un nivel de convivir como sociedad más avanzado de lo que era antes.

Pero Jesús dijo: "El camino es angosto". No ancho: angosto, "y pocos son los que entran por él". Pocos. O sea, sientan lo difícil que es lo que les estoy diciendo. ¿No les causa algo de conflicto aquí el decir: "Aquí estamos, la mayoría no está aquí"? O sea, la mayoría no forma parte de este grupo, los hijos de Dios, la familia de Dios. La mayoría está allá afuera haciendo otras cosas, quién sabe qué, viviendo sus vidas para otra cosa, quién sabe qué, pero no es para Dios. "Sed salvos de esta generación perversa".

Compungidos de corazón

Ahora sí, vamos al principio, versículo 37: "Al oír esto, se compungieron de corazón". Se compungieron de corazón, y aquí está la esencia de este arrepentimiento. La palabra, literalmente, es: fueron perforados en su corazón. Es un asunto del corazón, el arrepentimiento, y es crucial al mensaje del Evangelio. Joel predicó arrepentimiento; si leen más del contexto de lo que Pedro había citado anteriormente de Joel 2, el mensaje central de Joel era: "Arrepiéntanse, arrepiéntanse".

A lo largo de todo el Antiguo Testamento es "arrepiéntanse, arrepiéntanse". Los profetas, desde Moisés, y antes de Moisés, pero desde Moisés y David y los profetas, todo el mensaje siempre hacia el pueblo de Dios estaba enfocado en el arrepentimiento. Juan el Bautista: el mensaje era "arrepiéntanse, arrepiéntanse; bola de víboras, arrepiéntanse". Así hablaba Juan el Bautista.

Jesús... ¿se acuerdan cuando se acercaron a Jesús y le dijeron: "Oye, Jesús, se acaban de morir estos", fueron asesinados unos hombres, y también la torre de Siloé había caído y había matado a unas personas? Y la gente viene a Jesús para decirle: "Hicieron algo mal, ¿verdad? ¿O qué está pasando ahí? ¿Por qué les pasan cosas terribles a esta gente? O sea, ¿por qué murieron en un accidente?". Ese es el tipo de preguntas que nos hacemos cada vez que hay algo, ¿no?: un terremoto, se caen los edificios, muere la gente. Y es muy fácil pensar: "Pues a lo mejor Dios está juzgándote bien mal". Y dice Jesús: "No, ese no es el punto. El punto es que eso es un mensaje para ustedes: si ustedes no se arrepienten, ustedes igualmente perecerán".

Entonces, cuando algo malo le pasa a alguien más, no es para que nosotros pensemos: "Ah, es la condenación de Dios para ellos, que sí lo merecen". Es para que yo vea mi propia vida y vea lo que yo merezco en mi vida, y yo me arrepienta y diga: "Señor, sé que la vida es corta, y sé que la vida se trata de más que solamente vivir para las cosas materiales. Así que ayúdame a entender las realidades espirituales que son realmente importantes; ayúdame a valorar cada día y mi relación contigo cada día". El mensaje de Jesús también era arrepentimiento. Y este arrepentimiento no es nada más un arrepentimiento de remordimiento de algo que hiciste, como...

...cuando piensan los que están en el seminario: "Ah, hubiera estudiado más para el examen; me arrepiento de no haber estudiado más". O sea, hay un sentido de arrepentimiento que tiene un sentido de decir: "Pues no lo hubiera hecho; hubiera sido mejor que no lo hubiera hecho". Pero hay un sentido más profundo aquí en el arrepentimiento que estas personas están mostrando. No es nada más un arrepentimiento de "no lo debía haber hecho"; es un arrepentimiento que los lleva a decir: "¿Qué haremos?". Algo tiene que... en mi vida. O sea, no es nada más "no lo debía haber hecho", es: "Ahora necesito un cambio en mi vida que solamente Dios puede hacer, que puede vindicar y corregir, y perdonar los errores que he cometido".

O sea, ellos ya empiezan a entender: "Sí, este Jesús sí era el Mesías, y lo matamos. Entonces realmente somos culpables. ¿Qué podemos hacer?". Así es como de pronto reaccionan, y es, evidentemente, lo que está diciendo esta multitud. Y de pronto se están volteando unos a otros: "Bueno, entonces, ¿qué hacemos? ¿Qué hacemos con este mensaje acerca de este Cristo y con esta culpabilidad que tenemos sobre nosotros?".

Judas y Pedro

No sé si se acuerdan, pero hablamos acerca de esto en las bienaventuranzas, cuando estábamos comparando el arrepentimiento: "Bienaventurados los que lloran", "Bienaventurados los pobres de espíritu". Cuando estábamos viendo eso, comparamos las vidas de Judas y de Pedro. Ambos fallaron, ambos hicieron algo que no deberían de haber hecho, y ambos sintieron remordimiento por lo que hicieron; ambos sintieron: "No debía haber hecho lo que hice". Pero esa es la diferencia: ¿a qué los llevó? A Pedro, ¿a qué lo llevó? A buscar el perdón y la reconciliación con su Señor. Lloró amargamente, y ese lloro amargo lo llevó a buscar el perdón de Dios. Y a Judas, el remordimiento que hubo en su corazón, el arrepentimiento que hubo en su corazón, lo llevó a la desesperación; se hundió en la desesperación del remordimiento y de la culpabilidad que había dentro de él, y nunca encontró el perdón y la reconciliación con Dios.

Entonces la pregunta es: ¿qué haces con ese sentimiento? ¿Qué haces con la culpabilidad que tienes? ¿Qué haces? "¿Qué haremos?". Y eso es lo mismo que Pablo dijo en el camino a Damasco: "Señor, ¿qué hago?", cuando se le apareció Jesús. Es lo que dijo el carcelero con Pablo y Silas, ¿se acuerdan?: "¿Qué hago?". O sea, cuando la gente llega a un momento de ser confrontada por el Espíritu, por la Palabra de Dios, entonces tiene esta reacción, tiene esta manera de ver su propio pecado.

Fíjense bien: no es nada más el temor a las consecuencias del pecado, sino temor al pecado mismo. Nada más: "Ay, es que si miento y me cachan... entonces mejor...", y ese sentido de "por eso no quiero pecar"; sino un sentido de que no, si miento, eso es una ofensa contra mi Dios; tengo miedo a pecar. ¿Entienden la diferencia? ¿Entienden lo que está pasando aquí realmente en estos corazones que han sido perforados por la Palabra? Entienden que la esencia del pecado es rebeldía contra Dios.

El poder de la Palabra predicada

Y esto sucedió solamente porque la Palabra fue predicada. ¡Qué poderoso!, ¿no? Qué poderoso. Pedro nada más empezó a hablar Palabra de Dios: qué decía el Antiguo Testamento acerca de Jesús, quién era Jesús y cómo eran culpables delante de Dios por lo que habían hecho con Jesús. El rechazar a Jesús era rechazar a Dios. Es lo único que hizo Pedro, es eso: habló, y de pronto se compungieron de corazón. Y por eso es tan importante la predicación de la Palabra de Dios.

Hebreos 4:12: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón". Pablo habla acerca de la Palabra de Dios también en Efesios 6 como una espada: "Tomad el yelmo de la salvación, la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios". Miren, dice el versículo 41 cuántas personas se convirtieron: como 3000 personas; obviamente es un número ahí promedio.

Ministración y manipulación

Y yo me paro aquí a predicar y digo: "A ver, ¿cómo hago esto? ¿Cómo hago que los corazones de las personas sean traspasados? ¿Cómo hago que mis palabras de veras penetren sus corazones?". Y entonces empezamos a tratar de idear estas cosas: "A lo mejor si empiezo con unos chistes y se alegran un poquito al principio, ya me están poniendo atención; a lo mejor ya se relajan un poco, ya no están tan agobiados por el estrés de la vida diaria, y entonces a lo mejor ya les va a llegar mejor el mensaje". O a lo mejor si le pido aquí a Anita que me toque una musiquita de fondo, y hay como un fondito musical, eso como que va a darle más poder a mis palabras, ¿no?, especialmente al final.

Una vez prediqué en un campamento y me preguntan: "Hermano, ¿va a haber ministración al final?". "¿Va a haber ministración al final?", le digo, "pues espero que sí, ¿no?". O sea, creo que... "No, no, a lo que me refiero es: ¿quiere que pasemos los músicos y empecemos a tocar al final, mientras usted como que ya concluye todo?". "Ah, eso es la ministración". O sea, es ya como el punch de la predicación, ¿no? O sea: "A ver, músicos, ayúdenme, vamos a darle un buen cierre a esto", ¿no?, ayudar a que la gente de veras... "A ver, ¿quién está sintiendo que el Espíritu le está hablando?". Y muchas veces así... Ya entiendo esta parte de la ministración, ya lo he visto en otros lugares: es como que el predicador quiere cerrar, quiere ver que lloren, que hagan algo. O sea: "Yo quiero ver que pase algo, pero no quiero nada más quedarme hablando y al final decir: 'Bueno, ¿les gustó el mensaje? Bueno, ya me voy', y me siento".

O sea, entonces tenemos este sentido de que queremos que la gente reaccione de ciertas maneras, y sentimos que esta es nuestra responsabilidad, que nosotros podemos causar eso en la gente. Y les digo que no puedo hacer nada yo; no hay nada que pueda hacer para causar que la Palabra penetre en sus corazones. Yo puedo manipularlo, sí, de muchas maneras: contarles algunas historias muy tristes, contarles mis propias experiencias, mi testimonio. Muchas cosas podría yo hacer para tratar de manipular la situación y llevarlos en una cierta dirección, y hacerlos sentir ciertas cosas.

Pero, al final del día, creo que esto es lo que yo estoy aprendiendo acerca de este sermón: todo lo que tengo que hacer es predicar la Palabra de Dios. De esa parte sí, ese es mi propósito. El propósito de la predicación es el arrepentimiento, pero es el arrepentimiento al reconocer quién es Jesús y quiénes somos nosotros. Porque eso es lo que hizo Pedro, eso es lo que les dijo: "Este es Jesús. Estos son ustedes, los que lo crucificaron, los que son culpables. Y este era el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, el que resucitó; ahora está sentado a la diestra del Padre". Es eso, y de repente hay una respuesta a ese mensaje.

Bautismo

¿Qué les dice Pedro cuando ellos preguntan "¿Qué hacemos? ¿Qué haremos?"? Pedro les dice: "Arrepentíos y bautícese". Ya vimos esa parte de arrepentimiento, y ahora es la segunda: "Bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados". Vamos a ver esta parte. Nada más quiero tomar unos minutos para hablar acerca del bautismo, porque nosotros hacemos esto, bautizamos gente en la iglesia, y creo que vale la pena tomarnos el tiempo para ver qué es lo que está pasando aquí, qué significa bautismo en este pasaje. Me voy a enfocar en una cosa aquí, que es "para perdón de los pecados". Tengo que aclarar algo aquí, porque hay un concepto teológico que algunas iglesias enseñan; nosotros no lo enseñamos.

Pero hay algunas iglesias que lo enseñan, que se llama regeneración, regeneración bautismal. Ese es el concepto teológico que voy a explicar ahorita, y van a ver por qué es importante que se los explique. El concepto de regeneración bautismal dice que es a través del bautismo —físicamente ser sumergidos en agua, o ser bautizados en cualquiera que sea la manera; a veces es por aspersión— que de hecho la regeneración interna sucede. Es necesario ser bautizado para ser salvo.

Ahora, les digo esto porque tarde o temprano, creo, muchos de ustedes probablemente se van a encontrar con alguien que les va a decir esto. Hay denominaciones muy grandes que creen esto, inclusive dentro de la misma familia de cristianos. He tenido esta conversación con algunos que supuestamente son cristianos, y este era un tema de debate: "No, es que el bautismo es necesario para...". Y les voy a decir una cosa: este es el pasaje. Me detengo aquí un momento porque este es uno de los versículos que usarían para decirlo. Y obviamente, si ustedes lo leen así nada más, sin mucho contexto en el resto de la Biblia, podría exactamente parecer que eso es lo que está diciendo: "Bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados".

Entonces, brevemente, les voy a dar un cursito de unos minutos, intensivo, de qué es lo que ustedes deberían o podrían decir si alguien les dice que el bautismo es necesario para salvación. Ahora, inclusive dentro de la misma doctrina católica existe este concepto. La doctrina católica dice que la regeneración interna es administrada por el sacramento del bautismo; o sea, físicamente, cuando tú bautizas a tu bebé, estás en realidad aplicando el concepto de regeneración interna para su vida. O sea, la salvación en gran parte depende de que se haga eso.

El bautismo en el libro de Hechos

Entonces, ¿qué podrían decir si les dicen: "No, mira, aquí dice, aquí dice: 'Bautícese para el perdón de los pecados'"? Número uno, vamos a ver en el mismo libro de Hechos. Solo quiero mostrarles que en el mismo libro de Hechos tenemos que muchas veces el mensaje del Evangelio es predicado sin hablar del bautismo. Y esto es importante, porque si el bautismo fuera esencial para la salvación, entonces tendría que ser mencionado el bautismo cada vez que es predicado el Evangelio.

Número uno, lo vimos ya: Hechos 2:21, "Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo". Pedro ya había empezado hablando acerca de qué es necesario para ser salvo: es invocar el nombre del Señor. Y en Hechos 10... hay más versículos de los que les puse aquí, pero solo les doy unos cuantos. Y empezamos por el mismo libro de Hechos porque así es como estudiamos la Biblia; ese es un buen método de interpretación bíblica: primero ve el contexto más inmediato, que es el libro que se está viendo.

Hechos 10, versículos 43 al 45. Esta es la interacción que tuvo Pedro con Cornelio; ya vamos a llegar a este pasaje algún día, no sé cuándo, pero en un futuro. Hechos 10:43 dice: "De este dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren —aquí está el mensaje: todos los que en él creyeren— recibirán perdón de pecados por su nombre". Aquí no está mencionado el bautismo. Y algo significativo es que dice que Cornelio y su casa creen en el Señor Jesucristo, reciben al Espíritu Santo y, en consecuencia, son bautizados. Dice el versículo 47: "Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?".

Entonces son bautizados después de que ya han recibido al Espíritu Santo. Esto fue algo que sucedió después: ya creyeron, recibieron al Espíritu Santo; en otras palabras, fueron salvos. Ahora, el bautismo es una identificación pública con Jesús que le dice a la gente qué tan importante realmente es Él para ellos. O sea, hay un aspecto... no quiero decir que el bautismo no es importante; solo quiero decir que no es lo que nos salva. Es el resultado de la salvación que ya hemos experimentado.

Y, bueno, hay más pasajes aquí. Capítulo 13, el versículo dice: "Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree". Ese es el mensaje, sin mencionar el bautismo. Capítulo 15, versículo 9, dice: "Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe..." —por la fe: ahí está la base, el fundamento— "...sus corazones". La fe, la que nos salva. Y capítulo 16, versículo 31, dice: "Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa". Ya había hecho referencia a este pasaje antes: el carcelero con Pablo y Silas.

Capítulo 20, versículos 20 y 21, dice: "Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo". O sea, una y otra vez, a lo largo de todo el libro de Hechos, es mencionado el mensaje que ellos están predicando para salvación. ¿Cuál era? Arrepentirse, y es a través de la fe, punto. Ahora, sí les decían: "Bautícense", de creer en Jesús; hay una identificación pública que dice: "Ahora no tengas miedo de decir: sí, efectivamente he creído en Jesús".

Inclusive vamos a llegar a otra historia, que es la de Simón el Mago. Y en esa historia —creo que es Hechos 8 o algo así—, pero en esa historia él fue bautizado, y después, evidentemente, no era realmente salvo, no había entendido bien el mensaje. Entonces eso es significativo. Creo que el mismo libro de Hechos debería de ser suficiente para ver que Pedro no está diciendo que el bautismo es necesario para ser salvo, sino más bien que el perdón de pecados es el resultado de la fe, que es ejemplificada por el bautismo.

¿Entienden? Creo que la línea de argumento de Pedro es: "Bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados". O sea, ese bautismo representa, ¿qué? Lo que pasó antes, que es el arrepentimiento. Entonces el arrepentimiento es lo que lleva al perdón de los pecados, y se muestra a través del bautismo. Eso que está representado en el bautismo es lo que es para perdón de los pecados. ¿Sí? ¿Entienden cómo estoy razonando todo lo que Pedro está diciendo aquí? Creo que el resto de la Biblia nos muestra eso.

El bautismo en el resto de la Biblia

Ahora quiero decir otros puntos importantes en relación al bautismo, rápidamente, y tiene que ver ahora con el resto de la Biblia. Ya vimos lo que dice Hechos; ¿qué dice el resto de la Biblia? Bueno, Juan, que es un evangelio muy evangelístico, ¿no? A veces nada más regalamos el puro Evangelio de Juan: "Aquí está todo lo que tienes que saber, aquí está el mensaje del Evangelio". No menciona el bautismo, ¿sabían eso? O sea, como parte del mensaje que predicaba Jesús, no lo menciona. Inclusive dice: "Y Jesús no bautizaba". ¿Mmm? Si Jesús predicaba el Evangelio —está en Juan 4, creo—, si Jesús estaba predicando el Evangelio y la salvación, y Jesús no lo hacía, sino Sus discípulos, creo que no era la esencia del mensaje. La esencia del mensaje era la misma.

Vamos a regresar un momento a Juan. Más... quiero hacer un paréntesis para explicar un versículo más de Juan que se usa para decir que el bautismo es necesario. 1 Corintios 1:17, Pablo dijo: "Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, no con palabras elocuentes, para que no se haga vana la cruz de Cristo. Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos es poder de Dios". ¿Se dan cuenta de lo que dijo Pablo? "Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio". Más claro no puede ser, creo yo, el papel que juega el bautismo. No es el punto, dice Pablo. El punto no es estar bautizando gente; el punto es que crean en el Señor Jesucristo, que sean salvos por el poder del Evangelio, y que sean bautizados, sí.

Pero eso ya es algo que viene como resultado. Juan 1:12 dice: "Pero a todos los que le recibieron les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios". Y obviamente, si leemos... bueno, ya se saben Juan 3:16, que dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". ¿Qué tienes que hacer? Creer, nada más. Hay que especificar qué significa creer; tiene que ver con el arrepentimiento también.

Dice Romanos 3:28: "Porque concluimos que el hombre es justificado por la fe aparte de las obras de la ley". Romanos 4:5: "Mas al que no trabaja, pero cree en aquel que justifica al impío, su fe se le cuenta por justicia". Dice Romanos 10:9: "Que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación". Y Filipenses 3:9: "Ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo" —por la fe en Cristo—, "la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe". Esa es la base de nuestra salvación.

Gálatas 2:16: "Sin embargo, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino mediante la fe en Cristo Jesús, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús, para que seamos justificados por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, puesto que por las obras de la ley nadie será justificado". Sí, ahí está. O sea, podríamos hablar una o dos horas más acerca de este tema, pero solo quiero darles un resumen del concepto doctrinal, teológico, por el cual decimos que el bautismo no es lo que nos salva, no es la base de nuestra salvación.

Nacer de agua y del Espíritu

Hay un versículo más que se usa. Está este versículo de Hechos 2:38 que se usa para decir que el bautismo es necesario; hay otro. Entonces nada más quiero dárselo rápidamente, y nuevamente, nada más unos minutos para explicárselo; podría ser un mensaje, una predicación más, pero voy a tratar de hacerlo brevemente. Juan 3, ¿se acuerdan?, esta conversación con Nicodemo. Juan 3:5, Jesús dijo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". "Ahí está", dicen, "ah, de agua; el que no naciere de agua no puede entrar en el reino de Dios; el bautismo es necesario".

Entonces solo voy a explicar rápidamente qué es lo que creo que está diciendo Juan 3:5 en relación al agua. No creo que se esté refiriendo al bautismo; creo que se está refiriendo a otra cosa. Número uno, en el versículo 3 tenemos el concepto de nacer de nuevo. Nacer de nuevo: esta palabra —anoten, anoten en sus cuadernos—, la palabra en griego puede ser traducida como "de nuevo" o "desde arriba". Entonces, creo yo que una traducción que nos ayuda a entender este concepto que está tratando de comunicar Jesús también podría ser: "El que no naciere desde lo alto, desde arriba, no puede ver el reino de Dios".

¿Por qué es importante? Porque creo que la referencia que viene en el versículo 5 se conecta con eso. "El que nace de agua y del Espíritu" hace una referencia a qué significa nacer desde arriba: tiene que ver con el Espíritu. Nacer de agua y del Espíritu van juntos; no son dos conceptos separados, es un solo concepto del que está hablando Juan, una sola idea: nacer de agua y del Espíritu. No nacer de agua y además también nacer del Espíritu, ¿me entienden? O sea, es diferente si decimos eso. No, es un solo concepto, que es resumido en el versículo 8, cuando dice Jesús: "El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu".

Ahora, ¿y dónde se fue el agua? Ya no está el agua, ¿verdad? ¿Por qué? Porque el concepto del agua está incluido con el concepto del Espíritu; esa es la idea. O sea, hablar del Espíritu es hablar de nacer de agua. Cuando el Espíritu desciende desde arriba y causa la regeneración dentro de una persona, cuando eso sucede, eso es nacer de agua y del Espíritu.

Entonces hay varias interpretaciones —me estoy yendo rápido, pongan atención—, hay muchas maneras de tratar de entender este versículo. Hablan de agua y Espíritu; entonces hablan de agua y viento, que es de lo que habla Ezequiel 37. Pero creo que, en realidad, la manera de entender mejor lo que está diciendo aquí Jesús es el concepto de purificación en la tradición judía. Eso es lo que mejor habría podido entender Nicodemo de lo que le estaba diciendo Jesús. O sea, acuérdense: Nicodemo es un fariseo que conoce la ley judía, que conoce todos estos conceptos, y Jesús lo está reprendiendo por no entender ciertas cosas.

Y creo que el concepto de purificación por agua sería el concepto más claro en referencia a lo que sucede cuando el Espíritu Santo crea una nueva persona, cambia el corazón de una persona, que es de lo que está hablando Jesús. Salmo 51, Isaías 1, Jeremías 33, Zacarías 13, Éxodo 40:30, Levítico 14, 15, 2 Reyes 5, Números 19: todos esos pasajes hablan de la purificación por agua. Y en el Antiguo Testamento, el concepto de la purificación por agua era un concepto que tenía que ver con un símbolo de la limpieza de los pecados. Entonces creo que lo que está diciendo es: el Espíritu viene y te limpia, transforma tu corazón, y es simbolizado por agua. O sea, a lo largo del Antiguo Testamento tenía esa idea.

Y Ezequiel... este es el pasaje, creo, paralelo al de Juan 3:5. Ezequiel 36:25 dice: "Entonces os rociaré con agua limpia, y quedaréis limpios; de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos os limpiaré. Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Pondré dentro de vosotros mi Espíritu y haré que andéis en mis estatutos, y que cumpláis cuidadosamente mis ordenanzas". Eso creo que es el paralelo de Juan 3:5. Ezequiel habla específicamente acerca de ser purificados al recibir el agua de parte de Dios, pero es una obra del Espíritu; no es físicamente ser sumergidos en agua lo que nos limpia.

Bueno, todo eso para decir: el agua simboliza purificación por medio del Espíritu, y al final el bautismo es un símbolo externo de una realidad interna. La realidad interna es que has sido salvo por creer en Jesús y arrepentirte de tus pecados. Eso te salva; ahora díselo al mundo a través del bautismo. ¿Sí? ¿Creen que podrían contestar si alguien les dijera: "Oye, pero el bautismo... aquí dice"? Podrían tener una conversación, ojalá. Sé que fue muy rápido esto, pero estúdienlo más; hay más que pueden estudiar acerca de qué es lo que nos salva a lo largo de toda la Biblia y qué es el bautismo. Hay unos mensajes de la iglesia, de Romanos 6, de 1 Pedro —no me acuerdo qué, pero 1 Pedro—, que también habla acerca del bautismo, y donde hablamos más acerca de qué significa el bautismo y por qué lo practicamos. Pero solo hago este paréntesis para que entiendan a qué se refiere Pedro cuando dice: "Bautícese cada uno para el perdón de los pecados".

El don del Espíritu Santo

Por último, por último, ¿qué les dice Pedro? "Recibiréis el don del Espíritu Santo". Ahora, no pongan demasiada atención a la cronología de los eventos que está poniendo aquí Pedro. O sea, dice: "Arrepentíos, bautícese para recibir el perdón de pecados, recibirán el don del Espíritu Santo". No es que estas cosas sucedan en ese orden.

Y lo vamos a ver, porque a lo largo del estudio de Hechos van a ver que pasan en varios... o sea, no siempre es descrito en el mismo orden; o sea, se invierten los órdenes de estas cosas. Entonces, simplemente es una lista, pero no es una lista como de "punto número uno pasa esto, punto número dos pasa esto, punto número tres", no. O sea, simplemente es el conjunto de cosas que suceden en la conversión de una persona. No pongan demasiado énfasis en ese orden necesariamente.

Pero sí es importante que vean que ya había hablado Pedro de que el Espíritu Santo siendo derramado es el cumplimiento de la profecía de Joel 2; sí, empezó el sermón. Y ahora les dice: "Ahora ustedes experimenten esto que estuvieron viendo en estas personas que escucharon hablando en lenguas y glorificando al Señor; ustedes experimenten ahora". No dice que hablaron en lenguas. Pero el punto de Pedro no es ese, de que van a hablar en lenguas, sino que van a tener ese mismo Espíritu que causó eso. Es el mismo Espíritu Santo que fue profetizado en Joel: ustedes lo pueden tener. Y ese tema va a ser un tema importante a lo largo del libro de Hechos.

Los ministerios del Espíritu

El Espíritu Santo tiene diferentes ministerios. Hablamos del ministerio de regeneración que hace el Espíritu Santo, de dar fe a una persona para creer. También el Espíritu Santo tiene el ministerio de santificación, al quedarse con esa persona y guiarla en su vida como cristiana, para ir avanzando hacia la meta final, ir siendo transformados y ser más conformes a la imagen y semejanza de Cristo Jesús, nuestro hermano mayor. Y también para darnos el poder de testificar y transformar vidas: "Y me seréis testigos"; "cuando descienda sobre vosotros el Espíritu Santo, tendréis poder, y me seréis testigos", ¿se acuerdan?

Entonces son esos tres ministerios que hace el Espíritu Santo. ¿Cuál de esos es del que está hablando Pedro? No sé; yo creo que los tres. Yo creo que "recibiréis el Espíritu Santo" porque el Espíritu Santo es el que va a hacer que ustedes crean; de hecho, ya está ahí convenciéndolos, penetrando sus corazones para que digan: "¿Qué hacemos ahora?". Número uno. Número dos: tienen la promesa; ahora va a estar con ustedes, ustedes pueden vivir de acuerdo a la voluntad de Dios por la presencia del Espíritu Santo en sus vidas. Y número tres: ahora ustedes también van a ser testigos de este Jesús a otros. Creo que todo está incluido aquí. "Recibiréis el don del Espíritu Santo": es un paquete completo, ahí les va todo lo que ustedes necesitan; ya está prometido y está dado a través del Espíritu. Esa es la esencia de lo que creo que está diciendo Pedro.

¿Cómo sé que he experimentado esto?

Así que quiero terminar con esta meditación para nosotros sobre esto que está diciendo Pedro. Es la pregunta que quiero que ustedes se hagan hoy: ¿cómo sé que he experimentado esto de lo que está hablando Pedro aquí? ¿Cómo sé que yo he experimentado esto: arrepentimiento, bautismo, perdón de pecados, el recibir al Espíritu Santo? ¿Cómo sé? ¿Creen que es una pregunta importante de poder contestar? ¿O eso es otra categoría? O sea: "Esta gente... híjole, las cosas que ellos vivieron; esto no pasa hoy en día". O sea, si llegamos a ese pasaje con duda de si realmente esto es lo que nosotros hemos experimentado, cada quien en lo personal, necesitamos confirmación, necesitamos afirmación de parte de Dios y de Su Palabra para hacernos ver si estos somos nosotros.

Entonces, número uno, ya lo dije: el Espíritu Santo es para fe y arrepentimiento. ¿Cómo sé que yo he experimentado eso? La pregunta es muy simple: ¿es Cristo y Su sacrificio lo más precioso que has escuchado en toda tu vida? ¿O dices: "Ah, eso es una cosa más de muchas cosas hermosas de mi vida"? Porque eso no es suficiente. O sea, no puede ser una cosa más. Jesús es la cosa de tu vida; o sea, es el tesoro, es el fundamento, no "un", "el". Esa es la diferencia tajante que nos muestra si hemos experimentado al Espíritu Santo en nuestras vidas para fe y arrepentimiento.

El tipo de arrepentimiento que nos hace sentir que la necesidad más grande de nuestras vidas es el perdón. O sea, ahí está la esencia de lo que significa el arrepentimiento dado por el Espíritu Santo. Ya lo dijimos: no es nada más "Ay, sí, sí, sí, a veces me porto mal". Eso no es. Es: ¿de veras crees que lo que más necesitas es ser perdonado? ¿Eso es tu mayor necesidad de todas tus necesidades? O sea, más que comer, más que dormir, más que tener dinero, más que tener amigos, amistades, una pareja, más que hijos, más que familia, más que cualquier otra cosa, tu mayor necesidad es el perdón. O sea, ese sentir en tu corazón, de experimentar que el perdón es lo más increíble que podrías recibir de parte de Dios, es la muestra clara de que el Espíritu Santo ha obrado en tu vida para fe y para arrepentimiento.

Número dos, santificación. ¿Cómo sé que el Espíritu Santo está en mí obrando para santificación? Y la pregunta ahí es: ¿tienes una verdadera batalla diaria con el pecado? O sea, una batalla real. ¿Estás peleando de una manera real contra el pecado todos los días, diciendo: "A ver, Señor, yo sé que esto está mal en mi vida; ayúdame, porque aquí es donde necesito Tu ayuda para pelear, porque no puedo vencer, no tengo la capacidad de hacerlo yo solo. Conozco mi corazón, entiendo mi inclinación hacia el pecado, mi tendencia hacia hacer lo malo, hacia rebelarme contra Ti, a satisfacer mis deseos, mi mente, mi cuerpo primeramente. Así que, Señor, ayúdame a pelear"? Y se vuelve una batalla real en tu vida diariamente.

Y número tres, para ser testigos con poder. ¿Está obrando el Espíritu Santo en tu vida para que tú seas Su testigo con poder, para transformar la vida de otras personas? O sea, Dios quiere usarte a ti para cambiar la vida de otra persona. Es increíble: Dios nos usa a nosotros, en el poder de Su Espíritu, para que tengamos el mismo tipo de impacto que tuvo Pedro cuando él habló. O sea, esa es la realidad del Espíritu Santo: es el mismo Espíritu Santo que tocó esos corazones, es el mismo Espíritu Santo que puede usarte a ti para tocar el corazón de otra persona.

Y ahí, obviamente, la pregunta es: ¿tienes pasión por compartir la verdad del Evangelio con esperanza? Y digo esperanza porque específicamente estoy diciendo que no es tu trabajo convertir a la gente; es de Dios. Entonces hay esperanza, ¿no? O sea, a veces no compartimos el Evangelio porque decimos: "Ay, ¿para qué? Ni me va a escuchar, ni me va a hacer caso. O sea, es la persona más cerca... es la persona que menos me imagino como cristiano de todas". Entonces nosotros llegamos a la predicación del Evangelio con un espíritu de incredulidad, porque pensamos que está en nosotros convertir a la gente, y no nos damos cuenta de que es el Espíritu Santo el que convierte a la gente; es Su poder en nosotros. Entonces eso, precisamente, es lo que más pasión debe generar en ti, para decir: sí, esta es la verdad, y es el Espíritu Santo el que se encarga de usar esa verdad para perforar los corazones de la gente.

¿Qué haremos?

¿Has experimentado lo que está hablando Pedro aquí? Creo que esas son las manifestaciones más claras de que sí lo has experimentado. Si todo lo que he dicho ahorita como resumen es lo que tú has experimentado personalmente, entonces tú experimentaste, o has experimentado, lo mismo que experimentaron casi 3000 personas el día de Pentecostés. Es increíble: estamos viviendo otra vez lo mismo que se vivió desde este día.

Se ha predicado hoy la Palabra de Dios. Nuestra respuesta, siempre, siempre, a la predicación de la Palabra de Dios debe de ser: "¿Qué haremos? ¿Qué haremos?". O sea, espero que ese sea el sentir en sus corazones hoy: "Señor, ¿qué hago? O sea, ya escuché Tu Palabra, ya escuché lo que haces, ya escuché el testimonio de Pedro, ya escuché lo que pasó en el día de Pentecostés. ¿Qué hago yo con eso?".

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