Hechos 2:22-36HechosNathan Díaz
El sermón de Pedro (parte 2)
¿Quién mató a Jesús? Pedro da dos respuestas incómodas: el plan soberano de Dios y el pecado de quienes lo rechazaron. Nathan Díaz recorre Hechos 2:22-36 para mostrar por qué era imposible que la muerte retuviera a Jesús, cómo los Salmos 16 y 110 anunciaban su resurrección y su señorío, y por qué rechazar a Jesús es rechazar a Dios mismo.
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Transcripción
Donde nos quedamos
El domingo pasado terminamos con la introducción a este mensaje. El versículo 21 del capítulo 2 de Hechos es donde nos quedamos, y es el sermón de Pedro justo después de Pentecostés; más bien, justo después de las manifestaciones que se dieron en Pentecostés. Pedro se levanta y da un sermón, y vimos que la introducción a lo que él empezó a decir la tomó de las Escrituras; fue un sermón expositivo de la Biblia. Y explica básicamente lo que acaba de suceder: acaban de estar viendo cómo hablaban en lenguas, cómo se escuchó un viento, cómo había llamas, como lenguas de fuego, sobre sus cabezas. Y Pedro toma de Joel 2 para explicar qué es lo que había sucedido, qué es lo que estaban contemplando.
Y vimos el domingo pasado que, en realidad, a la luz de lo que dice Joel, lo que han contemplado no es que el Espíritu Santo se ha manifestado por primera vez. Sino que, a diferencia de lo que habían estado viendo anteriormente, donde eran algunos cuantos los que eran seleccionados para llevar el mensaje de Dios específicamente, ahora el Espíritu, de la misma manera que les había dado el poder a todos estos personajes a lo largo del Antiguo Testamento para proclamar la verdad al pueblo de Dios, de la misma manera ahora, sobre toda la gente, todas las personas que pusieran su fe en Cristo, recibirían al Espíritu Santo de la misma manera y tendrían el mismo poder. Y serían, en un sentido —y eso lo aclaré después, me estaban haciendo preguntas sobre eso—, profetas. O sea, todos serían profetas en este sentido: no en el sentido de cómo eran los profetas en el Antiguo Testamento, que estaban recibiendo revelación del Señor que se convertiría en parte de las Escrituras; no en ese sentido, sino en el sentido de ser aquellos que llevan el mensaje de Dios a la gente.
En ese sentido, a través de Cristo y en el poder del Espíritu, todos somos profetas, todos tenemos un ministerio profético. Y eso es, creo yo, a lo que se refiere el cumplimiento de la profecía de Joel, en donde profetizaremos todos, tendremos revelación de parte de Dios acerca del Evangelio específicamente, porque este poder es para predicar el Evangelio. Lo vimos en Hechos 1:8, que es clave aquí: "Recibiréis poder, y me seréis testigos". Entonces esas dos cosas están conectadas. Pentecostés llega, el Espíritu Santo desciende, se manifiesta de una forma visible como prueba de que efectivamente el Espíritu Santo estaba con ellos.
Entonces hay una universalidad, que creo que es el énfasis: universalidad. Todos, todos; no nada más algunos, no nada más Moisés, no nada más David, no nada más los profetas, no nada más los apóstoles. Todos serán testigos de Dios, todos llevarán este mensaje; el poder de Dios estará en todos para transformar los corazones de las personas a través del mensaje del Evangelio. Eso es, en realidad, el énfasis de esta sección.
Y termina Pedro diciendo... y aquí ya se está yendo; esa es la introducción: el Espíritu Santo está sobre nosotros, hay un poder especial. ¿Para qué es este poder? ¿Qué quiere hacer Dios a través del poder del Espíritu Santo? Lo que dice el versículo 21: "Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo". Así que hoy vamos a ver cómo se contesta esta pregunta. ¿Por qué todo el que invoque el nombre del Señor? ¿Cómo invocamos el nombre del Señor? ¿Qué Señor? ¿De qué Señor estás hablando? ¿No somos judíos? ¿No tenemos ya a Dios de nuestro lado? ¿No somos salvos automáticamente porque pertenecemos a esta gran nación que Dios escogió? Esas son algunas de las preguntas que surgirían en las mentes de las personas.
Un mensaje cristocéntrico
Entonces Pedro va a ser muy específico, y ahora este mensaje tiene una dirección cristocéntrica, y eso es lo que vamos a ver. Creo que es el factor común que tienen todos los mensajes apostólicos del libro de Hechos. Vimos el domingo pasado que son 19 sermones apostólicos los que vamos a ver a lo largo del libro de Hechos, y todos son sermones cristocéntricos; o sea, están enfocados en la persona de Cristo. Y entonces veíamos la semana pasada que sí, ahí está el Espíritu, sí está manifestando Su poder, pero al final lo que va a hacer el Espíritu es apuntar hacia Cristo y la obra de Cristo. Ese es el trabajo del Espíritu Santo. No es decir: "Ah, mírenme a mí, aquí estoy, el Espíritu Santo". Lo que hace el Espíritu Santo es decir: "Aquí estoy para darles el poder para proclamar la obra redentora de Cristo".
Entonces aquí está el mensaje cristocéntrico que va a comenzar en este punto, y vamos a ver hoy desde el versículo 22 hasta el versículo 36, el cual nos habla específicamente de que Cristo es el centro del mensaje de Pedro. Y es lo que llaman kerigma —no sé si así se pronuncia—, pero es la proclamación. La proclamación tiene un factor en común: cada vez que un apóstol proclama, hay factores que todas las proclamaciones tienen en común; siempre hablan de lo mismo. Y aquí vamos a encontrar todos los elementos de la predicación cristocéntrica de Pedro y de todos los apóstoles.
Dice: "Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis". En un momento vamos a regresar a ese punto. Quiero que vean lo que dice el versículo 23: "A este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole".
¿Quién mató a Jesús?
Ahora, esa es la introducción. Vamos a ver en un momento lo del versículo 22, pero creo que lo primero que quiere tocar Pedro es esta pregunta: ¿quién mató a Jesús? Ellos ya habrían escuchado acerca de Él; lo vamos a ver en un momento, ya era una noticia conocida en el pueblo judío. Obviamente fue un evento importante, y Pedro sabe que ellos saben de quién está hablando: Jesús nazareno. O sea, había otros Jesuses por ahí, como en México tenemos otros Jesuses, pero él es muy específico: es Jesús nazareno, "ustedes saben de quién estoy hablando". Y lo primero que quiere que sepan es quién lo mató.
Ahora, vean lo que dice el versículo. ¿Quién mató a Jesús? Número uno, ¿quién? Dios el Padre. Esto es exactamente lo que está explicando al principio del versículo 23: "Entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios". Dios ya tenía un plan con respecto a Su Hijo. Dios entregó a Su Hijo; Dios el Padre dijo: "Yo entrego a mi Hijo". ¿Se acuerdan de esta parte que hablábamos acerca del viento representando la soberanía de Dios? Que Él hace lo que Él quiere; nosotros no podemos hacer nada que no esté dentro de Su determinado consejo y anticipado conocimiento. No hay nada que el ser humano pueda hacer; Él sabe por qué suceden las cosas y cómo suceden las cosas.
De hecho, si ustedes van a Isaías capítulo 53, van a encontrar específicamente una explicación de cómo Dios el Padre es el que quiso quebrantarlo. Isaías 53:10: Dios quiso... "el Señor quiso quebrantarlo, padecimiento. Cuando él se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor en su mano prosperará". Jesús habló acerca de esto en Lucas 24:45: "Entonces les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: Así está escrito, que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día". Esto estaba escrito por Dios, esto ya estaba profetizado; no era una sorpresa para Dios lo que empezó a suceder en el Nuevo Testamento.
Cuando el ministerio de Jesús se estaba desarrollando y se empezó a hacer muchos enemigos, y lo querían crucificar, Dios sabía que eso iba a suceder; no era sorpresa para Él. Entonces, número uno, ¿quién mató a Jesús? Dios el Padre lo mató, porque Él tenía un plan, y un plan muy, muy específico, que sabía que se cumpliría a través de la muerte de Su Hijo como sacrificio por nosotros.
Pero, a ver, en este mismo versículo continúa Pedro diciendo, ahora, ¿qué?: "Prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole". Entonces, ¿quién mató a Jesús? Pedro da dos razones por las que Jesús murió. Una, la más importante: Dios está en control, Dios tiene un plan, Él sabe lo que está sucediendo, todo está bajo Su poder soberano. Pero, número dos, dice: ustedes. Y ahí nos podríamos incluir, porque yo me imagino que dentro de este grupo de personas sí había muchos, a lo mejor, que habían estado ahí literalmente gritando "¡Crucifícalo!". No es eso, creo, lo que tiene en mente Pedro principalmente. Más que el acto mismo de matar a Jesús, de clavar los clavos en la cruz, está en el rechazo hacia Jesús como el enviado, el ungido de Dios; va a quedar más claro en un momento, cuando sigamos leyendo el pasaje.
Pero si hablamos de sermones amigables, este no es uno de ellos. O sea, vean con qué valor este hombre, que había sido intimidado por una niña que decía: "Eh, tú eres de ellos" —"No, no, no, no, yo no soy de ellos"—, ese hombre ahora está enfrente de una multitud de judíos diciéndoles, ¿qué?: "Ustedes lo mataron. Ustedes mataron a Jesús; ustedes son culpables".
Soberanía de Dios y responsabilidad humana
Y eso es de lo que también nos habla Isaías 53. Esto también está en Isaías 53; dice que fue el Señor el que quiso quebrantarlo. También, unos versículos antes, en los versículos 4 al 6, dice: "Ciertamente él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; y con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre él, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros".
Aquí hay esta tensión que hemos visto a lo largo de toda la Biblia entre la soberanía de Dios y la responsabilidad humana. ¿Es el hombre responsable delante de Dios? Sí, es responsable delante de Dios. ¿Es culpable? Sí, es culpable. Nosotros lo matamos. Era parte del plan de Dios, pero nosotros, cada uno de nosotros, en nuestro pecado y en nuestro rechazo a Dios, al rechazar a Jesús, somos culpables.
Lucas 22:22 dice algo acerca de Judas. Podríamos pensar: "Ay, es que, bueno, entonces Dios usó a Judas, y Dios ya sabía que lo iba a entregar". Entonces Judas puede decir: "Yo ayudé, yo ayudé; no me pueden echar la culpa, yo hice parte de lo que ya era el plan de Dios". ¿Qué dijo Jesús? "El Hijo del Hombre va según se ha determinado", sí, "pero ¡ay de aquel hombre por quien él es entregado!". ¡Ay de aquel! Sí, es cierto, sí es parte del plan de Dios, pero tú eres culpable, tú eres responsable de tus actos. Lo que significa que Dios trabaja en y a través de decisiones reales de gente real.
Y eso es lo que leemos, por ejemplo, en Génesis 50, cuando estamos leyendo la historia de José, y él dice, versículo 20: "Ustedes quisieron hacerme mal, pero Dios lo tornó para bien". ¿Eran culpables los hermanos de José? Sí, eran culpables. Pero, ¿agarraron a Dios por sorpresa? No. Dios sabía exactamente qué es lo que estaba sucediendo.
Rechazar a Jesús es rechazar a Dios
Entonces, a ver, la esencia del crimen contra Jesús no era el terminar con Su vida física, y esto es lo que vamos a ver en el mensaje de Pedro. La esencia del crimen contra Jesús fue el rechazo de Dios en la vida de Jesús. Y eso creo que es lo que Pedro quiere que ellos entiendan. La diferencia entre el plan de Dios para crucificar a Jesús y el plan de Pilato para con Jesús es que Pilato estaba rechazando a Jesús como un farsante, y Dios estaba honrando a Jesús como el siervo de Dios y el Salvador del mundo.
Pedro les está diciendo: "Ustedes, judíos, que mataron a Jesús, al estar en contra de Jesús están en contra de Dios. Dicen que son religiosos"... Pero aquí están, es la fiesta de Pentecostés: "Ahí vamos, nuestra peregrinación hacia Jerusalén, como fieles judíos religiosos, obedientes de la ley". "Ustedes dicen que aman a Dios, y que alaban a Dios, y siguen a Dios". Pedro les dice: "Ustedes están en oposición a Dios; ustedes son anti-Dios".
Porque la prueba de si eres anti-Dios o no, no es si crees en Dios; no es si conoces a Dios, o amas a Dios, o sirves a Dios. Esa no es la prueba de si eres anti-Dios. La prueba de si eres anti-Dios es si atesoras y aceptas la confirmación, el atestiguamiento de Dios en la persona de Jesús. No puedes decir: "Creo en Dios, pero no creo en Jesús". No puedes hacerlo. Eso es lo que está diciendo Pedro: el rechazar a Jesús es rechazar a Dios.
Ahí está el problema con la mayoría de los judíos hoy: creen que siguen a Dios, creen que sirven a Dios, creen que son fieles a las leyes que Dios les dio, y, sin embargo, están en realidad en completa oposición a ese mismo Dios, porque están rechazando a Su Hijo. Lo que tú piensas de Jesús es lo que piensas de Dios. No te engañes, no te creas una ilusión de que puedes separar ambas cosas.
¿Sienten la fuerza de lo que está diciendo Pedro? O sea, ¿se sienten ustedes de este lado, judíos, escuchando lo que Pedro les está diciendo? Nuevamente, yo creo que si queremos ser políticamente correctos y amables en la manera en que hablamos, y si queremos que nuestras iglesias tengan más gente, no querríamos decir este tipo de cosas: "Ustedes son culpables, ustedes mataron a Jesús, es su pecado". Pero eso es exactamente lo que hace Pedro.
¿Quién era Jesús? Aprobado por Dios con señales
Entonces vamos a contestar esta pregunta ahora, porque creo que todo lo que viene está en relación a esta segunda pregunta. Número uno, ¿quién mató a Jesús? Ya vimos: fue Dios, en Su plan, en Su soberanía; pero también fuimos nosotros, pecadores que lo hemos rechazado, quienes lo matamos. Y esta pregunta de quién era Jesús se contesta con varias cosas que Pedro va a mostrar.
Una de ellas tiene que ver con las señales que hizo. Ahora nos regresamos al versículo 22. Dice: "Jesús nazareno, varón aprobado por Dios". Eso es lo que quiero... es muy importante, porque esto es Dios dando Su sello de aprobación sobre Jesús. ¿Cómo? Es lo que va a contestar Pedro. O sea, Dios dijo: "Sí, efectivamente, este es mi Hijo; sí, efectivamente, este es mi mensaje, el que está dando; sí, efectivamente, les está diciendo la verdad. Pero no nada más le crean: vean ciertas evidencias de que efectivamente yo estoy con Él".
Una de ellas es maravillas, prodigios y señales visibles entre ellos. O sea, este era el grupo de gente... no sé cuántos de los que están escuchando el sermón de Pedro, de hecho, sí habían visto a Jesús hacer estos milagros: alimentar multitudes, sanar enfermos. Todas estas cosas, ¿de qué se trataban? Sí, era que Jesús nos ama y quería mostrar Su compasión y Su amor a través de estos milagros. Pero había algo todavía más profundo que eso, que era mostrar que Él era realmente el Hijo de Dios, aprobado por Dios. Es una manera de vindicar Su mensaje de parte de Dios.
Y por eso es que Nicodemo, cuando se reunió con Jesús, se lo dijo muy específicamente. Juan 3:2: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces si Dios no está con él". Las señales decían algo acerca de la presencia del Padre con Él, acerca de que Él estaba aprobado por Dios. En Lucas 9:35 leemos acerca de una voz audible que salió de una nube, que decía: "Este es mi Hijo, mi escogido; a él oíd".
Entonces creo que Pedro quiere dejar claro que esta es la razón por la cual, cuando rechazan a Dios... perdón, cuando rechazan a Jesús, están rechazando a Dios. Porque Jesús era el Hijo de Dios, era el mensajero de Dios, era varón aprobado por Dios. Dios estaba diciendo una y otra vez, a través de diferentes maneras que vamos a seguir viendo, que el escucharlo a Él... que escuchar a Jesús era lo mismo que escucharlo a Él.
Era imposible que la muerte lo retuviera
La segunda cosa que vemos aquí es lo que dice el versículo: "Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella". Y vamos a ver... esto es superinteresante, porque el énfasis más fuerte a lo largo de Hechos, en el mensaje apostólico del Evangelio, está sobre la resurrección. Y acuérdense: habían pasado 40 días viendo a Jesús físicamente; estaban convencidos: "Sí, sí resucitó". Esto causó tal impacto en ellos que eso fue lo que transformó su manera de ver la realidad acerca del mensaje de Jesús. O sea, los llevó de ser unos cobardes a ser valientes; los llevó de no entender muchas cosas a entender muchas cosas acerca del mensaje de Jesús.
Acuérdense: a lo largo de los evangelios van a leer cosas como: "Bueno, Él decía eso y no entendíamos, hasta que resucitó; entonces nos acordamos de que dijo eso y dijimos: 'Ah, sí, es cierto'". Ya empezaron a conectar todas las cosas que Jesús les estaba diciendo y cómo podían realmente ser reales en sus vidas. Y dice Pedro aquí... Dios es el protagonista aquí, en todo este sermón. Dios lo levantó de los muertos. Dios entregó a Su Hijo para ser crucificado, pero también Dios lo levantó de los muertos, "sueltos los dolores de la muerte".
Literalmente, esta frase aquí es una frase que hace referencia a los dolores de parto. Y quiero que vean aquí la idea: "Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella". Todas las mujeres que han estado embarazadas alguna vez, ¿se han quedado permanentemente embarazadas? "Ya no... no salió, ni modo, tendré que tener este bebé dentro de mí para siempre". ¿Ha pasado eso alguna vez? No. La idea es que, una vez que empiezan los dolores de parto, es inevitable: ese bebé va a salir, sea como sea, pero va a salir. Y Pedro quiere que sintamos la fuerza de la inevitabilidad de la resurrección.
Es como si Satanás le hubiera dicho a la muerte: "A ver, muerte, tienes una tarea: mantén a Jesús muerto; esa es tu única tarea". Y Pedro está diciendo: "¿Saben qué? La muerte tenía una tarea imposible". No era posible, no había manera de que Jesús permaneciera muerto. ¿Por qué no? Número uno, porque Él era el mensajero de Dios; esto era parte del sello de Dios sobre Él. Si lo que Él estaba diciendo era verdad, entonces no podría permanecer muerto. Era una manera en la que Dios estaría diciendo: "Efectivamente, yo estoy con Él; por eso la muerte no lo puede vencer".
Una vida sin pecado
Pero, además, tenemos un asunto con la vida que Jesús vivió. ¿Jesús pecó alguna vez? No. Y leemos en las Escrituras que la muerte es el resultado, ¿de qué? Del pecado. Entonces leemos de Jesús aquí... esta es la cuestión: estamos lidiando con alguien que es sin pecado, y las Escrituras nos dicen que a través del pecado viene la muerte. Entonces, lo asombroso no es que alguien derrotara a la muerte, primeramente; lo asombroso es que alguien viviera una vida sin pecar. Por ahí empieza lo asombroso acerca de Jesús. Y si eso es verdad, entonces sería completamente injustificado moralmente, de parte de Dios, el permitir que un hombre sin pecado sufriera la condenación que fue asignada al...
¿Entienden? Ahí hay varias cosas que están pasando. ¿Por qué es que Jesús no podía ser sostenido por la muerte? Porque no tenía pecado, número uno. Número dos, porque tenía la aprobación de Dios, y esta era la manera de validar ese mensaje: "Sí, este es mi Hijo amado; sí, este es en el que tengo complacencia; sí, escúchenlo a Él, Él está diciendo la verdad. Cuando Él resucite, esa será mi máxima muestra de aprobación, de que estoy autenticando Su mensaje".
Estos aspectos acerca de la vida de Jesús son vitales, porque nos dicen quién era Jesús; empiezan a revelarnos algo acerca de quién era Él. Y su resurrección solo tiene sentido si tienes una idea muy específica de quién es Jesús. Si no, no tiene sentido; es más, es naturalmente imposible. Si Él fuera simplemente otro ser humano, eso no puede suceder.
David Hume argumentaba en contra de los milagros de la Biblia sobre la base de las probabilidades. Y él decía que las probabilidades en contra de una resurrección real siempre serían mayores a la probabilidad de una resurrección real. Bueno, si consideramos que todas las personas son iguales, entonces Hume estaba en lo correcto. Pero no todas las personas son iguales: aquí estamos lidiando con Aquel que es sin pecado, y las Escrituras nos dicen que Él era el Hijo de Dios. No era un ángel, no era nada más una persona más: era el ungido de Dios, concebido sin pecado, que revelaría la voluntad y la verdad de Dios a través de Su vida.
La importancia de la resurrección
Ahora, ya hemos mencionado este punto, pero quiero que lo sientan; quiero que sientan la fuerza de la importancia de la resurrección. Pablo dijo en 1 Corintios 15:17 que si Cristo no ha resucitado, entonces, ¿qué pasa con nuestra fe? Es vana, y todavía estamos en nuestros pecados. De todas las personas de todas las religiones del mundo, nosotros somos los más dependientes de los hechos históricos de la vida de Jesús. No hay nadie que tenga más dependencia de eso.
Porque ya lo había dicho antes: o sea, muchas religiones, la mayoría de las religiones, podrían existir sin su fundador, o sin los hechos históricos de su fundador como persona. Simplemente con comunicar las puras ideas que ellos enseñaban sería suficiente para tener la religión. O sea: "Tú cree lo mismo que él creía, y estás dentro de su filosofía, su manera de pensar". Pero con Cristo es muy diferente. O sea, no es nada más lo que Él decía; es quién era. Y estamos completamente dependientes de eso para la veracidad de nuestra fe.
Si Jesús no resucitó realmente, entonces, la verdad, esto es, al final, una pérdida de tiempo; al final, nuestra esperanza es vana. Si Él no resucitó, nosotros tampoco resucitaremos. Si Él no resucitó, entonces Él realmente no puede perdonar nuestros pecados, no podemos ser reconciliados con Dios, y entonces tenemos nuestra fe y nuestra confianza en algo ilusorio.
Pero, de todas las religiones, el cristianismo es la que más exalta a Cristo, la que más pone Su nombre en alto, la que más peso le da a Su persona. Ah, los musulmanes creen en Jesús, pero solamente creen que fue otro profeta. Los mormones creen en Jesús, pero, en realidad, al final, si analizas bien lo que creen, Jesús era hermano de Satanás, y estaban ahí como al mismo nivel. Y en realidad tú y yo podemos, en realidad, obtener lo mismo que tuvo Jesús, y tener como la misma posición, el mismo valor que tenía Jesús. Pero nosotros ponemos a Jesús en una categoría completamente diferente. Inclusive, les voy a decir, hasta el catolicismo pone a Jesús en otro nivel, porque creo que tiene mucha competencia dentro de la iglesia. Y nosotros decimos: aquí está Cristo, es todo, es el centro, es Su vida; con Él estamos parados o caemos. Todo se basa en Él y en el hecho de que esté vivo. Todas las demás religiones, sus líderes están en la tumba. Y eso lo va a hacer... no lo dice Pedro exactamente, pero lo va a decir en un momento.
El testimonio de David: Salmo 16
Dice: "Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, y aun mi carne descansará en esperanza; porque no dejarás mi alma en el Hades, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia". Aquí Pedro está viendo este Salmo 16, versículos 8 al 11, y está viendo la perspectiva de David con respecto a la presencia de Dios en su vida y con respecto a las promesas de Dios en su vida, y cómo David podía ver hacia el futuro y darse cuenta de que Dios iba a hacer algo en su linaje. No sabía bien qué o cómo, pero iba a hacer algo.
Y eso es lo siguiente que quiero que vean: ¿quién era Jesús? Era el Mesías, descendiente de David, el Cristo. Vamos a verlo en un momento. Dice: "Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos".
Aquí está la explicación de Pedro del Salmo 16. Dice: "A ver, si ustedes creen que el Salmo 16 solo se aplica a David, que nada más está pensando en él...". No: "No dejarás mi alma en el Hades, no permitirás que tu Santo vea corrupción". Si piensas que es David, pues Dios falló en realidad para cumplir esa promesa. ¿Por qué? El Hades aquí es la tumba, y ellos sabían bien que el cuerpo se descomponía, veía corrupción en la tumba. Y dice Pedro: "A ver, si ustedes quieren encontrar la tumba de David, pueden encontrar la tumba de David; saben dónde lo enterraron". Nadie cree que David nunca murió, si el cumplimiento era en David.
Pero el cumplimiento no era en David; el cumplimiento era en su descendencia. Su descendencia, alguien que Dios le había prometido a David, más adelante en el camino, sería quien vería y experimentaría el cumplimiento real de estas cosas. Entonces Pedro lo aplica a Jesús. Dice: "Por eso es que resucitó; fue predicho por David mismo". Y David no era nada más rey de Israel; era profeta. Estaba viendo cosas, hablando de cosas que iban a pasar; él no entendía exactamente cómo, pero iban a suceder.
Y si ven más adelante algo más que escribió Pedro, en 1 Pedro 1:10, él dijo acerca de esta salvación: "Los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a vosotros, diligentemente inquirieron e indagaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían. A ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos, sino a vosotros, en estas cosas que ahora os han sido anunciadas mediante los que os predicaron el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas a las cuales los ángeles anhelan mirar".
El pacto davídico
Entonces aquí está: David profetizó acerca de una verdad que tenía que ver con nosotros hoy, "sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono". Y si leen 2 Samuel 7, van a encontrar algo muy interesante, porque este es el pacto davídico. Los que están en Panorama del Antiguo Testamento ya vieron esto, ¿no?: el pacto davídico. Y es esta promesa que Dios le hace a David. David quiere construir el templo, pero Dios no le permite construir el templo; pero le dice: "Mira, tengo una promesa muy especial para ti, y es en relación a tu descendencia: tu descendiente estará en el trono para siempre; su reinado no tendrá fin". ¿Quién cumplió eso?
Y es interesante, porque habla de: "Ah, pero si se rebelan, si pecan, entonces ya no". Bueno, Jesús cumple en ambos sentidos. O sea, Jesús fue el hombre perfecto, sin pecado, que podía, de hecho, cumplir perfectamente el pacto davídico: sin pecado, sin fallar en la ley de Dios, y con un reinado permanente.
Nosotros somos testigos
Después seguimos leyendo, y dice: "A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos". Aquí es una referencia, nuevamente, a estos 40 días que Jesús estuvo entre Sus discípulos y apóstoles, caminando, comiendo, haciendo todas estas cosas. Ellos lo habían visto. Muchas de las personas que están ahí escuchando el sermón de Pedro lo han visto. Inclusive algunos de la audiencia que están escuchando habrían sido el tipo de personas que habrían podido corroborar esta información con alguien que conocían: "Oye, ¿sí, sí resucitó Jesús? ¿Tú lo viste?". "No, no, yo no lo he visto, pero sí conozco a alguien que sí lo vio, y dice que lo vio".
O sea, acuérdense: 50 días después de la resurrección está sucediendo esto; 50 días, ni siquiera dos meses después. Esto estaba fresco, no nada más en las mentes de los apóstoles y en su experiencia, sino en todo el pueblo judío. O sea, ellos acababan de escuchar y de saber acerca de toda esta conmoción, de este líder que había estado sanando gente y todo, y los romanos se habían enojado con Él, lo habían crucificado. La gente había escuchado acerca de esto; estaba fresco, y había evidencias tangibles e históricas de lo que Pedro les estaba diciendo. Aquí está haciendo referencia a eso: "Nosotros somos testigos; pregúntenos, si quieren".
Sentado a la diestra: Salmo 110
Y ahora él dice lo siguiente, versículo 33: "Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies". Este salmo, el Salmo 110, es el más citado del Nuevo Testamento.
En Mateo 22 leemos cómo Jesús lo usó. Ahí fueron a hablar con Él, a cuestionar Su autoridad como el Mesías, básicamente. Y la manera en que Jesús responde, Mateo 22:41: Él les pregunta: "¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo?". Y ellos, sin dudar, dicen: "De David". Él les dijo: "¿Pues cómo David en el Espíritu le llama Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su hijo?". Dice: "Y nadie le podía responder palabra; ni osó alguno desde aquel día preguntarle más".
Había un sentido, para los judíos, en el cual el descendiente era... en este caso David, al que le fue dada la promesa. O sea, ¿cómo iba a ser su descendencia, o su descendiente, mayor que él? Sin embargo, en este salmo, en el Salmo 110... Así es, efectivamente. David dice: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra". O sea, es a alguien por encima de David a quien está haciendo referencia, y es su Señor. Y las palabras originales son: dijo Yah, Jehová, a mi Señor —kyrios en griego, Adonai—, que era la palabra que usaban los judíos para hablar de Dios: "Siéntate a mi diestra". ¿Quién es el Señor de David? ¿Quién? Dios es el Señor de David. No tenía muchos señores, es uno: es Dios mismo, personificado, ¿en quién? En Jesús. Por lo cual tenemos algunas de las declaraciones más específicas acerca de la deidad de Jesús aquí. Él es el Señor de David, Señor con mayúscula; ahí está en sus Biblias, ¿no?, con mayúscula: "Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies".
La aprobación de Dios
Ahora, estamos viendo esto: es donde empezó Pedro. Dijo: "Varón aprobado por Dios". ¿Cómo lo aprobó Dios? Con señales, prodigios, maravillas; entregándolo para ser crucificado —esa era la aprobación de Dios, sí, porque era el único capaz de morir por toda la humanidad—; resucitándolo de la muerte para mostrar que la muerte no podía vencerlo, y que efectivamente el mensaje de vida y resurrección que Jesús había estado diciendo durante Su ministerio era el mismo mensaje de Dios; al mostrar cómo las profecías del Antiguo Testamento estaban apuntando hacia Él y se cumplían en Él.
Y en el versículo leemos el último punto de cómo Dios está aprobando el ministerio y el mensaje de Jesús: "Exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo". Entonces eso es parte del cumplimiento del Salmo 110: Dios diciéndole a Jesús: "Siéntate a mi diestra, y yo te voy a poner en autoridad sobre todos tus enemigos". Filipenses 2, Filipenses 2, versículo 9: "Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es" —kyrios— "el Señor, para gloria de Dios Padre".
Entonces aquí tenemos el cumplimiento, en la vida de Jesús, de la profecía del Salmo 110 de David con respecto a su descendencia: el Señor de David sentándose a la diestra de Dios, puesto en autoridad cósmica como Señor de señores. Ese es el título otorgado a Jesús. Y no hay manera de hablar tanto acerca de la supremacía de Cristo, si Él no es Dios, y no cometer blasfemia contra Dios, porque este tipo de autoridad, este tipo de gloria, de honra, de reconocimiento, solamente le corresponde a Dios.
Así que, si Jesús no es Dios, Pedro no debería de estar diciendo estas cosas, no debería de ponerlo al centro. Debería estar diciendo: "Bueno, sí, Jesús ahí era un mensajero, pero se trata del Padre nada más, se trata de Jehová nada más. No, no, a Jesús aquí no le hagan demasiado caso, no lo pongan tan arriba tampoco", como dirían los Testigos de Jehová: "Enfatizamos a Jesús demasiado". Híjole. "Sí, sí, Jesús, pero no, es el Padre". ¿Eso hacen los apóstoles? No: están poniendo a la par a Jesús y a Dios el Padre en toda esta obra redentora de la humanidad, de tal manera que ambos son glorificados en lo que está sucediendo en la historia, en lo que están contemplando y en lo que están proclamando.
Sepa, pues, ciertísimo
Y es por eso que Pedro dice: "Sepa, pues" —me encanta esta palabra, deberíamos usarla más seguido— "ciertísimo". Ciertísimo. O sea: no sé cómo enfatizar más la seguridad de lo que les estoy diciendo, la importancia de lo que les estoy diciendo. "Toda la casa de Israel..." —¿ya se les olvidó quién lo mató?— "...a quien vosotros crucificasteis". Jesús. De Él estoy hablando: ustedes son culpables; ustedes, en su pecado, lo crucificaron; en su rechazo a Jesús como el Mesías, como el mensajero de Dios, lo crucificaron. "Este es del que estoy hablando, del que fue aprobado por Dios, del que, si ustedes lo rechazan, están rechazando a Dios. No tengan duda de lo que les estoy diciendo".
Este es el mensaje del Evangelio: que Jesús efectivamente es el Hijo de Dios, Aquel que cumplió las profecías del Mesías y que cargó con el pecado del mundo; todo eso fue corroborado por Su resurrección. Y dice Pedro: "Dios le ha hecho Señor y Cristo". ¿Cuál es la conclusión de Pedro? "Estoy hablando de su única esperanza, porque su única esperanza ya vino; así que dejen de ignorarlo". A este Jesús no lo puedes ignorar. Tienes que decidir qué crees con respecto a Él. No es: "Bueno, sí, buena persona, me cae bien; algunas cosas me gustan, otras no". No puedes hacer eso con Él. Es todo o nada: o lo aceptas con todo tu corazón o lo rechazas con todo tu corazón.
Porque el mensaje principal que Él vino a dar, con respecto al perdón de los pecados, no es un mensaje a medias; no es un mensaje que se pueda tomar a medias. Jesús dice: "Miren, si me aman, guardarán mis mandamientos. Si me aman, escucharán todas las palabras que yo les estoy diciendo. Y si me aman, verán lo que yo voy a hacer por ustedes en la cruz como la única esperanza para sus vidas". Así es; ese es el mensaje, y eso es lo que está proclamando Pedro aquí a esta multitud de personas, diciéndoles de qué se trataba realmente el día de Pentecostés.
O sea, nos distraemos y decimos: "Pentecostés... ay, las lenguas", y es lo primero que viene a nuestras mentes. Pero nadie fue convertido porque hablaron en lenguas. Vamos a verlo el próximo domingo: algo pasó después de que Pedro dio este mensaje, y la conversión fue por la proclamación específica y clara de quién era Jesús y qué es lo que había venido a hacer. Ese es el mensaje del Evangelio que nosotros también proclamamos hoy.
¿Quién era Jesús?
¿Quién era Jesús? Estaba pensando en esto anoche. ¿Y quién era Jesús? ¿Cuántas cosas sabemos acerca de Él que ponen una perspectiva correcta, históricamente, con respecto a qué tan importante realmente fue Su vida para nosotros? Él fue el hombre que dividió la historia en dos; que dijo que era el Hijo de Dios; que sanó a los enfermos; que calmó las tormentas; que alimentó a los hambrientos; que consoló a los débiles; que reprendió a los orgullosos; que amó a los niños; que advirtió de juicio y condenación a los impíos; que prometió perdón a los arrepentidos; que predijo Su muerte y Su resurrección; que prometió Su segunda venida para gobernar; que dio Su Espíritu Santo y poder; que cumplió todas las profecías.
La roca en la cual estamos parados, el Buen Pastor, la puerta, la vid, el camino, la verdad, la vida; el que es eterno, el juez final, el Creador, el gobernador, el amante de nuestras almas, nuestro Salvador, nuestra justicia, nuestro abogado delante del Padre; el único que es digno, de quien son todas las cosas y para quien son todas las cosas; Dios mismo entre nosotros; el tabernáculo, el sumo sacerdote, el sacrificio, el Cordero de Dios, el Anciano de días, el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el segundo Adán, la resurrección y la vida, el agua y el pan de vida; el verdadero y final gobernador del trono de David, el siervo sufriente, Señor de señores, Rey de reyes, Consejero, Padre eterno, Príncipe de paz, consolador, autor y consumador de nuestra fe, la única esperanza para la humanidad, el fundamento y el futuro de la iglesia. Dios le ha hecho Señor y Cristo.
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