Gracia sin fruto
¿Por qué mi vida cristiana no da fruto? Isaías 5 compara a Israel con una viña que Dios cuidó con esmero y que solo dio uvas silvestres, y expone seis ayes que estorban el fruto: avaricia, exceso, menosprecio de Dios, verdad relativa, falsa sabiduría y corrupción. El mensaje contrasta la gracia recibida en vano con la gracia que sí transforma el corazón.
Transcripción
La viña que no dio fruto
Vamos a estar viendo el capítulo 5 de Isaías, y sigue desarrollándose toda esta manera en la cual, a través de Isaías, está siendo anunciado el juicio de Dios sobre su pueblo. Entonces, todos los capítulos que hemos visto hasta ahorita, hemos estado viendo ese énfasis acerca del pecado del pueblo, y señalando el pecado de una manera muy específica, diciendo cuáles son estos pecados que Dios observa en el pueblo, que ahora está juzgando. Ahora está mostrándoles cuáles son las consecuencias, y que a través de su juicio va a venir purificación y arrepentimiento también, para el remanente, para aquellos que Dios tiene en sus manos con el propósito de mantener su gracia y su misericordia como una realidad vigente. Nunca, nunca, desde que existe la humanidad, ha habido una época en la cual no haya este remanente que experimenta la gracia de Dios; siempre Dios tiene un remanente, siempre Dios tiene gente que está reconociendo su pecado delante de Él, arrepintiéndose y experimentando su perdón y su gracia.
Pero en el pasaje que vamos a ver hoy hay un contraste muy importante que se va a dar, que es este contraste entre la gracia que Dios derrama —y, a grandes rasgos, podemos ver y entendemos que existe la gracia común, es decir, toda la humanidad, de una manera u otra, recibe bendiciones de la gracia de Dios— y entonces esta gracia que es derramada de parte de Dios, a veces —y este va a ser el caso aquí— no produce arrepentimiento y no produce frutos.
Entonces vean lo que dice, versículos 1 al 7: "ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña" —se empieza como una poesía romántica—. "Tenía mi amado una viña en una ladera fértil. La había cercado y despedregado y plantado de vides escogidas; había edificado en medio de ella una torre, y hecho también en ella un lagar; y esperaba que diese uvas, y dio uvas silvestres. Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres? Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada. Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerán el cardo y los espinos; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella. Ciertamente la viña de Jehová de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya. Esperaba juicio, y he aquí vileza; justicia, y he aquí clamor".
Entonces, aquí está esta idea: esta es esta viña plantada por Dios, cuidada por Dios, cuidadosamente cuidada, y que está recibiendo todas las bendiciones de Dios como el labrador de la viña. Y sin embargo, al final, ¿qué tipo de uvas son las que da? Silvestres, uvas agrias, uvas agraces.
Gracia recibida en vano
Entonces hay una advertencia en la Biblia; 2 Corintios 6, versículo 1, pueden leer esta advertencia, dice: "y como colaboradores con él, también les exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios". Entonces la advertencia de Pablo: no reciban la gracia de Dios de una manera vana. Entonces, ¿es posible recibir la gracia de Dios en vano? Sí. Y este es uno de esos ejemplos que nos va a mostrar cómo se ve cuando recibimos la gracia de Dios en vano, lo cual significa que gracia sin verdadera transformación es gracia vana.
Lo que estamos viendo aquí es que no hay fruto, que es el tipo de fruto que Dios quiere que tengan; y entonces no hay transformación. Eso significa que no está teniendo un efecto en sus vidas: siguen igual. Entonces viene el juicio de Dios, y esto es lo que es llamado en la Biblia gracia vana; es todo el juicio que viene aquí.
Y pueden ver aquí en el versículo 7 hay muchas cosas muy interesantes sobre esto, porque es poético. Pero, otra vez, primero el versículo 3: otra vez, como en el capítulo 1, tiene este lenguaje de una corte de ley, con un juez, alguien que está siendo acusado, y Dios llamando a que juzguen. Y el juicio es: "júzguenme a mí, ¿hice yo lo que necesito hacer?; juzguen a mi pueblo: no está dando frutos". Entonces el juez está preguntando: ¿quién es responsable aquí?, ¿quién es culpable? Esa es la pregunta que se está haciendo.
Y vean, ahí hay un juego de palabras en el versículo 7 que es muy interesante, que no pueden ver en español, pero en el hebreo lo pueden escuchar: "esperaba juicio", que es la palabra "mishpat" —no sé si lo pronuncio bien, porque no soy experto en hebreo—, "esperaba mishpat, y he aquí mispaj". Entonces, dos palabras que son contrarias, o que tienen un significado muy diferente, pero suenan muy parecido. "Justicia", que es "tsedaqah", "y he aquí clamor", "tse'aqah". Pueden escuchar en el hebreo, pueden escuchar claramente que simplemente es un juego de palabras que está usando Isaías para mostrar la ironía y el contraste entre lo que Dios espera de ellos y, sin embargo, el resultado que se está produciendo, que no es nada como lo que Dios quería que fuera para su pueblo.
Entonces, ¿cuál es la consecuencia? La destrucción de la viña, el juicio de Dios. Mateo 15:13 habla acerca de esto: "toda planta que mi Padre celestial no haya plantado, será desarraigada".
Las plantas de mi esposa
Entonces, esta imagen de viña es una imagen muy común en toda la Biblia, en donde las plantas representan el tipo de cosas que Dios hace con nosotros. A mi esposa le encantan las plantas, y eso es lo que más puedo hacer para mostrarle mi amor: es llevarla a comprar plantas. Entonces siempre está leyendo, y analizando, y estudiando cómo cuidar ciertas plantas, y cómo hacer que ciertas plantas den fruto.
Y una de las frustraciones más grandes —y todos aquí, Osvaldo y Gabi saben bien esto también—, una de las frustraciones más grandes es tratar de mantener una planta viva, y que la riegues, y que la cuides, y que aun así se muera; o que no dé flores, o que no dé fruta si es una planta frutal, porque eso es lo que queremos de una planta, ¿no? Y hacemos todo lo que podemos para que tenga las condiciones ideales: ¿es una planta de sombra?, ¿es una planta de sol?, ¿es una planta que tienes que regar todos los días?, ¿es nada más una planta que tienes que regar de vez en cuando? Yo tengo un pequeño cactus ahí en mi estudio que riego cada… no sé cuándo, a lo mejor cada año, y sigue viviendo. Entonces se los recomiendo: si son distraídos como yo y necesitan algo de bajo mantenimiento, compren un cactus.
Esta es toda la imagen que está siendo desarrollada en el pasaje. Y Dios —y aquí esto es muy interesante— Dios es el que está regando, el que está cuidando, el que está haciendo la labor.
¿Por qué no das fruto?
Vean todo lo que implica este pasaje acerca de nosotros, y el juicio es sobre nosotros. ¿Cuál es la pregunta? ¿Por qué no das fruto?, ¿por qué no hay fruto en tu vida?, ¿qué es lo que te está deteniendo de dar fruto, el tipo de fruto que Dios espera?
Y es que la verdad es que todos nosotros tenemos muchas excusas para nuestra falta de frutos. Muchos de nosotros pensamos que, por las circunstancias en nuestras vidas, tenemos un pretexto para no dar fruto: "es que, Señor, si tú supieras todas las cosas por las que yo he pasado, y estas tribulaciones tan difíciles por las que he estado pasando en mi vida, tú sabrías por qué ahorita no puedo dar fruto; tú sabrías por qué ahorita no te puedo servir como debería de servirte".
Entonces, constantemente estamos justificando nosotros la razón por la cual en nuestras vidas no se ve la clase de impacto que Dios quiere que tengamos para el reino de Dios. Pero, ¿saben qué es lo que estamos haciendo cuando somos como el pueblo de Israel y cuando empezamos a justificarnos: "es que tú no sabes, Señor; es que yo soy víctima; es que a mí es a quien otros deberían de servir, no yo a ellos, porque el necesitado soy yo, ¿cómo voy a servir yo?"? Nos empezamos a justificar, a pensar que nuestra condición realmente nos excusa delante de Dios para no dar fruto.
Pero aquí la confrontación es muy clara: no puedes criticar a Dios al implicar que no ha hecho suficiente. Y cada vez que nosotros pensamos que tenemos una buena razón para ahorita no dar fruto en nuestras vidas, estamos acusando a Dios directamente: "tú, Señor, el labrador, no has hecho lo suficiente para cuidarme a mí, tu plantita; por eso me estoy muriendo, por eso no estoy dando fruto, por eso no estoy generando lo que debería de generar".
No hay pretexto: Dios ya hizo la obra
Pero, ¿qué dice 2 Pedro 1, versículo 3? "Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad". No lo tengo aquí, perdón, no lo había puesto en la presentación; pero es 2 Pedro 1, del versículo 3: "su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. Por ellas él nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que ustedes lleguen a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de los malos deseos. Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadan a su fe virtud, y a la virtud conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, perseverancia; a la perseverancia, piedad; a la piedad, fraternidad; a la fraternidad, amor. Pues estas virtudes, al estar en ustedes y al abundar, no los dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo; porque el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados. Así que, hermanos, sean cada vez más diligentes para hacer firmes su llamado y elección de parte de Dios; porque mientras hagan estas cosas nunca caerán. De esta manera les será concedida ampliamente la entrada al reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo".
No hay pretexto: Dios ha hecho la obra, tenemos todo lo que necesitamos a nuestra disposición para dar fruto. "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús". Y así como termina el capítulo 8 de Romanos, dice —y esto es lo que leíamos hoy en la mañana—: o sea, puede haber tribulación, persecución, desnudez, peligro, espada, principados, potestades, lo presente, lo futuro… ¿qué nos puede separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús? Nada, ninguna cosa creada nos puede separar del amor que es en Cristo Jesús, Señor nuestro; por lo tanto, sabemos que somos más que vencedores por medio de aquel que nos ama. Ahí está: esa es la realidad que tú y yo tenemos en nuestras vidas, si hemos conocido la gracia salvadora de Cristo.
Y el fruto no es opcional, no es algo que puedes decidir si lo vas a hacer o no: "bueno, ya soy salvo, ahora no sé si quiero realmente servir a Dios con mi vida; voy a ir a la iglesia, pero voy a limitar mi participación en la iglesia al máximo". ¿Por qué? "Porque tengo demasiados otros problemas en mi vida; entonces, ¿cómo me voy a ocupar de otros si no puedo ni preocuparme de mí mismo?". Estas son todas las cosas que empiezan a pasar por nuestra mente y que forman parte del juicio que Dios está haciendo sobre nosotros: "juzguen, juzguen entre mí y mi viña; ¿qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?". ¿Tenemos pretexto para no dar fruto?
Seis veces "¡ay!"
Bueno, vamos a ser honestos sobre nuestras debilidades, porque aquí vienen las razones. En este capítulo vienen las razones por las cuales no damos frutos, y cómo se ve una viña que no da fruto. Van a venir seis en los siguientes versículos, que es un "¡ay!". "¡Ay!", no… al estómago, y si me presionaba así, me dolía; eso es cierto, no lo estoy… Entonces es una expresión de lamento, ¿no?, y de tristeza, y de alerta sobre la situación que estamos viviendo. El "¡ay!" es lo contrario de "bienaventurado", ¿no?: de este lado tenemos un "¡ay!", de este lado tenemos un "bienaventurado".
Entonces, aquí vamos a ver cuáles son estos "¡ay!" de los que está hablando. Versículo 8: "¡ay de los que juntan casa a casa, y añaden heredad a heredad hasta ocuparlo todo! ¿Habitaréis vosotros solos en medio de la tierra? Ha llegado a mis oídos de parte de Jehová de los ejércitos que las muchas casas han de quedar asoladas, sin morador las grandes y hermosas. Y diez yugadas de viña producirán un bato, y un homer de semilla producirá un efa".
¿Qué está pasando aquí? Bueno, Levítico 25: Dios les había dado la tierra, y esta tierra era para todos, y tenían que irla heredando generación tras generación, para que no quedara nadie sin algo de propiedad, o algo, donde pudieran vivir. Y en el tiempo en el que está juzgando Dios, parece ser que están acaparando estas propiedades para sí mismos, y no están tomando en cuenta que la tierra es un regalo de Dios: Él es el que se las ha dado, y no es para ellos nada más, para apropiárselas ellos solos, sino para pensar en los demás. Y entonces no están dando el fruto que deberían de tener.
Diez yugadas son como cuatro hectáreas de viña, y producirán un bato, que son como ocho galones. Imagínense: entonces no se está viendo el tipo de fruto que debería de haber para la cantidad de tierra que es. Ese es el juicio de Dios, para mostrarles la desproporción entre la gracia derramada de Dios y el fruto que ellos están teniendo. Entonces, físicamente pueden ver el poco fruto que produce tanta tierra, así como el poco fruto que ellos producen teniendo tanta gracia de parte de Dios en sus vidas.
El "¡ay!" del exceso
Después, versículo 11, el segundo "¡ay!", dice: "¡ay de los que se levantan de mañana para seguir la embriaguez; que se están hasta la noche, hasta que el vino los enciende! Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas y vino, y no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos".
Es un "¡ay!" en contra del exceso, en contra de la manera en la cual las buenas cosas que Dios nos da se pueden convertir en cosas malas cuando se convierten en un fin. Y entonces, si tú estás viviendo para… ¿para qué estás viviendo? ¿Es la pura pachanga? ¿No, su vida es la fiesta, es "vamos a celebrar, y voy a trabajar toda la semana nada más para que llegue el viernes y ya pueda salir con mis amigos, y nos vamos al antro, y nos vamos a un bar, o nos vamos a cualquier lugar, pero el chiste es que de eso se trata, eso es mi descanso, ese es el final del día"? ¿Qué más hay?
Y como estaba leyendo eso, pensaba: solo tienes que darte una vuelta el fin de semana en algunas de las colonias, y en unas zonas muy específicas, para darte cuenta de que esto es para lo que vive mucha gente: para tomar un poco o mucho, música, baile, fiestas.
¿Y qué pasa? Dice aquí: "y no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos". Esas son cosas buenas; las cosas que ellos están disfrutando son cosas buenas. Pero el exceso, y la manera en que ellos ponen su felicidad en esas cosas, los ciega ante la realidad de que esos son regalos de Dios que están diseñados para apuntarnos hacia Dios. Tú recibes cosas buenas de Dios: te gusta la música, te gusta la comida, te gusta el sexo —casados—; son regalos de Dios que están diseñados para apuntarnos hacia Dios. Si no hacen eso, entonces se han convertido en ídolos, se han convertido en una distracción. "Señor, tú me diste esto; entonces, si me gusta esto que me has dado, cuánto mejor tendrías que ser tú, el dador de eso". Qué tragedia, ¿no?, que tanta gente en este mundo disfrute tantas cosas buenas que Dios les da sin pensar ni un solo segundo en Él: "¿Dios? No sé; pero aquí están estas cosas que me encantan".
Hambre y sed: el juicio que humilla
Número 3, y quiero mostrarles también los versículos 13 y 14; aquí hay un contraste muy interesante, porque entonces ahora el juicio de Dios tiene que ver, irónicamente —estas personas a las que les gusta tomar—, tiene que ver con quitarles eso. A ver, lo que dice el versículo 13: "por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento; y su gloria pereció de hambre". O sea, esta gente que se complace en comer tanto: les va a mostrar que en realidad están vacíos, que nunca se van a llenar y que van a seguir con hambre. "Y su multitud se secó de sed": les encanta tomar, pero van a tener sed. "Por eso ensanchó su interior el Seol, y sin medida extendió su boca; y allá descenderá la gloria de ellos, y su multitud, y su fausto, y el que en él se regocijaba". Es como estar muerto vivir solamente para cosas temporales.
"Y el hombre será humillado, y el varón será abatido, y serán bajados los ojos de los altivos. Pero Jehová de los ejércitos será exaltado en juicio, y el Dios santo será santificado con justicia. Y los corderos serán apacentados según su costumbre; y extraños devorarán los campos desolados de los ricos".
Entonces, aquí pueden ver que Dios está juzgándolos: recuerden, son avariciosos, quieren tener más posesiones, más tierras. Dios va a desolar estas tierras, sus campos, para que no produzcan frutos; les va a dar hambre, les va a dar sed. ¿Por qué? Porque el propósito de Dios es humillar la gloria y el orgullo del hombre. Eso es lo que Dios quiere hacer cuando empieza a ver que nuestra autopercepción es una ilusión acerca de qué tan grandiosos somos: Dios amorosamente nos muestra qué tan equivocados estamos al pensar que somos la gran cosa.
El "¡ay!" de los que arrastran su pecado
Tercero, el versículo 18: "¡ay de los que traen la iniquidad con cuerdas de vanidad —con cuerdas de falsedad, de engaño—, y el pecado como con coyundas de carreta; los cuales dicen: venga ya, apresúrese su obra, y veamos; acérquese, y venga el consejo del Santo de Israel, para que lo sepamos!".
Entonces, ahí van, prefiriendo el peso y el yugo del pecado sobre sus espaldas, como animales cargando carretas: "aquí va mi pecado", y lo van cargando. Y en el proceso se burlan de Dios, dicen: "a ver, Señor, cumple tus promesas, haz lo que dices que vas a hacer; yo aquí estoy bien con lo mío, yo quiero ver si tú de veras eres la clase de Dios que dices que eres". Y retan a Dios constantemente, se burlan de Dios y de sus promesas al retarlo.
¿Por qué es el pecado como cargar una carreta? O sea, el pecado nos miente, ¿no?, el pecado nos miente, nos engaña acerca de lo que realmente produce. Nosotros, lo que pensamos que nos va a traer felicidad, en realidad es una carga: se convierte en una carga. En el momento parece que nos va a traer un poco de felicidad, y por eso tenemos el pecado, por eso ahí vamos cargando esta carreta; pero en la realidad nos esclaviza más.
El "¡ay!" de invertir el bien y el mal
Siguiente "¡ay!", versículo 20: "¡ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!".
¿No es interesante esta muestra del problema que tiene Israel delante de Dios? ¿Cuál es la esencia del pecado?, ¿cuál es la definición de pecado? Invertir las cosas: decir "Dios dice que esto es bueno, pero yo digo que es malo; y Dios dice que es malo, pero yo digo que es bueno". Esa es la esencia del pecado; eso es en realidad lo que está sucediendo cada vez que nos rebelamos contra Dios y contra su ley: estamos cambiando definiciones. "Dios dice que solamente un hombre se puede casar con una mujer; ¿qué clase de reglas son esas? Amor es amor; no puede ser malo que un hombre esté con un hombre, o una mujer que esté con una mujer". ¿Quién dice? Dios dice. Pero ahora, en nuestra sociedad, entonces ahora llamamos bueno a lo que Dios llama malo. Esa es la esencia de cómo funciona esta transacción.
Y entonces nosotros definimos la moralidad que nos rodea: nosotros somos los que decimos qué es lo que es correcto y qué es lo que es incorrecto. Y entonces nuestra moralidad, completamente subjetiva, está basada en lo que queremos, y en lo que yo quiero para mi vida, y entonces yo voy a decidir si lo acepto o no; nadie me puede decir si estoy en lo correcto o estoy equivocado, yo decido esas cosas. Esta clase de verdad relativa nos muestra la esencia de lo que está siendo criticado aquí por Dios: ustedes no pueden ver la realidad como realmente es; por eso llaman a lo amargo dulce y a lo dulce amargo, la luz la confunden con tinieblas, están completamente confundidos acerca de la realidad que los rodea.
El "¡ay!" de la falsa sabiduría
Y el versículo 21 nos muestra una falsa sabiduría: "¡ay de los sabios en sus propios ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!". Entonces, ¿qué tenemos aquí? Humanismo: el hombre piensa que siempre está en lo correcto, y que él puede determinar y entender cómo son las cosas. Y pensamos —y esto es cierto—, pensamos que somos tan inteligentes; ¿no es la jactancia de nuestro mundo hoy jactarnos de nuestros logros y de nuestras cosas que estamos haciendo, especialmente cuando se trata del gobierno y en un ambiente político, y pensar que nosotros realmente tenemos la solución y que nosotros sabemos cómo se tienen que hacer las cosas?
Y basta abrir Facebook por un ratito para darte cuenta de que eso es lo que todos creen: que ellos sí entienden cómo son las cosas, todos los demás están equivocados, "pero yo sí puedo decirles cómo es en realidad". Esa es la naturaleza de las redes sociales: nuestra suprema opinión, burlarnos de todos los que no están de acuerdo con nosotros, tratar de humillar a los que tienen una postura diferente, y ponernos a nosotros mismos como el clímax de la sabiduría humana. Entonces, no necesitas las redes sociales para que esto se vea: ya se veía en este tiempo este mismo tipo de actitudes.
Y el último "¡ay!" que tenemos… Bueno, quiero leerles, antes de ir al último "¡ay!", Salmo 111:10: "el principio de la sabiduría es el temor del Señor; buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos; su alabanza permanece para siempre".
Vean lo que dijo Martyn Lloyd-Jones. Dice: "el pecado es muy astuto, siempre saca sus razones, sus argumentos; el pecado nos conoce, también sabe que nos gusta pensar sobre nosotros mismos como personas altamente inteligentes. Así que no solo nos dice 'haz esto', nos da razones para hacerlo, y aparentan ser tan maravillosas; pero todo el punto es que en realidad son engañosas: esas razones están vacías y son necias, el razonamiento siempre es falso razonamiento, los argumentos siempre están equivocados".
Eso es lo que hace el pecado en nuestras vidas: trata de darnos una manera de razonar las cosas, para justificarlas, para pensar que estamos bien en lo que estamos haciendo. Y esto es exactamente lo que estaba pasando con Israel.
El "¡ay!" de la justicia corrupta
El último, versículo 22: "¡ay de los que son valientes para beber vino" —otra vez regresa a los borrachos— "y hombres fuertes para mezclar bebida!" —ahí hacen sus mojitos y sus margaritas y todas las cosas que requieren combinaciones de alcohol—. Pero, ¿qué es lo que lleva el exceso de sus vidas?, ¿a qué los lleva? "Que justifican al impío mediante cohecho, y al justo quitan su derecho". Es decir, se vuelven corruptos.
Otra vez, es el tema del dinero, es el tema de la avaricia: la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo, algunos se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores. Esas personas que solamente están ocupadas de sus propios placeres, de disfrutar las cosas de esta vida, y que ese es el fin, por lo regular no piensan en los demás: van a poner sus necesidades antes, de tal manera que, si viene un soborno, si viene algo que a mí me beneficie, no importa que yo haga algo incorrecto, no importa que yo menosprecie o baje a la otra persona, porque al final yo termino ganando.
¿Ven cómo todo esto está conectado? Estábamos hablando de eso en nuestro discipulado, ¿no?, todas estas cosas que estamos viendo, como lo que veíamos en el capítulo 3, donde hablaba de la belleza externa y las mujeres que se adornan con sus joyas, y Dios está criticando toda esa vanidad externa. Tiene una conexión también con la injusticia, porque una vez que estamos tan absorbidos en nosotros mismos, que estamos nada más pensando en nosotros, ya dejamos de pensar en los demás, porque todo se trata de nosotros; y entonces es muy probable que empecemos a actuar injustamente hacia otros. ¿Por qué? Porque si me beneficia a mí, eso es lo único que importa.
Entonces es lo mismo que pasa aquí con Israel: están tan preocupados por las cosas que ellos quieren para sus propias vidas, como beber y estar en fiestas, que no les va a preocupar ayudar a los pobres, no les va a preocupar ayudar a aquellos que están en necesidad.
Estos seis "¡ay!" que tenemos aquí —avaricia, exceso, menosprecio de Dios, verdad relativa, falsa sabiduría y justicia corrupta— son los "¡ay!" que nos impiden dar fruto cuando recibimos su gracia.
De la canción de amor al juicio
Y entonces empezamos este capítulo como una canción de amor: "ahora cantaré por mi amado el cantar de mi amado a su viña". Empieza de una manera tan romántica, empieza de una manera tan hermosa y dulce, porque está hablando de la gracia de Dios. Pero ahora, versículo 24, empezamos a leer todo otro ángulo completamente diferente, que ahora tiene que ver con la justicia y el juicio de Dios. Y dice: "por tanto, como la lengua del fuego consume el rastrojo, y la llama devora la paja, así será su raíz como podredumbre, y su flor se desvanecerá como polvo; porque desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, y abominaron la palabra del Santo de Israel". Ahí está la raíz: están rechazando la ley de Dios y su Palabra. "Por esta causa se encendió el furor de Jehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano y le hirió; y se estremecieron los montes, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, sino que todavía su mano está extendida".
Y empieza a narrar todo esto que tiene que ver con la invasión que va a venir de Asiria y después de Babilonia, en donde van a ser despojados y van a ser destruidos como ciudad, Jerusalén especialmente: "alzará pendón a naciones lejanas, y silbará al que está en el extremo de la tierra; y he aquí que vendrá pronto y velozmente. No habrá entre ellos cansado, ni quien tropiece; ninguno se dormirá, ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se romperá la correa de sus sandalias" —es un ejército perfecto, impulsado por Dios mismo, que viene a destruirlos—. "Sus saetas estarán afiladas, y todos sus arcos entesados; los cascos de sus caballos parecerán como de pedernal, y las ruedas de sus carros como torbellino. Su rugido será como de león; rugirá a manera de leoncillo, crujirá los dientes, y arrebatará la presa; se la llevará con seguridad, y nadie se la quitará. Y bramará sobre él en aquel día como bramido del mar; entonces mirará hacia la tierra, y he aquí tinieblas de tribulación, y en sus cielos se oscurecerá la luz".
Ahí está, es el juicio de Dios, que nos muestra cómo va a terminar exponiendo su pecado.
Dos tipos de gracia
Ahora, en este pasaje… esto no solo está en el pasaje, sino que también está desarrollado en la Biblia: hay dos tipos de gracia. ¿Cuáles son los dos tipos de gracia que existen? Bueno, el primer tipo de gracia es un tipo de gracia que produce juicio, y puedes leer sobre esto en el versículo: "el hombre será humillado, y el varón será abatido, y serán bajados los ojos de los altivos". Ellos recibieron parte de la bendición de la gracia de Dios; sin embargo, resultó en orgullo para ellos, y ese orgullo es juzgado por Dios.
Pero ese también es el tipo de respuesta y de resultado a su gracia que nos muestran pasajes, por ejemplo, como Lucas 12. Lucas 12:48 dice: "el Señor respondió: ¿quién es, pues, el mayordomo fiel y prudente, a quien su señor pondrá sobre sus siervos, para que a su tiempo les dé sus raciones? Dichoso aquel siervo a quien, cuando su señor venga, lo encuentre haciendo así. En verdad les digo que lo pondrá sobre todos sus bienes. Pero si aquel siervo dice en su corazón: mi señor tardará en venir, y empieza a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y a beber y a embriagarse, el señor de aquel siervo llegará un día cuando él no lo espera, y a una hora que no sabe, y lo azotará severamente, y le asignará un lugar con los incrédulos. Y aquel siervo que sabía la voluntad de su señor, y que no se preparó ni obró conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; pero el que no la sabía, e hizo cosas que merecían castigo, será azotado poco. A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él; y al que mucho le han confiado, más le exigirán".
Nada más, van al siguiente capítulo, capítulo 13 de Lucas, versículo 6: "entonces Jesús les dijo esta parábola: cierto hombre tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto de ella y no lo halló. Y dijo al viñador: mira, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera y no lo hallo; córtala, ¿por qué ha de cansar la tierra? El viñador le respondió: señor, déjala por este año todavía, hasta que yo cave alrededor de ella y le eche abono; y si da fruto el año que viene, bien; y si no, córtala".
¿Cuál es el punto de esas parábolas que nos está diciendo Jesús cuando nos muestra esa parte de huertos, viñas, fruto, higueras, toda clase de cosas que usa Dios como una ilustración para decir: el propósito que yo tengo para sus vidas es que den fruto; si no dan fruto, serán cortados? Lo cual nos muestra que tenemos una gran responsabilidad delante de Dios.
Entre más recibes, más se te demandará
Y ustedes hicieron mal en venir hoy aquí a la iglesia, si es que ese es el tipo de gracia que ustedes están recibiendo de parte de Dios. ¿Saben por qué? Porque entre más saben, más se les demandará. Mejor se hubieran quedado en sus casas; si ustedes no quieren más responsabilidades delante de Dios, mejor hubieran dicho: "ya no quiero escuchar más, porque entre más escucho la Biblia, entre más escucho de las verdades de la Palabra de Dios, más Dios demandará de mí en cuanto al fruto que tengo que producir".
¿Qué tan bendecidos hemos sido por la gracia de Dios? Vivimos en un país libre; estamos celebrando eso, 15 de septiembre, celebramos que somos un país libre y que tenemos libertad de culto. Y aquí estamos reunidos abiertamente, sin temor a que vengan a arrestarnos, a que vengan a matarnos, porque sabemos que no es ilegal lo que estamos haciendo; nuestras leyes no se oponen a que tengamos servicios públicos, y a que veamos… Sí, sí somos cristianos, creemos en la Palabra de Dios, creemos lo que Cristo ha hecho por nosotros, y se lo digamos a quien queramos, y nadie nos va a meter a la cárcel, probablemente, en nuestro país. ¿Pero es cierto eso en todo el mundo? No. Eso es gracia de Dios.
Ustedes pueden ir después de este servicio y entrar en la librería y comprar muchos diferentes libros de estudio bíblico que les van a ayudar en su crecimiento y conocimiento de la Palabra de Dios. ¿Todos tienen ese privilegio en el mundo? Decir: "quiero comprar un libro que me hable acerca del matrimonio, de los hijos, o un comentario de Gálatas, o de Efesios, o de Filipenses, o de Isaías". ¿Pueden hacer eso en otras partes del mundo? No. Eso es gracia de Dios.
¿Qué estás haciendo con los regalos que Dios te ha dado? Aquí están delante de nosotros. ¿Qué tipo de fruto producen estos regalos de gracia, estas grandes bendiciones que estamos recibiendo? ¿Y qué menospreciamos? Nos tomamos… No saben cuántas Biblias tengo en mi casa; y esto es algo que la mayoría de cristianos a lo largo de la historia no han tenido de la manera en que nosotros lo tenemos. Es más, hasta en sus teléfonos está. Son regalos de gracia.
Tú y yo despertamos hoy. Hoy despertamos: ¿teníamos que despertar? No, no teníamos que despertar. Eso es otro regalo de gracia que Dios te ha dado: que tienes un día más de vida. No sabes cuántos días más, pero sabes que este día aquí estás todavía. ¿Qué clase de fruto va a producir ese regalo? ¿O van a pasar meses y años y vamos a decir las cosas exactamente igual, vamos a seguir viviendo nuestras vidas como leíamos en el versículo 12, "no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos"; o como dice el versículo 24, "desecharon la ley de Jehová de los ejércitos, abominaron la palabra del Santo de Israel"?
La gracia que sí transforma
La única manera en que podemos responder correctamente a estos regalos de gracia es si hay una verdadera transformación; es la gracia que produce arrepentimiento y fruto. ¿Qué clase de transformación? Entonces, aquí están estos dos posibles tipos de gracia que se manifiestan para todo el mundo; todo el mundo va a recibir uno de estos dos tipos de gracia.
Y el tipo de gracia que produce arrepentimiento y fruto es el tipo de gracia del que habla Ezequiel en el capítulo 36, versículo 26, que dice: "además, les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; y quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Pondré dentro de ustedes mi Espíritu y haré que anden en mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente mis ordenanzas".
Hay un tipo de gracia que es una transformación interna, y empieza a hacer que amemos las cosas que Dios ama, que odiemos las cosas que Dios odia, y que empecemos a buscar maneras en las cuales podemos servir mejor a Dios y podemos ser parte de esto que está haciendo Dios en el mundo a través de su iglesia, que es expandir su reino. Como embajadores de Cristo, aquí estamos representándolo a Él delante de todos, y tenemos una gran responsabilidad: ¿qué hacemos con nuestro dinero?, ¿qué hacemos con nuestro tiempo?, ¿qué hacemos con nuestros recursos? Eso solamente puede venir de una transformación interna.
Es el tipo de revelación que recibió Pedro cuando dijo: "tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". ¿Qué dijo Jesús sobre eso? "¡Pero qué inteligente eres! La verdad es que, comparado con los otros apóstoles, tú sí razonas más bien las cosas, tú sabes cómo funciona esto". ¿Es eso lo que le dijo Jesús? Le dijo: "bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos".
Nosotros somos esta categoría de personas que hemos visto una nueva realidad de nuestras vidas, de la cual habla Pablo en 2 Corintios 4:6, cuando dice: "pues Dios, que dijo: de las tinieblas resplandecerá la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo".
Hay un tipo de gracia que es una gracia que llamamos gracia irresistible, porque es una gracia que no tiene nada que ver con nuestra propia capacidad de recibirla. Somos como Lázaro, que está en la tumba: ¿qué hizo Lázaro para que Jesús le dijera "Lázaro, ven fuera"?, ¿qué tuvo que hacer Lázaro para recibir la gracia de Dios? Ahí estaba muerto, no podía hacer nada para recibir la gracia de Dios; sin embargo, su gracia fue expresada en este milagro de vida, que simplemente tenía que ver con decir las palabras: "sal". Y salió.
Cómo responder a esa gracia
¿Cómo vamos a responder a la amorosa gracia de Dios, la gracia que recibimos todos los días? Solamente es para que digamos: "no lo merezco; yo merezco tu ira, yo merezco tu juicio, porque estoy lleno de avaricia, de exceso, de autodecepción, de verdad relativa y de corrupción. No sé por qué me lo estás dando; no sé, Señor, qué quieres que haga con los regalos que estoy recibiendo hoy. Aquí está mi familia: eso es gracia. Aquí estás hoy; ¿qué quiere Dios decir? Hoy es un día más. Dios, dame a tu Hijo: Él es la única justicia que yo necesito, Él es la única respuesta correcta a la gracia, porque únicamente a través de Él puedo dar fruto, el tipo de fruto que tú quieres de tu pueblo".
Y es por eso que Jesús dijo, Juan 15: "yo soy la vid verdadera y mi Padre es el viñador" —aquí, esta es también una imagen—, y dice: "todo sarmiento que en mí no da fruto, lo quita; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto. Ustedes ya están limpios por la palabra que les he hablado. Permanezcan en mí, y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco ustedes si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes son los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de mí nada pueden hacer. Si alguien no permanece en mí, es echado fuera como un sarmiento y se seca; y los recogen, y los echan al fuego, y se queman. Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y les será hecho. En esto es glorificado mi Padre: en que den mucho fruto, y así prueben que son mis…".
Que nuestras vidas sean vidas de gracia con… Pues bien.
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