La Santidad de Dios
¿Qué significa que Dios es santo? En el año que murió el rey Uzías, Isaías vio al Señor en su trono y a los serafines clamando santo, santo, santo; su reacción no fue orgullo sino quebranto: ay de mí, que soy muerto. El carbón encendido que purifica sus labios anticipa la cruz, y de esa gracia nace el llamado: heme aquí, envíame a mí.
Transcripción
La visión que nos dice de qué se trata todo
Isaías capítulo 6 nos va a hablar acerca de cuál es nuestro trabajo, cuál es nuestra misión, y de qué se trata la iglesia, de qué se trata la vida cristiana, de qué se trata todo el universo. Se trata acerca de lo que leemos en el Salmo 34, versículo 3: "engrandezcan al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre".
Ya veíamos que Isaías es un libro que comenzó diciendo "visión de Isaías hijo de Amoz". Y si recuerdan, la idea de este libro es que Dios le está dando un vistazo a Isaías de qué es lo que está sucediendo detrás de las escenas; le está dando una oportunidad de revelar, a través de la profecía, qué es lo que Dios piensa y qué es lo que Dios está haciendo que nosotros no vemos, qué es lo que normalmente ignoramos acerca de Dios día tras día.
Y entonces leemos aquí, en el capítulo 6, hoy, el clímax del libro en cuanto a este tipo de visión sobre qué es lo que está realmente sucediendo. No hay ninguna manifestación más gloriosa de lo que realmente está sucediendo que lo que vamos a leer hoy en el capítulo 6. Este es un capítulo que probablemente es uno de los capítulos más predicados de Isaías, y van a ver por qué, con justa razón; hemos escuchado a nuestro hermano Jaime Adams predicar acerca de este capítulo. Porque este es un capítulo que encierra tanta verdad acerca de la naturaleza de Dios y acerca de nuestra propia condición delante de Dios, que vale la pena meditar una y otra vez sobre lo que nos dice.
"En el año que murió el rey Uzías, vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡ay de mí, que soy muerto!, porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: he aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿a quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí: heme aquí, envíame a mí. Y dijo: anda, y di a este pueblo: oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. Y yo dije: ¿hasta cuándo, Señor? Y respondió él: hasta que las ciudades estén asoladas y sin moradores, y no haya un hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra. Y si quedare aún en ella la décima parte, esta volverá a ser destruida; pero como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente santa".
Señor, bendice tu Palabra hoy; bendice nuestro estudio de ella, nuestra comprensión de ella, para que transforme nuestras vidas de una manera poderosa, que te refleje a ti, nuestro Dios santo. En el nombre de Cristo Jesús oramos, amén.
El año que murió el rey
El año que murió el rey Uzías es el año 740 antes de Cristo. Uzías fue un rey, generalmente hablando, bueno; aunque al final tuvo unas situaciones de querer asumir el papel del sacerdote, y tuvo lepra como parte del castigo de Dios, y aunque no terminó bien, pero realmente representó una buena temporada para el pueblo de Israel. Comenzó a reinar a los 16 años, reinó por 52 años; imagínense tener el mismo gobernante por 52 años: en algún momento probablemente va a fallar, y ese fue el caso de Uzías. Sin embargo, fue un tiempo de prosperidad para Israel, fue un tiempo en el cual les fue bastante bien como nación, y experimentaron la bendición de Dios a través de sus líderes, a través de su gobierno.
Y entonces, este año en el cual muere Uzías es un año que afecta a la nación, porque su líder ha muerto y hay mucha incertidumbre, hay mucha ansiedad en el pueblo: "¿qué va a pasar ahora que ya no tenemos a nuestro rey?". Y entonces es en medio de esta situación que Isaías está recibiendo una visión que le está diciendo: mientras que la tierra, los gobiernos, la sociedad está fuera de control, porque hay inestabilidad, porque hay ansiedad, porque hay incertidumbre, Dios está en su trono. Esa es la visión. No importa qué es lo que está sucediendo aquí en la tierra, no importa qué tanto nos afecta y nos hace temer esta pandemia porque pensamos que a lo mejor nos vamos a morir y a lo mejor nos vamos a contagiar: Dios está en su trono. Es la realidad que está afirmando este pasaje.
La manifestación de su santidad
Vamos a estar viendo todas las cosas que nos dice este pasaje acerca de la santidad de Dios, empezando por la manifestación de su santidad. ¿Cuál es la manifestación de su santidad? Se está manifestando como un Dios que está sentado sobre un trono. El trono simboliza soberanía, y ese es el nombre "Señor", que significa "el soberano": Adonai es la palabra que se usa aquí. Él es el que está sentado sobre un trono alto y sublime; es decir, Él tiene la autoridad final, Él tiene la autoridad máxima; a Él respondemos, a Él rendimos cuentas. "Sus faldas llenaban el templo": tiene una túnica que está esparcida sobre toda el área.
Entonces, esta idea de autoridad: ¿cuál es la autoridad máxima? Tú y yo rendimos cuentas a alguien en esta tierra; todos tenemos un cierto grado de responsabilidad: padres, hijos hacia padres, miembros hacia la iglesia, ciudadanos mexicanos hacia nuestro gobierno, empleados hacia sus jefes. Todos tenemos un cierto grado de responsabilidad bajo ciertas autoridades. Pero, al final del día, ¿a quién rendimos cuentas?, ¿quién es el que finalmente está sentado en un trono con la autoridad máxima sobre todos? Dios.
Esta escena majestuosa que está mostrando Dios a Isaías es una escena que está conectada al templo físico que Isaías conoce, pero que ahora se está manifestando como una realidad espiritual, como una realidad celestial, para hacerle ver qué es lo que realmente representa este templo en el cual está Isaías.
Y entonces hay esta escena del versículo 2: "por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas: con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban". Entonces se llenó de estos seres; "serafines" es una palabra que habla acerca de seres que se están quemando constantemente, seres que están prendidos en fuego constantemente. No es esta imagen de un niño gordito ahí con sus alas, no es este simpático: son seres temibles, que tienen estas alas que están diseñadas para su función. Los pájaros tienen alas para volar; y los peces, que pueden respirar bajo el agua, tienen ciertas características biológicas que les permiten vivir en su entorno. Y de la misma manera, estos serafines tienen alas que están diseñadas para el entorno en el cual están, que es la misma presencia de Dios.
Seres perfectos, seres majestuosos; sin embargo, necesitan alas para cubrirse los ojos, porque no pueden contemplar el resplandor de la gloria completa de Dios. Y tienen alas que cubren sus pies, porque el lugar donde están es santo, así como Dios le dijo a Moisés: "quítate las sandalias de tus pies, porque el lugar donde tú estás es santo". De la misma manera, ellos necesitan también protección de sus pies, y una manera de mostrar la reverencia que exige la presencia de la santidad de Dios. Y alas que los hacen volar, y entonces se están moviendo hacia adelante y hacia atrás. Me imagino así como se mueven los colibríes, que se están moviendo y llegan a las plantas y se regresan, y es increíble ver la manera tan precisa en que vuelan. Y entonces me estaba imaginando estos serafines, con sus alas también moviéndose de maneras que muestran la excelencia de su creación.
Y sin embargo, están ahí para servir a Dios, están ahí para mostrar que Dios es supremo. Y no es tanto cómo son estos serafines, sino lo que proclaman estos serafines; porque, de alguna manera, ellos, con sus alas, se están restringiendo para mostrar lo que realmente es importante. Ellos se están haciendo para atrás, ellos están diciendo: "no se trata de nosotros, se trata del que está en el trono, se trata de la majestad de Dios".
Y hay una escena que ya vimos, y está en Apocalipsis, que de hecho expande sobre esta visión y nos muestra aspectos acerca de estos seres. Si leen ustedes en Apocalipsis capítulo 4, versículos 6 al 8, dice: "delante del trono" —aquí está el trono— "había como un mar transparente semejante al cristal; y en medio del trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos por delante y por detrás. El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo ser era semejante a un becerro; el tercer ser tenía el rostro como el de un hombre; y el cuarto ser era semejante a un águila volando. Los cuatro seres vivientes, cada uno de ellos con seis alas" —ahí están las seis alas—, "estaban llenos de ojos alrededor y por dentro, y día y noche no cesaban de decir: santo, santo, santo es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir".
Entonces, vean: la función que tienen estos seres es mostrar aspectos de la gloria de Dios, y en particular uno de ellos, que vamos a ver en un momento, que es su santidad.
Qué significa que Dios es santo
Ahora, quiero que piensen sobre esto, porque entonces, la santidad de Dios, ¿qué significa? "Santo" significa apartado, ¿no?, aparte. Para nosotros, ser santos significa que Dios nos ha apartado y dice: "aquí está mi creación, pero ustedes han sido redimidos por mí; ahora yo los pongo en otra categoría". Para Dios, su santidad representa que Él es de otra categoría, diferente a la creación; eso es lo que representa su santidad.
Así que, cuando vemos que la Biblia habla de la gloria de Dios —¿qué es la gloria de Dios?, es algo muy ambiguo para nosotros: "y nos mostró la gloria de Dios"—, ¿qué es?, ¿una luz?, ¿qué es la gloria de Dios?, ¿cómo se ve? Bueno, la gloria de Dios es la manifestación de su santidad; eso es la gloria de Dios. Cuando empezamos a ver algo de su santidad, entonces podemos contemplar algo de la gloria de Dios.
Entonces, aquí está el versículo: "y el uno al otro daba voces, diciendo: santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria". Ahí está la palabra "gloria". ¿Y por qué la están mencionando? Porque la gloria es el reflejo de su santidad, y su santidad establece que Él es completamente diferente a nosotros.
A. W. Tozer, en su libro El conocimiento del Dios santo, dice esto —escuchen con cuidado—, dice: "no debemos pensar en Dios como el más alto en un orden ascendente de seres, comenzando con una célula y siguiendo con un pescado, a un pájaro, al animal, al ser humano, al ángel, al querubín, luego a Dios. Está tan arriba del arcángel como lo está de la oruga, pues el golfo que separa al arcángel de la oruga es solo finito, mientras que el golfo entre Dios y el arcángel es infinito".
Tú puedes medir cuánta diferencia hay entre una hormiga y tú; tú puedes calcular qué tan más grande eres que una hormiga o que una cucaracha. Pero ni el ser más glorioso de todo el universo se puede comparar a Dios; no hay manera de calcular la diferencia.
Entonces, la expresión es: santo, santo, santo; perfección por perfección por perfección. Y esta es una manera del superlativo, es una manera de expresar una realidad en su máxima expresión, de tal manera que la santidad de Dios en este pasaje se convierte en el atributo central. Como dice famosamente R. C. Sproul: la Biblia nunca dice "Dios es amor, amor, amor", o "misericordia, misericordia, misericordia"; el único atributo en la Biblia que es repetido de esta manera acerca de Dios es su santidad. Es decir, es la esencia de quién es Él, y no hay manera de expresarlo de una manera más sublime y gloriosa que triplicando algo que de por sí ya es perfecto para empezar. Imagínense, esta es la manera en que está siendo expresada esta realidad para nosotros.
Nada de lo que te rodea es ordinario
Entonces, Dios no es solamente una mejor versión de nosotros; no es como un poco más grande que nosotros, un poquito más amable, un poquito más generoso que nosotros. No, no es lo que la Biblia nos muestra acerca de Él: Él está en una categoría completamente diferente. Y eso significa, entonces, que todo lo que existe, todo, es un reflejo de Él en algún sentido; toda la realidad que nos rodea. Es lo que está siendo expresado aquí, dice: "toda la tierra está llena de su gloria".
Y por eso es que Pablo dice en Romanos 1:20 que los atributos de Dios, su eterno poder y deidad, son claramente visibles a través de lo creado, de modo que nadie tiene excusa. Vivimos en una creación caída, vivimos en una creación que tiene la maldición del pecado, por lo tanto se ha visto afectada nuestra manera de percibir esta realidad de gloria; sin embargo, todavía quedan destellos de esa gloria dentro de todo lo que nos rodea. Algún día será renovada perfectamente y contemplaremos su gloria de una manera aún más gloriosa; Habacuc 2:14 dice: "será llena la tierra de su gloria". Es una realidad futura que nos espera, de la gloria de Dios en toda la creación.
Pero para el día de hoy podemos pensar: nada de lo que a ti te rodea hoy es ordinario, nada. El amor, la belleza, la verdad, el gozo, la música, los colores, la comida, la naturaleza: todo refleja la gloria de Dios. Y eso significa, entonces, que el cielo, la realidad de Dios, se está expandiendo, está llegando a nosotros y está dominando gradualmente; la realidad de lo que Dios quiere hacer en este mundo está moviéndose en nuestra dirección, su gloria. Por eso es que Él nos ha salvado: porque se está expandiendo su gloria hacia nosotros a través de la salvación en Cristo Jesús. Y nosotros, como su iglesia, somos representantes de la gloria de Dios en todo el mundo, expandiéndose a través de la predicación del evangelio.
Y es la realidad que Moisés experimentó; pueden verlo en Éxodo 19, Éxodo 20, en el monte Sinaí. Todo lo que narra aquí acerca de los quiciales, las trabes, los fundamentos de las puertas: los cimientos se estremecieron con la voz, la casa se llenó de humo. Esto es una escena como el monte Sinaí, donde Moisés contempló la gloria de Dios.
Y dice que esta escena empieza a causar un impacto inicial, porque Dios siempre es más de lo que esperas o puedes imaginar, siempre. Isaías conocía a Dios, conocía acerca de Dios; pero esta nueva realidad de lo que está viendo lo impresiona de una manera completamente nueva, y lo empieza a abrumar de tal manera que esta idea de la santidad de Dios la vamos a estar encontrando a lo largo de todo el libro: 25 veces Isaías va a usar esta frase, "el Santo de Israel", porque la santidad de Dios causó una impresión tan profunda en él que ahora esa es la manera más común para él de expresarse acerca de este Dios: Él es el Santo de Israel.
Y él se da cuenta de que, como dice R. C. Sproul, cualquier esfuerzo de entender a Dios aparte de su santidad es idolatría. Cualquier idea que tú tengas de Dios que no incluya su santidad no es Dios realmente, es un dios falso. Y por eso es que no tomamos el nombre de Dios en vano, por eso no podemos hacer bromas acerca de Dios, ni jugar acerca de su nombre, ni expresarnos con su nombre como una maldición: porque su nombre es santo, porque su nombre lo representa a Él, y Él toma muy en serio lo que nosotros decimos acerca de Él y cómo reflejamos la realidad de su naturaleza.
La respuesta a su santidad: "¡ay de mí!"
Lo cual me lleva al segundo punto, que tenemos en el versículo 5, que habla acerca de la respuesta a su santidad. ¿Qué pasa cuando entendemos quién es Dios?, ¿qué pasa cuando somos confrontados con la realidad de su santidad? Sucede lo que dice Isaías aquí: "entonces dije: ¡ay de mí, que soy muerto!" —me estoy deshaciendo por dentro, no sé cómo reaccionar a esto— "porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos".
Si Dios, en su gracia, está derritiendo tu resistencia natural a Él, tú puedes saber que ese es el elemento más importante de tu vida. ¿Qué es lo que expresa? "¡Ay de mí!": Isaías está declarando una maldición sobre sí mismo. Él entiende la realidad de lo que significa estar delante de la presencia de Dios, de tal manera que él entonces… Estamos pensando acerca de esto: "soy un hombre inmundo de labios". ¿Cuál sería el mejor atributo de Isaías como profeta? Su boca, ¿no?, lo que él decía; eso era lo que hacía para Dios, era su ministerio. Si había algo, probablemente, de lo cual Isaías podía jactarse, era de lo que salía de su boca, porque Dios estaba hablando a través de él. Y sin embargo, eso es lo primero que él reconoce que es indigno delante de la presencia de Dios, y que lo pone al mismo nivel que todos los demás pecadores de Israel: "ya no soy más digno que ellos, yo no soy más merecedor de estar delante de la presencia de Dios que cualquier otro".
Pero esto que le está sucediendo a Isaías no es natural, porque la humildad delante de Dios, la humillación delante de Dios, no es algo natural; es lo último que normalmente sentimos naturalmente. ¿Por qué? Porque no nos podemos imaginar que haya algo mejor que nosotros en el universo. Es muy difícil sentirnos humillados realmente, porque pensamos… A veces, de esas cosas que sabemos hacer tan bien: "mira, Señor, qué privilegio es que esté sirviendo uno de tus hijos más dotados de inteligencia, y de sabiduría, y de dones; aquí estoy, Señor". Una vez que ha sido confrontado con la realidad de la gloria de Dios, eso se vuelve como nada.
Y alguien más lo dice así: es mejor ser humillados ahora y recibir perdón, que ser humillados en el juicio final y ser condenados. Tarde o temprano seremos humillados; la pregunta es cuándo, y cuál va a ser el resultado de esa humillación.
El mejor hombre es como muerto. El mejor hombre de Israel, probablemente de toda su generación, de toda la gente que está viva en ese momento, el mejor hombre se siente como deshecho, como muerto, una vez que solamente tiene una pequeña probada, una pequeña mirada hacia la realidad de quién es Dios. Y una vez que has visto la gloria de Dios, nunca vuelves a ser igual. Esa es la realidad que está experimentando Isaías cuando dice "¡ay de mí!".
Habacuc, Job, los discípulos y Pedro
Es la misma realidad que expresa Habacuc 3:16: "oí, y se estremecieron mis entrañas; a tu voz temblaron mis labios; entró podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy". O lo que leemos en Job, cuando es confrontado por Dios. Dios le dice: "¿sobre qué se asientan sus bases, o quién puso su piedra angular, cuando cantaban juntas las estrellas del alba y todos los hijos de Dios gritaban de gozo? ¿Quién encerró con puertas el mar, cuando, irrumpiendo, se salió de su seno; cuando hice de una nube su vestidura, y de espesa oscuridad sus pañales; cuando sobre él establecí límites, puse puertas y cerrojos, y dije: hasta aquí llegarás, pero no más allá; aquí se detendrá el orgullo de tus olas? ¿Alguna vez en tu vida has mandado a la mañana, y hecho conocer al alba su lugar, para que eche mano a los confines de la tierra, y de ella sean sacudidos los impíos?".
Toda esta realidad de contemplar quién es Dios, y Dios confrontando a Job con quién es Él, hace que Job termine diciendo: "he sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven; por eso me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza".
¿Se acuerdan del evento que tuvo Jesús con sus discípulos? "Pasemos al otro lado del lago", y se hicieron a la mar. "Pero mientras ellos navegaban, él durmió; y una violenta tempestad descendió sobre el lago, y comenzaron a anegarse y corrían peligro. Llegándose a él, le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Y levantándose, reprendió al viento y a las olas embravecidas, y cesaron, y sobrevino la calma. Y él les dijo: ¿dónde está vuestra fe? Pero ellos estaban atemorizados y asombrados, diciendo unos a otros: ¿quién, pues, es este, que aun a los vientos y al agua manda, y le obedecen?".
Estaba viendo en las noticias ayer acerca de estos volcanes que están haciendo erupción en diferentes partes del mundo: uno en Guatemala, uno en España; y hasta el Popo anda también como que quiere hacer algo, ¿no? Y estaba pensando: qué cosa tan temible es la lava. Imagínense lo que representaría estar cerca de una erupción volcánica; nada más cerca, ni siquiera ahí: a unos kilómetros de distancia, pues ya sentir el calor, pues ya sentir la intensidad de 1000 grados centígrados. Cuando tú ves el poder de Dios, debes estar diez veces más asombrado y espantado del poder de Dios que del poder de la naturaleza que Él ha creado.
"Aconteció que, mientras la multitud se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios, estando Jesús junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; pero los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. Y subiendo a una de las barcas, que era de Simón, pidió que la separara de tierra un poco; y sentándose, enseñaba a las multitudes desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: sal a la parte más profunda y echad vuestras redes para pescar. Respondiendo Simón, dijo: Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada; pero porque tú lo pides, echaré las redes. Y cuando lo hicieron, encerraron una gran cantidad de peces, de modo que sus redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarlos; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían".
Aquí está la clave también, una experiencia que Pedro está teniendo con Jesús: "al ver esto, Simón Pedro cayó a los pies de Jesús, diciendo: apártate de mí, Señor, pues soy hombre pecador". Es la reacción: "no hay manera de que yo sea digno delante de tu presencia".
¿Crees que quieres ver más de la gloria de Dios? Créeme: en nuestro estado presente, no quieres ver más de la gloria de Dios. Te vas a sentir tan abrumado por esa realidad, en un cuerpo caído, en un cuerpo que todavía está luchando con una naturaleza pecaminosa, en un cuerpo tan limitado, en un cuerpo tan deficiente, que ninguno de nosotros podría sobrevivir.
Mucha gente pregunta: ¿por qué es que todavía hay tanto mal en este mundo, si Dios es un Dios de amor?, ¿por qué permite que exista tanta maldad en el mundo? Si Dios no permitiera que existiera maldad en el mundo, tú y yo no estaríamos aquí. Así que démosle gracias a Dios porque todavía está dando oportunidad a que un mundo caído permanezca; es la gracia de Dios siendo manifestada a nosotros.
El infierno es real, y el infierno tiene sentido solo por la santidad de Dios. La única razón por la cual el infierno es completamente racional, y justo, y lógico, es porque Dios es un Dios santo. Y la única razón por la cual alguien tiene una objeción al infierno es porque no entiende la santidad de Dios; la única razón por la cual pensarías que Dios está siendo injusto es porque no tienes un concepto de la santidad de Dios. Porque no nos gusta ser expuestos a la santidad de Dios, porque pensamos que merecemos mucho más de lo que realmente merecemos.
El pecado no es grave principalmente porque nos daña a nosotros; el pecado es grave principalmente porque es una ofensa contra un Dios santo. Es la realidad que contemplamos en este pasaje: que cuando somos confrontados con la santidad de Dios, la respuesta a esa santidad es la humillación de nuestra condición. Porque entre más contemplas a Dios en las Escrituras, más consciente estás de tu propia condición delante de Él.
Y es por eso que Pablo decía cosas como: "a mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, se me concedió esta gracia: anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo". O, por ejemplo, Pablo también dijo: "palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero". Entre más Pablo estaba expuesto a la realidad de la gloria de Dios y de su propia vida, más indigno se sentía: no más digno, más indigno, más quebrantado por la realidad de su propio pecado delante de Dios.
La obra de su santidad: el carbón encendido
Lo cual nos lleva al siguiente punto: la obra de su santidad. Versículo 6: "y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: he aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado".
¿Cuál es la obra de su santidad? Que para estar en su presencia, nosotros tenemos que ser purificados por Él. Una vez que has confesado tus pecados, o una vez que te has dado cuenta de qué tan indigno eres y te arrepientes delante de Él, entonces puedes ser perdonado y purificado. Y aquí es la experiencia que Isaías está recibiendo de parte de Dios: la confirmación de que de hecho sí, Dios lo está purificando para estar en su presencia. Lo mismo que él confesó —que es lo inmundo que son sus labios— es lo mismo que está siendo purificado por Dios.
¿De dónde viene esta imagen del carbón encendido? Bueno, viene de Levítico 16: es el día de la expiación. Esto es lo que leemos, Levítico 16:12: "entonces Aarón ofrecerá el novillo de la ofrenda por el pecado, que es por sí mismo, y hará expiación por sí mismo y por su casa; y degollará el novillo de la ofrenda por el pecado hecha por sí mismo. Y tomará un incensario lleno de brasas de fuego de sobre el altar que está delante del Señor, y dos puñados de incienso aromático molido, y lo llevará detrás del velo". Entonces entra al lugar santísimo con este carbón, y este carbón representa la purificación de parte de Dios para santificar al pueblo.
Así que el carbón encendido, ¿qué es? Es la cruz: simboliza la obra terminada de Cristo en la cruz. De hecho, la obra de Jesús en realidad está siendo simbolizada aquí en la experiencia de Isaías, y la obra de Jesús es la que está perdonando a Isaías; no lo sabe, no lo entiende completamente todavía, aunque va a hablar mucho acerca de Él todavía en este libro. Pero de hecho es la ira de Dios, este carbón encendido, cayendo sobre su propio Hijo, lo cual hace posible nuestra purificación, representada en el carbón encendido que lleva el sumo sacerdote en el día de la expiación.
La santidad de Dios requiere que alguien pague; la santidad de Dios requiere que el precio del pecado se haya pagado. Pues la pregunta es: ¿quién va a pagar por tu pecado? Tú puedes tratar de pagarlo; trata de pagarlo: va a tomar toda una eternidad tratar de pagar por tus pecados; o puede pagar Jesús: la segunda opción. Pero alguien va a pagar. ¿Quién pagará por tu pecado? ¿Ha sido perdonado?
Romanos 3 nos habla acerca de esta realidad, dice, Romanos 3:25: "a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe en Jesús".
El llamado de su santidad: "heme aquí, envíame a mí"
Versículo 8: "después oí la voz del Señor, que decía: ¿a quién enviaré, y quién irá por nosotros?". Y noten aquí el plural: cuando Dios está hablando aquí, "nosotros", ¿quiénes? "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza"; "¿quién irá por nosotros?". El consejo de Dios es la realidad de las tres personas que habitan dentro de la Trinidad, que es expresado de muchas maneras a lo largo del Antiguo Testamento.
Pero la pregunta que está haciendo Dios aquí acerca de la misión que ahora tiene para Isaías —"¿a quién enviaré?, ¿quién irá por nosotros?"— hace que ahora Isaías empiece a sentir este llamado dentro de él: de que, como él ha recibido la gracia de Dios, y él, siendo indigno, pero Dios lo ha perdonado y lo ha justificado, entonces ahora él tiene la responsabilidad de hacer algo por este Dios, y de ser su siervo, y de vivir para Él. Y entonces dice: "heme aquí, envíame a mí".
Lo cual expresó Jeremías de la misma manera, en el capítulo 20, cuando dijo: "cada vez que hablo, grito; proclamo violencia y destrucción, pues la palabra del Señor ha venido a ser para mí oprobio y escarnio cada día. Pero si digo: no lo recordaré, ni hablaré más de su nombre, esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente encerrado en mis huesos; hago esfuerzos por contenerlo, y no puedo".
Es decir, cuando hay una transformación interna, de repente hay este deseo de hablar acerca de esta transformación interna, y dejarle a otro saber acerca de esta transformación interna, y decirles: "tú también puedes ser perdonado como yo he sido perdonado". Y si yo trato de contenerme, trato de no hablar acerca de esto, o se me olvida hablar acerca de esto, algo empieza a pasar dentro de mí que me empieza a consumir. Ese es el sentir de un verdadero cristiano.
Lo que es expresado por el autor de Hebreos en el capítulo 9: "cuánto más la sangre de Cristo, quien por el Espíritu eterno él mismo se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas" —¿para qué?— "para servir al Dios vivo". Somos purificados, somos perdonados, ¿para qué? Para servir. Ese es el llamado de su santidad: ahora tú vas a servir a un Dios santo.
Un mensaje que será rechazado
Y lo que es increíble acerca de este pasaje es lo que le dice a Isaías acerca del mensaje que va a predicar: "di a este pueblo: oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad". ¿Cómo, Dios? A ver, ¿a qué me estás llamando?, ¿a decirles: "vean pero no vean, y oigan pero no oigan"? ¿Ese es mi mensaje?
El mensaje de Isaías, de hecho, iba a salvar futuras generaciones, pero no la suya. Lo cual debe de hacer algo, dar ánimos para nosotros, ¿no?, porque nos está diciendo este pasaje que tú prediques el evangelio aunque ese mensaje sea rechazado: tú cumples con lo que Dios te ha pedido; los resultados no son de ti, son de Dios. Nosotros no tenemos la responsabilidad de convertir a nadie; solo Dios puede convertir a la gente. Nuestra única responsabilidad es predicar el mensaje que Él nos ha mandado a predicar. Y si significa que en tu vida solamente una o dos personas se convertirán por el mensaje que tú has explicado, que así sea, porque Dios decide, no tú.
Olor de vida y olor de muerte
Y lo que nos está mostrando este pasaje es que de hecho Dios usa la predicación del evangelio para incrementar el juicio sobre aquellos que lo rechazan. Recuerden: cada vez que escuchas la Palabra de Dios predicada, vas a salir de esa exposición a la verdad ya sea un poco más cerca de Dios o un poco más lejos de Dios, ya sea más suavizado hacia Dios o más endurecido hacia Dios; pero nunca serás el mismo. Son dos reacciones posibles: o la gente se va a alejar más, o se va a acercar más; pero no permanecerán igual cada vez que predicas el evangelio, cada vez que hablas de estas verdades a aquellos que nos rodean.
Y es por eso que Pablo dice, 2 Corintios 2:15-16: "pero gracias a Dios, que en Cristo siempre nos lleva en triunfo, y que por medio de nosotros manifiesta la fragancia de su conocimiento en todo lugar; porque fragante aroma de Cristo somos para Dios entre los que se salvan y entre los que se pierden". Somos aroma de Dios para los que se salvan y para los que se pierden: "para unos, olor de muerte para muerte" —ellos no responden a nuestro mensaje, y su final será condenación—; "pero para otros, olor de vida para vida" —ellos huelen la realidad de que es un aroma precioso lo que les estamos comunicando, y los lleva a la salvación en Cristo Jesús—.
Por eso Pablo dice en Romanos 9:18: "así que Dios tiene misericordia del que quiere, y al que quiere endurece". Pero la predicación es el medio que Dios usa tanto para traer mayor juicio sobre aquellos que se rebelan ante el mensaje, como para traer salvación a aquellos que lo escuchan como el tesoro más precioso que jamás han escuchado en sus vidas: este mensaje de salvación, este mensaje de seguridad acerca de qué es lo que se trata esta vida y qué es lo que pasa después de que mueres. Eso es lo más importante que puedo saber yo: acerca de quién soy, qué lugar tengo en este universo. Es lo más importante que puedes saber; y cuando escuchas una respuesta a esa pregunta, se convierte en el tesoro más grande que has recibido en toda tu vida.
Lo cual nos lleva a… Isaías, y fíjense, esto es algo interesante, no me lo quiero brincar: este versículo 10 de hecho es uno de los pasajes más citados en el Nuevo Testamento. Está conectado con el ministerio de Jesús, y cuando él predicaba en parábolas es citado Isaías, para mostrar por qué no le creían a Jesús y por qué predicaba en parábolas: "para que, escuchando, no entiendan; para que, viendo, no vean". O sea, aun en el mismo ministerio de Jesús existía esta doble implicación acerca de su mensaje: juicio y salvación.
El tronco y la simiente santa
Dice Isaías: "y yo dije: ¿hasta cuándo, Señor? Y respondió él: hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra". Aquí está la idea: viene una invasión de parte de los asirios, y después de los babilonios; ese es el juicio de Dios sobre su pueblo. Es un juicio que viene porque, a pesar de que van a escuchar el mensaje —dice Isaías—, no lo van a recibir.
Pero aquí hay algo que sucede en el versículo 13, que dice: "y si quedare aún en ella la décima parte". Es decir, si hablamos estadísticamente en la Biblia, solo tendríamos normalmente, en promedio, un 10% de éxito y 90% de fracaso en la manera en que se recibirá la Palabra de Dios. Entonces, lo que pasa aquí es que hay un 10% que queda; y aun este 10% sí vuelve a ser juzgado por Dios y vuelve a ser refinado por Dios, de Israel, que representa este tronco. Y este tronco queda ahí por la soberanía de Dios, porque Él quiere que permanezca un tronco.
Y de este tronco, dice, viene algo más, que va a ser retomado en el capítulo 11. Y nada más quiero que lo vean, porque creo que esto nos muestra una de las realidades más importantes que va a estar siendo desarrollada acerca de las profecías mesiánicas. Capítulo 11, versículo 1: "saldrá una vara del tronco de Isaí" —ese tronco tiene más especificaciones y características más adelante— "y un vástago retoñará de sus raíces". Versículo 9: "no harán mal ni dañarán en todo mi santo monte, porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar".
Entonces, de este tronco va a surgir la gloria, la misma gloria de Dios, que viene para un futuro; surge de algo que Dios está manteniendo ahí a través de un remanente, el remanente de Israel. Siempre Dios ha guardado y traído un remanente a través del cual Él hace su obra; y en este caso, este remanente representa un grupo de Israel que sí va a responder al mensaje de Isaías, que sí va a buscar a Dios, y que va a seguir siendo el linaje a través del cual Dios cumplirá sus promesas para su pueblo.
Entonces aquí viene algo sumamente interesante: es llamado "el tronco, la simiente santa", apartada por Dios; pero de la simiente santa viene un renuevo que representa el plan de Dios para toda la humanidad.
Lo que Isaías vio fue a Jesús
E irónicamente —estaba pensando sobre esto, porque, no sé, se conecta todo—, irónicamente, el que está sentado sobre el trono, el que está contemplando Isaías, es el que se va a hacer hombre y se convertirá en ese renuevo. Él mismo. Esto es un gran misterio, que nosotros ahora entendemos viendo hacia atrás, y que de hecho los mismos apóstoles empezaron a entender una vez que contemplaron y conocieron a Jesús.
Por eso es que Juan dice, Juan 1:14: "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos su gloria" —¿qué es la gloria? Dijimos: la manifestación de su santidad— "gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad".
Y aquí viene la parte increíble: cuando Juan cita este versículo —"engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad"—, Juan cita ese pasaje para mostrar la manera en que la gente estaba respondiendo al mensaje de Jesús. Y Juan dice algo que es sumamente revelador, Juan 12:41, dice: "esto dijo Isaías porque vio su gloria, y habló de él". ¿De quién? De Jesús. ¿A quién vio Isaías?, ¿qué contempló Isaías realmente? Dice Juan: contempló a Jesús. Él es quien se hizo hombre, Él se convirtió en nuestra esperanza final, como la manera de ser purificados por Dios y de poder servirle al estar conectados a Él.
Nuestro llamado
Así que, ¿cuál es nuestro llamado? Nuestro llamado es proclamar la santidad de Dios; ese es nuestro llamado, el mismo llamado que Isaías. Nuestra tarea es proclamar la santidad de Dios: mensaje número 1. Y somos purificados por el poder de su sangre para servirle, y para prepararnos para la gloria eterna de su santidad. Lo único que estamos haciendo ahorita es prepararnos para lo que viene, que es contemplar la gloria de Dios en su santidad por los siglos de los siglos, tres veces santo. Y hoy debemos empezar a reflejarla, y hoy debemos empezar a anhelarla.
Oración final
Padre, gracias por tu Palabra, y gracias porque nos muestras realidades tan gloriosas acerca de ti. Ayúdanos, Señor, a vivir a la luz de tu santidad; ayúdanos a buscar todas las maneras en las cuales tú nos llamas a reflejar tu santidad a otros; ayúdanos a servirte fielmente día a día, como tus hijos, aquellos que han sido purificados por la sangre de Cristo, y que hoy vivimos juntos como un solo cuerpo para servir al Dios tres veces santo. En el nombre de Cristo Jesús oramos, amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →