La gloria futura de Sión
¿Cómo será la eternidad para el pueblo de Dios? Isaías 60 la describe como gloria: una luz que hace innecesario el sol, naciones que llegan de todas partes con lo mejor de su cultura, y gozo, paz y justicia sin fin. Un recorrido por sus vínculos con Apocalipsis 21 y por la pregunta de quiénes heredan esa promesa.
Transcripción
Comenzamos el año en Isaías 60
Estamos en Isaías 60. Estamos comenzando estos últimos siete capítulos que quedan, que es como vamos a comenzar el año, y vamos a meditar sobre probablemente esta sección de Isaías que está más enfocada en la segunda venida, en lo que representa la segunda venida de Cristo y la restauración de todas las cosas. Eso va a ser uno de los temas centrales aquí en estos capítulos, y van a verlo en lo que vamos a estar meditando.
Habíamos visto el domingo pasado, en el capítulo 59, cómo es que Dios prometió un Redentor, y es la manera en la cual va a cumplir esta profecía acerca de cómo Dios va a expandir su reino en todo el mundo, como dice el versículo 19: "Temerán desde el occidente el nombre del Señor, y desde el nacimiento del sol su gloria, porque Él vendrá como torrente impetuoso que el viento del Señor impulsa". Estaba hablando con alguien de la iglesia la semana pasada, y estábamos comentando este versículo, y una de las cosas que le decía es que, cuando dice "como torrente impetuoso que el viento del Señor impulsa", eso podría ser traducido también "que el Espíritu del Señor impulsa". Entonces vemos que el evangelio se mueve por un impulso del Señor, a través de su Espíritu, a lo largo de todo el mundo.
Y entonces viene esta promesa: "Vendrá un Redentor a Sion, y a los que se aparten de la transgresión en Jacob, declara el Señor". Entonces viene esta promesa que ya hemos estado viendo a lo largo de todo el libro: que Dios traerá a su siervo, traerá al Mesías como esperanza para su pueblo, para el perdón de pecados. Entonces, "vendrá un Redentor a Sion". Y veíamos que Pablo, en Romanos 11, voltea este versículo, y ahora dice "vendrá un Redentor de Sion", porque ahora es desde Sion que está salvando a las naciones. Y eso es exactamente lo que se ve a continuación en el capítulo 60.
Entonces, aquí estamos, un nuevo año. Y siempre que hay un nuevo año, siempre que comenzamos —ahora el 2023—, pero cada vez que empezamos un año siempre hay un sentido de expectativa de qué es lo que vendrá ahora este año, qué es lo que traerá para nosotros, cuáles son los retos que tenemos por delante, cuáles son las bendiciones que vamos a disfrutar de parte de Dios también este nuevo año. Y siempre hay este sentido, porque no conocemos el futuro, no sabemos qué es lo que va a pasar. Y entonces, ese sentido expectante acerca del futuro que no conocemos, que estamos ansiosos por descubrir, es el mismo sentimiento que deberíamos sentir cuando nos quedamos con estas promesas de "vendrá un Redentor a Sion", "esto yo voy a hacer, estas cosas". Debemos quedar con ese mismo sentido de expectativa de cómo se va a ver cuando este Redentor venga a Sion; cuáles son las características del mundo que está siendo redimido por este Redentor; cuáles son las cosas que podemos esperar los que somos el pueblo de Dios en lo que el Redentor trae para nosotros.
Lectura de Isaías 60
Bueno, vamos a leer el capítulo 60. Ese es el tema del capítulo 60: qué puedes esperar cuando el Redentor venga a Sion. Y van a notarlo —quiero que busquen estas palabras a lo largo del capítulo—: se puede resumir en gloria. Ese es el enfoque central del capítulo 60: es que, cuando venga el Redentor a Sion, lo que va a traer es gloria, esperanza de gloria futura. Eso es lo que ustedes pueden esperar, pueblo de Dios.
Entonces lean conmigo cómo comienza el capítulo 60: "Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz, y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti. Porque tinieblas cubrirán la tierra, y densa oscuridad los pueblos; pero sobre ti amanecerá el Señor, y sobre ti aparecerá su gloria. Y acudirán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer. Levanta tus ojos en derredor y mira: todos se reúnen, vienen a ti; tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos. Entonces lo verás y resplandecerás, y se estremecerá y se regocijará tu corazón, porque vendrán sobre ti la abundancia del mar, las riquezas de las naciones vendrán a ti. Una multitud de camellos te cubrirá, camellos jóvenes de Madián y de Efa; todos los de Sabá vendrán, traerán oro e incienso, y traerán buenas nuevas de las promesas del Señor. Todos los rebaños de Cedar serán reunidos para ti, los carneros de Nebaiot estarán a tu servicio; subirán como ofrenda agradable sobre mi altar, y yo glorificaré la casa de mi gloria. ¿Quiénes son estos que vuelan como nubes y como palomas a sus palomares? Ciertamente las costas me esperarán, y las naves de Tarsis vendrán primero, para traer a tus hijos de lejos, y su plata y su oro con ellos, por el nombre del Señor tu Dios y por el Santo de Israel, porque Él te ha glorificado. Extranjeros edificarán tus murallas, y sus reyes te servirán; porque en mi furor te herí, pero en mi benevolencia he tenido compasión de ti. Tus puertas estarán abiertas de continuo; ni de día ni de noche se cerrarán, para que te traigan las riquezas de las naciones, con sus reyes llevados en procesión. Porque la nación y el reino que no te sirvan perecerán, y esas naciones serán completamente destruidas. La gloria del Líbano vendrá a ti: el ciprés, el olmo y el boj a una, para hermosear el lugar de mi santuario; y yo haré glorioso el lugar de mis pies. Vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, se postrarán a las plantas de tus pies todos los que te despreciaban, y te llamarán ciudad del Señor, Sion del Santo de Israel. Por cuanto tú estabas abandonada y aborrecida, sin que nadie pasara por ti, haré de ti gloria eterna, gozo de generación en generación. Y mamarás la leche de las naciones, mamarás el pecho de los reyes; entonces sabrás que yo, el Señor, soy tu Salvador y tu Redentor, el Poderoso de Jacob. En vez de bronce traeré oro, en vez de hierro traeré plata, en vez de madera, bronce, y en vez de piedras, hierro. Pondré como tus administradores la paz, y como tus gobernantes la justicia. No se oirá hablar más de violencia en tu tierra, ni de desolación ni de destrucción dentro de tus límites, sino que llamarás a tus murallas salvación, y a tus puertas alabanza. Y el sol no será para ti luz del día, ni el resplandor de la luna te alumbrará, sino que tendrás al Señor por luz eterna, y a tu Dios por tu gloria. Nunca más se pondrá tu sol, ni menguará tu luna, porque tendrás al Señor por luz eterna, y se habrán acabado los días de tu luto. Entonces todos los de tu pueblo serán justos; para siempre poseerán la tierra, vástago de mi plantío, obra de mis manos, para que yo me glorifique. El más pequeño llegará a ser un millar, y el más insignificante, una nación poderosa. Yo, el Señor, a su tiempo lo apresuraré".
Señor, bendice esta palabra acerca de nuestro futuro como tus hijos. No nada más es la gloria presente que ya estamos disfrutando: es la gloria futura que tú estás preparando para todos los que te aman. Señor, llena nuestros corazones de tu esperanza. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
Leí todo el capítulo porque lo que quiero hacer con ustedes nada más es mostrarles las características, al mostrarles estas palabras que están siendo repetidas una y otra vez a lo largo del capítulo. Entonces vamos a enfocarnos en ciertas palabras que hay a lo largo de todo el capítulo, en lugar de estructurarlo por secciones.
Una gloria soberana: la luz
Estamos viendo cuáles son las características de toda esta descripción que acabamos de leer, y la primera descripción que creo que nos muestra el texto es la descripción de una gloria soberana. Y esta gloria soberana tiene una descripción muy específica, que tiene que ver con luz. Lo vieron a lo largo de todo el capítulo: luz regresa una y otra vez como la descripción más vívida de lo que significa la gloria de Dios.
Y digo "gloria soberana" porque, cuando el capítulo 60 comienza, dice: "Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz, y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti". Entonces esta descripción de luz nos está siendo dada como un mandamiento: levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz. Pero tenemos que entender que en realidad no es que nosotros poseamos una luz inherente dentro de nosotros mismos, que se nos está ordenando sacar, sino que es una luz que nos ha sido dada por Dios y que solo Él tiene la capacidad de producir. Entonces Él es el que está trayendo la luz, nos está dando su luz para que ahora nosotros reflejemos esa luz a las naciones. Ese es el mandamiento que encontramos aquí: es que ustedes han visto la luz de Dios porque ustedes estaban en tinieblas. "Las tinieblas cubrirán la tierra, y densa oscuridad los pueblos": entonces esa es nuestra realidad.
Se acuerdan, capítulo 59: nosotros estamos en pecado. Cuando Dios nos confronta con nuestro pecado, si somos sus hijos, si realmente somos salvos y redimidos por Él, reconocemos esa confrontación y ese veredicto de parte de Dios y decimos: sí, sí somos culpables, estamos en oscuridad, no tenemos la capacidad de producir luz nosotros mismos. Y aceptamos la gracia y la misericordia que Dios nos está dando. Entonces esa es la dinámica de la salvación por gracia que la Biblia nos muestra.
Y entonces, cuando leemos esta descripción de los versículos 1 y 2, nos recuerda lo que Jesús le dijo a Nicodemo, se acuerdan: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna". Ustedes conocen ese versículo bien, probablemente. Pero sigan leyendo y van a ver que hay una descripción todavía más profunda de qué significa esa vida eterna y cómo creemos en Él. Dice: "Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que cree en Él no es condenado, pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios". Entonces hay un juicio del que está hablando aquí sobre los que no creen. Y esto es lo que dice acerca de los que no creen: "Y este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, pues sus acciones eran malas. Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas. Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas, que han sido hechas en Dios".
Entonces ahí está: es la realidad de nuestra naturaleza. Nuestra naturaleza es oscuridad, nuestra tendencia es oscuridad; necesitamos la obra sobrenatural de parte de Dios para revelar esta luz a nosotros. Y entonces encontramos que Pablo lo describe en 2 Corintios 4:6 de esta manera. Él dice: "Porque Dios, que dijo: 'De las tinieblas resplandecerá la luz'" —entonces se está regresando a Génesis 1, y dice: Dios, ahí hay tinieblas, y dice "luz", ¿y qué sucede? Hay luz—, "de esa misma manera Él ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo".
Entonces, ¿ven esa conexión? Gloria y luz. Cómo es que vemos la gloria de Dios: es a través de la luz que se nos revela, porque estamos en oscuridad, y Dios soberanamente habla la palabra "sea la luz", y la luz es revelada a nuestros corazones. La manera en que funciona la salvación del pueblo de Dios es lo que está describiendo Isaías aquí.
Y entonces vean estas palabras clave aquí, de "amanecer". ¿Qué es lo que pasa cuando amanece? Había noche —es la imagen—, estábamos en la noche, pero empieza a salir el sol. Y de repente... tenías que prender todas las luces de tu casa, y tenías que buscar lámparas si querías ver algo; pero una vez que sale el sol, ya no es necesario, ya no hay oscuridad, ya puedes ver todo lo que te rodea, y es una nueva realidad la que es revelada cuando hay luz. Y ese es el lenguaje que usa: "sobre ti amanecerá el Señor", dice; "acudirán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer"; y versículo 5, "entonces lo verás y resplandecerás" —luz otra vez—. Y si se van hasta el versículo 19, van a encontrar otra vez esta idea: "Ya el sol no será para ti luz de día, ni el resplandor de la luna te alumbrará". Entonces la idea es que va a haber una luz tan brillante que el sol ya no será necesario; el sol se va a ver como una lamparita pequeña comparado con la luz que vendrá. ¿Cuál es esta luz? El Señor será tu luz eterna. Luego otra vez, versículo 20: "porque tendrás al Señor por luz eterna".
Entonces pueden ver esta idea una y otra vez. Y lo que quiero que vean —y si hay algo que quiero que quede claro en sus cabezas— es la conexión que existe entre Isaías 60 y Apocalipsis 21. Vayan conmigo; vamos a regresar muchas veces a Apocalipsis 21, porque aquí está el cumplimiento de esta profecía siendo retomada por las visiones de Juan. Vean lo que dice el versículo 23 de Apocalipsis 21: "La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que la iluminen, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Las naciones andarán a su luz, y los reyes de la tierra traerán a ella su gloria. Sus puertas nunca se cerrarán de día, pues ahí no habrá noche, y traerán a ella la gloria y el honor de las naciones".
Entonces, ¿vieron? Este tema regresa en Apocalipsis 21, y ahora está describiendo esta realidad: la gloria futura de Dios es descrita como la luz que Dios será para nosotros, para su pueblo, y es una luz que solo Dios puede ser y producir para nosotros.
Una gloria reconocida por las naciones
Número dos. ¿Qué más aprendemos de la gloria futura que vendrá? Uno, es que es como luz y es una gloria soberana de parte de Dios. Número dos, aprendemos que es una gloria, o una luz, reconocida por las naciones. Vean las diferentes descripciones. Dice el versículo 3: "Acudirán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu amanecer". Y luego el versículo 4: "Levanta tus ojos en derredor y mira: todos se reúnen, vienen a ti; tus hijos vendrán de lejos, tus hijas serán llevadas en brazos". Y luego, en el versículo 6, describe una multitud de camellos, que es de todo el comercio que existía en el tiempo, y describe estos camellos básicamente rodeando la ciudad de Sion, la ciudad de Dios, pero de todas las naciones: "camellos jóvenes de Madián y de Efa; todos los de Sabá vendrán". Entonces aquí está describiendo a los descendientes de Ismael. Esas son las naciones que surgen, que regresan otra vez en el versículo 7: "Todos los rebaños de Cedar serán reunidos para ti, los carneros de Nebaiot estarán a tu servicio". Eso es, otra vez, los hijos de Ismael; Génesis 25 describe estas conexiones que hay con la descendencia de Ismael. Pero ahora es la descendencia de Ismael la que está siendo descrita como parte de los que vienen a traer su adoración a Dios, al Dios de Israel. Entonces estas naciones representan a aquellos que estaban alejados de la promesa, los que eran gentiles, ellos que no tenían acceso realmente al Dios de Israel como su propio Dios, y aquí están siendo descritos como los que traen... ¿qué es lo que traen? Oro e incienso, algunos de los materiales más preciosos de la época, de Oriente. ¿Les suena familiar? Mateo 2, ¿verdad? Esos son exactamente los regalos que le traen a Jesús. Y creo que la razón por la cual los reyes de Oriente traen estos regalos es como un cumplimiento inicial de esta promesa de que de las naciones gentiles vendrán para traer lo más precioso que tienen, como adoración a Dios, reconociendo la obra de salvación que Él ha venido a hacer a través del Mesías, la luz del mundo. Eso es, creo, lo que se está anticipando aquí.
No nada más oro e incienso, sino rebaños. Y otra vez, cuando menciona los camellos, cuando menciona los rebaños, no está hablando de traerlos como ofrenda, como dice el versículo 7, en un sentido literal para el altar, porque entendemos a través de Hebreos 1, Hebreos 13, que el sacrificio ya ha sido hecho; no vamos a regresar a los sacrificios de animales otra vez, porque el sacrificio perfecto a través de Jesucristo ya se ha hecho. Pero, otra vez, esto representa lo que las naciones están trayendo de una manera simbólica: lo mejor de ellos, como adoración a Dios, diciendo: nosotros estamos aquí como redimidos por Dios, y Él es nuestro tesoro, así que nosotros traemos nuestros tesoros a Él.
Entonces la gloria es reconocida por las naciones, y el versículo 10 lo explica otra vez de una manera clara. Y bueno, me encanta la imagen del versículo 8: "¿Quiénes son estos que vuelan como nubes y como palomas a sus palomares?". Entonces, esta imagen de las naciones siendo reunidas es como que la gloria de Cristo es la realidad, la gloria de Cristo está reuniendo nuevamente a la raza humana, y es como un imán, un poder magnético que está jalando a las naciones hacia sí mismo. Lo ven: en estas descripciones están siendo atraídas hacia un punto específico las naciones que estaban en oscuridad; están siendo jaladas hacia la luz, la luz de Sion. Y como palomas que están volando para regresar a su casa, a su nido, de la misma manera las naciones están regresando hacia Sion.
Y eso es lo que describe el versículo 10, dice: "Extranjeros edificarán tus murallas, y sus reyes te servirán". Entonces, de todas las naciones. Y esto es lo que describe el versículo 14: "Humillados, los hijos de los que te afligieron se postrarán a las plantas de tus pies, todos los que te despreciaban" —o sea, los que anteriormente habían rechazado a Dios y al Dios de Israel—, ahora "te llamarán ciudad del Señor, Sion del Santo de Israel". Esas son las naciones de todo el mundo siendo redimidas por Dios a través de su gracia.
Y eso es lo que describe el versículo 10. Marquen esta segunda parte de este versículo, porque esta es la descripción del evangelio: "Porque en mi furor te herí, pero" —y otra vez esta palabra, ¿no les encanta esa palabra?— "pero en mi benevolencia he tenido compasión de ti". O sea, Dios está diciendo: mi ira y justicia se tenían que manifestar contra tu pecado, pero mi gracia era aún mayor, de tal manera que yo tengo un remanente que salvaré de todas las naciones. Es la realidad del evangelio que hemos experimentado nosotros.
La ciudad: murallas de salvación, puertas de alabanza
La gloria reconocida por las naciones. Y lo que quiero que vean es que hay dos descripciones que surgen más adelante, que describen la realidad de todas estas naciones siendo reunidas como un solo pueblo, y ese es el versículo 18, que describe la ciudad. Sion, otra vez: esta ciudad Sion del versículo 14 no es Jerusalén geográficamente hoy. No está hablando de que todas las naciones van a ir a un lugar geográfico que está del otro lado de este planeta; está describiendo lo que el autor de Hebreos describe en el capítulo 12, cuando dice: "Ustedes, en cambio, se han acercado al monte Sion, a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, a la asamblea general e iglesia de los primogénitos que están inscritos en los cielos, y a Dios, el juez de todos, y a los espíritus de los justos hechos ya perfectos". Esa es la Sion de la que está hablando; esa es la realidad de la salvación a través de Cristo Jesús, que es representada como una ciudad, como Sion, como el lugar de encuentro con Dios.
Entonces, aunque este capítulo tiene una conexión con la restauración, el regreso del exilio de Israel de Babilonia, ustedes pueden ver en las descripciones que estamos leyendo cómo se queda corto en relación a su cumplimiento a través de Nehemías, de Esdras; cómo se quedan cortas las descripciones de lo que de hecho sucedió, con lo que está aquí. Esto es mucho más glorioso, esto es mucho más grande que simplemente el regreso del exilio. Nunca se ha cumplido esto, como lo leemos, en todo su esplendor y gloria y profundidad en la historia de Israel. Aun después de que regresan a Israel, aun después de la reconstrucción del templo, estas descripciones van más allá de eso: una realidad más gloriosa, y profunda, y eterna. Y en un momento vamos a ver eso.
Pero nada más quiero que vean cómo es descrita la ciudad aquí, versículo 18: "sino que llamarás a tus murallas..." —¿cómo se llaman las paredes de la ciudad?— "salvación"; y ¿cómo se llaman las puertas? "Alabanza". Esas dos cosas son las descripciones de nuestra realidad futura: somos salvos de una manera perfecta ahora, a través de Cristo Jesús, y nuestra adoración será perfecta y eterna hacia Dios en su gloria. Esas dos cosas son la descripción de nuestra realidad.
La adoración es el fin de todas las cosas
Y entonces encontramos que la adoración de las naciones será aceptable a Dios, porque será ofrecida en su altar. La cruz de Cristo es la razón por la cual la adoración de todas las naciones ahora es aceptable para Dios, y la adoración será la belleza de la casa de Dios. Eso es lo que describe el versículo 7: "Subirán como ofrenda agradable sobre mi altar, y yo glorificaré la casa de mi gloria". Nuestra adoración se convertirá en la gloria más evidente de la ciudad celestial.
Y saben, la adoración es el fin de las misiones, es la razón por la cual tenemos que predicar el evangelio. No es principalmente para que simplemente la gente no se vaya al infierno que predicamos el evangelio. ¿Saben cuál es el verdadero corazón de nuestra predicación? Adoren al verdadero Dios. Es lo que queremos ver: que Dios, el verdadero Dios, sea adorado. La adoración es el fin de todas las cosas; ahí termina la historia, en la adoración de Dios y de su pueblo, perfecta y eternamente.
Y quiero mostrárselos en Apocalipsis nuevamente, Apocalipsis capítulo 5, versículos 9 y 10: "Y cantaban un cántico nuevo, diciendo: 'Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación, y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios, y reinarán sobre la tierra'". Y si van al capítulo 7 van a encontrar, en el versículo 9, otra visión muy parecida, donde dice: "Después de esto miré, y vi una gran multitud, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus pueblos y lenguas, de pie delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos. Clamaban a gran voz: 'La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero'". Versículo 12: "'Amén. La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén'".
Cada vez que nosotros nos reunimos —y por eso es una parte central de nuestras reuniones la adoración—, porque cada vez que nos reunimos juntos y adoramos al Señor, simplemente estamos anticipando la realidad de la adoración eterna. Esto es lo que vamos a hacer para siempre, así que pues hay que empezar, hay que empezar a acostumbrarnos a reconocer la gloria de Dios como lo más hermoso que hay en nuestras vidas. Y la adoración que nosotros cantamos aquí no se compara con la adoración que experimentaremos en la presencia de la gloria de Dios, pero podemos anticipar eso cada vez que cantamos, ¿no? Podemos decir: Señor, yo sé que esto está desafinado —el hermano que está junto a mí ahorita—, pero en la eternidad lo vas a afinar; entonces no me tengo que preocupar por eso, no dejes que eso me distraiga.
Las naciones y sus culturas, redimidas
Y otra cosa que quiero que vean, que es increíble aquí, es que están siendo descritas las naciones, pueblos, lenguas, tribus, etnias: están siendo representadas aquí. Es decir, que hay una redención cultural y étnica que está sucediendo en la eternidad, donde mantienen sus distintivos culturales. Pues no sé cómo nos van a reconocer a los mexicanos, pero nos van a reconocer: o sea, ahí están los mexicanos, ya están los chinos, ya están los hindúes; pero todos una sola voz de adoración, como un solo pueblo redimido. Todos los estilos de música —bueno, reggaetón no sé—, pero las culturas producen estilos musicales que van a ser redimidos por Dios por toda la eternidad para formar parte de nuestra adoración eterna en su presencia.
Y vean, esto está en el capítulo 21, versículo 24: "Las naciones andarán a su luz, y los reyes de la tierra traerán a ella su gloria". Lo ven: la descripción de toda la eternidad es una identidad de naciones trayendo toda su cultura, todo su arte, todas sus posesiones, todos sus tesoros, delante de Dios, como parte de la adoración eterna. ¡Pero qué expresiones vamos a tener! O sea, imagínense, si disfrutamos la música ahora, lo que vamos a disfrutar de música en la eternidad. Imagínense, si nos gustan los colores, y los olores, y los sabores ahora, qué es lo que vamos a disfrutar por toda la eternidad de una manera perfecta. Es la realidad de la redención, cómo Dios redime.
Entonces, ahora trabajamos —y Jonathan estaba hablando algo sobre esto el domingo pasado, acerca de cómo Dios redime nuestro trabajo—: es parte de la función que Dios nos ha dado, el desarrollar nuestros talentos y nuestras habilidades. Que te gusta la música, te gusta la pintura, te gustan las matemáticas, te gusta la arquitectura, te gusta... ¿qué?, te gusta cocinar, te gusta coser. ¿Qué cosas son las que te gustan? Y todas esas cosas Dios las ha creado para que las disfrutemos y para que pensemos en la realidad de cómo esas cosas culturales serán redimidas por Él como parte de nuestra adoración. Entonces, por eso es que hoy empezamos a practicar eso en nuestro trabajo: sea cual sea tu trabajo, empiezas a practicar cómo tú le entregas eso como adoración a Dios. Porque en la eternidad todos los aspectos culturales, y de gustos, y de hobbies, y de todas las cosas que te puedes imaginar, también serán redimidos como parte de nuestra adoración a Dios. Entonces por eso es que no existe una división entre lo secular y lo sagrado para un cristiano: todo es sagrado.
Una gloria perfecta: gozo, paz y justicia
Bueno, la gloria es reconocida por las naciones. Número tres: la gloria de Dios será perfecta. Y hay unas descripciones aquí que me encantan, porque son las descripciones de gozo, paz y justicia. Es la manera en que Dios describe esta gloria futura. Vean todas las veces que aparece "gozo", por ejemplo: versículo 5, "se estremecerá y se regocijará tu corazón"; y luego más adelante, en el versículo 15, dice "gozo de generación en generación"; y luego en el versículo 17, aquí están las descripciones, dice: "Pondré como tus administradores la paz, y como tus gobernantes la justicia".
Entonces encontramos estas descripciones de lo que va a representar estar en la presencia y en la gloria de Dios por toda la eternidad, como estas tres cosas: gozo, paz y justicia, que son las cosas que más anhela nuestro corazón. ¿Ustedes quieren ser felices, realmente felices? Empiecen a buscar su felicidad en Dios; ese es el camino de la verdadera felicidad. ¿Ustedes quieren realmente tener paz en su corazón, una verdadera paz, el saber que están bien con Dios, el saber que su vida tiene propósito y tiene sentido, y pueden encontrar descanso en Él? Busquen lo que el sacrificio de Cristo representa en cuanto a la paz que Dios nos ofrece. ¿Quieren justicia, verdadera justicia? Vean la justicia de Dios siendo derramada sobre su Hijo en la cruz, para nuestro perdón y para nuestra reconciliación.
Y el versículo 17 tiene una descripción interesante, dice: "En vez de bronce traeré oro, en vez de hierro traeré plata, en vez de madera, bronce, y en vez de piedras, hierro". Es interesante; es el hijo de Salomón: los egipcios vinieron, se robaron unos escudos de oro que había colgados, y él tuvo que sustituirlos por escudos de bronce. Entonces, en nuestro mundo caído la tendencia normalmente es lo que conocemos como entropía: es que las cosas empeoran, ¿no es cierto? Necesitamos darle mantenimiento a nuestro carro, necesitamos darle mantenimiento a nuestra casa, necesitamos darle mantenimiento a nuestros cuerpos; cada vez están peor. Y ya cuando empiezas a googlear tus síntomas, dices: eso no lo hacía antes, ¿por qué? Te das cuenta de que la tendencia no es a mejorar, la tendencia es a empeorar; un mundo caído siempre va a ir de mal en peor, no mejoramos.
Pero una creación restaurada está poniendo eso al revés; está diciendo: todo lo que ustedes conocen que es bueno, como el bronce, ahora yo lo haré mejor. Todas las realidades que ustedes conocían que son buenas, ahora yo las estoy llevando a un nuevo extremo, a una nueva realidad. Entonces, otra vez, regresando a este aspecto cultural: imagínense todos los placeres de esta vida siendo magnificados en la presencia de la gloria de Dios. ¿Te gusta cómo cocina tu esposa? Todavía no has probado nada. ¿Te gusta la música? Todavía no has escuchado nada. ¿Te gustan los colores, te gustan los paisajes, te gusta el arte, te gustan todas estas cosas que Dios te ha dado? Todo esto va a ser magnificado de una manera exponencial que nuestra imaginación no tiene la capacidad de imaginar. Eso es lo que está diciendo.
Entonces, en "Mero cristianismo", C. S. Lewis dijo algo que creo que es cierto, y esto es lo que creo que un capítulo como Isaías 60 nos muestra. Él dijo: "Si encuentro dentro de mí deseos que nada en este mundo puede satisfacer, la única explicación lógica es que fui hecho para otro mundo". Si nada en este mundo nos llena, significa que hay un mundo venidero que sí nos llenará. Es una actualización permanente, nada de segunda categoría. Jesús no nos dará lo que es bueno: Jesús nos dará lo que es mejor. No conocemos todavía lo que es mejor, solo conocemos lo bueno.
Entonces: gozo, paz y justicia, una gloria perfecta en la que toda la realidad será mejor que lo que conocemos ahora. Otra vez, vayan conmigo a Apocalipsis 21, y dice: "Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: 'El tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos; ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado'. El que está sentado en el trono dijo: 'Yo hago nuevas todas las cosas'. Y añadió: 'Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas'. También me dijo: 'Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida'". "Considero que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria que en nosotros ha de manifestarse".
Una gloria eterna
El otro punto que nos muestra el texto es que será una gloria eterna, y quiero que vean cómo esto se repite una y otra vez a lo largo del texto. Dice en el versículo 11: "Tus puertas estarán abiertas de continuo; ni de día ni de noche se cerrarán". Entonces se abren las puertas para todas las naciones y nunca más se vuelven a cerrar. Y luego, en el versículo 15, dice: "Haré de ti gloria eterna, gozo de generación en generación"; y esta idea de generación en generación es que no se va a acabar, sigue generación tras generación disfrutando de las mismas cosas que Dios ha provisto para su pueblo. Y luego, en el versículo 18, dice: "No se oirá hablar más de violencia"; ya no hay más violencia en la tierra, no hay desolación, no hay destrucción. Y luego el versículo 19: "Ya el sol no será para ti luz de día", y luego al final de ese versículo dice "sino que tendrás al Señor por luz eterna"; "nunca más se pondrá tu sol, ni menguará tu luna, porque tendrás al Señor por luz eterna, y se habrán acabado los días de tu luto". Y luego el versículo 21: "para siempre poseerán la tierra".
Entonces oyen ese lenguaje tan absoluto: para siempre, por los siglos de los siglos, nunca más habrá estas otras cosas; la primera tierra y los primeros cielos han pasado, las primeras cosas ya no son, no hay más dolor, no hay más llanto, no hay más muerte. Ahora la única realidad es el gozo del Señor. Ese es el tipo de lenguaje que encontramos aquí, una y otra vez está siendo repetido, el sentido tan absoluto y final de esta realidad. Por eso es que digo: esto no es mil años solamente después de que regrese Jesús; es la realidad final, es la realidad que ya no tiene ningún cambio, que ya no tiene ningún problema, donde ya no hay más rebeldía, no hay más muerte. Es la nueva realidad, y esto es lo que vamos a estar viendo en los próximos capítulos también de Isaías.
Entonces, esta es la realidad final de nuestra existencia. ¿Quieres saber cómo termina todo? Así termina. Y una vez que has leído Isaías, estás bastante preparado para leer Apocalipsis. Perdón que estudiamos Apocalipsis primero y luego Isaías, pero este libro te está preparando para todas esas realidades que van a ser reveladas nuevamente en la visión futura de lo que espera a la iglesia de Cristo.
¿Cuál es la realidad futura? Cristo será el único Salvador; no habrá más salvadores falsos, temporales, vanos. Él es el único Salvador, Él es el final y eterno capítulo del drama humano. Esto que llamamos humanidad es una historia desarrollándose, es una dramatización que se está dando de quién es Dios y quién es su pueblo, que se está desarrollando a lo largo de los eventos de la historia y que encuentra su capítulo final en lo que estamos leyendo como el estado eterno.
¿Es esta promesa para ti?
Entonces, así es como empezamos el año. Ya, nos da esperanza. Lean conmigo nuevamente Apocalipsis 21:25-27, que otra vez está retomando... eso está siendo tomado de Isaías 60. Dice: "Sus puertas nunca se cerrarán de día, pues ya no hay más noche" —por eso nunca se cierran, porque ya no hay noche— "y traerán a ella la gloria y el honor de las naciones. Jamás entrará en ella nada inmundo, ni el que practica abominación y mentira, sino solo aquellos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero".
Es la misma advertencia que está en el capítulo 60, y lo vieron, versículo 12. Esta realidad de la gloria futura, ¿es para todos? ¿No? Dice el versículo 12: "Porque la nación y el reino que no te sirvan perecerán, y esas naciones serán completamente destruidas". Entonces la pregunta es: ¿cuál es la esperanza de tu corazón?, ¿en dónde está tu identidad?, ¿quién es tu amo?, ¿en quién encuentras la paz, la justicia y el gozo de tu alma?, ¿quién es ese fundamento? Esa es la pregunta, porque eso es lo que determina si estas promesas son para ti o no. Porque si tú estás buscando en otros lugares tu gozo, si tú estás buscando en otros lugares la paz para tu corazón, entonces significa que estas promesas no son para ti. Solo son para aquellos que han encontrado su tesoro en Cristo Jesús, solo son para aquellos que han sido reconciliados con Dios y saben: Él es mi esperanza; y lo ven a Él y dicen: hacia allá voy, y no hay nada más en el mundo que quiero que ver su gloria. Es para ellos nada más; ese es el pueblo de Dios al que se le está prometiendo esta realidad. Todos los demás serán excluidos de esta realidad y se enfrentarán al juicio y a la condenación eterna de Dios.
Entonces, ¿cuál es el propósito de Dios para hacer todo esto? Versículo 21: "para que yo me glorifique. El más pequeño llegará a ser un millar, y el más insignificante, una nación poderosa". Porque Dios ha escogido lo despreciado y lo débil de este mundo para hacer su obra, y entonces estos somos nosotros, los que encontramos la esperanza en la misericordia y en la gracia de Dios.
Y, por si se están poniendo impacientes y dicen "ay, Señor, ya", lean cómo termina este capítulo: "Yo, el Señor, a su tiempo lo apresuraré". Ya viene, no se preocupen; sí sucederá, yo sé cuándo, y vendrá más pronto de lo que creen.
Puestos de pie, vamos a cantar juntos al Rey que ya viene a reinar.
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