Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Isaías 59IsaíasNathan Díaz

Vendrá un Redentor a Sión

¿Por qué el pecado nos separa de Dios y quién puede interceder por nosotros? Isaías 59 expone la culpa de un pueblo violento y mentiroso, su confesión sincera y el asombro de que no haya nadie capaz de mediar. La respuesta es un Redentor que se viste de justicia y salvación, la armadura que Pablo retoma en Efesios 6.

Transcripción

Un capítulo apropiado para hoy

Isaías capítulo 59. Continuamos. Y yo estaba tratando de ver originalmente, sabiendo que Navidad caía en domingo, y tratando de pensar qué pasaje íbamos a estar predicando este domingo. No, ustedes saben, no es que se planeó así: en realidad cayó este capítulo para hoy. Y cuando vi cuál capítulo íbamos a estar estudiando el 25 de diciembre, vi que realmente sí es un capítulo apropiado para este día, porque termina el capítulo con esta esperanza: Dios prometiendo que va a enviar un Redentor a Sion, que va a redimir al pueblo de sus pecados. Y eso es el capítulo que queremos meditar hoy juntos: acerca de, una vez más en Isaías, un capítulo que resume el evangelio, que resume nuestra necesidad de ser redimidos, la manera en que podemos ser redimidos al confesar nuestros pecados, y el medio que Dios ha provisto para nuestra redención. Entonces todo eso está en este capítulo 59 de Isaías, y vamos a meditar en este capítulo en cuatro partes.

Nuestra culpabilidad

Primeramente, viendo nuestra culpabilidad, que es como empieza el capítulo. Si recuerdan, en el capítulo 58 habíamos venido viendo que hay esperanza, hay bendición para aquellos que encuentran su deleite en Dios y en el día de reposo, en consagrar sus vidas y en particular este día al Señor, pensando en que Dios quiere ser también glorificado en la manera en que priorizamos las diferentes cosas en nuestras vidas: nuestro dinero, nuestro tiempo. Y estuvimos meditando sobre eso hace dos semanas.

Ahora regresa el capítulo 59 a hacer ciertas declaraciones acerca del pueblo de Israel a través de Isaías. Dice: "La mano del Señor no se ha acortado para salvar, ni su oído se ha endurecido para oír". Es decir, no es falta de poder de parte de Dios la razón de lo que voy a explicar en un momento. Dios... no es que no tiene la fuerza para hacer la salvación que Él quiere hacer, no es que no tiene la capacidad de escuchar, sino que el versículo 2 nos explica: "Pero las iniquidades de ustedes han hecho separación entre ustedes y su Dios, y los pecados le han hecho esconder su rostro para no escucharlos". Entonces aquí está, esa es la culpabilidad del pueblo de Israel siendo declarada: no es que Dios no tenga la capacidad de salvarlos —Él tiene toda la capacidad para salvarlos—, el problema es su pecado; su pecado es lo que los separa de Dios. Ustedes son responsables delante de Dios, y no pueden culpar a Dios de no hacer lo que Él se supone que debe hacer, porque ustedes han quebrantado su ley.

Entonces nuestra culpabilidad se puede resumir en algo muy simple: nuestro pecado nos separa de Dios. Habacuc 1:13 dice: "Muy limpios son tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresión". De hecho, si recuerdan el capítulo 57, que es lo que vimos hace dos semanas, versículo 15, leíamos que Dios es "el alto y sublime, que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: yo habito en lo alto y santo". Dios es trascendente, Dios es supremo, y esa santidad, que es su principal característica como Dios, lo separa completamente de la creación, y especialmente de una creación caída.

Esto que vamos a estar leyendo en los siguientes versículos es lo que el apóstol Pablo habría estado leyendo y meditando cuando estaba escribiendo su carta de Romanos. Escuchen lo que dice: "Porque las manos de ustedes están manchadas de sangre, y sus dedos de iniquidad; sus labios hablan mentira, su lengua murmura maldad. No hay quien clame con justicia ni quien abogue con honestidad. Confían en la confusión y hablan falsedades; conciben malicia y dan a luz iniquidad. Incuban huevos de áspides y tejen telas de araña; el que come sus huevos muere, y del que es aplastado sale una víbora. Sus telas no servirán de vestidos, ni se cubrirán con lo que hacen; sus obras son obras de iniquidad, y actos de violencia hay en sus manos. Sus pies corren al mal y se apresuran a derramar sangre inocente; sus pensamientos son pensamientos de iniquidad, desolación y destrucción hay en sus caminos. Camino de paz no conocen, y no hay justicia en sus senderos; han torcido a su favor las sendas, cualquiera que ande en ellas no conoce la paz".

Eso es lo que Pablo cita en Romanos 3:15-17. Recuerdan, un poco antes de esto dice: "No hay justo, ni aun uno; no hay quien haga lo bueno, no hay quien busque a Dios". Y más adelante dice: "Sus pies son veloces para derramar sangre; destrucción y miseria hay en sus caminos, y la senda de paz no han conocido; no hay temor de Dios delante de sus ojos". Eso es como Pablo resume la culpabilidad del hombre.

La violencia y la mentira

Entonces, ¿cuáles son estas cosas?, ¿cuál es el pecado que está siendo descrito aquí? Bueno, uno que es recurrente, lo pueden encontrar en varios de estos versículos, es la violencia que surge: pues es una sociedad violenta, no tienen problema con derramar la sangre de otro mientras represente conveniencia para ustedes, mientras represente ponerse ustedes mismos enfrente como lo más importante. Entonces el bienestar de los demás va a ser inferior a mis necesidades y a mi bienestar. Ese es el principio detrás de la violencia, ese es el principio con el que puedes medir todos los diferentes grados de violencia que hay, desde un insulto y un simple enojo. Como dice Jesús en Mateo, ¿qué es lo que te hace culpable de asesinato de tu hermano? Un insulto, una manera agresiva de tratarlo, con poco amor, con odio en tu corazón, con amargura: eso te hace culpable de homicidio, lo que hay en tu corazón hacia otros. Entonces esa violencia está siendo mostrada, que va desde nada más lo que piensas y lo que sientes con respecto a otra persona, y se puede manifestar hasta el derramamiento de sangre, hasta matar a otra persona.

La segunda cosa —nada más voy a pasar por estos puntos rápidamente, y podríamos hablar más, de tal manera que cada uno de nosotros nos demos cuenta de que somos culpables de cada una de estas cosas—, por ejemplo, la otra cosa que surge aquí varias veces, por ejemplo en el versículo 3, "sus labios hablan mentira": esta idea de mentira también se menciona una y otra vez. Nuestra culpabilidad no nada más en términos de violencia, sino nuestra culpabilidad en términos de lo que sale de nuestra boca, qué tan congruente es con la verdad. Y de veras, hermanos, o sea, si somos honestos, cuando somos confrontados con estas cosas, ninguno de nosotros puede decir que es inocente. Y es cierto: por ejemplo, si piensas en la mentira, ¿qué tan fácil mentimos? ¿No es cierto? Es tan fácil mentir; de repente te das cuenta de que ya dijiste algo que no es cierto, nada más para evadir algún tipo de situación incómoda con la que no querías lidiar. Mientes, y una y otra vez te das cuenta: acabo de mentir, acabo de mentir, acabo de decir algo que no era verdad.

Y esto, simplemente, si somos honestos, hermanos, acerca de nuestro propio corazón y de las cosas que salen de nosotros: la mentira es algo no nada más común en nosotros como cristianos, en la sociedad en general. ¿Qué tan común es la mentira? Por curiosidad hice una búsqueda cuando estaba pensando en esto; dije: voy a buscar si hay encuestas acerca de qué tan seguido miente la gente. Y encontré esto —los mexicanos; esto es una encuesta sobre México, pero Estados Unidos... dije: no, vamos a hablar de nosotros los mexicanos, qué tan mentirosos somos los mexicanos—: "Dicen cerca de cuatro mentiras diarias, según una encuesta difundida hoy, que revela también que en México los hombres son más mentirosos que las mujeres". Quién sabe si eso sea cierto, porque también, cuando leí esto, dije: a ver, estás haciendo una encuesta acerca de mentir, ¿qué te garantiza que la gente no está mintiendo en la encuesta? ¿Y qué tal si las mujeres son más mentirosas que los hombres, y por eso aparecen menos mentirosas en la encuesta? No sé, eso es nada más mi... "El estudio, elaborado por la compañía Mitofsky, se titula 'La mentira cotidiana, una aceptada costumbre', y revela también que, en una escala del uno al diez sobre su tendencia a mentir, los encuestados se situaron en 3.6 puntos. A la pregunta de qué tan mentiroso se considera usted, el 52.8% de los entrevistados dijo 'poco', el 16.9% dijo 'nada', el 11.7% se consideró muy mentiroso y el 10.4% regular. Sobre las mentiras que dicen los mexicanos cada día, la media de los hombres interrogados fue de 4.2, y la de las mujeres, 3, lo que da un promedio de 3.6. Por edades, los más mentirosos son los que tienen entre 18 y 29 años; por nivel de escolaridad, lo son los jóvenes que realizan cursos de preparatoria para la universidad; y por ocupación, lo son los estudiantes, aunque seguidos muy de cerca por los desempleados. Por hábitat, los que viven en las ciudades están por delante de los que residen en el campo" —o sea, los de la ciudad son más mentirosos—. "Respecto al destinatario de las mentiras, su principal objetivo son los amigos, con el 61.5% de ellas; la pareja, 34.9%; los compañeros, 3.1%; los jefes, 24.3%; y los padres, 23.8%".

Otra vez, qué tan confiable es una encuesta acerca de mentir en cuanto a la honestidad de los que están contestando la encuesta, no sé. Pero sí sabemos que la mentira es parte de nuestra sociedad y es parte de nuestro estilo de vida, y los cristianos nos vemos atrapados en eso todo el tiempo. Todo el tiempo nos vemos seducidos a mentir y a que las cosas que salgan de nuestra boca no sean verdad y no sean honestas. Esa es una de las primeras cosas que Dios está confrontando acerca de su pueblo; dice: ustedes son una nación que miente y miente, y todo el tiempo está tratando de buscar su comodidad y su conveniencia aunque tengan que comprometer la verdad.

La corrupción y el ídolo del dinero

La otra cosa que surge aquí una y otra vez es la corrupción. Y la corrupción simplemente es que la manera de hacer justicia, la manera en que se desarrolla la ley dentro de la sociedad, se ve afectada por los intereses de algunos. Y entonces, otra vez, se convierte en un tema de: si esto no me conviene, si hay una manera de sobornar, si hay una manera de hacer algo que minimice las consecuencias negativas que esto pueda tener para mí, entonces lo haré. Entonces, si me agarra el policía porque di vuelta en un lugar donde no debía dar vuelta, o en un carril donde no tenía que circular, y me dice "es que es corralón"... Ah, ojo: ¿hay una opción? Sí, sí hay. Entonces todas estas situaciones son parte de la sociedad en la que vivimos, son parte de nuestra cultura, pero no son cosa pequeña para Dios. Nos sostiene responsables de la manera en que opera nuestra sociedad, de la manera en que vivimos la ley de Dios en nuestros pensamientos, en lo que hablamos y en lo que hacemos, todo el tiempo.

Y vean lo que dice el versículo 6: "Sus telas no servirán de vestidos, ni se cubrirán con lo que hacen; sus obras son obras de iniquidad, y actos de violencia hay en sus manos". La idea es que nos estamos tratando de justificar todo el tiempo, estamos tratando de cubrir nuestro pecado todo el tiempo, y tratando de desviar la atención con otras cosas. O sea, está mostrando que, así como Adán y Eva buscaron vestirse después de haber pecado —porque estaban avergonzados delante de Dios en su desnudez, se hicieron su propia ropa—, nosotros hacemos exactamente lo mismo con nuestro pecado. Nosotros también tratamos de cubrir nuestra vergüenza; no queremos que nadie sepa, entonces tratamos de desviar la atención hacia otras cosas: pero mira esto que sí hago, no sé si fallo acá, pero no soy tan malo. Y entonces todo el tiempo estamos tratando de cubrirnos y cubrir esa vergüenza que sentimos por nuestro propio pecado, tratando de justificarlo con toda clase de cosas: todo el mundo lo hace, es que esto es parte de la sociedad, es que no se puede si no haces esto, es que esto es parte de lo que significa ser abogado, ¿verdad? O sea, ¿cómo vas a ser abogado si no puedes ser parte del sistema, cómo funciona? ¿Cómo puedes ser político y cristiano?

Esto es algo de lo que estaba comentando ahorita Jonathan: cómo vivimos nuestra vida como cristianos en nuestra sociedad, en nuestros trabajos, de una manera que honra y glorifica a Dios. Y como vivimos la mayoría en contextos seculares, es muy fácil que nos veamos absorbidos por el pecado y la iniquidad del ambiente que nos rodea, tratar de justificarlo constantemente, como lo hicieron Adán y Eva en su propio pecado. Pero nuestras obras, nuestras justificaciones, son como telarañas, como huevos de áspides delante de Dios.

Mucho de la corrupción —estaba pensando sobre esto—, mucho de la corrupción en realidad se resume como el ídolo que tenemos como sociedad del dinero. Qué tan importante es para nosotros el dinero que tenemos, qué tan valioso es el dinero, va a ser qué tan fácil sea ceder ante la corrupción. Y obviamente sabemos qué clase de cosas hace la gente por dinero, está dispuesta a hacer por dinero, hasta matar. Pues eso es lo que son los sicarios y todos estos crímenes organizados. No es que la gente necesariamente —a veces sí, pero no es que necesariamente— se goce de matar a una persona, pero están dispuestos a hacer eso por la cantidad de dinero que les pagan por hacerlo. ¿Por qué existe la prostitución? Pues por el dinero que se les paga a las mujeres por tener relaciones sexuales. Dinero: el ídolo del dinero, el valor que le damos al dinero en nuestras vidas, nos hace hacer toda clase de cosas terribles.

Y eso es lo que está siendo confrontado una y otra vez en este pasaje. Por eso dice: "Sus pensamientos son pensamientos de iniquidad, desolación y destrucción hay en sus caminos". Y al final del día, esta es la conclusión, este es el resumen de toda esta sociedad: "Camino de paz no conocen" —versículo 8— "no hay justicia en sus senderos; han torcido a su favor las sendas, cualquiera que ande en ellas no conoce la paz". ¿Realmente tienen paz en su vida? Y es paz en todos los sentidos: paz emocionalmente hablando, paz espiritualmente hablando, paz en la manera en que nos relacionamos con otros. No hay paz. Estamos en constante conflicto unos con otros y con nosotros mismos, en nuestro propio corazón. Sentimos esa tensión, ese estrés de estar viviendo como estamos viviendo, y sabiendo que esto no es la manera correcta para vivir: sabemos que está mal.

Por eso es que... y ustedes han visto estos videos de Aguas Vivientes donde Ray entrevista a la gente —son los videos que doblamos aquí—, y entrevista a la gente y les pregunta: ¿te consideras una buena persona? Y la gente dice: no, no, sí, yo soy una buena persona. Y entonces los empieza a confrontar siempre con esas preguntas de: bueno, ¿alguna vez has mentido? Ah, bueno, sí. Entonces, ¿cómo le llamas a alguien que miente? Mentiroso. ¿Alguna vez has robado algo, aunque sea algo pequeño? ¿Cómo llamas a alguien que ha robado? Bueno, ladrón. ¿Alguna vez has usado el nombre de Dios en vano? ¿Alguna vez has mirado a una mujer con lujuria? Y empieza a confrontarlos con todas estas preguntas, y para cuando termina, normalmente, si son honestos: entonces, ¿todavía te consideras una buena persona? Bueno, a lo mejor no, a lo mejor no.

Pero claro, siempre están tratando de compararse con alguien más, y así hacerse sentir mejor sobre ellos mismos. Es normalmente como funciona en nuestra cabeza: tratamos de ponernos en un parámetro donde tengamos a alguien peor que nosotros, con el cual podamos compararnos, que nos haga sentir bien sobre nosotros mismos. Y la mayoría de la sociedad así es como se siente con respecto a su propia vida, porque dice: bueno, hay gente realmente mala, los violadores, los secuestradores, los asesinos; esos son los realmente malos, los que no cuidan el medio ambiente, los que tiran la basura en la calle, esa es la gente. Entonces, si tienes ciertos parámetros para compararte, siempre te sientes bien: pues yo no tiro basura en la calle como ese. Entonces nos sentimos bien sobre nosotros mismos.

Y Dios aquí simplemente está poniendo delante de nosotros: nuestro pecado nos separa de Dios, tu pecado te condena, te hace culpable delante de Dios; has quebrantado su ley, Él no puede tener comunión contigo, tú no puedes tener una relación íntima y personal con Él porque tu pecado ha quebrantado esa relación.

"Por tanto": la confesión del remanente

Lo cual nos lleva al siguiente punto, versículo 9. Vean, noten el cambio. Dice: "Por tanto". Esta palabra es importante, porque, si ustedes recuerdan, cuando estuvimos estudiando el capítulo 58, en el versículo 3, lo que estaba pasando con el pueblo de Dios es que ellos estaban haciendo todos los rituales religiosos externamente que Dios pedía de ellos, pero en el versículo 3 ellos estaban diciendo: "¿Por qué hemos ayunado y tú no lo ves? ¿Por qué nos hemos humillado y tú no nos haces caso?". Esa es la actitud que existía en el capítulo 58: era una actitud de cuestionar a Dios, es decir: ¿que no nos ves, Dios?, ¿que no ves qué tan buenos somos?, ¿no nos debes, Dios? Esa es la actitud del capítulo 58 que estaba siendo confrontada. Ahora, en el capítulo 59, el "por qué" ha cambiado a "por tanto", y esta es una palabra de confesión, de reconocer que la declaración que Dios hace acerca de nosotros es cierta: es cierto, Dios.

Entonces aquí el remanente está contestando a la sentencia que ha sido dada por Dios, al veredicto dado por Dios acerca de su culpabilidad. Y vean que está cambiando ahora de tercera persona a primera persona. Versículo 9: "Por tanto, el derecho está lejos de nosotros, y no nos alcanza la justicia" —entendemos por qué la justicia está lejos, porque no hay salvación en nuestras vidas, entendemos—; "esperamos luz, y solo hay tinieblas; claridad, pero andamos en oscuridad. Vamos tocando la pared como ciegos, y andamos a tientas como los que no tienen ojos; tropezamos al mediodía como al anochecer; entre los robustos somos como muertos".

Ahí está la imagen: están reconociendo que vivimos en oscuridad. Efesios 5:8 dice: "Porque antes ustedes eran tinieblas, pero ahora son luz en el Señor; anden como hijos de luz". La luz y las tinieblas es una de las maneras en que la Biblia hace esta diferenciación entre los que son reconciliados con Dios y los que no son reconciliados con Dios. Meditamos sobre eso el domingo pasado, Juan 1: lo que representa la luz entrando a nuestras vidas, porque estamos como ciegos.

Ahora que se están celebrando las posadas, cuelgan la piñata. ¿Y qué es lo que hacen para hacer mucho más complicado romper la piñata? Pues vendan los ojos. Y es chistoso ver a alguien que no tiene idea dónde está, y nada más está con el palo en todas las direcciones posibles, tratando de ver si le doy de alguna manera, a ver si sucede que le llego a dar a la piñata, porque no puedo ver dónde está. Es chistoso cuando lo vemos con una piñata, pero no es chistoso cuando es en nuestras propias vidas, en donde estamos buscando en todas direcciones a ver si le pegamos a algo: no sabemos para qué estamos aquí, no sabemos para qué vivimos, no sabemos cuál es el propósito de nuestra existencia. Así que estamos apuntando en todas direcciones, a ver si algo cumple el sentido de propósito que hay en nuestro corazón.

Y una vez que reconocemos, una vez que decimos "sí, estamos en oscuridad, no sabemos cuál es el sentido de nuestras vidas, estamos haciendo toda clase de cosas"... Y "entre los robustos somos como muertos": en realidad, Señor, estamos muertos. Pensamos que estamos sanos, pensamos que tenemos vida, pensamos que tenemos un propósito para nuestra existencia; al final, nuestra condición es de muerte.

El gemido del remanente

Número dos, versículo 11: "Todos nosotros gruñimos como osos, y gemimos tristemente como palomas". Estaba tratando de imaginarme estos ruidos: cómo gruñe un oso y cómo gime una paloma. Bueno, esa es la descripción que usa para explicar esto de gemir como paloma. De hecho, ya apareció en Isaías cuando estuvo hablando acerca de Ezequías, cuando estaba enfermo e iba a morir, y se describe a sí mismo como alguien que está gimiendo como paloma, esperando la sanación de Dios en su vida, porque sentía la opresión de su enfermedad. Y eso es lo que lo hacía gemir a Ezequías.

Y eso es lo que ahora el remanente reconoce: nosotros estamos gimiendo por la situación en la que estamos, porque queremos tener esperanza para nuestras vidas, queremos tener un propósito y no lo tenemos; nos sentimos frustrados una y otra vez con la situación en la que estamos viviendo, y gemimos por la creación caída que existe a nuestro alrededor y en nuestros propios corazones.

Y cuando estábamos estudiando Marcos, me acuerdo, Marcos 7:34 por ejemplo, Juan 11:38: Jesús en varias ocasiones es descrito como que iba a sanar a alguien y suspiraba, o gemía, antes de hacerlo. Y era una expresión de frustración por el pecado con el que se estaba encontrando, la consecuencia del pecado con la que se estaba encontrando, que en este caso era la enfermedad física, y eso causaba un gemir dentro de Jesús mismo. Y Pablo lo describe en Romanos 8: "Pues sabemos que la creación entera gime y sufre hasta ahora dolores de parto; y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, aun nosotros mismos gemimos en nuestro interior, aguardando ansiosamente la adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo".

Entonces hay un sentido de frustración, hay un sentido de "así no es como las cosas deberían de ser". Entonces el libro "Si Dios es bueno, ¿por qué existe el mal?" tiene enfoque en hablar acerca de esa realidad: qué es lo que una creación caída a nuestro alrededor significa en cuanto al plan eterno y redentivo de Dios, cuáles son las respuestas que nos da la Biblia acerca de por qué Dios permite una creación caída, y cómo tenemos que responder nosotros ante la realidad del pecado y del mal.

Aquí el remanente gime, reconoce su desesperación, reconoce que no hay ningún lugar donde estén encontrando esperanza para sus propias vidas. Y luego dice: "Esperamos la justicia, pero no la hay; la salvación, pero está lejos de nosotros". Si nos vemos a nosotros mismos, si nos vemos en nuestra propia condición, no hay esperanza; necesitamos algo fuera de nosotros mismos. "Porque se han multiplicado nuestras transgresiones delante de ti" —versículo 12— "y nuestros pecados testifican contra nosotros; porque nuestras transgresiones están con nosotros, y conocemos nuestras iniquidades". Ya no lo vamos a negar más, Señor. Tú dijiste que somos culpables; lo reconocemos, somos culpables. Queríamos evadirlo, estábamos tratando de justificar nuestras acciones, estábamos tratando de decir por qué lo hacíamos —es que la mujer que me diste—; por eso, ya no, Señor, aquí estamos.

Tenemos unas cámaras aquí adentro y allá afuera, unas cuantas. Ya hemos pasado por esta situación varias veces, donde algo pasa ahí afuera. Una vez un carro le pegó a una moto de Domino's; salió volando el de la moto, y luego dijo que el carro le había pegado, y ya querían... llegó la policía y ya querían ahí hasta arrestar al del carro. Y entonces nos vinieron a ver, y el del carro dice: este, hay cámaras, ¿verdad?, ¿podrían mostrar el video de lo que pasó? Y ya, cuando checamos las cámaras y les enseñamos el video, el de la moto le había pegado al carro, no el carro al de la moto. Y ya quedó resuelto, y el de Domino's tuvo que decir: no, sí, sí, perdón.

Eso es un poco lo que está pasando aquí: es que ya la evidencia está puesta en evidencia, no hay manera de que tú sigas negando que no eres culpable; el video está puesto. Ustedes pueden pensar lo mejor de mí, ahí atrás: sí, ay, qué bien, qué bien vive y qué bien se porta. Y si tuvieran la oportunidad, si Dios dijera: ya saben qué, nada más déjenme enseñarles un pequeño video de qué es lo que Nathan realmente hace, qué es lo que realmente piensa, qué es lo que hay en su corazón... ¿cambiaría su opinión? Y yo tendría que reconocer: sí, ese soy yo. Es lo que Dios hace con nosotros: nos expone nuestro pecado y nos dice: ya no puedes seguir negando tu condición delante de mí, tienes que reconocer tu falta de justicia y tu falta de verdad.

Por eso dice el versículo 14: "Se ha vuelto atrás el derecho, y la justicia permanece lejos, porque ha tropezado en la plaza la verdad, y la rectitud no puede entrar". Es cuando lo que dice Pablo en Romanos 1:18: el ser humano suprime la verdad, no quiere escuchar la verdad, no quiere vivir en base a la verdad; quiere vivir en base a la conveniencia. No me importa lo que sea cierto, solo me importa lo que sea conveniente. Es la sociedad en la que vivimos; esos somos nosotros, si queremos ser honestos. Entonces están en este punto en el que reconocen: es la sociedad en que vivimos, estos somos nosotros, sí.

Versículo 15: "Falta la verdad, y el que se aparta del mal es hecho presa". Alguien quiere actuar correctamente y le hacemos burla: ay, qué ñoño, que no, no, no; no, es una mentira. Y esto es parte de la encuesta —ya no lo leí—, pero sigue hablando de cómo la mayoría de la gente cree que las mentiras que dicen son mentiras blancas, lo que catalogan como mentiras blancas, o sea, que no le estoy haciendo daño a nadie al final con mi mentira. Y entonces, si alguien se siente mal acerca de ese tipo de mentiras, mentiras blancas: ay, no exageres, o sea, no pasa nada, no le estamos haciendo daño a nadie. Y entonces se burlan de aquellos que tratan de hacer algo correcto, se burlan de aquellos que tratan, porque eso te hace sentir mejor sobre ti mismo. Por eso existe el bullying: porque cuando tú te puedes burlar de otros, como si fueran inferiores a ti por las cosas que hacen o como son, tú te sientes mejor sobre ti mismo. Eso es lo que hacen con los que buscan hacer el bien.

Entonces este remanente está reconociendo, está confesando: sí, estos somos nosotros. Estaba leyendo a Martyn Lloyd-Jones, y él dice: "Si te sientes resentido por todo esto" —toda esta confrontación del pecado—, "no eres cristiano, no estás convencido y redargüido por el pecado, y no eres creyente en Cristo, aunque pueda ser que pensaste que lo eras. Esta descripción del hombre en pecado es la simple verdad, la horrible verdad. Gracias a Dios que hay una salida".

Este pasaje que acabamos de leer, léanlo todos los días si quieren, versículos 9 al 15: es un modelo para los redimidos de todas las generaciones de cómo tendríamos que estar orando, confesando. ¿Qué es lo que estamos confesando? Señor, sálvanos de nosotros mismos, estamos rescatados de nosotros mismos, porque nosotros tratamos de ser nuestro propio salvador; sálvanos de eso, sálvanos de pensar que nosotros somos la respuesta a nuestros problemas, sálvanos de pensar que nosotros podemos hacer algo para mejorar nuestra situación en la capacidad que nosotros mismos tenemos, en nuestra propia moralidad.

Dios ve, y se asombra de que no haya intercesor

Y luego, en el versículo 15, la segunda parte, vean lo que dice: "Y lo vio el Señor, y desagradó a sus ojos que no hubiera derecho". Reconocemos nuestra realidad, pero reconocemos nuestra realidad no solo desde nuestra perspectiva —y de hecho, no desde nuestra perspectiva—, sino desde la perspectiva de Dios. ¿Cuál es la perspectiva de Dios acerca de nuestra realidad? Dios ve todas las cosas que hay en nuestra mente, en nuestro corazón, todas las cosas que hacemos, y Dios tiene emociones profundas acerca de eso. Dios tiene una emoción profunda acerca de nuestra depravación, y está profundamente ofendido. Como el remanente de Dios, confesamos nuestro pecado viéndolo desde la manera en que Dios lo ve; no es la manera en que yo me siento sobre mi pecado, sino cómo Dios se siente sobre mi pecado: "desagradó a sus ojos que no hubiera derecho".

Ahora, aquí sigue, versículo 16, algo muy peculiar. Y nada más para seguir con esta línea de palabras con "c", dije: esto es confusión, lo que surge en el versículo 16. Confusión sobre qué es lo que Dios va a hacer aquí, porque ya hemos llegado a este punto: Dios confronta a su pueblo con su pecado, el pueblo confiesa su pecado; ¿qué va a hacer Dios?, ¿cómo va a contestar ante esta confesión de su pueblo? Esa es la gran pregunta: qué es lo que va a hacer.

Y el versículo 16 dice que Dios "vio que no había nadie, y se asombró de que no hubiera quien intercediera". ¿Qué vas a hacer, Dios? No hay nadie. No hay justo, ni aun uno, y no hay nadie que pueda pararse entre el pueblo y tú, no hay nadie que pueda hacer esta dinámica de reconciliación entre Dios y el hombre. Eso es lo que Dios está viendo en la humanidad: no hay nadie como Moisés, que podía subir al monte y escuchar la palabra de Dios y recibir la presencia de Dios, y luego bajar al pueblo y traer sus mandamientos y decir: esto es lo que Dios quiere para ustedes. No hay nadie que pueda cumplir esa función. No hay nadie como el sumo sacerdote, que pueda entrar al Lugar Santísimo, a la presencia de Dios, en representación del pueblo. ¿Quién va a hacer eso? Es la pregunta con la que Isaías está siendo confrontado en este punto.

"Y se asombró": esa es la palabra que usa para describir el sentimiento que Dios siente cuando ve esta realidad. "Se asombró de que no hubiera quien intercediera". Esto es lo que llamamos un antropomorfismo acerca de Dios, siendo explicado de una manera que podamos entender, en términos humanos, la manera en que Dios reacciona emocionalmente ante la realidad del ser humano, ante la realidad de nuestra condición. Y ante esa realidad quiere mostrarnos: nadie de ustedes tiene la capacidad para ser mi representante, nadie. Entonces esta confusión es: ¿quién será el intercesor entre el pueblo y Dios? Es la gran pregunta que surge en el versículo 16. Y hay otras partes de la Biblia que nos plantean la misma pregunta: ¿quién subirá al monte de Dios? "¿Quién subirá al monte del Señor?" —Salmo 24:3— "¿Y quién podrá estar en su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro, el que no ha alzado su alma a la falsedad ni jurado con engaño. Ese recibirá bendición del Señor, y justicia del Dios de su salvación". En el veredicto que ya leímos, todos son culpables. Entonces, ¿quién puede decir que tiene la inocencia, la justicia de Dios, la pureza necesaria para interceder por el pueblo?

El Guerrero que se viste de justicia y salvación

Lo cual nos lleva al último punto de este pasaje: "Entonces su brazo le trajo salvación, y su justicia lo sostuvo". ¿Quién está hablando aquí? De repente cambia; o sea, hay una interrogante: ¿quién puede hacerlo? Y luego dice: alguien trae salvación, y alguien es sostenido con la justicia de Dios. Empieza a surgir la confianza de que Dios sí tiene la capacidad —esta capacidad que fue cuestionada en el versículo 1: "la mano del Señor no se ha acortado para salvar, ni su oído se ha endurecido para oír"—. ¿Puede Dios salvar? Sí, puede salvar, y ahora lo va a hacer, Él tiene la fuerza para hacerlo. ¿Cómo lo va a hacer? Alguien que pueda vivir sostenido con la justicia de Dios.

Y el versículo 17 ahora lo describe: "Se puso la justicia como coraza, y el casco de salvación en su cabeza; como vestidura se puso ropas de venganza, y se envolvió de celo como de un manto". Esta confianza es que Dios mismo proveerá un Redentor, y este Redentor es descrito como un guerrero de justicia, salvación, venganza, y alguien que se pueda poner una coraza de justicia.

"Pero ahora, aparte de la ley, la justicia de Dios ha sido manifestada, confirmada por la ley y los profetas; esta justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo es para todos los que creen, porque no hay distinción, por cuanto todos pecaron y no alcanzan la gloria de Dios; todos son justificados gratuitamente por su gracia, por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por su sangre a través de la fe, como demostración" —¿de qué?— "de su justicia, porque en su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente; para demostrar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús". Alguien se pone justicia por nosotros. "Por lo cual Él también es poderoso para salvar siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos" —Hebreos 7:25—.

Él tiene el poder de Dios, el brazo de salvación de Dios, el casco de salvación en su cabeza, el celo de Dios en su corazón, porque dice: "se envolvió de celo como de un manto". Entonces toda esta imagen de ropa, de lo que se pone, es una metáfora sobre cómo Dios se manifiesta a sí mismo, es cómo quiere que lo veamos; es la ropa que se pone, por eso usa esta imagen.

¿Les recuerda todo esto algún otro pasaje del Nuevo Testamento? Ahora, a veces, predicando sobre Efesios 6 y la armadura, he escuchado esto muchas veces —y probablemente yo lo he dicho—: que Pablo, cuando estaba escribiendo Efesios, estaba encadenado junto a un soldado romano. Y entonces, al estar escribiendo, o sea: tengo un soldado junto a mí, y mira, tiene sus sandalias, y tiene su coraza, y tiene su yelmo y su casco, y entonces eso es una buena ilustración, y a Pablo se le ocurre usar ese soldado como ilustración. Y eso lo hemos escuchado muchísimas veces. Honestamente, hermanos, creo que es falso; creo que Pablo no encontró inspiración en un soldado romano: Pablo encontró su inspiración en el Antiguo Testamento. Pablo sacó de Isaías 59 el pasaje de Efesios 6.

Y ahí lo pueden ver, lo que nos manda Pablo que hagamos: "Por lo demás, fortalézcanse en el Señor y en el poder de su fuerza" —por tanto, o sea, ustedes, estando en Dios, conectados a Cristo, quien es nuestra justicia, quien es nuestra salvación—, "por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y habiéndolo hecho todo, estar firmes. Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con la preparación para anunciar el evangelio de la paz. Sobre todo, tomen el escudo de la fe, con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno. También tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios".

Jesús es nuestro guerrero, y por eso nosotros tenemos la armadura disponible para nosotros: porque Él ya se la puso primero. Él se puso estas cosas para nosotros, y ahora nosotros tenemos acceso a esas cosas a través de Él. Si tú estás en Cristo, tú también puedes tener acceso a la justicia, a la salvación, a todas las cosas que Dios ha hecho posibles para su pueblo.

Entonces dice: "como vestidura se puso ropas de venganza". Eso no nos dice Pablo que nos lo pongamos nosotros, ¿verdad? Por cierto, también pónganse su ropa de venganza, ¿eh? Esa es una parte que le corresponde a Jesús, Él hará venganza. Se pone justicia y salvación para nosotros —pues ustedes pónganse eso— y Él hará la venganza, Él hará la otra parte, que es derrotar a sus enemigos, que también son nuestros enemigos; no se preocupen de esa parte.

Y eso es lo que describe el versículo 18: "Conforme a los hechos, así Él pagará: furor para sus adversarios, justo pago para sus enemigos; a las islas dará su pago". Vean cómo tres veces menciona esta palabra de pagar. ¿Qué es lo que se nos debe?, ¿qué es lo que es justo? El juicio y la condenación de Dios en nuestra rebeldía y en nuestra independencia contra Dios es lo que merecemos, y es lo que el mundo merece, y Dios se asegurará de que eso se cumpla en el día final. Y eso es lo que describe Apocalipsis 19: Jesús regresando como guerrero para hacer venganza contra las naciones, para destruir a sus enemigos. Y eso es parte de lo que está siendo profetizado aquí.

Y luego, por el otro lado, ven, el versículo 19 dice: "Y temerán desde el occidente el nombre del Señor" —este es el otro lado— "y desde el nacimiento del sol su gloria, porque Él vendrá como torrente impetuoso que el viento del Señor impulsa". Es decir, que a través de este personaje, a través de este guerrero, viene un movimiento mundial que trae temor del Señor en todas las naciones y que trae la gloria del Señor a todas las naciones: es el avance del evangelio a todo el mundo, a través de este guerrero.

"Vendrá un Redentor a Sion"

Y ahí ya llegamos al versículo que nos recuerda la Navidad, versículo 20: "Y vendrá un Redentor a Sion, y a los que se aparten de la transgresión en Jacob, declara el Señor". Yo enviaré un Redentor, alguien que los rescatará de su esclavitud, alguien que pueda hacer posible que sean perdonados en su confesión delante de mí, para que puedan ser reconciliados con Dios; este Redentor hará eso posible para ustedes. Y unos 600 años después sucedió: Jesús apareció en la escena como un bebé en un pesebre, envuelto en pañales. Escena muy extraña, pero que de hecho Isaías ya había profetizado en el capítulo 9, se acuerdan: así se verá este Redentor.

Entonces este Redentor es el Redentor de todas las naciones, y Pablo retoma esto en Romanos 11, porque en Romanos 11 cita este pasaje, "vendrá un Redentor a Sion". Pero Pablo lo dice un poco diferente; es interesante: cita esto, pero hace un cambio, hace un ajuste, y dice: "Porque no quiero, hermanos, que ignoren este misterio, para que no sean sabios en su propia opinión: que a Israel le aconteció un endurecimiento parcial hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; así todo Israel será salvo, tal como está escrito: 'El Libertador vendrá de Sion, apartará la impiedad de Jacob, y este es mi pacto con ellos cuando yo quite sus pecados'".

Pablo lo cambia, y no dice "vendrá un Redentor a Sion": dice "vendrá un Redentor de Sion". Entonces es interesante. Hay muchas razones, creo, por las cuales hace este cambio, pero una de ellas es porque Jesús aquí va a venir a Sion; pero ahora, una vez que Jesús ha venido, Sion representa el lugar en donde todas las naciones vienen a Él. Y ahora Él está en Sion, y ese es el lugar desde donde está salvando a todas las naciones, porque Sion representa la Jerusalén celestial, el lugar en donde encontramos nuestro acceso a la presencia de Dios y a ser parte del pueblo de Dios. Entonces Jesús está ahora en Sion, llamando a todos hacia sí mismo para ser parte de su pueblo. Creo que es la razón por la que se da este cambio. ¿Y qué significa "todo Israel será salvo"? Eso es otro tema; lean "Escatología práctica", ahí viene mucho sobre eso. Bueno, cuando esté disponible.

El que tiene el Espíritu y la Palabra

Quiero mostrarles este pasaje, pero hay unas cosas que quiero señalarles. Dice el versículo 21: "En cuanto a mí, dice el Señor, este es mi pacto con ellos: mi Espíritu, que está sobre ti, mis palabras, que he puesto en tu boca, no se apartarán de tu boca, ni de la boca de tu descendencia, ni la boca de la descendencia de tu descendencia, dice el Señor, desde ahora y para siempre".

Quiero mostrarles —a ver si puedo hacer esto—: cuando dice "mi Espíritu que está sobre ti", pueden ver lo que circulé: "Espíritu que está sobre ti", esto y esto. "Este es mi pacto con ellos": ¿a quién están dirigidas estas dos palabras, "en cuanto a mí, dice el Señor, este es mi pacto con ellos"? Estos son —ay, qué feo— "los que se aparten de la transgresión en Jacob", o sea, el remanente: el pacto con ellos. Pero ahora dice este versículo: "mi Espíritu, que está sobre ti". ¿Quién es? "Mi Espíritu que está sobre ti": ¿quién es el "ti"?

Una cosa que no notamos en español, pero que en hebreo sí se ve, es que estos pronombres de segunda persona tienen masculino y femenino. Y si ustedes le siguen leyendo, por ejemplo en el capítulo 60, "levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz": "tu luz", así como "tu boca", "tu boca", "tu descendencia"... ese "tu luz" está en femenino, porque está hablando de Sion, del remanente, de los que se apartan de la transgresión. Entonces, si en hebreo se hace referencia en femenino, y aquí "mi Espíritu que está sobre ti" está en masculino, entonces hay un cambio del objeto, de a quién se está refiriendo esto. ¿Cómo es que se cumple el pacto con el pueblo de Dios? ¿Quién es el que se hace el punto central del pacto? ¿Quién es el que lo hace posible? ¿Quién es el que tiene el Espíritu de Dios sobre de él y las palabras de Dios en su boca? ¿Y quién es el que trae descendencia para Dios?

Bueno, el capítulo 42, versículo 6, ya nos empezó a decir algo de eso, porque dice: "Yo, el Señor, en justicia te he llamado; te sostendré por la mano y por ti velaré, y te pondré como pacto para el pueblo". Te pondré... este siervo de Dios, que ya ha sido referido antes, capítulo 42: es el pacto. El siervo es el pacto, representa el pacto de Dios con su pueblo. Y luego, en el capítulo 53, ya conocen este pasaje, versículo 10, se acuerdan: "Pero quiso el Señor quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento; cuando él se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá su descendencia". El siervo sufriente es el que verá su descendencia.

Entonces eso regresa aquí, en el capítulo 59, para decir: va a haber alguien que tendrá el Espíritu de Dios sobre de él, y sus palabras —mis palabras, dice Dios— en su boca; él hablará mi verdad. Entonces es el Espíritu y la Palabra juntos siendo manifestados en su vida, y él es el que trae descendencia para mí, mi propio pueblo encuentra su realidad en él, su confianza y su esperanza está en lo que él es para ellos.

Conclusión

Entonces, hermanos, este pasaje nos recuerda todo lo que Dios es para nosotros: en su encarnación, en su vida, en su muerte y en su resurrección, Él se convirtió en todo lo que nosotros necesitábamos para nuestras vidas y para ser reconciliados con Dios. Nuestra confianza descansa en el hecho de que nuestro Redentor ha venido a Sion, y ahora Él está salvando desde Sion, nos está invitando a venir a Él. Y hoy celebramos esta verdad: que el pacto ha sido cumplido en Jesucristo por nosotros. Él vino como un bebé para ponerse justicia y salvación para su pueblo, y Él regresará nuevamente para derrotar a sus enemigos. Hoy nos gozamos porque tenemos otra Navidad para anunciar arrepentimiento a un mundo pecaminoso, lleno de pecado y de corrupción, habiendo quebrantado la ley de Dios. Dios es poderoso para salvar, y podemos ver ese poder en la persona, en la vida y en el sacrificio de Jesús.

Vamos a cantar juntos "Santa la noche".

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