Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

ApocalipsisNathan Díaz

Las oraciones de los Santos

¿Qué son las oraciones de los santos en Apocalipsis 8, y por qué hay media hora de silencio en el cielo antes del juicio? Este estudio del séptimo sello muestra que el incienso del altar son las oraciones de todos los creyentes, hechas aceptables por el sacrificio de Cristo, y que Dios ha decidido obrar a través de ellas.

Escuchar el audio de esta predicación →

Transcripción

Dónde estamos en Apocalipsis

… de Apocalipsis. (La grabación comienza con el mensaje ya iniciado). Hoy vamos a estar viendo el capítulo 8, y Apocalipsis tiene 22 capítulos. Todavía falta; van a ser unos meses más que vamos a estar en este libro. Pero espero que poco a poco la estructura del libro vaya teniendo sentido en cuanto a qué significan estas cosas, cómo se relacionan con nosotros. Vimos la semana pasada la última parte del capítulo 7. Y en el capítulo 7, si recuerdan, están dos perspectivas, y creo yo que son dos perspectivas de la iglesia, de lo que significa la iglesia de Cristo.

Una es la iglesia de Cristo en la tierra, descrita como los 144,000, y la otra es la perspectiva de la iglesia en el cielo, descrita como una multitud que nadie puede contar. Y ambos describen, nos describen a nosotros; tienen las mismas características que tenemos nosotros en cuanto a la salvación en Cristo Jesús. Y recuerden que eso, el capítulo 7, es un paréntesis dentro de la descripción de siete juicios, de siete sellos. Entonces, habíamos llegado ya hasta el sexto sello. Se hace un paréntesis y se describe a los santos, y después, lo que vamos a ver hoy, se describe el séptimo sello, que es el último.

Va a pasar lo mismo con las trompetas. Con las trompetas se van a describir seis trompetas, y al final de las seis trompetas hay un paréntesis nuevamente, y después llegamos a la séptima trompeta. El paréntesis nuevamente tiene que ver con la iglesia de Cristo; cuando llegamos a las trompetas van a ver más sobre eso. Están los dos testigos, y hay otros personajes que aparecen aquí.

Una lectura amilenialista y cíclica

Lo que quiero que vean —y para los que no han estado aquí por mucho tiempo, a lo mejor no tienen un contexto claro de dónde estamos o cómo llegamos aquí—, solo quiero decirles que estamos viendo Apocalipsis desde un punto de vista, desde una perspectiva, amilenialista. O sea, cuando lleguemos al capítulo 20 vamos a explicar más sobre eso, pero es esta perspectiva amilenialista que ve el libro de Apocalipsis como una descripción de la historia de la iglesia; no nada más como eventos futuros, sino eventos que se han desarrollado a lo largo de toda la historia de la iglesia, y que hoy mismo estamos viviendo ya muchos aspectos del libro de Apocalipsis.

La otra cosa que es importante que tengan en mente es que hemos estado viendo Apocalipsis desde un punto de vista cíclico. Y lo que eso significa es que esta perspectiva cíclica del libro de Apocalipsis no lo ve como un libro lineal, no lo ve como un libro cronológico. Entonces, aunque las visiones están yendo en una cierta secuencia —es decir, hay siete sellos, siete trompetas, siete copas; esos son la esencia de los juicios que hay en el libro de Apocalipsis—, no los vemos como que primero suceden los sellos, después suceden las trompetas y después suceden las copas. Sino que vamos a verlo cíclicamente: que la descripción de los sellos es paralela a la descripción de las trompetas, y la descripción de las trompetas es paralela a la descripción de las copas.

Entonces, van paralelas. No van una, luego la otra y luego la otra cronológicamente, sino que están describiendo los mismos eventos, los mismos eventos desde diferentes perspectivas. Y la razón por la que es importante que entiendan eso es porque hoy vamos a llegar a la conclusión de la primera serie. La primera serie de juicios son los sellos, y concluye con el séptimo sello. Y eso es lo que voy a desarrollar en un momento, se los voy a explicar: el séptimo sello, la séptima trompeta y la séptima copa, todas describen lo mismo. Todas describen el mismo evento, que es el regreso de Jesús, y no son diferentes eventos.

Lo que sí sucede es que cada vez que llegamos al final de una serie de visiones y empieza una nueva, hay más detalles, más información sobre cómo se van a dar los eventos. Entonces, los sellos son los más ambiguos, son los más generales, pero las trompetas van a ser más específicas, y luego las copas van a ser todavía más específicas. Entonces, eso sí lo van a ir viendo, cómo se desarrolla.

El séptimo sello: Apocalipsis 8:1-5

Y hoy vamos a ver... Originalmente, cuando planeé esta serie de sermones —lo van a ver en su boletín—, nuevamente estaba siendo muy ambicioso. Dije: "Voy a predicar capítulo 8 y 9, todas las trompetas; pues nada más el séptimo sello y luego voy a dar todas las trompetas". Bueno, las primeras seis trompetas. Pero no, nada más vamos a ver los primeros cinco versículos del capítulo 8, y es este séptimo sello. Y la razón por la que nos vamos a detener ahí es porque hay muchísimo que meditar con respecto a lo que significa la oración para Dios y el papel que juega la oración en la vida cristiana.

Dice el versículo 1: "Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora. Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios, y se les dieron siete trompetas. Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar con un incensario de oro, y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y de la mano del ángel subió a la presencia de Dios el humo del incienso con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la tierra, y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto".

Es todo lo que vamos a ver hoy. Y, como pueden ver, el enfoque del pasaje está en que este séptimo sello revela la realidad de lo que significa la oración delante del trono de Dios, delante de la presencia de Dios, y qué papel juega la oración dentro de los planes de Dios. Por eso es que es una sección tan importante, y por eso este sello es tan importante. El sello... De hecho, he leído algunos comentaristas que creen que el sello está vacío, que no tiene contenido; que cuando se abre, lo único que dice es: "Hay trompetas". Pero no. De hecho, el sello, su revelación, no está vacía: es la revelación de las oraciones de los santos.

Recapitulación del quinto y sexto sello

Y de hecho es una recapitulación del quinto y el sexto sello, porque, si recuerdan, el quinto sello es las oraciones de los santos. ¿Se acuerdan? Versículo 10 del capítulo 6: "Clamaban a gran voz, diciendo" —estos son los que están en la presencia de Dios; ya han muerto—, "clamaban a gran voz, diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?". Esas son las oraciones de los santos. Están siendo representadas aquí por los santos en el cielo, que están pidiendo venganza, están pidiendo justicia de parte de Dios. Esas son las oraciones.

Y el sexto sello es la respuesta de Dios ya a esas oraciones. ¿Cuál es la respuesta de Dios? La respuesta de Dios es el juicio final y absoluto ya sobre todos sus enemigos. Por eso es que no vemos estas series de juicios cronológicamente, porque cuando llegamos al sexto sello ya vimos el final. Ya vimos cómo Dios está juzgando a toda la tierra: grandes, ricos, capitanes, poderosos, siervos, todos libres; todas las categorías que hay en toda la tierra ya están siendo juzgadas por Dios. O sea, ya llegamos al juicio final. No es un juicio parcial; es un juicio final ya, porque todos los seres humanos de toda la tierra se están escondiendo ya de la ira y del juicio de Dios. Entonces, ya nos acercamos al final. Después se hizo este paréntesis sobre los santos, los 144,000. Y cuando vimos los 144,000, la manera en que fueron descritos es: Dios les dice a los ángeles: "Espérense. El juicio final no vendrá sin que antes quede completo el número de los sellados": 144,000. Entonces frena el juicio; dice: "El juicio no vendrá, no será el juicio todavía, hasta que estén completos". Y eso es lo que dice el versículo 11 del capítulo 6: "Se les dieron vestiduras blancas, y se les dijo que descansen todavía un poco de tiempo, hasta que se completara el número de sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos". ¿Quiénes? Todos los santos. Ya cuando se haya completado el número de todos los santos... ¿lo entienden? Se completa el número de todos los santos, los sellados por Dios, los siervos de nuestro Dios, descritos al principio del capítulo 7 como los 144,000: toda la historia de toda la iglesia.

Cuando esté completo ese número, entonces viene el juicio. Entonces Dios dice: "Ya se acabó. Ahora sí voy a juzgar a toda la tierra, y todos tendrán que rendir cuentas". Y hay salvación para los que son sellados, y hay condenación para los sellados de la bestia, que viene más adelante, en el capítulo 13. Pero, bueno, esos son los dos lados.

Cuatro categorías para leer el libro

Y, si recuerdan, todo el libro de Apocalipsis cae dentro de estas cuatro categorías: ya sea que estamos hablando de la primera venida de Jesús y el evangelio; o estamos hablando de los santos, los escogidos de Dios, ya sea en su tribulación o en su recompensa; o estamos hablando de los enemigos de Dios, ya sea en su dominio en la tierra, temporal, o en su juicio y condenación por Dios final, destrucción final; y, por supuesto, todo eso dentro de la categoría de la segunda venida. Entonces, todo el libro de Apocalipsis se encierra en estas cuatro categorías: primera y segunda venida, los escogidos de Dios y los enemigos de Dios. Todo el libro. Eso lo simplifica, ¿no?

Piensen, cada vez que estén leyendo alguna sección de Apocalipsis, en cuál de estas cuatro categorías que hay está lo que están leyendo. Y lo que van a descubrir es que cada una de estas categorías es descrita varias veces a lo largo del libro, de diferentes formas. Entonces, no es tan difícil el libro como creen; no es tan místico y ambiguo como creen. Realmente esas categorías ni siquiera son nuevas en el libro de Apocalipsis; ya han existido en toda la Biblia. Toda la Biblia ha descrito: o eres de Dios, o estás con Dios, o estás en contra de Dios. Esas son dos categorías, ¿no? No hay más.

¿Recuerdan? Dos caminos, dos casas, dos diferentes tipos de árbol. La Biblia siempre nos ha puesto a toda la humanidad dentro de una de dos categorías, y eso es lo que vamos a estar encontrando en todo el libro de Apocalipsis. Y ahora, cuando llegamos al séptimo sello, estamos viendo que la categoría que está siendo descrita es ¿de quiénes? De los santos. Seguimos en la misma categoría que estábamos viendo en el capítulo 7.

Entonces, nos vamos a hacer nada más tres preguntas con respecto a la oración. La primera es: ¿quiénes oran? Esa es una descripción que está aquí: ¿quiénes son los que están orando? La segunda pregunta que nos vamos a hacer es: ¿cómo oran? ¿Cómo es que están llegando estas oraciones a la presencia de Dios? Y la tercera pregunta que vamos a contestar es: ¿cuál es la respuesta de Dios a las oraciones? ¿Cómo responde Dios? Entonces, esas son las tres cosas que queremos ver en estos cinco versículos.

¿Quiénes oran?

La primera pregunta: ¿quiénes oran? "Cuando abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo como por media hora" —en un momento vamos a regresar a ese punto del silencio—. "Y vi a los siete ángeles que estaban en pie ante Dios, y se les dieron siete trompetas". Entonces, siete ángeles: probablemente —no estoy seguro quiénes son, no se dice exactamente—, pero probablemente son los del capítulo 1, versículo 20: "El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto son las siete iglesias".

Entonces, el libro de Apocalipsis empezó describiéndonos siete iglesias y siete ángeles que representan a las siete iglesias, y estos siete ángeles son los siete ángeles que entregan las siete cartas. Bueno, parece ser que esos son los mismos que están regresando aquí a la escena. No estamos exactamente seguros, pero parece ser, si quisiéramos tomar el contexto de Apocalipsis: siete ángeles que están en pie delante de Dios; se les dan siete trompetas. Pero ya vamos a llegar a eso el próximo domingo. Antes de que soplen las trompetas, vamos a entender cómo llegamos hasta este punto. Hay un retroceso nuevamente, y hay silencio en el cielo para dejar el espacio a lo que viene.

¿Qué es esto? "Otro ángel vino entonces y se paró ante el altar con un incensario de oro, y se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de" ¿quiénes? "de todos los santos". Entonces, ¿quiénes son los que están orando? Todos los santos. El problema que tenemos como cristianos es que tenemos un poco esta idea, que viene un poco de la Iglesia católica, que es la idea de que "santos" es una categoría muy, muy especial de gente, ¿no? Y decimos: "Ah, son los santitos; pídele al santo". Y entonces se requiere que la iglesia diga: "Este es santo". Si no lo dice la iglesia, entonces no eres santo.

Santo es sinónimo de cristiano

Entonces, San Roberto, San Ramsés... ustedes no son santos. ¿Por qué? La iglesia todavía no los ha puesto como santos, porque tendrían que hacer un milagro primero; además, morirse primero, ¿no? Y luego que se cumpla un milagro: que alguien les pida algo a ustedes y ustedes se lo cumplan. Eso ya los pondría en esta categoría de santos. Pero, ¿es esa la categoría que la Biblia nos da de santos? ¿No? Cada vez que ustedes leen una carta que escribió Pablo, ¿a quién la dirige? A los santos que están en Cristo Jesús. Esa es la categoría de cristianos. O sea, santo es sinónimo de cristiano.

Los santos son la iglesia de Cristo; esos son los santos. Esa es la definición más pura y clara de lo que significa la iglesia de Dios: o sea, apartados por Dios. Ya lo vimos cuando leímos la descripción de los 144,000. Dios dice: "Yo voy a apartar a los que son míos, los siervos de Dios". Esta categoría está puesta fuera de la categoría de todos los seres humanos, como los que son de Cristo Jesús: sus hijos, sus santos, sus escogidos. Quiero que vean —ya conocen este pasaje— 1 Pedro 2:9: "Ustedes son real sacerdocio, nación santa... para proclamar las virtudes de aquel que los sacó de las tinieblas a su luz admirable".

Entonces, estos son los que están orando. Y creo que abarca realmente... o sea, en el quinto sello vimos a los santos que están ya en la presencia de Dios, que todavía siguen pidiéndole a Dios. Pero realmente ahora vemos a todos los santos como una categoría: todos los que han existido en toda la historia de la iglesia. Todas esas oraciones son las que están siendo representadas en este incienso.

El silencio en el cielo

Vamos a ir al incienso en un momento, pero quiero que veamos este detalle del silencio. Es un poquito anticlimático, si quisiéramos pensarlo así, porque ya vimos a Dios en el sexto sello juzgando a la tierra, y dice en el versículo 17: "El gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?". Entonces, están todas las naciones, toda la gente, delante de Dios, temiendo su juicio. Y después tenemos descripciones de los 144,000, y luego tenemos descripciones de los santos en el cielo, delante del trono, y los que han sido lavados en la sangre del Cordero. Y llegamos al séptimo sello, y cuando se abre: silencio. Entonces, imagínense lo que representa, porque así es como Juan percibió la visión: silencio como por media hora. Imagínense cómo sería, qué incómodo sería si yo me parara aquí por media hora y no dijera nada. ¿Qué está pasando aquí en el cielo que requiere silencio?

Recuerden: vamos a estar viendo cada uno de estos ciclos. Este séptimo sello es el final del segundo ciclo de visiones del libro de Apocalipsis; hay ciclos de visiones en el libro, y esto concluye el segundo ciclo. Pero cada vez que estamos viendo estos ciclos de visiones que concluyen con la segunda venida, se nos describen de una manera diferente y se nos dan detalles diferentes acerca de lo que significa. Aquí nos está mostrando el pasaje que en este momento, justo antes de que ya se desate el final, justo antes de que Dios haga juicio sobre todas las naciones, justo antes de que sea la vindicación de sus hijos, hay silencio.

Y obviamente estamos especulando aquí, pero el silencio tiene esta connotación de asombro. ¿Alguna vez han visto algo impresionante, realmente impresionante, en su vida, que no hay manera realmente de describirlo con palabras, que se quedan cortos en lo que pueden decir? Y dicen: "Esta sensación, este sentimiento, esta impresión que tengo es tan grande, tan increíble, que lo más apropiado que puedo hacer es simplemente absorber lo que está delante de mí sin decir nada". Y creo que es algo así lo que está pasando. Se está preparando toda la hueste angelical; todos los santos que están en el cielo con Dios se están preparando para que llegue el final, y se están preparando para el juicio de Dios y para lo último, que ya está desatando el clímax de la historia de la humanidad. Y lo más apropiado es silencio.

Calla delante del Señor

Y quiero mostrarles del Antiguo Testamento esta descripción; no es nueva. Nuevamente, vean lo que dice Sofonías, y este es uno de los pasajes más explícitos en cuanto a la conexión que hay entre los juicios de Dios y el silencio que demandan los juicios de Dios. Dice: "Calla delante del Señor Dios, porque el día del Señor está cerca, porque el Señor ha preparado un sacrificio, ha consagrado a sus invitados. Y sucederá que en el día del sacrificio del Señor castigaré a los príncipes" —no sé si les suena como el sexto sello, pero a mí me suena muy parecido—, "a los hijos del rey y a todos los que visten ropa extranjera. Aquel día castigaré a todos los que saltan sobre el umbral, a los que llenan la casa de su señor de violencia y de engaño. Y habrá aquel día —declara el Señor— gritos de auxilio desde la puerta del Pescado, y gemidos desde el segundo distrito, y gran estruendo desde las colinas. Gemid, habitantes del Mortero, porque será silenciado todo el pueblo de Canaán, exterminados todos los que pesan plata".

Y vayan un poquito más adelante, versículo 14: "Cercano está el gran día del Señor". El día del Señor: ese es el tema de la segunda venida, la manera en que se ha escrito en el Antiguo Testamento; todo lo que abarca desde la primera venida hasta la segunda venida como su clímax. "Cercano y muy próximo. El clamor del día del Señor es amargo; allí gritará el guerrero. Día de ira aquel día, día de congoja y de angustia, día de destrucción y desolación, día de tinieblas y lobreguez, día nublado y de densa oscuridad, día de trompeta" —mmm, y eso es lo que viene—, "y grito de guerra contra las ciudades fortificadas y contra los torreones de las esquinas. Traeré angustia sobre los hombres, y andarán como ciegos, porque han pecado contra el Señor; su sangre será derramada como polvo, y su carne como estiércol. Ni su plata ni su oro podrán librarlos en el día de la ira del Señor, cuando por el fuego de su celo toda la tierra sea consumida; porque Él hará una destrucción total y terrible de todos los habitantes de la tierra".

Entonces, por un lado está el juicio de Dios, y este pasaje describe una y otra vez que la respuesta apropiada a los juicios de Dios es silencio. En Zacarías 2:10 leemos el otro lado, que son la salvación y la vindicación de los hijos de Dios: "Canta de júbilo y alégrate, oh hija de Sion, porque he aquí, vengo, y habitaré en medio de ti —declara el Señor—. Y se unirán muchas naciones al Señor aquel día" —¡ja!, una multitud, la cual nadie puede contar, de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas—. "Entonces habitaré en medio de ti, sabrás que el Señor de los ejércitos me ha enviado a ti. Y el Señor poseerá a Judá, su porción en la tierra santa, y escogerá de nuevo a Jerusalén. Calle toda carne delante del Señor, porque Él se ha levantado de su santa morada". Habacuc 2:20 dice: "Pero el Señor está en su santo templo: calle delante de Él toda la tierra".

Estad quietos

Miren, quiero que entiendan la manera en que el Antiguo Testamento, estos profetas, lo ponen, porque nos muestran que el pueblo de Dios, en su respuesta correcta delante de Dios, responde en silencio, responde en asombro, responde en reverencia. Ahora, eso es algo muy raro en nuestra sociedad y en nuestra cultura, porque vivimos en una sociedad de ruido, de reguetón. No nos gusta el silencio, no nos gusta. Y queremos que haya entretenimiento todo el tiempo, y que constantemente haya luces, y haya acción, y haya música, y haya cosas que nos mantengan ocupados. Y entonces estamos acostumbrados a la distracción.

Y es por eso... y aquí es donde quiero conectarlo con el tema de la oración: "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios". El silencio es no solamente apropiado; es necesario en la vida cristiana: el detenernos y contemplar en asombro al Dios que tenemos. Y el acostumbrarnos, crear un hábito en nuestra vida diaria de tener un momento de silencio, y no nada más estar viviendo una rutina donde cosa tras cosa tras cosa tras cosa tras cosa, y tan ocupados que no tenemos tiempo para contemplar a Dios, no tenemos tiempo para pensar acerca de quién es Dios. Realmente no tenemos tiempo de silencio.

"Estad quietos". "Estad quietos, y conoced que yo soy Dios". Si no nos tomamos el tiempo para estar en silencio como cristianos, nunca estaremos contemplando a nuestro Dios como deberíamos. Se nos va a olvidar; nos vamos a distraer fácilmente por todas las cosas que nos rodean, temporales, de esta vida.

Media hora: justo antes del tsunami

Y quiero que vean que, cuando describe que es silencio como por media hora... en el tiempo de Juan pasa como media hora, pero realmente creo que, en la perspectiva del género apocalíptico, describe solamente un periodo de tiempo corto, breve, justo antes del juicio final. Nueve veces en el libro de Apocalipsis vamos a leer acerca de "la hora": "Ha llegado la hora". Y aquí es media hora, y es este momento justo antes de la hora. Entonces, hay algo muy breve y muy inminente acerca de este momento, en el que todas las huestes celestiales, todos los que están adorando a Dios —los 24 ancianos, los ángeles, los santos—, todos se detienen un momento.

Y cuando estaba estudiando esto, y me estaba tratando de imaginar cosas de la naturaleza que tienen estas características, me imaginaba cómo es... ¿Han visto estos videos acerca de los tsunamis? ¿Qué pasa justo antes de un tsunami? Yo estaba viendo, me acuerdo, estos videos de lo que pasó, creo, en Tailandia, y estaba la gente en la playa, y, ¡uy!, de pronto las olas se fueron para atrás; ya ni agua había. Entonces, volteando así, como diciendo: "¿Ahora qué pasó?". No, y parecía, pues, lo más tranquilo, lo más calmado que podría ser. Pero realmente, ¿qué estaba pasando? Se estaban haciendo hacia atrás todas las aguas, y lo que iba a venir ni se lo esperaban: era algo que trajo destrucción masiva. Y me imagino una escena muy parecida a lo que está sucediendo aquí en el séptimo sello, en donde hay silencio en el cielo como por media hora, justo antes de que sea derramado el juicio final de Dios que leemos en el sexto sello, justo antes del final. Eso creo que es lo que está sucediendo en este pasaje.

Hay un periodo muy limitado de tiempo. Esas descripciones de horas no creo que están diseñadas para ser tomadas literalmente; están diseñadas para que entendamos un periodo de tiempo limitado, un periodo de tiempo determinado por Dios, como está en el capítulo 17, versículo 12 —vamos a llegar a esto algún día—. Dice: "Los diez cuernos que has visto son diez reyes, que aún no han recibido reino; pero por una hora recibirán autoridad como reyes juntamente con la bestia". No significa que solo van a gobernar una hora y ya se acaba su reinado, ¿no? "De 5 a 6 de la tarde van a reinar". No creo que eso es a lo que se refiere. Se refiere a que es una hora porque es un tiempo corto, determinado por Dios, restringido por Dios, para que sea breve. Eso es a lo que se refiere.

Y esta media hora es la media hora que sigue después de esa hora que Dios dejará que el anticristo, la bestia, el dragón, el falso profeta, tengan dominio sobre la tierra. Es un periodo muy breve de tiempo, en el cual —Apocalipsis 20 lo describe como— Satanás es puesto en libertad; se le da el poder para ejercer dominio sobre la tierra. Breve, al final nada más, justo antes de que venga el juicio. Así es como lo entendemos en Apocalipsis.

¿Cómo oran? El incienso

Bueno, eso es en cuanto a quiénes oran. ¿Quiénes oran? Los santos, los santos de todos los tiempos. Nosotros somos los santos; nosotros somos los que estamos siendo descritos aquí. ¿No les encanta? Vean cómo es que oran. Y fíjense, piensen: todos los santos. Por si tenían duda de si sus oraciones cuentan: "¿Qué diferencia hace si yo oro o no oro?". Todos los santos. O sea, el incienso son las oraciones de todos los santos. Significa que, efectivamente, cada vez que tú oras, esa oración forma parte del incienso que está siendo representado aquí. Cuenta para Dios. No es como que: "Ah, ya tengo suficiente incienso; ya esas oraciones salen sobrando", ¿no? Todo eso está junto, aquí siendo representado.

Y esta imagen de incienso quiero que la veamos de acuerdo al Antiguo Testamento, porque es la imagen que nos quiere mostrar Juan. Es una imagen que viene del Antiguo Testamento, y viene de la imagen del tabernáculo. En el tabernáculo había dos altares. El primero, que estaba en el patio, era el altar de los sacrificios. Ya leímos acerca de ese altar previamente, en el capítulo 5: están delante del altar los santos, y ya leímos esta descripción acerca de las oraciones de los santos como el incienso. Ahora, tú ya entrabas dentro del tabernáculo, y el siguiente altar, que ya estaba dentro del tabernáculo, antes del lugar santísimo, era el altar del incienso.

Entonces, esa es la imagen que quiere mostrarnos Juan. Versículo 8 del capítulo 5: "Todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos". Entonces, ya viene del capítulo 5; ya leímos acerca de esto, cómo es que las oraciones de los santos son descritas como el incienso. Pero lo que quiero que vean... vamos a leer brevemente la descripción en Levítico de este incienso en el tabernáculo, porque aquí estas dos imágenes, estos dos altares, en el libro de Apocalipsis se están mezclando como un solo altar, realmente, que está delante del trono de Dios. El altar de los sacrificios y el altar del incienso están siendo representados delante del trono.

Levítico 16: el incienso del día de la expiación

Y específicamente, vean lo que dice Levítico 16, versículos 12 al 13: "Y tomará un incensario lleno de brasas de fuego de sobre el altar que está delante del Señor, y dos puñados de incienso aromático molido, y lo llevará detrás del velo". Entonces, esto es en el día de la expiación, el día, una vez al año, en el que el sumo sacerdote entra al tabernáculo para ofrecer sacrificios por todo el pueblo. Estas son las descripciones de lo que tiene que hacer. "Lo llevará detrás del velo. Pondrá el incienso sobre el fuego delante del Señor, para que la nube del incienso cubra el propiciatorio". El propiciatorio es representativo del trono de Dios en el tabernáculo; es donde se sienta Dios. Simbólicamente, era el lugar donde Él habitaba.

Y hemos estado leyendo acerca del trono en el libro de Apocalipsis. Ahora está en el propiciatorio, que está sobre el arca del pacto: está el arca del pacto, y está el propiciatorio. Y la razón por la que entra con el incienso es para que no muera Aarón, el sumo sacerdote. Entonces, cuando leemos esta descripción de las oraciones de los santos como el incienso del tabernáculo, ¿no es interesante? Esta es la imagen de dónde viene: de Levítico. Está diseñado para mostrarnos que efectivamente tus oraciones son hechas posibles delante... O sea, la razón por la que puedes entrar al lugar santísimo con tus oraciones —así como entraba el sumo sacerdote al lugar santísimo con las oraciones, y no morir— es porque tus oraciones han sido hechas posibles por el sacrificio de Cristo Jesús. Eso es lo que las hace aceptables delante de Dios; eso es lo que hace que sean olor fragante delante de Dios.

Olor fragante

O sea, esta imagen de incienso... Y hoy en día todavía, ¿no?, especialmente a las mujeres les gusta comprar su incienso y quemarlo ahí en el cuarto, y estar oliendo el incienso, porque nos gusta cómo huele. Bueno, a lo mejor no a todos nos gusta tanto, pero a la mayoría les gusta el olor del incienso; tiene un olor placentero. ¿Qué les dice eso acerca de la oración? ¿No es una imagen poderosa acerca de lo que significa la oración? Algo que agrada a Dios, algo que debería de ser un placer para nosotros presentar delante de Dios, sabiendo lo que representa, sabiendo cómo es que ha sido hecho posible.

Vean cómo está escrito en el Salmo 141; me encanta, porque aquí está esta misma imagen. Salmo 141, versículo 2: "Suba mi oración delante de ti como el incienso, el don de mis manos como la ofrenda de la tarde". Esa es la oración del salmista. Estábamos hablando —estaba recomendando este libro de cómo orar la Biblia hace un momento—, y la idea es que los salmos están describiendo estas imágenes de la oración como olor fragante delante de Dios. Y así es como oramos nosotros, y tenemos que cambiar.

La oración no es una tarea

Miren, yo estaba meditando y meditando sobre este pasaje. Estaba pensando: "¿Cómo, Señor, quieres cambiar mi perspectiva de lo que significa orar a través de este pasaje? ¿Cómo quieres darme una nueva visión, un nuevo entendimiento, del gran valor que tiene la oración en mi vida, del gran privilegio que es la oración?". O sea, ¿saben cuál es el problema? Es que es muy fácil, es muy fácil que tratemos de hacernos sentir culpables por no orar, unos a otros. Y entonces dice uno: "¿Y ya oraste?". "No". Y tratar de crear este sentimiento de culpa: "No, híjole, no has orado; qué mal cristiano eres". Y entonces estamos motivados por culpa.

Es muy fácil motivarnos por culpa y decir: "Señor, ya cumplí; ya oré. Ahí está mi palomita; yo ya hice la mía, mi parte". Y entonces sentimos más bien que la oración es una tarea, como nos dejan tarea en la escuela, y decimos: "Ya, ya la hice". Así vemos la oración. No lo vemos como un privilegio, algo que queremos hacer, algo en lo que nos deleitamos, algo que deleita a Dios, algo que es olor fragante delante de Dios. No lo vemos así. Lo vemos así como decían en la Iglesia católica: "A ver, diez veces". Ah, bueno. Y la oración es un castigo, ¿eh? ¿Ven el problema? Y eso, como cristianos —yo no estoy nada más criticando a la Iglesia católica—, eso es un problema que nosotros tenemos en nuestras mentes acerca de la oración: es que lo estamos viendo como si fuera un estorbo.

Y normalmente, entonces, pensamos: "Híjole, Señor, es que todas las cosas que tengo que hacer hoy... Y mira, ya se me hizo tarde de todas maneras para llegar a mi trabajo, y tengo tantas cosas". Y entonces se convierte en algo muy difícil hacer tiempo para la oración, porque nuestras prioridades están todas mal. Y no nos damos cuenta de que, al final del día, la oración realmente sí es un termómetro de nuestra vida espiritual.

Lo que solo Dios ve

Podemos estar... fíjense, hermanos, esto es bien importante; estaba pensando acerca de esto. Esto es algo que Dios ve, pero la mayoría de nosotros no lo ve. Yo no sé ustedes cuánto oran. Yo no sé qué está pasando cuando ustedes salen de aquí; aquí sí los veo. Y tú puedes estar involucrado como cristiano en tantas actividades: y vienes, y haces el aseo de la iglesia, y vienes y preparas las cosas, y participas en la alabanza, o participas en las actividades. Y es tan fácil llenarnos de actividades, y las actividades sí son las cosas que ve la gente. Entonces es muy fácil dar la apariencia de que somos muy buenos cristianos y de que todo va muy bien, porque hago tantas cosas para Dios.

Pero la realidad es que este otro lado de la vida cristiana, que es la oración, es algo que nadie ve. Pero esto es lo que está siendo descrito aquí como incienso delante de Dios: algo que Dios sí ve. Y esto es lo más precioso para Dios: es la relación personal que tú puedes tener con Él. Porque tú puedes ser un cristiano muy exitoso en cuanto al ministerio, pero un cristiano completamente débil y enfermo en cuanto a tu relación con Dios. No es difícil tener un ministerio exitoso, por lo menos a los ojos de la gente. No es difícil decir y hacer las cosas que se esperan de nosotros.

Pero lo que solo Dios ve, lo que solo Dios sabe acerca de nuestros corazones, lo que solo Dios sabe acerca del tiempo en el que estamos a solas con Él, eso nadie más lo ve; pero es lo más importante, porque de ahí tiene que fluir el ministerio, de ahí tiene que fluir nuestra vida como cristianos, no de la necesidad de estar ocupados. "Ah, es que tenemos que estar ocupados, es que tenemos que hacer cosas, es que tenemos que trabajar". Y somos muy pragmáticos en ese sentido. Pero el pragmatismo no es la base de la vida cristiana; es la obra de Dios y del Espíritu Santo lo que cuenta más, y lo único que importa al final.

Soberanía de Dios y oración

Y ya he hablado de esto antes: es entender cómo se conecta la soberanía de Dios y la responsabilidad humana dentro de la vida de oración de un creyente. ¿Dios hace lo que Él quiere, o lo que nosotros le digamos que haga? ¿Cuál de los dos es? ¿Qué hace Dios? A ver, este es un examen teológico: ¿hace Dios lo que nosotros le decimos que haga, o lo que Él quiere hacer y lo que Él sabe que es mejor? Lo que Él quiere hacer. Y qué bueno que es así. Si Dios solo hiciera lo que yo le digo que haga, entonces no estaríamos muy bien. Pero Dios hace lo que Él quiere hacer.

Sin embargo, sin embargo, la manera en que eso se conecta con la oración... porque podemos pensar: "Entonces, ¿para qué oro, si Dios ya va a hacer lo que Él quiere hacer?". La manera en que eso se conecta con la oración —lo vimos cuando estudiamos Hechos 12, en la oración de los santos que estaban orando por Pedro, que había sido puesto en la cárcel por Herodes—, la manera en que eso se conecta es que Dios no solo ha ordenado el fin, o sea, qué quiere lograr, sino el medio a través del cual lo va a lograr. Entonces, Dios ha ordenado que sea a través de la oración que Él haga lo que Él hace. Lo cual significa que Él ha diseñado que sea a través de la oración que Él obre. Él va a hacer lo que Él quiera, sí, pero Él lo va a hacer a través de nuestras oraciones. Así lo quiere; eso es parte de lo que quiere.

Entonces, no tenemos que escoger entre lo que nosotros queremos o lo que Dios quiere al orar, porque al orar estamos haciendo lo que Dios quiere. ¿Entienden? Esa es su voluntad; eso está determinado en su plan soberano para la iglesia: que sea a través de nuestras oraciones que Él actúe. Y Él quiere hacer esta conexión aquí. Sí: llegan las oraciones de los santos como incienso delante del trono, y entonces Dios actúa y dice: "Aquí están las oraciones, y en base a estas oraciones yo voy a hacer mi voluntad". Porque quiere involucrarnos dentro de su plan; quiere que nosotros nos demos cuenta de qué tan conectados estamos con Él a través de Cristo Jesús, a través de la fe en Él.

Quiere que veamos y entendamos cómo Dios no está actuando ambiguamente allá afuera, desconectado de nosotros: "Ah, que hagan lo que quieran; al fin y al cabo, yo soy Dios". No, Dios no piensa así. Dios dice: "No, mi pueblo, mi gente, va a orar, y al orar se van a alinear con mi voluntad. Van a entender cómo someterse a mi voluntad, y yo voy a moldear sus vidas, y voy a trabajar en cada uno de ellos a través de la oración". Él ha diseñado la oración como un medio de santificación en nuestra vida. Es por eso que es tan importante este aspecto.

Y, hermanos, si ustedes se sienten derrotados constantemente por la carne y por el pecado, probablemente es porque no han aprendido a depender más de Dios en la oración. Esa es la realidad. Probablemente es porque su vida de oración es prácticamente inexistente. ¿Quieren experimentar el gozo de Dios en su vida? ¿Quieren experimentar la victoria de Dios sobre el pecado en su vida? Oren más; pasen más tiempo en su presencia.

Por la sangre del Cordero

Bueno, nada más menciono esto porque está dentro del mismo libro de Apocalipsis. ¿Cómo es que estamos orando? ¿Cómo es que estos santos oran? Ya fue descrito en el capítulo 5: que es a través de la sangre del Cordero. Versículo 9 del capítulo 5, 9 y 10: "Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua, pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes" —y esta es la imagen de sacerdotes: son los que pueden entrar al lugar santísimo—, "y reinaremos sobre la tierra".

En el capítulo 7 —la semana pasada ya lo vimos— dice el versículo 14: "Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero. Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado sobre el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos". Vean todas estas imágenes del Antiguo Testamento saliendo, y cómo nos muestran que el altar del sacrificio, a través del cual podemos estar delante de Dios, es el altar del sacrificio de Cristo Jesús. Él, en su sacrificio y su sangre, ha hecho posible que podamos no solamente orar a Dios, sino estar de pie delante de Dios como justificados. Dice Hebreos 7:23: "Los sacerdotes anteriores eran más numerosos, porque la muerte les impedía continuar; pero Él conserva su sacerdocio inmutable, puesto que permanece para siempre. Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos". ¿Quién intercede por nosotros? Jesús. Él dice: "Yo pagué; yo hice posible que este incienso llegue delante del trono".

El incienso añadido

Lo cual creo que es a lo que se refiere cuando dice que se le dio mucho incienso para añadirlo a las oraciones de los santos. ¿Cuál es este incienso añadido? ¿Qué es lo que se está añadiendo a nuestras oraciones? El incienso del sacrificio de Cristo Jesús por nosotros; eso es lo que se añade. Estaba leyendo a Spurgeon acerca de este pasaje, C. H. Spurgeon, y él dijo: "Nuestro sumo sacerdote aquí está siendo representado como alguien que está parado delante del altar de oro, que está delante del trono de Dios, teniendo en su mano el incensario lleno de incienso, la fragancia de la cual es aceptada como las oraciones de los santos por causa suya". Es decir, la única razón por la cual el incienso de hecho sí llega es porque Jesús mismo está agregando su incienso al nuestro. El olor fragante delante de Dios, el verdadero olor fragante, es el olor fragante de su Hijo, y eso hace posibles nuestras oraciones.

Y, claro, leemos en Romanos 8:26 que también el Espíritu Santo es nuestro intercesor. Él intercede por nosotros con gemidos indecibles cuando nosotros no tenemos la manera de expresarnos; no sabemos orar como debiéramos, y entonces el Espíritu Santo entra y dice: "Yo sí sé cómo elevar estas oraciones delante del Padre, de acuerdo a su voluntad". Y el Espíritu Santo también hace esta transformación de nuestras oraciones, porque nuestras oraciones están contaminadas por nuestra naturaleza pecaminosa, por nuestros deseos pecaminosos, por nuestra mente corrompida y caída. Todas nuestras oraciones no son correctas, pero Jesús y el Espíritu Santo hacen que sean correctas delante de Dios. Ellos son los que convierten nuestras oraciones en algo perfecto, algo que es completamente de acuerdo a la voluntad de Dios.

No oramos a los santos, no oramos a María, no oramos a nadie más, sino al Padre. Y la única razón por la que podemos ir directamente al Padre es porque Cristo y el Espíritu Santo lo han hecho posible.

¿Qué oran? Venga tu reino

¿Qué es lo que oran? ¿Cómo oran? Ya lo vimos. Quinto sello: "¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?". Mmm. Eso nos tiene que hacer pensar cómo oramos nosotros, ¿no? "Ay, Señor, ayúdame, porque va a ser mi examen y no he estudiado". "Ay, Señor, porque van a estar corriendo gente del trabajo, y híjole, no quiero que me corran", o esas. Ahora, no digo que esas oraciones no las podamos hacer y no debamos hacerlas; sí las debemos hacer. Pero hay algo que está por encima de estas cosas. Hay un deseo más santo, más de acuerdo a la voluntad de Dios, que debe de gobernar nuestras oraciones.

¿Recuerdan cuál es? ¿Cuál es la oración ejemplar que nos dio Dios en la Biblia, cuando Jesús oró? Mateo 6. Y Jesús puso este ejemplo de cómo orar. ¿Y qué dijo Jesús acerca de cómo empezar orando? "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre": reconociendo su santidad, su majestad como nuestro Dios. Y después, ¿qué dice? "Venga tu reino. Hágase tu voluntad así en el cielo, así en la tierra, como se hace en el cielo". Entonces, ¿cuál es el deseo primordial de nuestras oraciones? ¿Cuál es el anhelo de nuestros corazones cuando oramos a Dios? ¿Cuál debería de ser? "Señor, que tu justicia sea manifestada a través de tu reino".

Entonces, eso significa que estamos orando: "Señor, venga tu reino aquí en la tierra". Se está expandiendo tu reino a través de la predicación del evangelio. Entonces, siempre sabemos que una manera correcta de orar es: "Señor, ayúdanos a seguir dando testimonio. Ayúdanos a seguir compartiendo tu Palabra y mostrando tu misericordia a aquellos que no te conocen, porque tu reino será expandido en la tierra a través del evangelio de Jesucristo". Y sabemos que esa es la primera fase de la expansión de tu reino: que tu voluntad sea hecha en la tierra. Tu voluntad es que todos sean salvos, que todos procedan al arrepentimiento; así que predicamos el evangelio.

Pero la otra fase de tu reino es tu justicia y tu juicio final. "Señor, ven". Por eso decimos: "Maranata, ven, Señor Jesús". Porque nuestro anhelo es que ya se consuma el gobierno de Dios a través de su reino en la tierra. Y la consumación será a través del juicio final que hará sobre todos sus enemigos: la vindicación de sus siervos y de sus hijos, y la justicia y la condenación de aquellos que se oponen a Él.

Fuego sobre la tierra

Vean lo que Jesús dijo en Lucas 12:49, y es la descripción de fuego en el versículo 5: "Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar". El altar del tabernáculo que tenía el incienso tenía fuego. Pero cuando sube el incienso, toma el fuego del altar, ¿y qué hace con él? Lo arroja sobre la tierra. Vean lo que dijo Jesús en Lucas 12:49: "Yo he venido para echar fuego sobre la tierra, ¡y cómo quisiera que ya estuviera encendido!". Y en ese contexto es que Jesús dijo: "¿Creen ustedes que vine a traer paz?". No vine a traer paz; vine a traer conflicto, porque mi evangelio traerá conflicto, y mi evangelio al final terminará condenando a muchos. Ese es el fuego del que está hablando Jesús en Lucas capítulo 2, el mismo fuego que está siendo aventado sobre la tierra como el juicio final de Dios sobre sus enemigos.

Vean lo que dice Ezequiel 10, Ezequiel 10, del 1 al 7: "Miré, y he aquí en la expansión que había sobre la cabeza de los querubines como una piedra de zafiro, que parecía como semejanza de un trono que se mostró sobre ellos. Y habló al varón vestido de lino, y le dijo: Entra en medio de las ruedas debajo de los querubines, y llena tus manos de carbones encendidos de entre los querubines, y espárcelos sobre la ciudad. Y entró a vista mía. Y los querubines estaban a la mano derecha de la casa cuando este varón entró; y la nube llenaba el atrio de adentro. Entonces la gloria de Jehová se elevó de encima del querubín al umbral de la puerta; y la casa fue llena de la nube, y el atrio se llenó del resplandor de la gloria de Jehová. Y el estruendo de las alas de los querubines se oía hasta el atrio de afuera, como la voz del Dios Omnipotente cuando habla". Y esta imagen de los ángeles trayendo fuego como juicio sobre la tierra es la misma imagen que tenemos aquí.

El clímax de todas nuestras peticiones

Entonces, es la respuesta de Dios a las oraciones. Podemos ver entonces, hermanos, que el clímax de todas nuestras peticiones es este. El anhelo más grande que podemos tener, la petición más profunda que podemos hacerle a Dios, es: "Señor, muestra tu gloria; que tú seas glorificado. Y tú serás glorificado en que algunos se arrepientan", y por eso predicamos el evangelio. "Y tú también serás glorificado en que algunos sean juzgados, y por eso vendrás a juzgar a todas las naciones. Ambos, Señor, los anhelamos; ambos queremos que se cumplan ya". Y aquí encontramos este clímax. Esto es lo más profundo que podemos ver. Este es el clímax de la manera en que Dios contestará todas nuestras oraciones. Entonces, puede ser que en esta vida no veas justicia. Puede ser que toda la vida tú ores por justicia y digas: "Señor, es que ve a los impíos, ve lo que han hecho. Señor, sí quiero que sean salvos. Pero si ellos no se arrepienten, Señor, yo sé que tú harás justicia perfecta, y puede ser que yo no llegue a verla. Pero un día, un día, tú contestarás todas nuestras oraciones por justicia de una manera perfecta". Un día tú te manifestarás de una manera que contestará cada uno de los deseos de nuestro corazón. Nuestro anhelo de satisfacción y de ser amado será consumado, y nuestro anhelo de ver una justicia perfecta hecha en toda la tierra también será consumado. Así es todo. Es eso: es el fin de nuestras oraciones como cristianos. Ahí termina, en esta respuesta final.

Truenos, voces, relámpagos y un terremoto

Ahora quiero que vean qué sucede, y esa es la respuesta de Dios. Nuevamente, cuando arroja el fuego del altar a la tierra, creo que lo que está pasando es lo que está detrás de las escenas del sexto sello. El sexto sello lo leímos, y describe cómo se desarrolla el juicio final en la tierra. Pero vean la descripción del versículo 5 de lo que sucede en la tierra, porque hay cuatro cosas que son descritas. Dice: "Hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto". ¿De dónde viene esa imagen? Viene de Éxodo 19.

En Éxodo 19:16 dice: "Y aconteció que al tercer día, cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte, y un fuerte sonido de trompeta" —interesante—, "y tembló todo el pueblo que estaba en el campamento. Entonces Moisés sacó al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios" —¿ven esta imagen de dónde viene?—, "y ellos se quedaron al pie del monte. Y todo el monte Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en fuego; el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía con violencia. El sonido de la trompeta aumentaba más y más; Moisés hablaba, y Dios le respondía como con el trueno. Y el Señor descendió al monte Sinaí, a la cumbre del monte; y llamó el Señor a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió".

Entonces, aquí tenemos esta descripción del Antiguo Testamento: Dios descendiendo al monte Sinaí se describe de esta manera. Es la teofanía del libro de Éxodo, que significa la manifestación de Dios entre nosotros; cuando Dios ya se presenta, su presencia. Estas son las descripciones: truenos, voces, relámpagos, un terremoto, humo, fuego. Todas estas cosas encierran lo que significa que Jesús regrese nuevamente a la tierra. Cuando Jesús regrese, estas son las descripciones que lo acompañan.

El séptimo sello, la séptima trompeta y la séptima copa

Quiero que lo vean en el capítulo 5... perdón, el capítulo 4. Capítulo 4, versículo 5: ya tuvimos una pista de esto, de que cuando Dios se manifiesta hay ciertas características. Capítulo 4, versículo 5, dice: "Y del trono salían relámpagos y truenos y voces". Entonces, ya tenemos esta imagen en el cielo de cómo se ve la presencia de Dios; la presencia de Dios se rodea de estas características. Más adelante —esto lo vamos a ver en unas cuantas semanas—, pero más adelante, vayan al capítulo 11, versículo 19, porque en 11:19 tenemos la séptima trompeta. Recuerden: este es el séptimo sello; en el capítulo 11 tenemos la séptima trompeta.

Esta última trompeta de Dios que es sonada, ¿cómo se describe? Versículo 19: "Y el templo de Dios fue abierto en el cielo, y el arca de su pacto se veía en el templo. Y hubo relámpagos, voces, truenos, un terremoto y grande granizo". Aquí se agrega un elemento más, ¿se acuerdan? Cada serie de juicios es más explícita de cómo se ve este evento. Ahora se agrega granizo a la manera en que Dios viene a gobernar sobre la tierra y se manifiesta. Y más adelante, ahora, vayan al capítulo 14, versículo 14: la tierra es cosechada; es la misma descripción.

Y vayan al capítulo 16. Nada más hagan una nota mental ahí del capítulo 14; no lo vamos a leer. Pero quiero que vean el capítulo 16, porque en el capítulo 16 está la séptima copa. Y vean cómo está escrita la séptima copa. Dice, versículo 18: "Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra". Entonces, por esa razón entendemos que el séptimo sello, la séptima trompeta y la séptima copa son el mismo evento: es la segunda venida de Cristo. Así es descrita la segunda venida de Cristo.

La segunda venida de Cristo representa su aparición sobre esta tierra. De la misma manera en que se manifestó en Sinaí delante de su pueblo, ahora es manifestado delante de todo el mundo entero —no nada más de los judíos, sino de todo el mundo entero— como el rey: como el rey triunfante, el rey que viene a juzgar, el rey que hace justicia. Entonces, vamos a seguir viendo eso. El próximo domingo vamos a empezar con las trompetas, a entender qué está siendo descrito en las trompetas. Recuerden, nuevamente: las trompetas son paralelas a los sellos; no son independientes; van como descripciones paralelas.

La oración primero en 2019

Ahora, al haber meditado acerca del rol de la oración en nuestras vidas —el hecho de que se hayan detenido estos juicios, que se haya hecho una pausa para mostrarnos la realidad de los santos, y luego para hacer silencio en el cielo y mostrarnos la importancia de la oración—, quiero nada más terminar este año... Este es el último domingo de 2018. Yo quiero terminar este año pensando cómo vamos a crear nuestras prioridades para el próximo año. Normalmente pensamos en actividades. Primero, ya estamos planeando todas nuestras actividades del 2019. Ya estamos diciendo: "Ah, pero es que tenemos el Día del Amor y la Amistad, y luego tenemos nuestra conferencia misionera, y luego vamos a tener diferentes eventos, y la escuelita bíblica de vacaciones". Y ya estamos pensando todos los eventos que queremos hacer.

Y entonces, normalmente, como iglesia, la manera en que lo hemos hecho es: planeamos un evento y después decimos: "Ah, por cierto, hay que orar, ¿no?, por el evento. Ya hicimos el plan; ahora vamos a orar". Pero creo que este pasaje nos muestra que, de hecho, no importa qué actividades hagamos; es lo de menos. Lo importante es que la oración venga primero. Lo importante es que tengamos las prioridades en orden y digamos: "Señor, ayúdanos el año que entra no a planear más actividades, sino a orar más. Ayúdanos, Señor, a tener nuestras prioridades en orden, y que las actividades fluyan de nuestras oraciones, que sean un resultado de nuestra vida de oración como iglesia". Que eso sea lo que genera este deseo de servirte más, y de ver cómo otros escuchan el evangelio y se han convertido, fluya de lo que estamos orando como iglesia. ¿Entienden?

¿No es cierto que hacemos tiempo para lo que es importante para nosotros? El pretexto de que no tenemos tiempo para orar no sirve, porque sí tenemos tiempo para muchas cosas que son completamente improductivas, una pérdida de tiempo completamente. O sea, nadie de nosotros nos estamos quejando y decimos: "Ay, tengo que ver la tele un rato". ¿Cuántos de ustedes se quejan de esa manera? No, llegamos con gusto, ¿no?: "Ah, ya por fin me puedo relajar". Porque hacemos tiempo para esas cosas, porque las disfrutamos.

Entonces: "Señor, ayúdame a hacer tiempo para la oración porque lo disfruto, porque es importante para mí, porque tú has puesto esa prioridad en mi corazón. Ayúdame a deleitarme en ti. Ayúdame a desear tu presencia en mi vida. Ayúdame a desear tu juicio y tu segunda venida más de lo que deseo las cosas que este mundo puede ofrecerme". Que esa sea nuestra oración este 2019. Pónganse de pie.

Volver al vídeo ↑

Escúchanos

Ven un domingo

Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.

Qué esperar si vienes →