Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

IsaíasNathan Díaz

El juicio sobre la muerte

¿Qué dice la Biblia sobre la muerte y el temor a morir? Isaías 25 al 27 anuncia que Dios destruirá a la muerte para siempre, enjugará toda lágrima y resucitará los cuerpos de los suyos. Un recorrido por la derrota de Satanás, del pecado y de la muerte, y por la esperanza que esa promesa nos da hoy.

Transcripción

Introducción: el mayor de nuestros temores

…(la grabación ya venía empezada) Creo que la mitad de la iglesia eran niños, ¿no? Y en nuestro estudio de Isaías, todavía al estar comenzando el año y todavía pensando en lo que representa el año que tenemos delante de nosotros, quiero hacerles la pregunta: ¿qué es lo que más temen? ¿Cuál es su mayor temor? Es eso que, cuando piensan en este año, dicen: "Ojalá y eso no pase". Y estoy casi seguro que la mayoría de nosotros podría contestar: "Ojalá y este no sea el año en que yo muera". Ese es uno de los deseos naturales que surge dentro de la mayoría de la humanidad, en este sentido de querer seguir viviendo, este sentido de miedo a lo desconocido.

O sea, no sabemos cómo es morir, no sabemos qué es lo que pasa después de morir por experiencia personal. Entonces hay todo un misterio, hay algo tan extraño cuando pensamos acerca de la muerte, que en realidad termina siendo justamente —si hablamos de COVID y hablamos de la pandemia— en realidad ese es el tema con la pandemia, ¿verdad? El problema no es tanto que nos enfermemos; el problema es que nos enfermemos y muramos. Ese es el gran temor de nuestra sociedad, el que está provocando tanto pánico y tantas medidas de protección. Y por supuesto que es bueno que busquemos estar bien.

Pero hoy quiero meditar con ustedes acerca de la muerte en particular. Hay otras cosas que están en nuestros tres capítulos, pero voy a enfatizar más el tema de la muerte, porque surge aquí como parte, otra vez, de una visión apocalíptica de Isaías. Veíamos el domingo pasado el capítulo 24: es lo que podríamos llamar el apocalipsis de Isaías, y era esta visión del juicio final, de cómo se va a ver el juicio sobre toda la tierra de parte de Dios. Y ahora, en estos tres capítulos, hay más cosas acerca de todas las naciones, pero en particular van a empezar a mostrarnos este panorama que va a seguirse desarrollando en el libro de Isaías.

Entonces el tema de la muerte va a continuar; no es la última vez que vamos a estar viendo esto. Pero sí quiero que pensemos en relación a la muerte como algo que en realidad, aunque pensamos que es natural, no es natural. Es decir, Dios no hizo este mundo… En el diseño original, no caído, de la creación no existía la muerte. La muerte es algo ajeno, es algo antinatural de acuerdo a la perfección de Dios, que ha entrado a nuestras vidas de una manera muy real y muy tangible. Entonces lo vemos desde las plantas y los animales hasta nosotros mismos: cómo se ve esta realidad de morir y qué tan trágico es tener que enfrentar esa realidad.

Así que espero que estos tres capítulos que vamos a ver hoy sean palabras de ánimo para todos nosotros, los que hemos puesto nuestra fe en Cristo Jesús, para saber con toda certeza lo que podemos esperar en relación a la muerte para nuestras propias vidas.

La inmutabilidad de Dios en el canto de Isaías 25

Entonces, capítulo 25. Vamos a estar enfocando principalmente el capítulo 25, en el versículo… pero vamos a leer cómo llegamos hasta el versículo 8, donde va a hablar acerca de la destrucción permanente de la muerte. Dice el versículo 1: "Jehová, tú eres mi Dios; te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza". Si tienen La Biblia de las Américas, va a decir "fidelidad" en vez de "verdad y firmeza".

Entonces, dos cosas que vamos a ver aquí. Una es que la inmutabilidad de Dios es afirmada. Esto es un canto, en realidad; este capítulo 25 está siendo expresado como un canto de adoración a Dios, reconociendo primeramente la inmutabilidad de Dios, lo cual significa… "inmutable" significa que no cambia, ¿verdad?, que es el mismo ayer, hoy y por los siglos, como afirma Hebreos 13.

Entonces tenemos esta idea siendo desarrollada de que Dios hizo un plan. Es lo que está siendo expresado cuando dice "tus consejos antiguos": Dios tiene un plan desde la eternidad pasada que está desarrollando y del que está asegurándose que se cumpla. Y ese plan tiene que ver con la historia que estamos viendo que se está desarrollando, que muestra una y otra vez las maravillas de Dios; o sea, Dios interviniendo dentro de la historia del ser humano. Dios está actuando.

Y por eso habló con Adán y Eva. Y por eso le dijo a Noé que construyera el arca. Y por eso le habló a Abraham para que saliera de Ur de los caldeos: "Y voy a hacer de ti una nación que será bendición para todas las naciones". Y por eso es que permitió que el pueblo de Israel fuera como esclavo a Egipto, y después los sacó de Egipto y los trajo a la tierra prometida. Y después ellos escogieron un rey, primero Saúl, luego el rey David, y les prometió que bajo el linaje de David vendría un rey permanente. Y también empezó a hacerles todas estas promesas, y dijo —en el contexto de lo que estamos viendo en Isaías— les dijo: "Miren, van a ser invadidos por una nación extraña, por extranjeros; van a ir a la cautividad, pero yo voy a hacer algo a través de ustedes".

Entonces está desarrollando una historia, e Isaías está reconociendo esta realidad acerca del plan eterno de Dios: sus consejos antiguos, sus maravillas, su fidelidad, la cual no cambia.

Por qué Dios no cambia: omnisciente y omnipotente

Entonces Dios es inmutable, ¿por qué? Porque es omnisciente, conoce todas las cosas, no aprende nada, nada es nuevo para Él. Pero también es omnipotente, es decir, no hay nada que sea imposible para Él. Ambas cosas tienen que ser verdad para que sea un Dios inmutable, que no cambia. Porque si Él no tuviera el futuro, si Él tuviera que aprender cosas, entonces eso sería un cambio muy real, el que nosotros experimentamos: nosotros vamos cambiando porque vamos adquiriendo nueva información conforme pasa el tiempo y conforme vamos creciendo.

Pero además, si nosotros no tenemos el control de las cosas y nosotros no tenemos el poder para ejecutar lo que nosotros queremos hacer, entonces también somos sujetos a cambio, porque factores externos nos van a controlar. Pero Dios está por sobre ambas cosas. Entonces Él es omnisciente y omnipotente, es decir, es inmutable: tiene esa capacidad de mantenerse igual, y de hacer un plan desde el principio y asegurarse de que se cumpla, y nada puede detenerlo.

Entonces esa es la realidad que está siendo afirmada, la realidad de Lamentaciones. Conocen este pasaje probablemente: "Las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan sus bondades; son nuevas cada mañana. Grande es tu fidelidad. El Señor es mi porción, dice mi alma, por tanto en Él espero. Bueno es el Señor para los que en Él esperan, para el alma que le busca".

Continúa el pasaje diciendo: "Porque convertiste la ciudad en montón, la ciudad fortificada en ruina; el alcázar de los extraños para que no sea ciudad, ni nunca jamás sea reedificado. Por esto te dará gloria el pueblo fuerte, te temerá la ciudad de gentes robustas". Gentes robustas. "Porque fuiste fortaleza al pobre, fortaleza al menesteroso en su aflicción, refugio contra el turbión, sombra contra el calor; porque el ímpetu de los violentos es como turbión contra el muro. Como el calor en lugar seco, así humillarás el orgullo de los extraños; y como calor debajo de nube harás marchitar el renuevo de los robustos".

Otra vez, no estamos acostumbrados normalmente al lenguaje poético, pero lo que está expresando aquí básicamente es: Dios va a juzgar a los soberbios, a los orgullosos, a los arrogantes, a los que creen que están en control de todas las cosas, y les va a mostrar su juicio. Ya lo vimos la semana pasada, en el capítulo 24. ¿Y a quién va a exaltar? ¿A quién va a tomar Dios para hacer una obra especial en ellos? Versículo 4: al pobre, al menesteroso, al afligido. ¿Qué va a ser? Va a ser lo que encontramos también en el Salmo 91; hay un paralelo aquí en el lenguaje. Dice: "El que habita al amparo del Altísimo morará a la sombra del Omnipotente. Diré yo al Señor: refugio mío y fortaleza mía, mi Dios, en quien confío. Porque Él te libra del lazo del cazador y de la pestilencia mortal; con sus plumas te cubre, y bajo sus alas hallas refugio; escudo y baluarte es su fidelidad. No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la pestilencia que anda en tinieblas, ni la destrucción que hace estragos en medio del día. Aunque caigan mil a tu lado y diez mil a tu diestra, a ti no se acercará".

Y en el Salmo 121 leemos: "No permitirá que tu pie resbale; no se adormecerá el que te guarda. Jamás se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. El Señor es tu guardador; el Señor es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te herirá de día, ni la luna de noche. El Señor te protegerá de todo mal, Él guardará tu alma. El Señor guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre".

Entonces, ¿en qué categoría estamos? ¿En los que buscan refugiarse en Dios? Si viviéramos en ese tiempo, si supiéramos lo que es estar en un clima de desierto —lo cual no tenemos aquí—, sabríamos lo que es la necesidad de la sombra del sol. Y esa es la imagen que está dando acerca de la manera en que Dios puede ser el refugio que necesitamos en medio de las aflicciones de esta vida. Pero es cuando reconocemos que somos débiles, cuando nosotros reconocemos que no tenemos lo que necesitamos para vivir enfrentando las tribulaciones, cuando reconocemos nuestra debilidad, entonces es que Dios puede ser nuestro refugio.

El banquete y la destrucción de la muerte

Y después vean ahora el versículo 6: "Y Jehová de los ejércitos hará en este monte —el monte es el monte Sión— a todos los pueblos banquete de manjares suculentos, banquete de vinos refinados, de gruesos tuétanos y de vinos purificados. Y destruirá en este monte la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones". Algo que afecta a todas las naciones: aquí ya entramos al tema, ¿verdad?, la muerte. Por eso dice el versículo 8: "Destruirá a la muerte para siempre; y enjugará Jehová el Señor toda lágrima de todos los rostros, y quitará la afrenta de su pueblo de toda la tierra, porque Jehová lo ha dicho. Y se dirá en aquel día: He aquí, este es nuestro Dios, le hemos esperado y nos salvará; este es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación".

Ya ven: "Josué", "Dios es salvación"; en griego es "Iesús", Jesús. Esa es la esperanza de aquellos que están experimentando una nueva realidad. Es de todo el mundo, es una situación que afecta a todas las naciones, y ahora está apuntándonos hacia un día en el que Dios dice: "Voy a destruir la muerte para siempre". Y en medio de esa situación de destruir la muerte para siempre hay una celebración: lo llama un banquete en el versículo 6, para todos los pueblos, lo cual nos muestra que este es un banquete final de gozo para los salvos, al cual nos está apuntando. Hay un banquete, hay una celebración.

Y por supuesto que hay muchos pasajes que nos explican de qué se trata este banquete, porque hay muchos pasajes paralelos a este. Por ejemplo, Mateo 8:11-12: "Y les digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán arrojados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes". Entonces hay un juicio final —ya lo vimos el domingo pasado—, pero también en medio de este juicio final hay un banquete y una celebración que tiene que ver con la destrucción de la muerte y el juicio de Dios sobre las naciones.

Apocalipsis 19: "Vi a un ángel que estaba de pie en el sol, y clamó a gran voz, diciendo a todas las aves que vuelan en medio del cielo: Vengan, congréguense para la gran cena de Dios". Entonces es un apocalipsis, y es expresado como las bodas del Cordero, este banquete final en el cual ahora hay una nueva realidad.

¿Cuál es esta nueva realidad? Lo que dice el versículo 8: "Destruirá a la muerte para siempre". Pablo retoma esa idea en 1 Corintios 15 y dice: "Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Devorada ha sido la muerte en victoria". Tragada la muerte: esa es la idea del versículo 8. La muerte será destruida, será absorbida por Dios, y se cumplirá esta palabra: "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?".

¿Para quiénes se cumplirá esta nueva realidad de que no existirá más la muerte? Para los que digan: "Este es nuestro Dios", "es mi Dios". O sea, esa es la pregunta: ¿puedes decir "Él es mi Dios"? "Sí, sí es mi Dios, yo lo conozco, sé quién es, tengo una relación con Él". Y dice aquí: "Le hemos esperado". Esa es la fe: es cuando pones absoluta dependencia en alguien más. "Y yo voy a esperar en Él porque sé que Él es fiel, sé que Él cumple su Palabra, así que voy a depositar mi vida en sus manos y voy a confiar en que lo que Él dice es cierto". "Nos salvará; este es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación", manifestada como Cristo Jesús y su obra.

Entonces, esto —recuerden— se cumple… vamos a estar viendo esto en los capítulos 36 al 39: una situación que se dio con Senaquerib, y viene una invasión de tres años, o un ataque de tres años al que resiste Ezequías. Y vamos a ver los detalles de cómo encontró cumplimiento temporal la salvación de Dios a través de esa historia en particular. Pero otra vez, estamos viendo un panorama que es mucho más amplio: no está limitado nada más a un momento histórico de Israel, sino que está empezando a hablar de todas las naciones y de un panorama más grande acerca de la realidad que encontramos en otras partes de la Biblia también, describiendo lo mismo.

Moab, la arrogancia y el muladar

Y dice el versículo 10: "Porque la mano de Jehová reposará en este monte" —¿cuál monte? El monte Sión. Entonces, está contrastando aquí el monte Sión con Moab— "y Moab será trillado en su mismo sitio, como es trillada la paja en el muladar. Y extenderá su mano por en medio de él, como la extiende el nadador para nadar; y abatirá su soberbia y la destreza de sus manos. Y abatirá la fortaleza de tus altos muros; la humillará y la echará a tierra, hasta el polvo".

Entonces, otra vez, Moab se vuelve representativo. Si recuerdan esta historia, es cuando no quisieron dejar que pasara Israel porque querían llegar al agua y no los dejaron pasar, y hay un juicio de Dios sobre Moab por esa razón. Y entonces Moab se convierte en un símbolo de la arrogancia, del orgullo humano delante de Dios; y nada más está usando a Moab aquí simbólicamente para hablar de todas las naciones que se oponen a Dios y que son arrogantes delante de Dios, y que dicen: "Yo no te necesito".

Y usó otra vez un juego de palabras, como vimos el domingo pasado. Un muladar, ¿qué es? Donde está todo el excremento, todo el estiércol. La palabra en hebreo es "madmená", y hay una ciudad moabita muy famosa que se llama Madmena; se pronuncia ligeramente diferente —yo no sé cómo suena esa diferencia—, pero está siendo un juego de palabras. Está diciendo: es como si el juicio de Dios los aplastara como paja que se hunde en el estiércol y los enterrara dentro del estiércol. Y ellos, en su arrogancia, ¿qué hacen? Empiezan a nadar, están tratando de nadar en el estiércol, tratando de salir. Y es esa arrogancia de pensar que pueden salir de ahí, que tienen la capacidad de salir de ahí, aunque están siendo humillados en lo más vil, en lo más bajo. Todos sabemos que esto es una de las cosas que más asco nos da; es lo más humillante que te podría suceder. Y esa es la imagen tan vívida que está aquí en este pasaje acerca de la realidad de cómo Dios humillará a las naciones arrogantes delante de Él, como nosotros somos normalmente en relación a nuestra propia arrogancia: aun cuando estamos siendo humillados por Dios, pensamos que podemos salir de donde estamos. Y va a venir más sobre eso en un momento.

Una ciudad fuerte: salvación, justicia y paz

Bueno, capítulo 26, y continúa el canto: "En aquel día cantarán en tierra de Judá: Fuerte ciudad tenemos; salvación puso Dios por muros y antemuro. Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades". Entonces, en este capítulo vamos a estar enfocándonos un poquito más adelante, en el versículo 19, pero mientras tanto estamos viendo cómo nos prepara este escenario. Y el escenario es, número uno, una ciudad de salvación y de justicia; y número dos, una ciudad de perfecta paz y fortaleza, que es lo que dice el versículo 3: "Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera" —probablemente se saben este versículo— "porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos".

Entonces aquí hay otra imagen, otra vez, que nos está apuntando hacia Apocalipsis capítulo 21. Y si leen la descripción que encontramos en Apocalipsis 21, en particular al final —todo el capítulo 21, pero vean desde el versículo 22—: "Y no vi en ella templo, porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella, y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella. Sus puertas nunca serán cerradas de día, pues allí no habrá noche. Y llevarán la gloria y la honra de las naciones a ella. No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero".

Está apuntándonos, ¿no?, hacia esta realidad. Otra vez tenemos la ciudad del hombre, como decía San Agustín: la ciudad del hombre, la ciudad de Dios. ¿Cuál es tu ciudad? ¿De dónde eres ciudadano: del sistema de este mundo, de la arrogancia de este mundo, o de la ciudad celestial? Y encontramos entonces esta realidad siendo expresada, que se complementa en otras partes de la Biblia; sabemos hacia dónde nos está apuntando: una ciudad futura.

Dice: "Porque derribó a los que moraban en lugar sublime; humilló a la ciudad exaltada, la humilló hasta la tierra, la derribó hasta el polvo. La hollará pie, los pies del afligido, los pasos de los menesterosos". Otra vez, Dios vindicando a su pueblo por encima de las naciones arrogantes.

Cómo piensa el remanente: por amor a su nombre

Ahora vean lo que dice el versículo 7: "El camino del justo es rectitud; tú, que eres recto, pesas el camino del justo. También en el camino de tus juicios, oh Jehová, te hemos esperado; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra alma". Está expresando algo más acerca del remanente, de los redimidos de Dios. Ya vimos que esperan en Jehová —o sea, ponen su fe en Jehová—, se alegran en su salvación; pero ahora vemos que su nombre y su memoria son el centro de sus vidas. O sea, se trata acerca del nombre de Dios, de que Él sea exaltado a través de ellos.

Y dice: "Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte; porque luego que hay juicios tuyos en la tierra, los moradores del mundo aprenden justicia. Se mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad de Jehová". Entonces, ¿cuál es el problema de los arrogantes? Que está viniendo el juicio sobre ellos, se dan cuenta de que está viniendo el juicio sobre de ellos, y ellos siguen con su vida como si nada, sin reconocer la majestad de Dios, sin reconocer que Dios es el que realmente está en control. Piensan que ellos están en control.

Y dice el versículo 11: "Jehová, tu mano está alzada, pero ellos no ven; verán al fin, y se avergonzarán los que envidian a tu pueblo; y a tus enemigos fuego los consumirá". Otra vez, juicio sobre las naciones. Y el versículo 12: "Jehová, tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras. Jehová Dios nuestro, otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre".

Entonces, ¿cuál es la característica que va a llevar a la esperanza de la resurrección? Todavía no hemos leído esa parte, pero estamos viendo quiénes son estas personas: son aquellos que viven para la gloria de Dios. Ese es el centro. Ahí, si recuerdan el Salmo 23: "Jehová es mi pastor, nada me faltará; en lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará; confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia". ¿Por qué? "Por amor a su nombre". Es por amor a su nombre que somos ovejas de Dios.

Es lo que expresa el Padrenuestro: "Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre". "Señor, enséñanos a orar". "Dios, estoy enfermo, necesito esto; ayuda, Señor". Nos llenamos de peticiones. "¿Quieres que te enseñe a orar? Déjame decirte cómo orar: hágase tu voluntad, santificado sea tu nombre". No se trata de lo que yo necesito; se trata de cómo yo encajo dentro del plan que tú tienes para ser glorificado en todas las cosas. Sí, te ayuda a tener esa mentalidad: "Señor, yo quiero pensar como tú quieres que yo piense, quiero vivir para lo que realmente importa", no para ganarme la lotería. "Pero, Señor, si me saco la lotería, te doy el diez por ciento, te lo prometo". ¡Santificado sea tu nombre! Lo ven, aquí en el texto es claro cómo piensan los que son redimidos.

Es claro: nos muestra cómo es el remanente, que se va a encontrar ¿con quién? Con los arrogantes de este mundo, con aquellos que viven en rebeldía contra Dios. Estos son los que dice el versículo 14: "Muertos son, no vivirán; han fallecido, no resucitarán; porque los castigaste y destruiste, y deshiciste todo su recuerdo". Es decir, los enemigos de Dios no serán una amenaza para los hijos de Dios más, porque serán juzgados al final, no volverán a vivir. Y aquí la resurrección de la que está hablando es: no participarán de la misma resurrección que nosotros participaremos, que es resurrección para vida eterna. Sí van a participar en una resurrección, pero no es la misma que la nuestra; hay dos categorías de resurrecciones. Y especialmente para el pueblo de Israel, pensar es que ya no van a ser una amenaza para nosotros: todos los que representan la oposición al pueblo de Dios algún día ya no estarán aquí. Ya lo leímos en Apocalipsis 21.

"Aumentaste el pueblo, oh Jehová, aumentaste el pueblo; te hiciste glorioso; ensanchaste todos los confines de la tierra. Jehová, en la tribulación te buscaron; derramaron oración cuando los castigaste. Como la mujer encinta, cuando se acerca el alumbramiento, gime y da gritos en sus dolores, así hemos sido delante de ti, oh Jehová". Vean bien el lenguaje que usa: hemos sido como una mujer embarazada. Y dice el versículo 18: "Concebimos, tuvimos dolores de parto, dimos a luz viento". Vean la imagen que está tratando de presentar: así como el que está nadando en el estiércol y cree que puede salir de ahí, así también nosotros pensábamos que podíamos salir de nuestros propios problemas y podíamos manejar nuestras propias vidas. Como una mujer que está dando a luz y está en dolores de parto, y entonces piensa que todo ese proceso de dolores de parto por lo menos va a llevar a algo, y al final, ¿qué sale? Por eso dice: "Ninguna liberación hicimos en la tierra, ni cayeron los moradores del mundo". Israel ha estado siempre intentando hacer alianzas, con Babilonia, con los asirios, para tratar de manejar sus propias vidas de tal manera que piensen que están seguros; buscan su refugio, buscan su fortaleza en otras cosas que no son Dios, y al final siempre resulta vanidad, como dice Eclesiastés: "Vanidad de vanidades". Todo esfuerzo humano es vanidad, o lo que está diciendo el texto…

Por eso el versículo 13 me encanta, porque dice… bueno, en el versículo 12 dice: "Jehová, tú nos darás paz, porque también hiciste en nosotros todas nuestras obras". Es decir, ¿qué es lo único que cuenta al final de lo que nosotros podemos hacer? Lo que Dios haga a través de nosotros. Si Dios lo está haciendo, entonces es válido, entonces cuenta; pero si tú lo estás haciendo, va a terminar siendo mostrado como nada, completamente en vano.

Y eso es lo que nos expresa justamente: ese es el plan de Dios. Por eso Efesios 2:10, que dice: "Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales" —¿quién las preparó de antemano? Dios— "preparó de antemano para que anduviéramos en ellas". Y Frank estaba hablando de eso hoy en la mañana, acerca de que sí tiene que haber un cambio en nuestras vidas, tenemos que ser santificados. Y no es salvación por obras, ¿por qué? Porque la obra es de Dios. Entonces, de todas maneras, la santificación es un proceso que Dios hace, no nosotros. Vean lo que dice Filipenses 2:13: "Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer".

Dios está haciendo esta obra, y ellos lo reconocen, dicen: "Nosotros… si se trata de que nosotros tratemos de hacerlo, ya nos dimos cuenta: somos como una mujer embarazada que no tiene nada y al final no termina en nada; o somos como el que está nadando en el estiércol y no se da cuenta de que está en el estiércol y no puede salir del estiércol, pero ahí trata con todas sus fuerzas de nadar". Esos son los contrastes que nos muestra este pasaje.

La promesa central: tus muertos vivirán

Lo cual me lleva al punto principal que quería mostrarles, versículo 19: "Tus muertos vivirán; sus cadáveres resucitarán. ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! Porque tu rocío es cual rocío de hortalizas, y la tierra dará sus muertos". ¡Increíble! Esa es la promesa para los hijos de Dios, y está diciendo: ustedes van a resucitar, ustedes pueden esperar una resurrección futura en la cual la muerte ya no tendrá dominio sobre ustedes. No nada más en un nivel espiritual —lo cual es lo que llamamos la segunda muerte—, sino también en un sentido físico, lo cual llamamos la primera muerte. Este cuerpo será resucitado, este cuerpo volverá a tener vida nuevamente. Eso es lo que nos dice.

Y lo pueden ver: Daniel 12:2 habla acerca de esta promesa cuando dice: "Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para vida eterna y otros para la ignominia, para el desprecio". Son dos categorías de resurrecciones, dos destinos diferentes. Los que son hijos de Dios tienen esta esperanza acerca de que la segunda muerte ya no tiene poder sobre ellos; por lo tanto, la primera muerte, cuando sea derrotada finalmente en la segunda venida, significa que tendremos nuevamente nuestros cuerpos, ahora en un estado glorificado, y podremos disfrutar de la presencia de Dios para siempre y nunca más enfrentaremos la muerte, ni siquiera de nuestras mascotas —viene algo sobre eso en Isaías—.

Por eso la invitación: "Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la indignación". Mientras Dios juzga a las naciones, tú estarás protegido. "Porque he aquí que Jehová sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra Él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella, y no encubrirá ya más a sus muertos". Refúgiate en Dios mientras Él juzga a los demás; estarás bien al final.

El dragón, la viña y el fruto

Capítulo 27: "En aquel día Jehová castigará con su espada dura, grande y fuerte al leviatán serpiente veloz, y al leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar". Ahora, esas imágenes que está empezando a usar aquí otra vez son imágenes vívidas, lenguaje poético al que no estamos tan acostumbrados porque hablamos de una manera tan aburrida, en realidad; pero la Biblia está llena de estas imágenes.

Y el leviatán, probablemente… se van a encontrar más acerca del leviatán en otras partes de la Biblia, como el Salmo 74, el Salmo 104, Job 3; más adelante va a volver a aparecer Isaías 51. El leviatán probablemente era un animal real, que existía en ese tiempo y que ahora ya está extinto, que probablemente era algún tipo de dinosaurio, algún animal temible del mar. Pero así como la serpiente, tiene un valor simbólico: no es el animal en sí, es lo que representa ese animal. Y en este caso, han escuchado estas palabras siendo usadas, ¿verdad?: serpiente, dragón. ¿Dónde han escuchado esas palabras siendo expresadas? Aquí, ¿acerca de quién? Acerca de Satanás.

Y por supuesto, Daniel 7 habla algo acerca de esto, pero Apocalipsis 12 en particular tiene esta batalla contra Satanás, llamado la serpiente. Y esta guerra se da de una manera primero —ya lo vimos el domingo pasado— en la primera venida: en la muerte y la resurrección de Cristo Jesús hubo una victoria real sobre la serpiente; y en la segunda venida habrá la victoria final, la consumación de la victoria sobre la serpiente y el dragón. Desde aquí es representado ¿quién? Satanás, el enemigo principal de Dios, está siendo representado aquí con estas imágenes que se conectan con otras partes de la Biblia para mostrarnos qué: que Dios vendrá con su espada. En Apocalipsis es una espada que sale de su boca para hacer juicio, y esa espada es la verdad, con la cual Él tiene el poder para juzgar. Y entonces, piénsenlo: ¿quiénes son nuestros enemigos? Está empezando por aquí: Satanás será derrotado.

Número dos, versículo 2: "En aquel día cantad acerca de la viña del vino rojo. Yo, Jehová, la guardo; cada momento la regaré; la guardaré de noche y de día, para que nadie la dañe. No hay enojo en mí. ¿Quién pondrá contra mí en batalla espinos y cardos? Yo los hollaré, los quemaré a una. ¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo paz; sí, haga paz conmigo. Días vendrán cuando Jacob echará raíces, florecerá y echará renuevos Israel, y la faz del mundo llenará de fruto. ¿Acaso ha sido herido como quien lo hirió, o ha sido muerto como los que lo mataron? Con medida lo castigarás en sus vástagos; Él los remueve con su recio viento en el día del aire solano. De esta manera, pues, será perdonada la iniquidad de Jacob, y este será todo el fruto: la remoción de su pecado, cuando haga todas las piedras del altar como piedras de cal desmenuzadas, y no se levanten los símbolos de Asera ni las imágenes del sol. Porque la ciudad fortificada será desolada, la ciudad habitada será abandonada y dejada como un desierto; allí pastará el becerro, allí tendrá su majada, y acabará sus ramas. Cuando sus ramas se sequen, serán quebradas; mujeres vendrán a encenderlas, porque aquel no es pueblo de entendimiento; por tanto, su Hacedor no tendrá de él misericordia, ni se compadecerá de él el que lo formó".

Este pasaje lo podemos comparar con Isaías capítulo 5, porque si recuerdan, en el capítulo 5 también había una viña, pero esa viña no dio fruto, se acuerdan. Dice el versículo 3 del capítulo 5: "Ahora, pues, vecinos de Jerusalén y varones de Judá, juzgad ahora entre mí y mi viña. ¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella? ¿Cómo, esperando yo que diese uvas, ha dado uvas silvestres?". Entonces, no está dando el fruto que se supone que tiene que dar; entonces es quemada, destruida, es juzgada por Dios.

Y aquí tenemos otra viña que es contrastada con esa, porque esta viña es ¿de quién? Es de los escogidos, del remanente de Dios, que sí está dando frutos. Y entonces esta dice: "La regaré, la guardaré". Y en particular pueden ver aquí, versículo 4: "No hay enojo en mí", contrastando con el capítulo 5. Y pueden volver a leer: en la viña del capítulo 5 está súper enojado: "No, ¿cómo puede ser que no den fruto? ¿Qué voy a hacer con ellos? Los voy a quemar, los voy a destruir". Y aquí sí están dando frutos, están produciendo exactamente lo que quería que produjeran. "No hay enojo en mí; lo único que voy a hacer es destruir a sus enemigos", aquí representados por espinos. Por cierto, espinos y cardos, ¿son consecuencia de qué? Del pecado. "Y lo único que voy a destruir en ellos es la consecuencia del pecado; esos son mis enemigos, pero yo no estoy enojado con ellos, yo tengo paz con ellos".

¿Cómo es posible eso? Bueno, Romanos 3:25: la justicia de Dios ha sido aplicada a su Hijo; por lo tanto, la ira de Dios cayó sobre Él y no sobre el remanente. Por eso puede decir: "No hay enojo en mí". Y la invitación es: "Y si son mis enemigos, hagan conmigo paz; sí, hagan paz conmigo". ¿No ven? Aún en medio de hablar de los enemigos de Dios, está haciendo una invitación a que reciban el perdón, la salvación de Dios.

Y entonces esta imagen es una imagen de fruto de parte de Israel: florecerá, echará renuevos, y la faz del mundo llenará de fruto. Aquí se está explicando lo que leemos en Génesis 12: "Y en ti serán benditas todas las naciones de la tierra". El fruto que vendrá de parte del renuevo será para todo el mundo; ellos experimentarán estas realidades.

La disciplina del Señor y el perdón de la iniquidad

Y entonces, cuando ustedes ven estas ideas de "¿Acaso ha sido herido como quien lo hirió, o ha sido muerto como los que lo mataron?", estamos leyendo algo de lo que ya estudiamos cuando estuvimos viendo Hebreos 12, que tiene que ver con la disciplina del Señor. Les está diciendo: "¿Ustedes sufrieron tanto como el juicio que hice sobre sus enemigos?". No. ¿Por qué? Porque mi juicio sobre ustedes fue para purificación, fue justamente para que ustedes vinieran a mí, para que reconocieran su necesidad de mí. La disciplina de Dios para sus hijos cumple un propósito diferente.

¿Qué es lo que está expresado en el versículo 9? "De esta manera será perdonada la iniquidad de Jacob". Es lo que lleva al perdón de pecados. ¿Por qué? Porque están entregando todos sus ídolos. Se dan cuenta: "Estos ídolos son vanos; Dios nos ha mostrado que estos son vanos, que no tiene sentido vivir para estas cosas. Por lo tanto, entregamos nuestros ídolos, nos arrepentimos de ellos y venimos a ti, nuestro Dios, para que tú nos perdones nuestros pecados y tú seas nuestra única esperanza, no esos ídolos".

Y entonces el juicio de Dios cumplió un propósito diferente para sus hijos. ¿No seremos juzgados por Dios como sus hijos? Sí, pero ese juicio es un juicio no de condenación, sino de purificación. "Gracias, Señor, porque a veces me muestras qué tan tonto soy haciéndome sufrir un poco. Qué bueno que estoy viendo las consecuencias de mi pecado, para que pueda arrepentirme". Porque si tú me dejaras pecar y nada sucediera y no hubiera consecuencias, probablemente no voltearía a verte a ti, porque pensaría que todo está bien.

Aquí está expresando que efectivamente la ciudad fortificada será desolada, Judá será desolada. Sí habrá una invasión para Israel, hay un castigo, hay un juicio que viene sobre de ellos; pero en los redimidos, en el remanente, producirá un efecto de arrepentimiento, ¿para qué? Para que sean perdonados sus pecados. Y entonces tenemos la derrota del pecado: primero Dios derrota a Satanás, después derrota el pecado.

La trompeta final y la reunión de los escogidos

Y por último, tenemos los versículos 12 y 13: "Acontecerá en aquel día que trillará Jehová desde el río Éufrates hasta el torrente de Egipto, y vosotros, hijos de Israel, seréis reunidos uno a uno". Este es el lenguaje de filtración: uno por uno son juzgados, uno por uno son reunidos los que forman parte ¿de quiénes? De los escogidos de Dios. Y vean bien el lenguaje que usa; y otra vez, esto está en el contexto de cosas que eran muy comunes para los judíos. O sea, el año del jubileo, Levítico 25, comenzaba con el sonido de trompeta y el sonido de que estaban festejando que ya era el año de la liberación de Dios.

Y entonces dice el versículo 13: "Acontecerá también en aquel día que se tocará con gran trompeta, y vendrán los que habían sido esparcidos en la tierra de Asiria y los que habían sido desterrados a Egipto". Y habíamos visto eso, cómo Dios tiene un plan para todas las naciones, aquí siendo representadas por Egipto y por Asiria: "los que habían sido desterrados a Egipto, y adorarán a Jehová en el monte santo, en Jerusalén". Lo cual nos recuerda que un día seremos llamados todos los santos, en un solo momento de la historia, para reunirnos de donde sea que estemos —llamado también el rapto de la iglesia—. Hay un momento en el cual Dios decide: "Ya se acabó, ya están completos todos los santos de todos los tiempos que han de creer en mi nombre; ahora los llamaré".

Y habrá una trompeta, una trompeta final, que Pablo describe de esta manera: "El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios". ¿Y qué va a pasar? "Los muertos en Cristo resucitarán primero", y luego todos nosotros, los que hayamos quedado, los que estemos vivos en ese momento, seremos transformados y también recibiremos nuevos cuerpos. Jesucristo ya cumplió, como primogénito, como antecesor de esa realidad en su resurrección, la esperanza para nosotros: así como Él resucitó, nosotros también resucitaremos; así como Él tenía un cuerpo glorificado, nosotros también tendremos un cuerpo glorificado.

Y entonces Él se convierte en el inaugurador de una nueva creación. ¿En cuántos días creó Dios la tierra? En seis días, ¿no?, y el séptimo día descansó. Pero cuando llegamos a la vida de Jesús, tenemos el primer día, no el séptimo, como símbolo del descanso que encontramos en Él, porque el primer día Él resucita. Y entonces se convierte en el pionero de una nueva creación: en Génesis es la primera creación, y en la resurrección es la nueva creación inaugurada en el primer día, y que se va a desarrollar durante toda la historia de la iglesia para consumarse cuando Jesús regrese nuevamente.

Ahí está nuestra esperanza: un día la muerte será derrotada completamente. Y ese anuncio de que la muerte está siendo derrotada completamente se da ¿con qué? Con una trompeta, una trompeta que va a sonar y que todo el mundo va a escuchar, y todos los redimidos se van a levantar, porque ya ha llegado el final de todas las cosas. Él enjugará toda lágrima de nuestros ojos; tendremos cuerpos que nunca van a volver a experimentar dolor, ni tristeza, ni quebranto. Entonces vamos a ser llamados y juntados como los escogidos de Dios. Es increíble.

Les decía: este lenguaje es un lenguaje que los judíos entienden, porque está en todo el Antiguo Testamento. Ellos celebran —estaba leyendo sobre estos estudios— celebran dieciocho bendiciones o bienaventuranzas, y la décima describe esto: un día Dios tocará la trompeta y reunirá a sus escogidos de todas las naciones. Ellos creen que es su Mesías viniendo por primera vez, pero vemos en la Palabra que no: es el Mesías viniendo por segunda vez, para reunir al verdadero Israel. Esa es la promesa, la promesa de lo que encontramos en la separación entre el trigo y la cizaña. Ese es el lenguaje que leemos en el versículo 12 de Isaías 27: uno a uno.

Conclusión: ya no hay nada que temer

Entonces, ¿cómo sabemos que somos de los escogidos de Dios? ¿Cómo sabemos que pertenecemos a las promesas hechas aquí? Esta vida no se trata de lo que puedes lograr ahora; se trata acerca de cómo vivimos para la gloria de Dios. ¿Cuáles son tus temores? Otra vez: ¿cuáles son tus más grandes temores? Porque déjame decirte: Dios ha destruido a todos nuestros enemigos, a Satanás, al pecado y a la muerte. Pues ninguna de esas cosas es una amenaza si has puesto tu confianza en Él, lo cual significa que ya no hay nada que temer.

Lo vimos el miércoles en Marcos: ¿qué les dijo Jesús cuando estaban en la tormenta? "No teman, soy yo". ¿Qué más quieren saber? Lo único que tienen que saber es que yo estoy con ustedes, que yo soy su Dios, que yo soy su refugio, que sus vidas están en mis manos. Es lo único que importa para poder seguir hacia adelante: "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo".

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