La historia de Ezequías
¿Quién fue el rey Ezequías y por qué su historia termina en advertencia? Isaías 36-39 lo muestra confiando en Dios frente al ejército asirio que se burlaba preguntando «¿en quién confías?», y luego cediendo al orgullo cuando llegó el reconocimiento de Babilonia. Dos frentes de ataque: la violencia y la seducción.
Transcripción
Dónde estamos: la bisagra del libro de Isaías
Continuamos con Isaías. Creo que había un poquito de confusión acerca de si vamos a continuar este mes o no, y muchos estaban confundidos acerca de eso; pero sí, ahorita continuamos con Isaías, y el próximo mes, desde el segundo domingo de abril, es que vamos a hacer una pausa de algunos domingos y ver otra serie. Pero ahorita estamos justo a la mitad del libro.
En realidad, si queremos verlo estructuralmente, mucho de Isaías que hemos estado viendo tiene estas características de poesía —y se han dado cuenta de eso, de esos elementos poéticos—, y estos cuatro capítulos que vienen, desde el 36 al 39, son narrativa histórica. Van a ver que suenan un poco diferente al resto del libro de Isaías, pero de alguna manera están conectados a cosas que ya habíamos visto acerca del rey Ezequías: en otros capítulos ya había habido profecías que estaban conectadas a las historias que vamos a ver ahorita.
Y realmente el libro de Isaías normalmente se divide en dos partes: del 1 al 39, y del 40 al 66. Esas son como las dos partes que normalmente se consideran las partes principales; si quisiéramos dividir el libro, se dividiría en esas dos partes. Van a ver, a partir del próximo domingo, por qué el capítulo 40 es un nuevo enfoque. Hasta este punto el enfoque ha estado principalmente en Asiria; a partir del capítulo 40 el enfoque va a estar principalmente en Babilonia, y en el exilio, y en el regreso del exilio, y en la restauración que Dios hace con su pueblo. Y van a ver ciertas características en esta segunda mitad, que vamos a empezar el próximo domingo.
Pero esta historia de Ezequías que tenemos aquí, del 36 al 39, podríamos visualizarla como una especie de bisagra: es esta historia que conecta las dos mitades del libro. Entonces vamos a ver cuatro capítulos hoy. Y así es, ustedes saben cómo es cuando recorremos un libro de la Biblia: cuatro capítulos hoy, y los próximos tres domingos vamos a pasarlos en un solo capítulo, que es el capítulo 40. Entonces es un resumen hoy de esta historia.
¿Quién fue Ezequías?
Quiero que vean qué es lo que Dios hizo a través de Ezequías. ¿Quién fue Ezequías? Bueno, si ustedes recuerdan, al principio del libro Isaías nos dijo quiénes eran los reyes que estuvieron gobernando durante su ministerio profético. Él menciona, en el capítulo 1, versículo 1, a Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías. Entonces, si ustedes recuerdan, ya hemos hablado de Acaz, y hemos hablado de la manera en que Acaz fue confrontado con su falta de confianza en que Dios es el que iba a proteger la ciudad de los asirios. Y este es su hijo; entonces ahora estamos pasando al hijo.
Tenemos una descripción de Ezequías —que significa "Jehová fortalece"— en 2 Reyes 18:3. Pero vamos desde el versículo 1 al versículo 8, nomás quiero que vean, porque estos son pasajes paralelos a Isaías que nos muestran algo de la historia. Esto es un buen resumen, para que vean cómo la Biblia presenta a Ezequías. Dice: "En el año tercero de Oseas hijo de Ela, rey de Israel, comenzó a reinar Ezequías hijo de Acaz, rey de Judá. Tenía 25 años cuando comenzó a reinar, y reinó 29 años en Jerusalén. El nombre de su madre era Abi, hija de Zacarías. E hizo lo recto ante los ojos del Señor, conforme a todo lo que su padre David había hecho. Y todos los lugares altos derribó, y quebró los pilares sagrados, y cortó la Asera. También hizo pedazos la serpiente de bronce que Moisés había hecho, porque hasta aquellos días los israelitas le quemaban incienso, y la llamaban Nehustán. Ezequías confió en el Señor, Dios de Israel; después de él no hubo ninguno como él entre todos los reyes de Judá, ni entre los que fueron antes de él, porque se apegó al Señor y no se apartó de Él, sino que guardó los mandamientos que el Señor había ordenado a Moisés. Y el Señor estaba con él; a dondequiera que iba, prosperaba. Se rebeló contra el rey de Asiria y no le sirvió. Derrotó a los filisteos hasta Gaza y su territorio, desde las torres de atalaya hasta las ciudades fortificadas".
Entonces tenemos un buen resumen ahí de qué es lo que la Biblia tiene que decir acerca de Ezequías: fue un buen rey, si esta es la descripción. Habla acerca de él como alguien que hacía lo correcto delante del Señor.
Senaquerib a las puertas de Jerusalén
Y entonces ahora vamos a ver, desde la perspectiva de Isaías, un poco más a detalle qué es lo que realmente sucedió. Versículo 1 del capítulo 36: "Aconteció en el año catorce del rey Ezequías" —lo cual es como el año 701 antes de Cristo— "que Senaquerib, rey de Asiria, subió contra todas las ciudades fortificadas de Judá, y las tomó".
Entonces aquí ya tenemos el contexto de qué es lo que está sucediendo. Está el rey de Asiria; este nuevo rey, Senaquerib, ha conquistado, de acuerdo a los registros. Y esto es muy interesante, porque tenemos información histórica acerca de Senaquerib. Ahí, en el museo de historia de Londres y en otros museos, hay cosas que han recuperado de Nínive, de las investigaciones arqueológicas que se hacen, donde hay registros de estas conquistas, justamente de Senaquerib. Y en esos registros habla de haber conquistado 46 ciudades principales de Judá. Entonces, básicamente la idea es que ha conquistado todas las ciudades, y ya llegó hasta Jerusalén, y está rodeando Jerusalén, y ya está listo para atacar Jerusalén.
Y dice: "El rey de Asiria envió al Rabsaces con un gran ejército desde Laquis a Jerusalén, contra el rey Ezequías; y acampó junto al acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador". Este Rabsaces que describe aquí simplemente es el vocero real; así es como se le llama al vocero real aquí, y eso es lo que van a estar viendo, se va a repetir: él es el que está hablando en este capítulo 36.
Pero vean a dónde va. Vean, ese es el camino de la heredad del Lavador. Esto ya había aparecido en el capítulo 7 de Isaías, capítulo 7, versículo 3; Isaías ya nos explicó otro evento en ese mismo lugar, ¿se acuerdan? "Entonces dijo Jehová a Isaías: Sal ahora al encuentro de Acaz, tú, y Sear-jasub tu hijo, al extremo del acueducto del estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador".
Entonces, con el papá de Ezequías, en este mismo lugar ya había ido Isaías, llamado por Dios a acercarse a decirle a Acaz: "Dios va a estar contigo. No necesitas hacer alianzas con otras naciones para protegerte; Dios te va a proteger". Y Dios le dice: "Pide una señal". Y Acaz dice: "No, no voy a pedir una señal, porque no quiero tentar al Señor tu Dios". Pero le dijo: "Tu Dios te está diciendo que pidas una señal", y no quiere pedir una señal. Y justo en ese contexto es donde Dios le dice: "Bueno, no pides una señal; yo te daré una señal, yo le daré una señal a todo el pueblo de Israel. Y esa señal es: la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel". Es la señal que yo te voy a dar para mostrarte que sí estoy con ustedes. Ya vimos, cuando vimos el capítulo 7, cómo se cumplió esa parte.
Pero bueno, ahora nuevamente está sucediendo, porque en ese momento, para Acaz, estaba siendo probada su fe. Dios lo estaba poniendo en esta posición donde le estaba diciendo: "¿Tú vas a confiar en mí, o vas a confiar en las naciones que te pueden proteger?". ¿Y qué hizo Acaz? "Gracias, Señor, pero creo que los asirios me pueden ayudar más que tú". Y entonces confió en los asirios. Y su hijo está siendo probado en el mismo lugar, para ver en dónde va a poner su confianza Ezequías.
"Y salió a él Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna, escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller. A los cuales dijo el Rabsaces: Decid ahora a Ezequías: El gran rey, el rey de Asiria, dice así: ¿Qué confianza es esta en que te apoyas? Yo digo que el consejo y poderío para la guerra, de que tú hablas, no son más que palabras vacías. Ahora bien, ¿en quién confías, para que te rebeles contra mí? He aquí que confías en este báculo de caña frágil, en Egipto, en el cual si alguien se apoyare, se le entrará por la mano y se la atravesará. Tal es Faraón, rey de Egipto, para con todos los que en él confían".
De hecho, está en lo correcto el Rabsaces. Yo ya le había advertido a Acaz, ya le había advertido a Ezequías: no confíes en Egipto. Pero ahora le plantea esta pregunta. Dice el versículo 7: "Y si me decís: En Jehová nuestro Dios confiamos; ¿no es este aquel cuyos lugares altos y cuyos altares hizo quitar Ezequías, y dijo a Judá y a Jerusalén: Delante de este altar adoraréis?".
Está un poquito confundido este vocero de Senaquerib, porque ya leímos en 2 Reyes 18 que de hecho lo que hizo Ezequías —que fue bueno delante de los ojos de Dios— es quitar los lugares altos de adoración. Y la confusión está en que aquel piensa que son los lugares altos los que ellos usaban para adorar a su Dios; no se da cuenta de que, de hecho, los lugares altos eran los ídolos de otras naciones, los dioses falsos, los que estaban siendo quitados cuando quitaban estos lugares altos. Entonces él dice: "Yo vi que quitaron todos estos altares en lugares altos, entonces no creo que su Dios les vaya a ayudar".
Y luego dice, en el versículo 8: "Ahora, pues, yo te ruego que des rehenes al rey de Asiria mi señor, y yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes que cabalguen sobre ellos. ¿Cómo, pues, podrás resistir a un capitán, al menor de los siervos de mi señor, aunque estés confiado en Egipto con sus carros y su gente de a caballo? ¿Acaso vine yo ahora a esta tierra para destruirla sin Jehová? Jehová me dijo: Sube a esta tierra y destrúyela".
Ellos, puede ser que han escuchado algo de las profecías de Isaías, y están conscientes de que Dios había profetizado que Asiria de hecho iba a destruir y a conquistar. Entonces: "Dios está de nuestro lado en esto. Y aunque les diéramos dos mil caballos, ni siquiera tendrían gente para montarlos para atacarnos. Ya no tienen esperanza contra nosotros, los asirios". Eso es lo que está diciendo.
"Háblanos en arameo": el miedo sobre el muro
Entonces dijeron Eliaquim, Sebna y Joa al Rabsaces: "Te rogamos que hables a tus siervos en arameo, porque nosotros lo entendemos; y no hables con nosotros en lengua de Judá, porque lo oye el pueblo que está sobre el muro". O sea, él dice: "Híjole, la gente se va a empezar a preocupar, porque esto es una amenaza seria. Vamos a hablar en el lenguaje diplomático, arameo, y de esa manera no saben qué es lo que nos estás diciendo, qué nos vas a hacer".
¿Y al Rabsaces le preocupa que a la gente le dé miedo que vamos a venir a invadirlos? "¿Acaso me envió mi señor a que dijese estas palabras a ti y a tu señor, y no a los hombres que están sobre el muro, expuestos a comer su estiércol y beber su orina con vosotros?". Es una amenaza: estoy diciendo esto es lo que les vamos a hacer. No van a tener nada que comer, al grado que van a tener que comer su estiércol y su orina; ese va a ser su alimento. Ese es el tipo de amenaza que traemos.
Entonces el Rabsaces se puso en pie y gritó a gran voz en lengua de Judá, diciendo: "Oíd las palabras del gran rey, el rey de Asiria. El rey dice así: No os engañe Ezequías, porque no os podrá librar. Ni os haga Ezequías confiar en Jehová, diciendo: Ciertamente Jehová nos librará; no será entregada esta ciudad en manos del rey de Asiria. No escuchéis a Ezequías, porque así dice el rey de Asiria: Haced conmigo paz, y salid a mí; y coma cada uno de su viña, y cada uno de su higuera, y beba cada cual las aguas de su pozo, hasta que yo venga y os lleve a una tierra como la vuestra, tierra de grano y de vino, tierra de pan y de viñas. Mirad que no os engañe Ezequías diciendo: Jehová nos librará. ¿Acaso libraron los dioses de las naciones cada uno a su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde está el dios de Hamat y de Arfad? ¿Dónde está el dios de Sefarvaim? ¿Libraron a Samaria de mi mano? ¿Qué dios hay entre los dioses de estas tierras que haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?".
Y los otros dioses no pudieron liberar estas naciones: ¿qué los hace pensar a ustedes que su Dios los va a liberar de nosotros? Mejor hagan las paces, mejor entréguense. Era muy costosa una guerra; es muy costoso, y le cuesta mucho a una nación hacer batalla. Estos prefieren que se entreguen pacíficamente. La cosa es que los asirios eran conocidos por decir "no les vamos a hacer nada", y ya cuando se entregaban, los mataban a todos. Es una falsa promesa esta que están haciendo.
Y Ezequías ahora sí tiene la prueba delante de él, y él, creo, está diciéndoles: "Miren, Dios está con nosotros; tenemos que confiar en Él". "Pero ellos callaron y no le respondieron palabra, porque el rey así lo había mandado, diciendo: No le respondáis. Entonces Eliaquim hijo de Hilcías, mayordomo, y Sebna, escriba, y Joa hijo de Asaf, canciller, vinieron a Ezequías, rasgados sus vestidos, y le contaron las palabras del Rabsaces".
¿En quién confías?
La pregunta con la cual está siendo enfrentado Ezequías es la pregunta con la cual nosotros somos confrontados. ¿Cuál es? Creo que ya la captaron, porque aparece muchas veces a lo largo de este diálogo, y es la pregunta: ¿en qué confías? ¿Quién te va a salvar? ¿En dónde está tu verdadera esperanza? Estás en una situación imposible: ¿a quién vas a acudir? ¿A dónde vas a voltear?
Y nosotros, hermanos, somos confrontados con esta misma realidad. Somos confrontados con el hecho de que nuestros enemigos, y especialmente Satanás como nuestro enemigo universal y el enemigo universal de la iglesia, siempre va a querer confrontarnos con lo inútil y lo vano de poner nuestra esperanza en el Señor. Ese es el mismo tipo de confrontación que nosotros escuchamos de parte de Satanás, diciendo: "¿De veras, de veras tu Dios te va a proteger? ¿De veras tu Dios te va a sustentar en esto que vas a enfrentar? Mejor ven a mí, mejor ven a lo que yo te estoy ofreciendo. No, así sí vas a estar bien; no necesitas poner tu fe en este Dios, que ¿dónde está? Mejor en cosas tangibles, que tú puedes oler, y sentir, y palpar, y saborear: esas son las cosas en donde puedes poner tu esperanza, porque esas cosas son reales".
La pregunta del versículo 5, donde le dice "yo digo que el consejo y poderío para la guerra, de que tú hablas, no son más que palabras vacías": ¿es nuestra fe real para la vida real, o solo son palabras vacías? Solo se va a ver cuando estemos siendo enfrentados con la prueba, solamente. Y Ezequías ahorita tiene que comprobar si lo que él sabe y dice acerca de Dios es cierto.
Miren, estaba pensando acerca de esto. En este pasaje, a diferencia de otras partes de Isaías… El ataque venía después de que Israel se alejaba del Señor, ¿no es cierto? Se olvidaban del Señor, y estaban en idolatría y todas estas cosas, entonces Dios decía: "Los voy a juzgar, porque se han olvidado de mí y han buscado otros dioses". Pero en este contexto, ¿cuándo es que Israel está siendo atacado? ¿Cuándo es que Jerusalén está siendo atacada? Ya lo leímos: después de qué, de un avivamiento espiritual, donde la gente ha regresado al Señor, donde la gente está otra vez diciendo: "Sí, Señor, tú eres nuestro Dios, queremos confiar en ti". Y el rey está haciendo de líder y está guiando al pueblo en esa dirección, y en ese contexto es que ahora están siendo amenazados de muerte. Entonces, tengan cuidado de pensar que si ustedes buscan al Señor las cosas van a mejorar en sus vidas. De hecho, es la oportunidad perfecta para comprobar que su esperanza y su dependencia realmente está en Dios. Y eso es exactamente lo que está sucediendo aquí: es la pregunta, ¿en qué confías?
Y la realidad es, entonces, que el enemigo está a la puerta, y el enemigo está cuestionando la fe del pueblo de Dios, y está diciendo: "¿Con que Dios dijo…?". Suena parecido, ¿no? Además está cuestionando a Dios: "¿Con que Dios dijo eso? Pero no es cierto, no morirás". Y está mintiéndole al pueblo, diciendo: "Serás como Dios". ¿Saben de dónde estoy tomando esto? Es el mismo patrón que van a encontrar a lo largo de toda la Biblia: las mismas presiones sobre el pueblo de Dios acerca de realmente estar seguros de dónde está nuestra fe, y de demostrarlo con nuestras acciones. Si vas a creerle a Dios, entonces no comerás del árbol; pero si vas a dudar acerca de la Palabra de Dios, entonces…
"Él es tan malo como parece; a lo mejor Senaquerib va a ser más misericordioso con nosotros si nos rendimos, y entonces no nos va a masacrar, por lo menos de la manera que lo haría si nos resistimos". Todo este razonamiento podría estar pasando por la mente de muchos de los habitantes de Jerusalén en este momento, siendo tentados enormemente a simplemente rendirse ante la fuerza de este enemigo tan poderoso, que realmente está insultándolos y burlándose de ellos; y no solamente burlándose de ellos, sino burlándose de su Dios.
Y esta es la actitud de nuestro enemigo, y es lo que el pecado nos dice: "No, tú no me puedes resistir; yo soy más poderoso que tú. Aunque te dé dos mil caballos, ni siquiera tienes los jinetes para montarlos y enfrentarte a mí".
Ezequías acude a la casa de Jehová
Lo cual nos lleva al capítulo 37. Dice el capítulo 37: "Aconteció, pues, que cuando el rey Ezequías oyó esto, rasgó sus vestidos, y cubierto de cilicio vino a la casa de Jehová. Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz. Los cuales le dijeron: Así ha dicho Ezequías: Día de angustia, de reprensión y de blasfemia es este día; porque los hijos han llegado hasta el punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. Quizá oirá Jehová tu Dios las palabras del Rabsaces, al cual el rey de Asiria su señor envió para blasfemar al Dios vivo, y para vituperar con las palabras que oyó Jehová tu Dios; eleva, pues, oración tú por el remanente que aún no ha quedado". Ya han conquistado todas las demás naciones de Judá; solo queda Jerusalén.
"Vinieron, pues, los siervos de Ezequías a Isaías. Y les dijo Isaías: Diréis así a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí que yo pondré en él un espíritu, y oirá un rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra perezca a espada".
Entonces, ahora ha sido presentado ya el otro lado. El Rabsaces dice: "Así dice el rey de Asiria", el que tiene el verdadero poder; y dice Isaías: "Así dice Jehová", el verdadero Rey. Entonces encontramos, en el capítulo 37, el honor de Dios siendo vindicado. ¿Cómo va a ser vindicado? Quiero que vean todo el proceso.
¿Qué es lo primero que hace Ezequías? Va a la casa de Jehová, rasga sus vestiduras y le pide a Dios ayuda. Y la manera en que contesta Dios es: sí, efectivamente, el rey de Asiria ha blasfemado mi nombre. Vean lo que dice el versículo 20 del capítulo 36: "¿Qué dios entre los dioses de estas tierras haya librado su tierra de mi mano, para que Jehová libre de mi mano a Jerusalén?". O sea, "su Dios" —es lo que está diciendo el rey de Asiria—, "su Dios de ustedes es igual a todos los demás dioses".
Así dice Dios: "Nada más para que veas qué tan poderoso soy. Tú te burlabas de Ezequías: 'palabras vacías'. Yo voy a poner unas palabras en tu cabeza, que es un rumor, y con eso me voy a deshacer de ti. Por ahora ningún judío va a levantar ni una sola mano, y tú te vas a ir de aquí".
La carta de Senaquerib
Y entonces, versículo 8: "Vuelto, pues, el Rabsaces, halló al rey de Asiria que combatía contra Libna; porque ya había oído que se había apartado de Laquis. Mas oyendo decir de Tirhaca, rey de Etiopía: He aquí que ha salido para hacerte guerra; al oírlo, envió embajadores a Ezequías, diciendo…". Y bueno, aquí ahora escribe una carta. Pero el punto es que lo que está haciendo es decir: "No, ya no puedo enfocarme ahorita en Jerusalén, porque parece ser que nos están atacando". Entonces se tiene que ir; ese es el rumor que escucha, ese es el rumor que Dios provoca en el rey de Asiria. Pero dice: "Antes de irme, tengo que asegurarme de enviarle otra carta a Ezequías, porque esto no ha terminado". Eso, por lo menos, dice el rey de Asiria, Senaquerib. Y le escribe una carta.
Y esto es lo que dice la carta: "Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria". Ahora, ¿qué está diciendo de Dios? Que lo está llamando ahora mentiroso: está diciendo que su Dios es un Dios mentiroso. "Si te dice que te va a proteger de mí, te está mintiendo". "He aquí que tú oíste lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, que las destruyeron; ¿y escaparás tú? ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que destruyeron mis antepasados, a Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que moraban en Telasar? ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva?".
Yo ya me imagino que Ezequías conocía a alguno de estos reyes, y que estas imágenes… a lo mejor de cómo los habían masacrado, y les habían cortado la cabeza, y habían regresado con ese triunfo sobre estos reyes. Está contando estas historias reales de cómo se fueron dando las conquistas, en medio de blasfemar al Dios de Ezequías. ¿Ustedes creen que estaba con miedo, nervioso?
Imagínense… O sea, yo, cuando estaba leyendo acerca de los asirios y lo violentos que eran, mi marco de referencia son los narcotraficantes. Si quisiera pensar en términos de violencia, sería el equivalente a que un narcotraficante me amenazara: "¿Ya has visto cómo colgamos cabezas de los puentes peatonales? Tú sigues". Imagínense lo que eso significaría, que un narcotraficante te amenace. Y después, si ni la policía puede protegerme, menos yo.
Y aquí ya no mencionó Egipto, porque se da cuenta Senaquerib de que, de hecho, Ezequías ahora solamente está confiando en su Dios. No está buscando alianza con Egipto, no está buscando ayuda con Egipto; nada más está diciendo: "Sí, aquí estamos, no nos vamos a entregar a ti; tenemos a nuestro Dios". Eso es lo que está entendiendo Senaquerib.
La oración de Ezequías
Así que el juicio de parte de Dios comienza en el versículo 7. Pero vean lo que hace Ezequías: "Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores, y las leyó; y subió a la casa de Jehová, y las extendió delante de Jehová. Entonces Ezequías oró a Jehová, diciendo: Jehová de los ejércitos, Dios de Israel, que moras entre los querubines, solo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira, y oye todas las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Ciertamente, oh Jehová, que los reyes de Asiria destruyeron todas las tierras y sus comarcas, y entregaron los dioses de ellos al fuego; porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, madera y piedra; por eso los destruyeron. Ahora pues, Jehová Dios nuestro, líbranos de su mano".
Y aquí está la razón que da Ezequías. ¿Para qué? "Porque no me quiero morir, Señor; tengo miedo". No es la manera en que ora Ezequías. Dice: "Para que todos los reinos de la tierra conozcan que solo tú eres Jehová". Por eso quiero que nos liberes: porque te están insultando a ti, no a nosotros. Te están insultando a ti, es tu nombre. Y nosotros te reconocemos como el Dios del cielo y de la tierra, el creador de todas las cosas. Nosotros sabemos que lo que más te importa es tu nombre y la gloria de tu nombre, así que solo estoy apelando a lo que ya sé acerca de ti: este es tu carácter, esta es tu esencia, mostrar tu gloria, mostrar tu poder, mostrar tu supremacía sobre todas las cosas.
La respuesta de Jehová contra Senaquerib
¿Y qué sucede entonces? "Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Acerca de lo que me rogaste sobre Senaquerib rey de Asiria, estas son las palabras que Jehová habló contra él: La virgen hija de Sion te menosprecia —o sea, Jerusalén se va a burlar de ti—, te escarnece; detrás de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén. ¿A quién vituperaste y a quién blasfemaste? ¿Contra quién has alzado tu voz, y levantado tus ojos en alto? Contra el Santo de Israel. Por mano de tus siervos has vituperado al Señor, y dijiste: Con la multitud de mis carros subiré a las alturas de los montes, a las laderas del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses escogidos; llegaré hasta sus más elevadas cumbres, al bosque de sus feraces campos. Yo cavé, y bebí las aguas, y con las pisadas de mis pies secaré todos los ríos de Egipto".
¿Ven la arrogancia de Senaquerib? O sea, está tan alto que dice: "Vamos a pisar el río de Egipto, el río Nilo, y se va a secar".
Aquí está, vean lo que dice el versículo 26: "¿No has oído decir que desde tiempos antiguos yo lo hice, que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y tú serás para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros". Yo estoy detrás de todo; yo tengo control de todas las cosas. "Sus moradores fueron cortos de poder; fueron acobardados y confusos, fueron como hierba del campo y hortaliza verde, como heno de los terrados, que antes de sazón se seca. He conocido tu condición, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí. Porque contra mí te airaste, y tu arrogancia ha subido a mis oídos; pondré, pues, mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste".
¿Y saben qué es esa descripción que le está haciendo Dios al rey de Asiria? Cómo ellos trataban a las ciudades que ellos conquistaban: les metían un gancho ahí en la nariz, y ahí iban los conquistados. "Y yo voy a hacer eso, pero contigo".
Y por supuesto: "Mi remanente permanecerá. Y esto te será por señal: comeréis este año lo que nace de suyo, y el año segundo lo que nace de suyo; y el año tercero sembraréis y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis su fruto. Y lo que hubiere quedado de la casa de Judá y lo que hubiere escapado, volverá a echar raíces abajo, y dará fruto arriba. Porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé a esta ciudad para salvarla, por amor de mí mismo, y por amor de David mi siervo".
Y por supuesto, sabemos a quién se está refiriendo cuando habla de David su siervo: está hablando del heredero del trono de David. Entonces, el honor de Dios es vindicado al mantener un remanente y al proteger a Jerusalén. Básicamente, lo que ven ahí en los versículos 30 y 31 es que va a ser un periodo más o menos de dos años, menos de tres años, para que todo regrese a la normalidad para ellos, por todas las imágenes de plantar viñas. Les da un periodo de tiempo que va a pasar, y dice: no va a atacar Asiria, no va a invadir, no va a entrar a Jerusalén, no les van a hacer nada.
Ciento ochenta y cinco mil en una noche
Lo cual nos lleva a la confirmación histórica de cómo hizo Dios esto. Versículo 36: "Y salió el ángel de Jehová, y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, e hizo su morada en Nínive. Y aconteció que mientras adoraba en el templo de Nisroc su dios, sus hijos Adramelec y Sarezer le mataron a espada, y huyeron a la tierra de Ararat; y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo".
Se piensa que hubo algún tipo de plaga, algo como la plaga bubónica; eso es lo que se piensa, y hay otros registros de este evento fuera de la Biblia. Entonces se piensa que fue… ¿cuál sería la palabra? Una micro pandemia entre el ejército. Muertos todos. El pueblo de Israel no hizo nada; ninguno tuvo que pelear. Fue enteramente por mano de Dios, y Él ya lo había profetizado.
Capítulo 38: la enfermedad de muerte
Capítulo 38. Pasamos a otra etapa de la historia de Ezequías ahora, y esta otra parte de la vida de Ezequías es sumamente interesante también, los siguientes dos capítulos. Porque dice el capítulo 38: "En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz, y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás".
Pues, de repente… Y recuerden, esto es un buen rey, este es un rey del cual se habla bien en la Biblia, generalmente. No nada más se enfrentó a esta gran prueba de exterminio por parte de los asirios, de la cual fue librado, sino que ahora, de repente, aparentemente a estas alturas está en sus años treinta, es joven, y de repente le diagnostican una enfermedad terminal. Es el tipo de noticia como "te quedan dos meses para vivir", probablemente. Eso es a lo que ahora se está enfrentando. E Isaías viene y le dice: "Ordena tu casa, porque morirás y no vivirás". Ahora Ezequías tiene un nuevo reto delante de él, que es su propia salud.
"Entonces volvió Ezequías su rostro a la pared, e hizo oración a Jehová, y dijo: Oh Jehová, te ruego que te acuerdes ahora que he andado delante de ti en verdad y con íntegro corazón, y que he hecho lo que ha sido agradable delante de tus ojos. Y lloró Ezequías con gran lloro. Entonces vino palabra de Jehová a Isaías, diciendo: Ve y di a Ezequías: Jehová Dios de David tu padre dice así: He oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo añado a tus días quince años. Y te libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiria; y a esta ciudad ampararé".
Todavía le sigue afirmando la protección que tiene para él contra los asirios. Hay otro paralelo a esta historia; pueden leer en 2 Reyes 20, versículos 8 al 11. Y en esa historia se ve cómo Ezequías quiere una señal de esto: "Dame una señal, Señor, muéstrame". Y aquí se resumen las señales: "He aquí, yo haré volver la sombra por los grados que ha descendido con el sol, en el reloj de Acaz, diez grados atrás. Y volvió el sol diez grados atrás, por los cuales había ya descendido". Entonces es como una especie de reloj, según parece ser, que eran más como unas escaleras. Entonces, conforme iba avanzando el día y moviéndose el sol, la sombra te decía qué hora del día era. Y pues obviamente ustedes saben cómo funcionan las sombras: se va moviendo en una dirección. La señal es que esa sombra se va a mover en la dirección contraria, de repente unas cinco horas hacia atrás, el arco de la sombra. ¿Cómo hizo Dios eso? No sé. Probablemente solo es un tema de la luz, de cómo Dios manipuló la luz y la sombra. Pero esa fue la señal de parte de Dios para Ezequías.
La escritura de Ezequías
Y dice el versículo 9: "Escritura de Ezequías rey de Judá, de cuando enfermó y sanó de su enfermedad". Ahora él escribe esta oración de agradecimiento al Señor por sanarlo, y dice: "A la mitad de mis días iré a las puertas del Seol; privado soy del resto de mis años. Dije: No veré a Jehová, a Jehová en la tierra de los vivientes; ya no veré más hombre con los moradores del mundo. Mi morada ha sido movida y traspasada de mí, como tienda de pastor. Como tejedor corté mi vida; me cortará con la enfermedad; me consumirás entre el día y la noche. Contaba yo hasta la mañana. Como un león molió todos mis huesos; de la mañana a la noche me acabarás. Como la grulla y como la golondrina me quejaba; gemía como la paloma; alcé en alto mis ojos: Jehová, violencia padezco; fortaléceme".
Entonces, aquí pueden ver el dolor y la angustia. Parece ser que no podía dormir en la noche por la enfermedad que tenía; estaba en agonía Ezequías. Y ahora, en el versículo 15, él muestra una nueva actitud con respecto a esta enfermedad, porque dice: "¿Qué diré? El que me lo dijo, él mismo lo ha hecho. Andaré humildemente todos mis años, a causa de aquella amargura de mi alma. Oh Señor, por todas estas cosas los hombres vivirán, y en todas ellas está la vida de mi espíritu; pues tú me restablecerás, y harás que viva. He aquí, amargura grande me sobrevino en la paz, mas a ti agradó librar mi vida del hoyo de corrupción, porque echaste tras tus espaldas todos mis pecados".
Entonces, miren, hay un aspecto aquí… Y estaba pensando qué tanto profundizamos; pero simplemente déjenme plantear parte de lo que creo que está sucediendo ahí. Dios tiene un plan revelado para nosotros y un plan secreto para nosotros, y Deuteronomio 29:29 habla acerca de esto: ustedes, no les toca saber muchas de las cosas que Dios piensa y que Dios planea, ni siquiera las pueden entender. ¿Ustedes les gustaría saber el día de su muerte? ¿Les gustaría saber cuántos días de vida les quedan? Normalmente eso es parte del plan secreto de Dios.
Aunque por ahorita tuvo un efecto bueno en Ezequías, a largo plazo no tuvo tan buen efecto esta revelación de darle quince años más. Ahorita no lo vamos a ver, pero pueden ver que Dios tenía un propósito en alargar la vida de Ezequías. Por un lado, Ezequías no tenía hijos, ¿y saben cuál es la línea de David por la cual sigue la línea mesiánica? Por aquí, a través de Ezequías.
Entonces, parte de lo que creo que está sucediendo es Dios usando la misma oración de Ezequías como medio para hacer, de hecho, su voluntad soberana en la vida de Ezequías. Porque a través de la oración, a través de este momento de desesperación de Ezequías, de orar y pedirle a Dios, Él también estaba haciendo una obra en él. Y entonces podemos ver que Dios quiere y Dios sana, que Dios trabaja a través de la oración; y eso es importante verlo, porque aquí lo presenta como una respuesta a la oración de Ezequías.
Entonces, Dios no es un Dios que nada más dice: "Yo voy a hacer lo que quiero hacer y no me importa si se involucran ustedes o no". Sí, yo voy a hacer lo que yo quiero hacer, y ustedes van a ser el medio a través del cual voy a hacer lo que voy a hacer; lo cual significa que quiero que vengan a mí, quiero que oren, quiero que me pidan, y así es como lo haré. Dios trabaja a través de la oración.
La aflicción enseña humildad, y la sanidad lleva a la adoración
Y lo que vemos aquí en la vida de Ezequías es que la aflicción le enseña humildad; son los versículos 15 al 17. Y también vemos el resultado de esta aflicción y después de la sanidad. Dice el versículo 18: "Porque el Seol no te exaltará, ni te alabará la muerte; ni los que descienden al sepulcro esperarán tu verdad. El que vive, el que vive, este te dará alabanza, como yo hoy; el padre hará notoria tu verdad a los hijos. Jehová me salvará; por tanto cantaremos nuestros cánticos en la casa de Jehová todos los días de nuestra vida".
¿Qué resultado tuvo en la vida de Ezequías el haber estado enfermo y haber sido sanado por Dios? Adoración. Nuestra adoración es el propósito de la sanidad. Pero si quisiéramos hablar en términos más generales de la Biblia, encontramos que la sanidad se convierte en un paralelo y en un sinónimo de la salvación, en donde la sanidad física nos está apuntando siempre hacia la sanidad espiritual y hacia la salvación interna que Dios hace al perdonarnos de nuestros pecados.
Por lo cual entendemos que también el propósito de Dios en salvarnos a nosotros… La razón por la que somos cristianos, ¿cuál es la razón por la que Él nos salvó? Adoración. Para que le adoremos a Él, el único y verdadero Dios. Si Dios va a tener verdaderos adoradores que le adoren en espíritu y en verdad, tiene que tener un pueblo redimido por Él para hacerlo. Y eso es esta iglesia: esta iglesia representa el grupo de redimidos que hemos sido salvados por Dios para adorarlo. Y ese es nuestro objetivo final, de eso se trata. No hay nada que "ah, ya después de eso", porque después de la adoración no hay algo más. Se acaba ahí, se acaba nuestra búsqueda y se acaba nuestro propósito; ahí se acaba la razón de nuestra existencia.
"Y había dicho Isaías: Tomen masa de higos, y pónganla en la llaga, y sanará. Había asimismo dicho Ezequías: ¿Qué señal tendré de que subiré a la casa de Jehová?". Está pidiendo estas señales; empezamos a ver que Ezequías está teniendo problemas con la manera en que Dios trata con él.
Capítulo 39: los enviados de Babilonia
Y entonces pasan unos años, pasa un poco de tiempo, llegamos al capítulo 39: "En aquel tiempo Merodac-baladán hijo de Baladán, rey de Babilonia, envió cartas y presentes a Ezequías, porque supo que había estado enfermo, y que había convalecido. Y se regocijó con ellos Ezequías, y les mostró la casa de su tesoro, plata y oro, especias, ungüentos preciosos, toda su casa de armas, y todo lo que se hallaba en sus tesoros; no hubo cosa en su casa y en todos sus dominios, que Ezequías no les mostrase.
"Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han venido a ti? Y Ezequías respondió: De tierra muy lejana han venido a mí, de Babilonia. Dijo entonces: ¿Qué han visto en tu casa? Y dijo Ezequías: Todo lo que hay en mi casa han visto, y ninguna cosa hay en mis tesoros que no les haya mostrado.
"Entonces dijo Isaías a Ezequías: Oye palabra de Jehová de los ejércitos: He aquí vienen días en que será llevado a Babilonia todo lo que hay en tu casa, y lo que tus padres han atesorado hasta hoy; ninguna cosa quedará, dice Jehová. De tus hijos que saldrán de ti, y que habrás engendrado, tomarán, y serán eunucos en el palacio del rey de Babilonia. Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado es buena. Y añadió: A lo menos, haya paz y seguridad en mis días".
Qué extraño final, ¿no? Algo pasó en esta historia que de repente nos dio un giro con Ezequías que no esperábamos necesariamente. ¿Cuál fue este giro? 185 mil mueren de los asirios; el botín que se llevó Israel de esa victoria, que ellos ni pelearon, fue enorme: armas, tesoros, toda clase de cosas. De repente Ezequías se volvió un hombre muy rico, muy rico. No solo eso, sino que además imagínense las naciones, como estos de Babilonia —que todavía no son lo que van a ser, pero que sabían las historias—, y decían: "Los asirios ya habían conquistado todas estas naciones, y de repente Israel los derrotó". Y de repente hay esta fama que tiene Ezequías, y este respeto, y este reconocimiento de todas las naciones hacia él, de parte de estas naciones poderosas. Y luego escuchan que estuvo enfermo, casi a punto de morir, y que de repente se sanó. Entonces van a visitarlo y le dicen: "Oye, Ezequías, qué rico eres, qué increíble reino tienes, qué buen rey. ¿Cómo derrotaste a los asirios? ¿Cómo te sanaste? ¿Cómo tienes tantos tesoros?". Ya saben, uno pues le echa ganas.
Y parece ser —el pasaje no es súper explícito sobre esto, pero la manera en que reacciona Isaías nos da a entender— que Ezequías dejó de darle el crédito a Dios, dejó de reconocer que las cosas buenas en su vida eran regalos de Dios, y empezó a crecer en su orgullo, en su percepción de sí mismo, en su autoestima, de tal manera que empezó a presumir.
Y el resultado fue tan triste, porque puede empezar a haber un cierto grado de apatía aquí. El juicio es: tus hijos serán eunucos en Babilonia. "Todos estos tesoros que ahorita le presumiste a Babilonia, un día Babilonia va a venir y te los va a quitar" —que de hecho sucedió—; "y no nada más eso, sino que tus hijos van a ser eunucos, van a ser esclavos, van a ser siervos de esta nación". Ezequías llega a un punto en su vida en el que dice: "Bueno, a mí me quedan unos cuantos años de vida; mientras yo tenga paz aquí en mi reino, estoy bien".
La seducción del reconocimiento
Lo cual nos lleva al último punto de hoy: la lección del capítulo 39. La lección de la vida de Ezequías es la seducción del reconocimiento; creo que no está cambiando aquí. Y algo que es muy interesante, que van a encontrar —hay otras descripciones de esta historia—: vean lo que dice en 2 Crónicas 32:31. Dice: "Aun en el asunto de los enviados por los gobernantes de Babilonia, que los mandaron a él para investigar la maravilla que había acontecido en el país, Dios lo dejó solo para probarlo, a fin de saber todo lo que había en su corazón".
Es interesante la descripción en 2 Crónicas, ¿no? Porque dice qué hizo Dios cuando llegaron los de Babilonia. La descripción de 2 Crónicas es: "Dios lo dejó solo". Voy a exponer, Ezequías, lo que es realmente tu corazón; voy a exponer tu verdadera naturaleza, Ezequías; lo que eres sin mí va a salir.
Y hermanos, esto es algo que Dios hace con su iglesia. No crean que esta historia es única en la Biblia: "Ay, qué mala onda de Dios con Ezequías, pobrecito". Apocalipsis 2:23 dice: "A sus hijos mataré con pestilencia, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña las mentes y los corazones; y les daré a cada uno según sus obras". Salmo 139, ¿cuál es la oración del salmista? "Examíname, oh Dios, de mi corazón". Ve qué hay en mi corazón, muéstrame si hay camino de perversidad, para guiarme en el camino eterno.
Este es un proceso que Dios quiere hacer en todos nosotros: exponer nuestra verdadera naturaleza. ¿Cuál era la verdadera naturaleza de Ezequías? Un corazón de orgullo. "Dios, haz lo que tengas que hacer para que eso salga; si está ahí, revélamelo, para que pueda arrepentirme, para que pueda caminar en tu ley". Todos tenemos diferentes luchas, todos tenemos diferentes cosas que nos seducen.
La bestia y la ramera: dos frentes
Vean qué interesante: en Apocalipsis tenemos dos enemigos del pueblo de Dios, que creo que son simbólicos de los enemigos de Dios de todos los tiempos, que son la bestia y la gran ramera. La bestia se opone a la iglesia, la bestia ataca a la iglesia, persigue a la iglesia y los mata; hay martirio ahí, hay sangre. Es una manera en que Satanás ataca a la iglesia, representada en Senaquerib en la historia de Ezequías.
¿Pero cómo más, en Apocalipsis, es atacada la iglesia? No nada más a través de la bestia, también a través de la gran ramera. La ramera no ataca a la iglesia con violencia. ¿Cómo ataca a la iglesia la ramera? Con seducción. ¿Cuál fue el enemigo al cual se enfrentó Ezequías donde no supo cómo hacer la batalla? Claramente, cuando era la batalla de "los vamos a matar", blasfemando contra Dios, ahí acudió a Dios, buscó a Dios, se refugió en Él, encontró su dependencia en Él. Pero cuando eran los de Babilonia: "Ay, mira, Ezequías, qué buen rey eres, cuánto dinero tienes, eres un ejemplo a seguir para todos nosotros, los reyes", de repente no se dio cuenta de lo que estaba sucediendo: estaba siendo atacado de la misma manera por el enemigo. Todos tenemos la tendencia a rendirnos ante uno de esos dos frentes.
Lo que aprendemos: orgullo y apatía
De ahora en adelante el enfoque va a estar en Babilonia en el libro de Isaías. Pero ¿qué es lo que aprendemos acerca de la vida de Ezequías en este capítulo? Bueno, aprendemos el gran peligro del orgullo. "Señor, a tu nombre, y solo a tu nombre, sea la honra siempre". Que esa sea nuestra oración: guárdanos, Señor, del orgullo, que es tan sutil y tan seductor para todos nosotros.
Número dos: no dejes en nosotros que crezca apatía hacia las cosas que tienen que ver con tu reino. Eso es lo que vemos que sucedió con Ezequías: creció una apatía al grado que no se preocupó por sus hijos. ¿Saben quién es el hijo de Ezequías? Manasés. Pueden leer sobre él en 2 Reyes 24:3. ¿Saben qué van a encontrar en 2 Reyes 24:3-4? Manasés fue el peor rey de Judá. Él volvió a poner todos los altares en lugares altos que su padre había quitado; él los volvió a poner, la idolatría regresó. Y Dios dijo en ese pasaje que les acabo de decir, que está ahí en 2 Reyes 24:3-4, que es por Manasés que vino el ataque de Babilonia y que fueron exiliados. Manasés cumplió finalmente la razón por la cual Dios juzgó a Jerusalén.
Dios, ayúdanos a no caer en la apatía espiritual de decir "no pasa nada"; a no caer en la tradición de la religiosidad, donde nada más venimos los domingos y pensamos que estamos bien, además, porque estamos aquí; a no dejar de preocuparnos por el bienestar espiritual de nuestros hijos y de las generaciones que vienen detrás de nosotros, y a poner nuestro enfoque ahí. Señor, ayúdame a ser líder para aquellos que tomarán el liderazgo después de mí en esta iglesia. Ayúdanos, Señor, a ser fieles en nuestras familias y a ser fieles en todos los ministerios que tú nos has puesto, para hacerlos de todo corazón y para tu gloria.
Todos fallan menos Cristo
Hermanos, todas las historias de la Biblia, todas, en donde el personaje central no es Cristo, vamos a encontrar que tienen fallas. Hay algunos personajes cuyas fallas no se mencionan, pero sabemos que las tuvieron. Pero todos los personajes más impresionantes en su fe, y en su vida, y en su ejemplo, en algún momento vimos cómo cayeron, y cómo pecaron, y cómo se dieron al pecado, y cómo sufrieron las consecuencias de ese pecado. Lo vemos en Adán, lo vemos en Noé, lo vemos en Abraham, lo vemos en David, y aquí lo vemos en Ezequías.
El ser humano es falible, el ser humano va a fallar, nosotros vamos a fallar. Por eso necesitamos la gracia de Dios en nuestras vidas, porque necesitamos renovación constante, necesitamos al Señor de una manera nueva todos los días; porque somos débiles, porque somos más malos de lo que creemos que somos realmente. No nos podemos confiar. La iglesia es un recordatorio de eso: no nos confiemos, no nos confiemos, no nos confiemos. Vamos a rendirnos cuentas unos a otros, vamos a exhortarnos unos a otros, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe; porque nosotros somos débiles, pero Él es fuerte.
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