Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Ezequiel 37EzequielNathan Díaz

El valle de los huesos secos

¿Qué significa el valle de los huesos secos de Ezequiel 37? Cuando Israel dice «pereció nuestra esperanza», Dios muestra que solo Él da vida a lo que ya está muerto, y que lo hace por medio de la palabra proclamada y de su Espíritu. La segunda mitad del capítulo añade la promesa de unidad: un solo rey, un solo pacto, un solo santuario.

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Transcripción

Nada es imposible para Dios

(La grabación comienza con el mensaje ya empezado.)

…a cargo pasará. No depende del hombre, no depende de nuestro esfuerzo, no depende de nuestra voluntad: depende de Dios. Y este pasaje lo va a mostrar de una manera muy clara. Hay cosas imposibles para el hombre, y muchas cosas son imposibles para el hombre. Por ejemplo, si una virgen se embaraza, es imposible. Vean lo que dice Lucas 1:37; y ese es el ángel hablando con María, y estoy empezando con esto para que vean hacia dónde vamos con Ezequiel 37: "He aquí tu pariente Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez". Ya, tú eres virgen y te vas a embarazar; y Elisabet, que ella está viejita y no debería de poder tener hijos, ella también va a tener un bebé. ¿Por qué? "Porque nada hay imposible para Dios".

Entonces quiero empezar con esta idea clara de Ezequiel 37: nada es imposible para Dios, ni siquiera lo que más imposible nos podría parecer, que un muerto tenga vida. Y ese es el tema central de este pasaje: darnos esperanza, no porque nosotros podamos en sí generar algo bueno, o porque nosotros en sí podamos gozarnos en las circunstancias que nos rodean todo el tiempo, sino porque sabemos que hay un Dios que está en control de esas circunstancias. Hace un momento oraba por aquellas personas que están enfermas. Hay personas que tienen cáncer, hay personas que están en situaciones muy difíciles, entre la vida y la muerte, ahorita mismo. Y no son las circunstancias que ninguno de nosotros quisiéramos pasar, pero sabemos que Dios está en control; sabemos que Dios tiene el control de la vida y de la muerte, y podemos descansar en eso.

Podemos estar tranquilos como cristianos y no afanarnos, y no estresarnos por cada cosa que pasa en nuestra vida, y decir: "Híjole, es que ¿qué va a pasar si esto pasa? ¿Y cómo lo voy a hacer?". Sí, y todo el tiempo nos estamos preocupando, preocupando y preocupando, y pensamos que nosotros estamos en control. Y es por eso que nos preocupamos, porque si supiéramos que no estamos en control, y que tenemos un Dios bueno y un Dios todopoderoso que está en control, entonces podríamos obedecer el mandamiento en la Biblia de "por nada estéis afanosos". ¿Por qué nos afanamos? Porque se nos olvida que Dios está en control; se nos olvida qué tan poderoso es Dios. Y pensamos que el cambio está en nosotros, que el poder para cambiar, el poder para forjar nuestro futuro, está en nosotros: "Yo sí, sí; el poder está en mí".

Gandhi dijo: "Sé el cambio". Y mucha gente piensa que eso es muy profundo, y hay algo de verdad en eso: debes de cambiar; si tú quieres cambiar las cosas, cambia. Pero hay algo más profundo que Dios está diciendo aquí, y es: "Ven a Mí para ser cambiado". Es lo que dice Dios.

El punto más bajo de la historia

Y quiero que entiendan que los exiliados judíos que están en Babilonia, a estas alturas, están sumamente desanimados, faltos de esperanza. Porque ellos pensaban, cuando fue el exilio, cuando Babilonia invadió Jerusalén y se llevaron a algunos, pensaban que era algo muy breve, muy temporal, muy pasajero. Y decían: "Bueno, sí, Babilonia nos atacó, sí, Babilonia nos trajo aquí, pero Dios no va a permitir que Jerusalén sea destruida; Dios no va a permitir que Su templo sea destruido, porque somos Su pueblo, y es Su ciudad, y es Su templo". ¿Y qué es lo que acaban de escuchar aquí, en este capítulo? Bueno, ya lo vimos desde el capítulo 33, ¿se acuerdan? Ya les llegaron las noticias: Jerusalén fue destruida. Ya fue destruido el templo, ya fue destruida la ciudad; ahora sí ya no tienen nada.

Y los exiliados están pensando: "¿Qué va a pasar con nosotros? ¿Nos vamos a quedar exiliados como esclavos de Babilonia para siempre? Ya no tenemos una ciudad a donde regresar". Este es el punto más bajo de la historia de eso. Tienen que entender esto antes de que leamos el capítulo: este es el punto de mayor desesperanza para ellos, donde parece que Dios nos ha abandonado, parece que ya no tienen esperanza, parece que ya no tienen futuro. Su último rey ya ha sido asesinado, y Dios ha dicho que ya no va a haber más reyes. Y ya no hubo más reyes del linaje de David; hasta el día de hoy todavía no hay.

Un valle lleno de huesos secos

"La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera". Porque, ¿alguna vez han tenido un sueño que es muy real, pero muy extraño? Porque estoy soñando esto, y obviamente siempre que soñamos algo pensamos que es verdad lo que estamos soñando. Y a veces despierto, y si recuerdo el sueño, muchas veces es muy extraño el sueño; lo recuerdo y digo: "¿Por qué? Creo que... ¿qué pasó?, ¿qué me hizo soñar eso tan raro?". Hay cosas muy, muy extrañas que a veces soñamos. Y en realidad, se ha de haber sentido Ezequiel: esto es tan real, pero tan raro.

Todo un valle, y probablemente el mismo valle en donde Dios le reveló las primeras visiones de Su gloria en los primeros capítulos. Pero llega a este valle y está lleno de huesos, pero huesos que evidentemente eran de personas que ya llevaban mucho tiempo muertas. La segunda cosa: ver un campo lleno de cadáveres, pero aquí no está viendo un campo lleno de cadáveres; está viendo un campo lleno de huesos, donde ya la carne se desintegró completamente, la piel, todo lo que había que rodeaba esos huesos. Y hasta los huesos, después de haber estado expuestos al sol y a la intemperie por tanto tiempo, ya están hasta viejos, ya están completamente secos. Y eso es lo que estaba viendo Ezequiel aquí, y lo que viene a continuación nos va a explicar por qué es que está viendo esta visión Ezequiel.

Cómo está estructurado el capítulo

Les voy a explicar cómo está estructurado este capítulo 37, para que vean hacia dónde vamos. Le va a explicar Dios a Ezequiel cómo solo Él puede dar vida a algo que ya está muerto. En este caso, la esperanza de Israel está muerta completamente; estos huesos representan la esperanza de Israel, y Dios quiere mostrarles que solo Él puede darles un futuro. Y lo va a hacer mostrándoles que Él es el autor de la vida. Y en la segunda parte, que es desde el versículo 15 hasta el final del capítulo, les va a mostrar cómo solo Él puede traer unidad donde no hay unidad. Entonces, donde hay muerte, trae vida; donde hay división, trae unidad. Ese es el mensaje del capítulo 37. Y cada una de estas partes se compone de dos elementos cruciales; vamos a ver cuáles son.

¿Vivirán estos huesos?

"Y me dijo" —Dios le dice a Ezequiel—: "Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?". ¡Qué pregunta tan rara!, ¿no? "¿Vivirán estos huesos?". Y me acuerdo de una historia de Elías y de Eliseo, que resucitaron a una niña. Pero es diferente que alguien que se acaba de morir pueda volver a vivir, a que unos huesos que ya llevan probablemente años así vuelvan a tener vida, ¿no? Y Ezequiel muy astutamente dice: "Señor Jehová, Tú lo sabes". De una manera, Ezequiel está mostrando su incapacidad: "Yo no puedo darles vida, pero yo sé que si alguien puede darles vida, Tú sabrás". Además, no es si puedes, sino si quieres; es: "Tú sabes".

"Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos". Ahora vamos a ir a ver qué es lo que va a pasar aquí. Pero Ezequiel tiene esta convicción de lo que encontramos en Romanos 4:17: "De hecho, padre de muchas naciones, delante de Aquel en quien creyó, es decir, Dios, que da vida a los muertos y llama a las cosas que no existen como si existieran". Y ahora, para mostrarle esta realidad a Ezequiel: "Sí, Yo puedo dar vida; lo voy a mostrar, pero te voy a mostrar cómo quiero hacerlo, cómo quiero darles vida". Y entonces procede a darle una instrucción, y dice: "Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos".

"Y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, Yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que Yo soy Jehová". Esa es la orden: profetiza a los huesos. Otra vez, trato de imaginar cómo sería esto, cómo sería esta experiencia. Claro, ya Dios le ha dicho a Ezequiel: "Profetiza a los montes", "profetiza a los árboles"; entonces no es tan extraño. Pero cada vez que predico, alguien se está quedando dormido; creo que ahorita nadie, a lo mejor es por el frío. Pero estoy imaginando qué difícil sería eso.

Suena como una de mis pesadillas, de hecho: que me parara aquí al frente y viera que todos están dormidos y nadie está despierto, y que Dios me dijera: "Tú predica hoy". "¿Voy a predicar? Están dormidos, nadie me está escuchando". Ezequiel ya tenía una experiencia parecida, porque Dios le dijo: "Habla a un pueblo que no te va a escuchar; no te van a hacer caso, no te van a creer". Es lo que pasó en los primeros capítulos. Ahora le dice: "Predícales a unos huesos". Pero Ezequiel, como ha sido en todo este libro, siempre obedece, por muy raro que suene.

Profetiza a los huesos, profetiza al espíritu

"Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso. Y miré, y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos; pero no había en ellos espíritu". Entonces este mandamiento de profetizar contiene dos partes: una es profetizar a los huesos, y la segunda parte es profetizar al espíritu. Dice, versículo 9: "Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos, y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo".

Entonces son las dos partes de lo que le dice Dios: primero le dice "profetiza a los huesos", luego le dice "profetiza al espíritu". Porque algo está pasando aquí, y quiero que vean, si pueden contar, cuántas veces aparece la palabra "espíritu" en este capítulo. Entre el versículo 1 y el versículo 14 aparece diez veces esta palabra. Y es la palabra rúaj en hebreo, y es importante que la mencione, porque es una de esas palabras que suenan como lo que son: tienes que soplar para decir esa palabra.

Y es la misma palabra; en español se traduce de diferentes maneras, pero en el original es una sola palabra. "Viento" es la misma palabra, "soplar" es la misma palabra, "espíritu" es la misma palabra. En español se traduce de las tres maneras, pero realmente en el original es una sola palabra: viento, espíritu y soplar son la misma. Nos las vamos a encontrar ahí, las tres, traducidas de diferentes maneras en español, pero es la misma en el original. Y nos muestra aquí cuál es la obra que Dios quiere hacer y cómo la quiere hacer.

Dios usa la palabra hablada

Entonces, número uno: Él quiere dar vida, y quiere mostrar que puede dar vida a través... No nada más dice así: "Sí, Yo les voy a dar vida; mira, hazte para atrás, Ezequiel, toma asiento, y te voy a enseñar lo que puedo hacer". No; le dice: "Habla tú, profetiza tú, diles, y entonces Yo voy a hacer algo". Lo cual es interesante, porque significa que Dios usa instrumentos humanos para hacer Su obra sobrenatural. Significa que Dios quiere usar nuestra palabra hablada para hacer Su obra. No lo va a hacer aparte de nuestra predicación; lo va a hacer a través de nuestra predicación.

Romanos 10:17 dice: "La fe viene por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios". ¿Quién es el que proclama la Palabra de Dios, de acuerdo a Romanos 10? El que es cristiano: "¡Qué hermosos son los pies" de aquel que lleva estas buenas noticias! Y algo que es interesante es que este mismo fenómeno que está viendo Ezequiel desarrollarse con estos huesos es lo mismo que él ya había experimentado en los primeros capítulos. En los primeros capítulos, Ezequiel varias veces dice que el Espíritu entró en él y lo puso sobre sus pies. Entonces él ya había experimentado algo parecido, en donde el Espíritu le daba vida a Ezequiel para hacer el ministerio profético al que había sido llamado.

Entonces hay un paralelo aquí: "Tú ya experimentaste, tú ya experimentaste lo que es tener Mi Espíritu en ti; ahora tú habla a estos que no lo han experimentado, para que Yo lo haga en ellos". Es decir: habla de lo que tú ya viviste. Y sigue, nada más por si no me creen; vayan al principio del libro, y es un recordatorio. Ezequiel 1:28, por ejemplo: "Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor" —está viendo la visión de la gloria de Dios—. "Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y cuando yo la vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba. Me dijo: Hijo de hombre" —capítulo 2— "ponte sobre tus pies, y hablaré contigo. Y luego que me habló, entró el espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies" —o sea, me dio la capacidad de hacerlo— "y oí al que me hablaba".

Entonces Ezequiel ya había experimentado esto, y se vuelve a repetir en el capítulo 3, versículo 23 y el versículo 24. Entonces quiero que vean que aquí hay un paralelo muy importante entre la predicación de la Palabra y la obra de Dios. Dios va a usar a Su Iglesia para hacer Su obra. Así es Dios, pero es a través de Su Iglesia siempre que la va a hacer.

Nuestra responsabilidad es la proclamación

Y el punto del pasaje es: "Tú haz lo que Yo te digo a ti que hagas, que es proclamar, y déjame a Mí los resultados". Nuestra responsabilidad, y solo nuestra responsabilidad, hermanos, es la proclamación. Nosotros no vamos a convertir a nadie; solo Dios puede hacer eso. Nosotros proclamamos; decimos: "Esto es el evangelio. Arrepiéntete de tus pecados. Has quebrantado la ley de Dios, pero Cristo vino a este mundo a morir por ti, a dar Su vida en tu lugar y pagar el precio perfecto que tú no podías pagar, para que tú puedas ser reconciliado con Dios, y para que Él pudiera perdonar justamente tus pecados. Tienes que reconocerlo a Él, y solo a Él, como la esperanza para tu vida y el fundamento para todo lo que significa tu existencia". Y ya les dije; Tú encárgate de convencerlos de que eso es verdad. Nuestra responsabilidad es la proclamación; la obra de Dios es la regeneración.

El Espíritu es poderoso y visible

La segunda parte de este pasaje nos muestra nuevamente este énfasis que les decía: diez veces es mencionada la palabra "espíritu" en hebreo. Y nos muestra dos cosas acerca del Espíritu: el Espíritu es poderoso y el Espíritu es visible. No porque puedas ver el Espíritu, sino porque puedes ver lo que el Espíritu hace. Siempre es así: como no puedes ver el viento, pero puedes ver lo que el viento hace, de la misma manera la obra del Espíritu sí se puede ver. Cuando Dios transforma a una persona, cuando le da vida a alguien, dices: "Algo pasó ahí". Yo no vi la parte interna, yo no vi el Espíritu.

Y eso es de lo que Jesús estaba hablando en Juan capítulo 3, ¿se acuerdan? El Espíritu, tú no sabes de dónde viene ni a dónde va, pero tienes que nacer del Espíritu y del agua si quieres nacer de nuevo. Ya lo vimos el domingo pasado en Ezequiel 36. Pero aquí hay otro aspecto que quiero mostrarles, y que es sumamente interesante, que es el verdadero paralelo de este capítulo. En este capítulo 37, lo que está pasando aquí de hecho no es como las resurrecciones, por ejemplo, la que mencioné de Elías o de Eliseo hace un momento, o inclusive las del Nuevo Testamento, todas las que hizo Jesús, o Pedro, o Pablo.

No, es muy diferente lo que está pasando aquí, por el periodo de tiempo que pasa entre la muerte y la resurrección, o la regeneración, o la recreación de estos cuerpos. El paralelo más significativo que tenemos del capítulo 37, de hecho, viene de Génesis 2. Porque en Génesis 2, ¿qué es lo que hizo Dios? Formó a Adán; lo formó, lo hizo, y esa fue la primera etapa. Y de alguna manera esa etapa estaba incompleta todavía. No es suficiente con ser materia nada más; tú y yo no somos solo materia. Hay un elemento adicional que Génesis 2 nos explica. ¿Qué es? El aliento de vida. Dios sopló sobre Adán y le dio aliento de vida.

Lo físico y lo espiritual

Lo cual nos muestra que hay, pues, un aspecto físico y un aspecto espiritual; ambos se originan de Dios. Solo Dios puede hacer ambos: solo Dios puede crear la materia, y también solo Dios puede crear lo que no podemos ver, que es vida. Y eso es lo que tú y yo tenemos, que nadie entiende; no se puede medir científicamente. Pero tú y yo pensamos, razonamos, sentimos; somos personas. Algo hay ahí que no es científico. Tú lo entiendes, tú entiendes que eres… en realidad, pues, no lo puedes entender completamente, porque tú no puedes crear una persona; tú no puedes dar vida. Solo Dios puede hacer eso.

Y ese es el principio que está regresando aquí. Así que lo que dice es: "Es más que solamente lo físico; es lo espiritual. No es nada más crear personas, no es nada más —ya lo vamos a ver en un momento— Israel regresando a su territorio geográfico, la parte física y material de la promesa; es también lo espiritual, que solo Yo puedo hacer, que es lo interno, lo que nadie puede ver". Lo que leímos en el capítulo 36, versículos 25 al 27: "Yo les daré un corazón de carne". Esa parte es una parte invisible. Entonces Dios es autor tanto de lo visible como de lo invisible, tanto de lo físico como de lo espiritual.

Predicación y oración

Es un proceso de dos partes el que se está haciendo aquí, y es por eso que primero le dice "profetiza a los huesos", luego le dice "profetiza al espíritu". Y algunos comentaristas dicen que esto realmente simboliza dos ministerios del pastor, predicador o profeta: que es predicación —predica a los huesos— y oración —predica al espíritu, o profetiza al espíritu—. Y estas dos cosas van juntas en el ministerio: la predicación y la oración, para que la obra de Dios se haga, la obra sobrenatural de Dios se haga espiritualmente en aquellos que reciben la Palabra, aquellos a los que predicamos, aquellos por los cuales oramos. Ambas cosas están en juego aquí para crear vida.

¿Qué es lo que obtienen los huesos secos? Nuevo nacimiento, nueva naturaleza. Colosenses 2:13 dice: "Cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisión de vuestra carne". Y ese es el tipo de lenguaje que usa Pablo: "Ustedes estaban muertos". Es la misma analogía. La muerte espiritual es la misma situación que requiere la obra sobrenatural de Dios soplando sobre nosotros para darnos vida espiritual.

Los huesos secos no saben que están muertos

Y es interesante cómo funciona eso, ¿no? Porque alguien muerto no sabe que está muerto. ¿Ustedes han compartido el evangelio con gente que simplemente no entiende de qué estás hablando? "Yo estoy bien". "Sí, también, no sé; sí entiendo lo que me dices de la Biblia, sí entiendo lo que me dices de Cristo en la cruz, pero no veo, no veo cómo lo necesito. No veo cuál es mi problema; yo soy una buena persona, yo creo en Dios". La gente que está muerta espiritualmente no sabe que está muerta espiritualmente. Estamos predicando a huesos muertos; los huesos secos no saben que están muertos.

Cada vez que tú prediques el evangelio, acuérdate: "Estos son huesos secos, Señor; no van a verlo hasta que Tú se lo muestres. Pero usa mi predicación, usa mis palabras para que Tú hagas la obra en ellos". Entonces el poder del Espíritu genera una nueva naturaleza, genera una nueva realidad. Y de estas nuevas realidades es de lo que habla Jesús en Juan 3; es de lo que habla Pablo en 1 Corintios 2:6. La carne no puede generar las cosas que son del Espíritu; solo el Espíritu puede generar lo que es del Espíritu. Cada uno según su especie, ¿no?, de acuerdo a Génesis.

Así es Dios, lo ha establecido así: para que algo sea de Dios, tiene que venir de Dios; si no, es del hombre. Los gatitos tienen gatitos; no hay otra opción. Si tú estás en la carne, solo puedes producir lo que produce la carne. Tiene que haber algo nuevo; hay una nueva naturaleza. Efesios 2:1 al 10: ya conocen este pasaje; nuevamente, a ustedes también los describe como muertos. En otro tiempo ustedes estaban sin Dios, muertos, alejados de las promesas y de la ciudadanía; en Cristo Jesús… Colosenses 2:13 se los dice.

No hay cristianos sin el Espíritu Santo

Y hoy, Romanos 8:4 al 12 también nos muestra otra cosa que genera el Espíritu, y luego la vimos en el capítulo 36, cuando decía el versículo 27: "Y pondré dentro de vosotros Mi Espíritu, y haré que andéis en Mis estatutos, y guardaréis Mis preceptos, y los pongáis por obra". Pablo dice en Romanos 8: el que anda conforme a la carne morirá; mas si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirá. El que es de Dios tiene al Espíritu, punto. No hay opción: si tú eres de Dios, tienes el Espíritu. Estás vivo o estás muerto; si estás vivo, es porque el Espíritu entró en ti.

No hay cristianos sin el Espíritu Santo. Puedes contristar al Espíritu Santo; puede el Espíritu Santo no estar obrando como debería estar obrando en tu vida, pero tienes al Espíritu Santo si has sido regenerado. Porque solo el Espíritu Santo da vida, y una vez que da vida, permanece en aquellos que son Suyos para mantener a los Suyos. Son las verdades que encontramos en la Palabra de Dios. "Si alguno no tiene el Espíritu —dice el apóstol Pablo en Romanos 8—, no es de Él". Entonces, ¿se dan cuenta, hermanos, de lo profundo que es esto que estamos leyendo?

Solo hay dos opciones aquí; para todos los que estamos aquí solo hay dos opciones: o estamos vivos o estamos muertos. No hay otra opción: o tienes vida, o estás completamente muerto, completamente seco. No hay medio vivo para Dios: medio vivo, medio muerto, moribundo, que regresa y se va. No hay ese estado realmente para Dios; hay solamente dos categorías. Y la vida solo es hecha posible a través del Espíritu Santo. Y la santificación de la que acabamos de leer en el capítulo 36, versículo 27, también solo es posible a través del Espíritu Santo: hacer morir las obras de la carne, vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, seguir Sus estatutos, guardar Su ley. Eso solo es posible a través del Espíritu Santo.

El avivamiento en tiempos de Nehemías

Es decir, también el avivamiento del pueblo de Dios es generado por el Espíritu Santo. Y de hecho eso sucedió más adelante, cuando se cumple parte de lo que está siendo profetizado aquí, que es Israel, los judíos, regresando a su tierra a través del ministerio de Nehemías, de Esdras y de Zorobabel. Cuando ellos regresan, ahí hay un avivamiento. Y ya prediqué sobre el libro de Nehemías —perdón, porque no he predicado en orden todos los libros cronológicamente—, hace muchos años, porque esa parte viene después de esto. Pero Nehemías, capítulos 8 al 10, nos narra un avivamiento que hubo, en el que estaba el pueblo leyendo la Palabra de Dios, alabando a Dios, y todos empezaron a arrepentirse de sus pecados, y empezó a haber un avivamiento espiritual en el pueblo de Dios.

Y eso también fue generado por la promesa aquí de lo que el Espíritu Santo, solo el Espíritu Santo, puede hacer. ¿Se dan cuenta? A través de la Palabra. Porque en Nehemías eso es lo que estaba pasando: retomaron la ley de Dios, volvieron a leerla en público, y empezó a generar otra vez en la gente una convicción de pecado en sus vidas, de tal manera que se postraron en arrepentimiento delante de Dios, y vinieron a Él: "Señor, perdónanos, sánanos". Y Dios lo hizo. Dios nos da vida con un propósito, ¿no es cierto? Dios no te da vida nada más porque "a ver qué pasa; vamos a dar vida, vamos a experimentar aquí". Dios te da vida porque quiere hacer algo en ti: quiere que le sirvas, que tú seas testimonio de cómo se ve un muerto, una persona que antes estaba muerta y ahora tiene vida.

"Pereció nuestra esperanza"

Entonces Dios le explica a Ezequiel por qué lo está haciendo: "Me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel". Y aquí le explica por qué lo está haciendo. Dice: "He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza, y somos del todo destruidos". Entonces es lo que ellos decían. Imagínense: llevan dos años en exilio… ya doce años. Y su esperanza es que no durará mucho, que puedan regresar a Jerusalén. A estas alturas, lo que están escuchando es: ya no tienen a dónde regresar. Entonces la poquita esperanza que tenían ya se ha desvanecido completamente.

Ya en el capítulo 12 —nada más les doy un recordatorio, para que vean dónde ya habíamos visto esto—, capítulo 12, versículo 22: "Hijo de hombre, ¿qué refrán es este que tenéis vosotros en la tierra de Israel, que dice: Se van prolongando los días, y desaparecerá toda visión?". Porque "Dios dice que nos va a regresar, pero no vemos que esté pasando nada. Aunque dice Dios que somos Su pueblo, pero como que ya se olvidó de nosotros". Ahora sí están en depresión, ahora sí están sumamente tristes. Y por eso es que Dios les está dando esta profecía: para darles esperanza.

"Yo abro vuestros sepulcros"

"Por tanto —dice el versículo 12—, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí Yo abro vuestros sepulcros". Ahora toda la imagen va más profundo: no nada más son los huesos en el valle, sino ahora los huesos son enterrados en sepulcros. "Pueblo Mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que Yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo Mío. Y pondré Mi Espíritu en vosotros, y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que Yo Jehová hablé, y lo hice, dice Jehová".

Jeremías 29:11 es uno de nuestros pasajes favoritos, pero este pasaje de Jeremías 29:11 de hecho es paralelo a este pasaje. Tiene que ver con la misma promesa, con la misma esperanza que Dios quiere darle a Su pueblo. ¿Qué es? "Yo tengo planes para ti, pueblo Mío; planes no para hacerte mal, sino para bendecirte, para darte un futuro, para darte esperanza". Ese es el contexto aquí de Ezequiel 37: darle esperanza al pueblo de Dios y mostrarles que sí van a regresar a su tierra.

Y de hecho Ciro, en el año… ¿dónde lo apunté? Pero fue unos 60 años después, más o menos, y emitió un decreto, y ese decreto es para que pudieran regresar a su tierra. Y ahí es donde entra la historia de Nehemías, y ahí es donde entra la historia de Esdras, todos los personajes que son los que regresan para reconstruir Jerusalén.

Nuevo líder, nuevo corazón, nueva tierra

Pero entonces quiero que piensen; regrésense tantito y vayan al capítulo 36, y piensen… no, vayan al capítulo 34, y piensen en todo lo que Dios ya les ha estado prometiendo. Ya prediqué sobre estos capítulos, pero solo quiero recordarles que en el capítulo 34 Dios le prometió a Israel un nuevo liderazgo, un pastor, ¿se acuerdan? En el capítulo 36 les prometió un nuevo corazón, un nuevo pueblo. Y también les está prometiendo una nueva tierra, un nuevo lugar donde estar: nuevo líder, nuevo corazón, nueva zona geográfica, regenerada, reconstruida para ellos.

Dos palos en una sola mano

Y esto nos lleva al siguiente punto, que es la segunda parte del capítulo, que habla ahora acerca de la unidad. Primero está hablando sobre la vida; ahora nos está hablando sobre la unidad. "Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá, y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros". ¿Y qué está hablando aquí? De los dos reinos. Había un reino del norte y había un reino del sur.

Con Jeroboam se dividieron estos reinos, en el siglo décimo antes de Cristo, hasta el año 722 antes de Cristo, cuando fue el reino del norte conquistado por los asirios. En el 586 antes de Cristo fue conquistado el reino del sur por los babilonios. Hubo un periodo de tiempo entre estos dos, pero al final del día los dos fueron conquistados y los dos fueron juzgados por Dios, aunque en el reino del sur es donde había algunos reyes buenos.

Y la razón por la que habla de Efraín aquí es porque… o sea, históricamente la división sería entre José y Judá, pero Efraín es el hijo menor de José, y era la tribu más dominante del reino del norte. Y a veces el reino del norte, Samaria, es referido como Efraín; a lo largo del Antiguo Testamento van a encontrar esa referencia. Así que cuando habla de Efraín, es el reino del norte, y Judá es el reino del sur. Y estos dos palos representan estos dos reinos.

Y esto es lo que tiene que hacer con ellos: "Júntalos luego el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano. Y cuando te pregunten los hijos de tu pueblo, diciendo: ¿No nos enseñarás qué te propones con eso?". No entendían a qué se refería: "¿Los dos reinos juntos? No sabemos cómo va a pasar eso". Es algo inconcebible para los judíos, porque han pasado siglos y siglos de estar en completa división. "Diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, Yo tomo el palo de José que está en la mano de Efraín, y a las tribus de Israel sus compañeros, y los pondré con el palo de Judá, y los haré un solo palo, y serán uno en Mi mano. Y los palos sobre que escribas estarán en tu mano delante de sus ojos".

"Y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, Yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos".

Vida y unidad

¡Qué interesante! ¿Se acuerdan que les dije que la palabra "espíritu" es mencionada diez veces en los versículos 1 al 14? Bueno, la palabra "uno" es mencionada diez veces en los versículos 15 al 28. Y le da una pista de por qué es la estructura del capítulo: vida y unidad. Porque ese es el énfasis de estas dos secciones: en la primera sección el énfasis es la vida que es dada por el Espíritu, y en la segunda sección es la unidad que trae el Espíritu a un pueblo dividido. ¿Y cómo lo va a hacer? ¿Cómo va a unirlos? Ya está ahí la pista en el versículo: dándoles un solo rey. Es la clave con la que empieza.

"¿Cómo voy a hacer que dos reinos que históricamente han estado divididos, que no se han podido llevar bien, que están uno en contra del otro todo el tiempo —y por eso se dividieron en primer lugar—…? La manera en que los voy a juntar es dándoles el mismo gobernante". ¿Quién es este gobernante? "Ni se contaminarán más con sus ídolos, con sus abominaciones, con todas sus rebeliones; y los salvaré de todas sus rebeliones con las cuales pecaron, y los limpiaré; y me serán por pueblo, y Yo a ellos por Dios". Y aquí viene esto —ya lo habíamos leído; vamos a regresar ahí en un momento—: "Mi siervo David será rey sobre ellos". Pero ¿se acuerdan que cuando vimos esto en el capítulo 34 decíamos: "Dios, David ya se murió; ¿cómo que David va a reinar sobre ellos? ¿A poco lo vas a resucitar otra vez para que vuelva a reinar?".

No. "Todos ellos tendrán un solo pastor; y andarán en Mis preceptos, y Mis estatutos guardarán, y los pondrán por obra. Habitarán en la tierra que di a Mi siervo Jacob, en la cual habitaron vuestros padres; en ella habitarán ellos, sus hijos y los hijos de sus hijos para siempre; y Mi siervo David será príncipe de ellos para siempre. Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré Mi santuario entre ellos para siempre. Estará en medio de ellos Mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios; ellos me serán por pueblo. Y sabrán las naciones que Yo Jehová santifico a Israel, estando Mi santuario en medio de ellos para siempre".

Un solo rey

Entonces, número uno: les da un solo rey. ¿Quién es este rey? Alguien del cual ya, en el 34, ya lo habíamos estudiado. Capítulo 34, versículos 23 y 24, ¿se acuerdan?: "Levantaré sobre ellas a un pastor, las apacentará" —a las ovejas—, "a Mi siervo David. Él las apacentará, y él será por pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y Mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado". Ahora está retomando eso nuevamente. Pero ahí, en el capítulo 34, el enfoque sobre el nuevo pastor, el nuevo David, está sobre su naturaleza como líder, y aquí está sobre su fundamento para la unidad de Israel. Entonces, en el capítulo 34 el énfasis era: van a tener un nuevo líder; y en el capítulo 37 el énfasis es: Él va a hacer que estén unidos como uno.

Judíos y gentiles, un solo pueblo

Ahora, algo muy interesante está pasando aquí, ¿no es cierto? Yo no había pensado esto antes, así que me encontré con esta poderosa imagen de Ezequiel. ¿Dónde más? Y ahora sí, vamos al Nuevo Testamento: ¿dónde más encontramos esta idea de dos pueblos divididos siendo traídos nuevamente para ser uno solo bajo un solo rey y un solo líder, que antes no podían estar juntos? ¿Dónde encontramos esa imagen? Efesios 2, ¿verdad? ¿Cuál era la división que se había generado para cuando llegamos al Nuevo Testamento? Y el plan de Dios siendo manifestado en este Mesías para traer unidad: judíos y gentiles. "Yo los haré un solo pueblo, una sola nación; no dos: uno". ¿Por qué? Porque tendrán el mismo Dios, porque tendrán el mismo Salvador, que hará que puedan caminar juntos y tener el mismo propósito y el mismo destino para siempre.

Eso es lo que hemos desarrollado en el libro de Hechos en particular: cómo les costó trabajo entender esto a los judíos. "¿Es seguro? ¿De seguro Dios quiere meter a estos incircuncisos?". Tuvo que convencerlos; no querían. Así como el reino del norte y el reino del sur no querían estar juntos, no querían tener un mismo rey. Pero Dios dijo: "Mi plan es de unidad. Mi plan es traer a un solo pueblo delante de Mí, y hacer uno solo, llevarlos a un solo propósito y a un solo destino, juntos". Gálatas 3:28: "Ya no hay judío ni gentil". Y en el 17 —ya lo estudiamos—: gente de todo pueblo, nación, tribu y lengua, juntos adorando a Dios delante del trono para siempre.

Un pacto de paz

Entonces tenemos un rey, y tenemos un pacto, que aparece en el versículo 26: "Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos". Y este pacto es el pacto del que leemos en Isaías 42, el versículo 6: "Así dice el Señor, que crea los cielos y los extiende, que afirma la tierra y lo que de ella brota, que da aliento" —y vean qué interesante es esto, el mismo lenguaje— "que da aliento al pueblo que hay en ella y espíritu a los que por ella andan". Ahí asocia esta idea de espíritu con pacto. Dice: "Yo soy el Señor; en justicia te he llamado. Te sostendré por la mano y te guardaré, y te pondré como pacto para el pueblo, como luz para las naciones, para que abras los ojos a los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de la prisión a los que moran en tinieblas".

Ahí hay más revelado acerca de este pacto. ¿Por qué es un pacto de paz? Porque rescata a aquellos que están en esclavitud, da libertad a aquellos que no la tenían, para que puedan gozar de una nueva relación de paz con su Dios. Esa es la verdad que está profetizada aquí a través de Ezequiel y a través de Isaías. Es interesante, entonces, que Dios está haciendo un pacto de paz con Israel para las naciones; ¿ven?, para las naciones. No es un pacto nada más para ustedes; es un pacto que se va a extender a las naciones.

Y es por eso que encontramos nuevamente en Gálatas 6 la manera en que se cumple todo esto en aquellos que somos llamados pueblo de Dios, hijos de Dios. Jesús dijo en Mateo 26: "Esta copa es el nuevo pacto en Mi sangre". Este pacto de paz se hace a través de Mi sangre. Eso significa que todos aquellos que reciben las bendiciones, los beneficios de lo que Jesús hizo en la cruz a través de la fe —poner nuestra fe en Él y en lo que Él hizo por nosotros—, todos ellos son el verdadero pueblo de Dios, porque son los que reciben el nuevo pacto en Su sangre. Y Pablo retoma eso en Gálatas 6, y dice: "Ustedes son el Israel de Dios". Sí, ustedes son judíos, porque los verdaderos judíos son los que creen en Cristo Jesús.

No hay otra manera de recibir las promesas. Si no crees en Jesús, no recibes promesas; las promesas vienen a través de Él, la paz viene a través de Él. Es solamente ese pacto el que hace posible la unidad, ¿no es cierto? ¿Qué hacemos aquí? Estamos unidos; los que estamos aquí deberíamos estarlo, porque eso es lo que compró Jesús con Su sangre: nuestra unidad. Él nos ha hecho un solo pueblo. No hay razón por la que no debamos estar unidos o no podamos estar unidos. El pueblo de Dios solo puede estar unido porque el Espíritu lo hace posible a través de la sangre de Cristo, cuando nos trae juntos y dice: "Ustedes tienen esto en común; y si tienen esto en común, ustedes son uno solo". Uno solo, un solo palo.

Un solo santuario

Por último, ¿cómo va a obtener la unidad de Su pueblo? Está aquí, y tengo la gran tentación de seguirme otra hora hablando de esto. No lo voy a hacer, y les voy a decir por qué: porque hay nueve capítulos con los que termina este libro que hablan sobre este punto, que es un solo santuario. "La manera en que voy a traer unidad al pueblo es: pondré Mi santuario entre ellos para siempre". "Para siempre" es una pista pequeña, hermanos, de algo que viene más adelante, donde Ezequiel va a recibir instrucciones sobre la reconstrucción del templo. Y es interesante, porque esas instrucciones de la reconstrucción del templo que va a recibir Ezequiel, de hecho, no se cumplieron cuando se reconstruyó el templo después del exilio, cuando regresaron.

Ya estoy tentado a hablar ahorita más de lo que tengo que hablar, porque voy a tener mucho tiempo para hablar sobre esto. Nada más quiero que lo vayan pensando: esta es una pista súper importante sobre el libro, porque hay diferentes escuelas de interpretación aquí, y les voy a explicar por qué no estoy de acuerdo con algunas de estas escuelas, que piensan que es necesario que el templo sea reconstruido en Jerusalén todavía el día de hoy. La razón por la que no creo que tiene que ser reconstruido el templo es porque creo que todas estas promesas tienen que ver con un templo eterno, no un templo temporal. Y para que sea un templo eterno, tiene que ser el templo que es descrito en Apocalipsis 21 y 22, que dice que no es un templo físico: es Jesús. Él es el templo.

No importa si hay un templo en Jerusalén o no, porque Jesús ya vino y dijo: "Yo soy el templo". Y es por eso que el templo fue destruido en el año 70. Ya no hay templo, y no habrá templo, porque tenemos a Cristo; Cristo es nuestro templo. Y este no puede ser un templo físico, ¿saben por qué? Porque dice "para siempre". Si es para siempre, no puede ser un templo físico: tiene que ser Cristo con Su pueblo. Y lo que vamos a encontrar en Ezequiel 40 al 48 es eso justamente: es un templo espiritual que regresa en Apocalipsis por toda la eternidad. Y lo vamos a ver, porque normalmente… no me voy a meter en eso, porque no estamos en esos capítulos todavía, pero quiero mostrarles estas verdades en lo que estamos viendo en el libro de Ezequiel. Ahí están algunos de los pasajes que les muestran esta realidad: "El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros"; hizo Su tabernáculo. Él fue el templo entre nosotros; la presencia de Dios con Su pueblo se manifestó a través de Jesús.

Y por eso es que Jesús le dijo a la mujer samaritana, la mujer de Sicar, quien sea... "A ver, ¿dónde tenemos que adorar" —a Jesús—, "¿en este monte, en el de los samaritanos, o en el de los judíos?". Y dijo Jesús: "Ni aquí ni allá, porque Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad". No es el lugar; es Su Espíritu el que hace la diferencia. Eso es lo que estaba diciendo Jesús, y es la realidad que vemos en Apocalipsis 21 y 22.

De qué se trata la Navidad

Entonces la unidad del pueblo de Dios se obtiene… Dios la ha obtenido por la predicación de Su Palabra, por el poder de Su Espíritu dando vida, dándoles un solo rey, un solo pacto y un solo santuario, que representa la presencia de Dios con Su pueblo. Es esa identidad: "Yo seré su Dios, ustedes serán Mi pueblo; estaremos juntos para siempre; seremos una sola familia por toda la eternidad".

¿De qué se trata la Navidad? La Navidad es vida; es vida que ha sido traída por la Palabra hecha carne, el Logos, la Palabra proclamada de Jesucristo, la promesa del Espíritu Santo para darnos esperanza. La Navidad es unidad, traída por el establecimiento de un Rey para todo el pueblo de Dios bajo un solo pacto: el evangelio. El evangelio es el pacto de paz. La Navidad es la esperanza de un santuario eterno en la presencia de nuestro Dios, porque Dios vino una vez, y Dios regresará nuevamente, para nunca dejarnos nuevamente. Y esa es la verdadera esperanza que estamos celebrando.

Oración final

Gracias, Padre, por este capítulo; gracias por Tu Palabra, y gracias porque podemos celebrar la Navidad acordándonos de Cristo Jesús como un bebé en un pesebre: nuestro Mesías, nuestro Rey, siendo celebrado a través de cantos, a través de lecturas, hoy en la tarde, que vamos a compartir como testimonio a todos los que quieran escuchar acerca de qué significa conocer lo que ese bebé representaba en el plan eterno de Dios. Así que en Tu nombre, Señor, oramos; encomendamos el programa de Navidad de esta tarde para Tu gloria. En el nombre de Cristo Jesús. Pónganse de pie.

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