Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Ezequiel 33EzequielNathan Díaz

Vigías y Pastores

¿Quién es el buen Pastor cuando los líderes humanos fallan? Ezequiel 33 y 34 presentan al vigía que debe dar la alarma y al pueblo responsable de responder, y después el juicio de Dios sobre los pastores egoístas de Israel. Dios promete pastorear él mismo a sus ovejas y levantar un solo Pastor, del linaje de David, cumplido en Jesús.

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Transcripción

Introducción

Regresamos al libro de Ezequiel. Vamos a estar concluyendo Ezequiel el primer domingo del 2020; entonces así es como terminó quedando. Y he estado pensando y meditando, orando acerca del próximo libro que estaremos estudiando como iglesia. ¿Quieren saber cuál vamos a estudiar después? El libro de Hebreos, el próximo año, y probablemente nos va a tomar la mayor parte del próximo año. Vayan pensando y meditando en ese libro. Pero algunos de ustedes han expresado… se han acercado conmigo y me han expresado un poco su frustración con el libro de Ezequiel, siendo un libro difícil. Pero, número uno, así es la Biblia; entonces no se quejen conmigo, quéjense con Dios.

Y número dos, realmente el libro de Ezequiel, si no están familiarizados con él y apenas es su primera vez que están entrando a este libro, les voy a adelantar que en los próximos domingos hay unas partes muy, muy emocionantes que vienen en el libro. Y hay algunas imágenes poderosísimas que son retomadas, de hecho, en el libro de Apocalipsis, y quiero que vean esas conexiones. Pero les aseguro que esta última parte del libro probablemente va a ser su favorita, porque es mi favorita: del 33 en adelante. Ahora sí estamos comenzando con un panorama un poquito diferente en el libro de Ezequiel.

La estructura del libro

Porque recuerden, si quieren estructurar el libro en sus cabezas para entender cómo hemos ido progresando a lo largo del libro, piensen: capítulos 1 al 3 es el llamado de Ezequiel; capítulos 4 al 24 son el juicio de Dios sobre Israel y la profecía acerca de la destrucción de Jerusalén como consecuencia de ese juicio. Entonces anticipan la caída de Jerusalén, del 4 al 24. Y luego, capítulos 25 al 32, que es lo que vimos la última vez que estuvimos juntos, hablan acerca del juicio hacia otras naciones; pero ahora está profetizando Ezequiel durante la caída de Jerusalén. Y ahora lo que viene en los capítulos 33 hasta 48 es lo que realmente está sucediendo ya después de que ha caído Jerusalén.

Entonces realmente en el libro de Ezequiel se cubren estas tres etapas; históricamente se cubren esas tres etapas: la anticipación de la caída de Jerusalén, la caída de Jerusalén, y cuál es el mensaje que Dios le quiere dar a Su pueblo después de que ha caído Jerusalén. Entonces, aunque en el capítulo 33 hoy vamos a ver algo de juicio nuevamente —que van a decir: "Híjole, cuánto juicio hay en este libro", ¿no?, y sí, mucho; la mayor parte de este libro está llena de juicios de Dios—, esto que vamos a ver en el capítulo 33 realmente ya es lo último de juicio. Es el principio de una nueva luz que se va a empezar a mostrar en el libro de Ezequiel, que ya hemos estado viendo.

Pequeñas luces de esperanza

Y, por cierto, un buen ejercicio que yo les diría que hagan a lo largo de nuestro estudio del libro es: vayan apuntando, vayan haciendo una lista de todos los pasajes mesiánicos que hay dentro del libro de Ezequiel. Porque Ezequiel anticipa mucho este aspecto de un Mesías que iba a venir, y lo hemos estado viendo: en medio de los juicios, de pronto aparece algo, o sea, como una pequeña luz en medio de toda esa oscuridad y depresión e incertidumbre que puede causar el mensaje de juicio de Dios. De pronto siempre están estos pequeños mensajes de: "Pero hay esperanza, pero hay esperanza, porque Yo voy a hacer algo. Pero no se preocupen, esto no es el fin". Y así ha estado a lo largo del libro.

Y ahora, conforme estamos llegando hacia el final del libro, eso ya va a ser menos; o sea, antes era mucho más de juicio y algo de esperanza, que hemos estado viendo, y ahora hacia el final del libro hay mucho más de esperanza. Hay un poquito de juicio, pero hay mucho más de esperanza que empieza a surgir. Y hoy vamos a ver eso: vamos a ver cómo es que ya se empieza a abrir completamente este nuevo panorama en el libro acerca de la verdadera esperanza que Dios quiere darle a Su pueblo. Entonces les prometo que les va a encantar todo lo que viene. Está sumamente… a la luz especialmente de todo el juicio que hemos estado viendo, a la luz de todo eso, esto brilla aún más, cuando Dios habla acerca de lo increíble, el plan increíble que tiene para los que son Sus hijos.

Entonces imagínense que esto es como una cirugía, y el juicio es el bisturí abriendo la vida, sacando, desinfectando todo lo que tenía que salir, y ya estamos llegando a la parte de volver a coser, de cerrar la herida y de restaurar. Sí, si quisieran visualizar este libro de esa manera, eso es útil para entender dónde estamos.

Vigías y pastores

Vamos a ver los capítulos 33 y 34 hoy. Voy a recorrer el capítulo 33; quiero recorrerlo algo rápido, en resumen, porque es algo que ya apareció en el libro de Ezequiel antes, y me quiero enfocar más en el 34 hoy. Quiero que esa sea nuestra conclusión final: lo que ya aparece en el capítulo 34. Abran sus Biblias en Ezequiel 33 y vamos a ver esta primera parte. El capítulo 33 va a tener una imagen y el capítulo 34 va a tener otra: el capítulo 33 va a tener la imagen de vigías, y el capítulo 34 va a tener la imagen de pastores, y al final la imagen de un Pastor.

"Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo, y diles: Cuando trajere Yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de su territorio y lo pusiere por atalaya, y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare trompeta y avisare al pueblo, cualquiera que oyere el sonido de la trompeta y no se apercibiere, y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su cabeza. El sonido de la trompeta oyó, y no se apercibió; su sangre será sobre él; mas el que se apercibiere librará su vida. Pero si el atalaya viere venir la espada y no tocare la trompeta, y el pueblo no se apercibiere, y viniendo la espada, hiriere de él a alguno, este fue tomado por causa de su pecado, pero demandaré su sangre de mano del atalaya. A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de Mi boca, y los amonestarás de Mi parte".

La labor del vigía

Entonces aquí está, en general, la idea de este capítulo, que es nuevamente retomar esta idea: "Tú eres Mi atalaya, Mi vigía, y tú tienes una misión, que es dar la alarma, sonar la trompeta". Las ciudades antiguas estaban constantemente bajo la amenaza de un ataque inminente; podría pasar en cualquier momento. Es por eso que era tan importante la labor del vigía, porque él tenía que estar pendiente, viendo si no venían ejércitos invasores, para avisar y que se pudieran preparar. Pero si no se preparaban, si los agarraban de sorpresa, entonces sí ya destruían todo, y era probable que los conquistaran.

Entonces el vigía tiene una labor muy importante: siempre estar viendo en el horizonte, y siempre estar tratando de estar seguro de que no hay peligro, no hay peligro, no hay peligro, para que, en el momento en que sí lo hubiera, pudiera dar la alerta. Y realmente este capítulo nos está poniendo este rol de vigía, el rol del que suena la alarma, a la luz de dos aspectos: o sea, uno es la responsabilidad del vigía, y otro es la responsabilidad de aquel que escucha la alarma.

La alarma sísmica

Entonces, bueno, después de que fue el terremoto… ¿hace qué, fue hace dos años? Hace dos años que fue ese terremoto, que todos dijimos: "¡Así se sintió fuerte!". Y claro, hizo mucho más, tuvo mucho más efecto. Y me acuerdo que ese día, como era 19 de septiembre, habían hecho un simulacro en la mañana. Y suena la alarma, todos salen de sus oficinas, pero dicen: "Ah, es que estamos conmemorando

que hace…", ¿qué?, ¿el 85? Bueno, treinta y tantos años que había sucedido, 32 años. Y entonces era como un poco de… y todos sabían que no era cierto. Pero entonces, unas horas más tarde, vuelve a sonar la alarma, y todos pensaban: "¿Se descompuso otra vez? ¿Otro homenaje? ¿Qué pasa?". Entonces causó un poco de confusión. Pero el punto era realmente: ¿cuál es la función de esa alarma? Cuando escuchamos la alerta sísmica, ¿cuál es la función? ¿Conmemorar? "Ay, sí, hace muchos años pasó algo; qué bonito, qué bonito". O sea, ¿esa es la función?

¿Qué es lo que se supone que tiene que pasar cuando oyes la alarma? O sea, está diseñada para acción, ¿no? O sea, algo tienes que hacer. Está diseñada para generar una respuesta ante lo que estás escuchando: ¿cómo vas a responder ante eso? Y algunos de nosotros no nos la tomamos en serio, y más bien nos esperamos a ver: "Si primero veo que se mueven las lámparas o algo, entonces sí, ¡aguas!". Pero si no: "Ay, otra alerta sísmica que no pasa nada"; "Ay, ese temblor ni se sintió". Y así estamos en la Ciudad de México; así hablamos, porque estamos acostumbrados a que tiemble.

¿Cómo respondes a la alarma?

Y este pasaje realmente tiene ese mismo enfoque: ¿cómo respondes? O sea, ¿con indiferencia, como: "Pues sí, he escuchado este mensaje antes"? Ezequiel ya ha estado siete años hablando acerca de esto, de la caída de Jerusalén. Se han acostumbrado al mensaje y empiezan a caer en una cierta apatía, en una cierta indiferencia ante el mensaje. De tal manera que hay dos enfoques aquí. Uno es: "A ver, Ezequiel, tú tienes la responsabilidad de darles la alerta, pero hasta ahí llega tu responsabilidad. Tú solo tienes la responsabilidad de decir lo que va a pasar; ahora cae la responsabilidad en los que te están escuchando, de responder".

Si tú no das la alerta —versículo 8—: "Si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su sangre Yo la demandaré de tu mano. Y si tú avisares al impío de su camino —versículo 9— para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste…". Y entonces hay dos responsabilidades aquí: una es del que está dando la advertencia, y otra es cómo responde a la advertencia. La responsabilidad del mensajero es sonar la trompeta. La responsabilidad del receptor del mensaje… vamos a ver cuál es.

"¿Cómo, pues, viviremos?"

"Tú, pues, hijo de hombre, di a la casa de Israel: Vosotros habéis hablado así, diciendo: Nuestras rebeliones y nuestros pecados están sobre nosotros, y a causa de ellos somos consumidos; ¿cómo, pues, viviremos?". Entonces este es el grito de angustia que escucha Dios de parte del pueblo de Israel, del peso del pecado sobre de ellos. Sí sienten el peso del pecado, sí saben que son culpables: "¿Y qué vamos a hacer?". "Diles: Vivo Yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos; ¿por qué moriréis, oh casa de Israel?".

Y ya hemos escuchado este mensaje antes, ¿se acuerdan? El capítulo 18. El capítulo 18 ya nos había mostrado en el libro de Ezequiel cuál es la responsabilidad de cada quien delante de Dios. Y nos muestra claramente otra vez el corazón de Dios: Él no quiere la muerte del impío; quiere la salvación, quiere el arrepentimiento. La incredulidad y la rebeldía nunca pueden ser excusadas como: "Ah, pues es que Dios es Dios, Él es soberano, Dios escoge, Dios hace lo que quiere; entonces, ¿qué culpa tengo de que no me arrepienta, si Él no me está dando un corazón para arrepentirme?". La Biblia nunca lo pone así de simple. Y sí, tú eres responsable; tu pecado es tuyo; arrepiéntete.

El justo que peca y el impío que se arrepiente

"Y tú, hijo de hombre, di a los hijos de tu pueblo: La justicia del justo no lo librará el día que se rebelare; y la impiedad del impío no le será estorbo el día que se volviere de su impiedad; y el justo no podrá vivir por su justicia el día que pecare. Cuando Yo dijere al justo: De cierto vivirás, y él, confiado en su justicia, hiciere iniquidad, todas sus justicias no serán recordadas, sino que morirá por su iniquidad que hizo. Y cuando Yo dijere al impío: De cierto morirás; si él se convirtiere de su pecado, e hiciere según el derecho y la justicia, si el impío restituyere la prenda, devolviere lo que hubiere robado, y caminare en los estatutos de la vida, no haciendo iniquidad, vivirá ciertamente y no morirá. No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido; hizo según el derecho y la justicia; vivirá ciertamente".

Entonces, ¿entienden qué es lo que está diciendo? Está diciendo: "Bueno, la responsabilidad del que escucha el mensaje es el arrepentimiento". Esa es la responsabilidad de aquellos que están escuchando la advertencia. Y no nada más el arrepentimiento, sino el fruto, porque el fruto es muestra del arrepentimiento. Vean lo que dice el versículo 14: "e hiciere según el derecho y la justicia"; versículo 12: "que se volviere de su impiedad"; versículo 19: "e hiciere según el derecho y la justicia, vivirá por ello". Es decir, el arrepentimiento se manifiesta en un cambio de conducta. Si tu conducta no cambia, si tu vida no demuestra que hay un cambio real, entonces significa que no te has arrepentido realmente. Eso es lo que está diciendo el pasaje: arrepiéntanse, y muestren su arrepentimiento al cambiar lo que están haciendo.

Entonces, por supuesto, esto genera… este es el punto que muestra aquí el pasaje. Dice: "Bueno, les voy a explicar unos ejemplos". Uno es un hombre que ha vivido toda su vida como un buen hombre, haciendo todo lo correcto, y peca en una sola cosa y no se arrepiente: será condenado. Su justicia no le cuenta para nada; no importan cuántos esfuerzos hizo durante toda su vida por hacer lo correcto, él será condenado por no haberse arrepentido. Y por otro lado tienes un hombre que ha pecado toda su vida: era un violador, un asesino, un narcotraficante, lo que tú quieras. Y llega hasta su vejez, y toda su vida vivió pecando, y al final dice: "Me arrepiento de la vida que he llevado". "No recuerdo ninguna de sus transgresiones; será justo delante de Mí".

"No es recto el camino del Señor"

Entonces, por supuesto, ¿cuál es la reacción que esto genera en la gente? "Como que eso no es muy justo, ¿no, Dios? Este se esforzó por años, y nada más porque al final decide no arrepentirse, ¿ya, así? ¿No pasa nada? Y el otro, que toda su vida se portó mal, hizo tanto daño, al final se arrepiente, ¿y ya, nada más así lo perdonas?". El versículo 17 dice: "Yo sé que esa es su objeción: no es recto el camino del Señor. Pero ¿saben qué? Yo les digo: el que no es recto es su camino. Ustedes, ustedes no entienden justicia; Yo sí. Yo decido cómo funciona esto de la justicia y del perdón, no ustedes".

Pero vean cómo en nuestra sociedad nosotros tenemos un concepto de cómo funcionan las cosas. Nosotros pensamos que entendemos cómo es que se determina si alguien es una buena persona o una mala persona. Y Dios tiene todo otro parámetro diferente de cómo nos ve, y cómo nos juzga es muy diferente a nuestra propia percepción. Otra vez, dos veces se repite esta objeción: versículo 17, "no es recto el camino del Señor"; versículo 20: "Y dijisteis: No es recto el camino del Señor. Yo os juzgaré, oh casa de Israel, a cada uno conforme a sus caminos".

¿Qué clase de vigías somos?

Entonces aquí tenemos la responsabilidad del mensajero, que es sonar la trompeta, advertir. Esa es nuestra responsabilidad en la sociedad, ¿verdad? Como cristianos tenemos una responsabilidad de compartir el mensaje del evangelio. La pregunta no es si somos vigías; sí lo somos. La pregunta es: ¿qué clase de vigías somos? Todos los que conocemos el evangelio somos los vigías. Algunos somos de los que están ahí quedándose dormidos en la torre, y no se dan cuenta del peligro que viene, o no avisan del peligro que viene.

Nuestro más grande error en el evangelismo no es que dijimos algo equivocado cuando tratamos de compartir el evangelio. Nuestro error más grande en el evangelismo es que no dijimos nada. Que Dios se encargue de usar el poco conocimiento que tenemos de la Palabra para dar testimonio de lo que Dios ha hecho a otras personas.

Llega el fugitivo de Jerusalén

Aquí tenemos, en el versículo 21, una fecha: "En el año décimo de nuestro cautiverio, en el mes décimo, a los cinco días del mes, que vino a mí un fugitivo de Jerusalén, diciendo: La ciudad ha sido conquistada. Y la mano de Jehová había sido sobre mí la tarde antes de llegar el fugitivo, y había abierto mi boca, hasta que vino a mí por la mañana; y abrió mi boca, y ya no más estuve callado". Claro, esto viene del capítulo 24, si se acuerdan: capítulo 24, versículo… digo, perdón, 27. Jeremías, cuando se había muerto su esposa, ¿se acuerdan de todo eso? Y Dios ya había anticipado este evento en el versículo 27: "En aquel día se abrirá tu boca para hablar con el fugitivo, y hablarás, y no estarás más mudo; y les serás por señal, y sabrán que Yo soy Jehová".

Entonces Dios ya había anticipado: alguien va a venir de Jerusalén para avisar que ya fue conquistada la ciudad. Es aquí donde termina el capítulo 24; hubo una pausa, ¿ven?, capítulos 25 al 32. Ahora, en el capítulo 33, se retoma: llega el fugitivo, después de seis meses de estar viajando desde Jerusalén. Es mucho tiempo viajar seis meses, pero así era en ese tiempo, desde Jerusalén hasta Babilonia, para avisar: "Sí, ya cayó la ciudad". Más cuando te estás escondiendo para que no te maten y cosas así; tardan mucho tiempo. Esdras tardó cuatro meses sin estar siendo perseguido, yendo de Babilonia a Jerusalén. Entonces este fugitivo tarda seis meses en llegar; esto habría sido el invierno del año 586, 587.

Ezequiel vuelve a hablar

Y otra vez ahora se le dice: "Abre tu boca, Ezequiel". Recuerden que esto de ser mudo probablemente es una referencia no a que no hablara para nada, sino: "Lo único que vas a hablar, Ezequiel, es un mensaje profético que Yo quiero que comuniques al pueblo; ninguna otra cosa". Nada de: "Ay, qué bonito clima, no está como está hoy", y "Oye, te invito a mi casa", y "Oye, vamos a ver el partido". Bueno, ese tipo de conversación, o sea, ese es el tipo de conversación que le quedó prohibido a Ezequiel hablar por 7 años: "Solo vas a decir lo que Yo te deje decir, hasta que llegue este fugitivo y diga: Ya Jerusalén ha caído. Entonces ya puedes volver a hablar con la gente normalmente, como antes". Aparentemente en este punto otra vez Ezequiel tiene este permiso de convivir con la gente, hablando con ellos.

La respuesta de los que quedaron en la tierra

Y ahora sí, ¿cómo responde Israel? De los versículos 23 hasta el versículo 33 vamos a ver cuál fue la respuesta de Israel ante el mensaje de juicio que Ezequiel les estuvo dando por tanto tiempo. Y ahora que ya se anunció: "Sí, ya Jerusalén cayó. Ah, entonces sí era verdad el profeta, porque sí pasó". Los que estaban en Jerusalén, "los que habitan en aquellos lugares asolados —versículo 24— en la tierra, hablan diciendo…". Estos son sus dichos, los que están ahí corriendo. Dicen: "Abraham era uno, y poseyó la tierra; pues nosotros somos muchos; a nosotros nos es dada la tierra en posesión".

Entonces, ahora que ya ha sido desolada, "ahora tenemos oportunidad de ir e invadir y tomar posesión, porque al fin y al cabo somos muchos, y estamos cumpliendo lo que Dios le prometió a Abraham". Así es como ellos lo veían. Dios no lo veía así, porque Él decía: "Miren, ustedes dicen que tienen alianza con Abraham, pero la verdad es que su fe se ve muy diferente a la fe de Abraham". "Comeréis con sangre, y a vuestros ídolos alzaréis vuestros ojos, y derramaréis sangre". Y otra vez, versículo 27: abominación, "se contaminan" con mujeres. Todos están siguiendo con el pecado. Dicen externamente: "Sí, somos hijos de Abraham", pero en la práctica están viviendo no de acuerdo a la fe de Abraham, no de acuerdo a la moral y a la ley de Dios.

Y otra vez, el énfasis que aparece tantas veces a lo largo de este libro. Dice: "Yo los voy a juzgar a ustedes, que no están entendiendo, no están respondiendo correctamente ante el juicio que he hecho". Versículo 29: "Y sabrán que Yo soy Jehová, cuando convierta la tierra en soledad y desierto, por todas las abominaciones que han hecho".

La respuesta de los que están con Ezequiel

Ahora, por el otro lado, están los que están con Ezequiel, versículos 30 al 33. ¿Cómo respondieron ellos? Bueno: "Los hijos de tu pueblo se mofan de ti junto a las paredes y a las puertas de las casas, y habla el uno con el otro, cada uno con su hermano, diciendo: Venid ahora, y oíd qué palabra viene de Jehová". Bueno, sí, ya vieron que Jehová está hablando a través de Ezequiel. "Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo Mío, y oirán tus palabras". O sea, van a ir a la iglesia: "Vénganse, hermanos; ya sé, ir a la iglesia, hay que escuchar". "Y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia. Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra. Pero cuando ello viniere (y viene ya), sabrán que hubo profeta entre ellos".

Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Cómo están respondiendo estas personas? Con hipocresía. Dicen: "Sí, escuchamos; ay, qué bonito hablas; nos encanta cómo predica Ezequiel". Pero salen de ahí y sus vidas siguen siendo exactamente iguales. Es interesante: cuando estaba estudiando este pasaje, estaba leyendo que la palabra en hebreo para "escuchar" y para "obedecer" es la misma, ¿no es interesante? Aquí hay una contradicción: escuchan, pero no obedecen. Es lo que Jesús dijo en Lucas 6:46: "¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que Yo digo?".

Los tiempos de crisis están diseñados para ablandar nuestros corazones. A través de la historia se ha visto que muchas veces tienen el efecto contrario: mucha gente es endurecida por las crisis; mucha gente es endurecida cuando vive experiencias difíciles. Y en vez de responder en arrepentimiento al evangelio, se hacen más cínicos, o se hacen unos hipócritas. Y ese fue el caso de Israel.

Profecía contra los pastores de Israel

Capítulo 34. Y esto va a ser el énfasis de hoy, este capítulo, porque creo que aquí empieza a sentirse el peso de la promesa y de la esperanza que Dios quiere dar a Su pueblo. Va a empezar antes de eso a seguir haciendo un juicio, pero ahora el juicio ya no es contra los que responden al mensaje de Ezequiel en general, sino que ahora el enfoque va a cambiar ligeramente, y va a buscar enfocarse en los líderes, que son llamados aquí pastores. "Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel". O sea, sus líderes; muchas veces, en general —y creo que aquí es la referencia principal—, los reyes. Sí, se les llamaba pastores a los reyes de Israel.

"Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas Mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas Mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase

por ellas". ¡Qué dura, qué dura exhortación sobre los líderes!, ¿no? Esto es muy parecido a algo que ya ha aparecido antes: Ezequiel 14 y el 22; ya hemos visto juicios contra los líderes de Israel. Y a lo largo de la historia de Israel hubo 43 reyes, y solo 3 fueron consistentemente fieles al Señor: David, Ezequías y Josías. De ahí fuera, ningún rey fue bueno. Seis de ellos fueron a veces sí buenos, a veces no tan buenos, pero solo tres fueron consistentes, de 43. Y este último, Sedequías, ya conocemos la historia, cómo terminó: mal.

Este capítulo nos marca algo bien importante, que es: Dios está juzgando el liderazgo, y aquí acaba. No habrá más reyes en Israel; ya lo hemos visto antes, pero aquí está siendo confirmado. Dice el versículo 7: "Por tanto, pastores, oíd palabra de Jehová: Vivo Yo, ha dicho Jehová el Señor, que por cuanto Mi rebaño fue para ser robado, y Mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni Mis pastores buscaron Mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron Mis ovejas; por tanto, pastores, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, Yo estoy contra los pastores; y demandaré Mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues Yo libraré Mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida".

Pastores egoístas

Entonces los pastores humanos están siendo juzgados. Dice Dios: "Estoy en contra de ustedes" —versículo 10—. ¿Por qué está en contra de ellos? Son unos egoístas. Todo lo que hacen es para ellos, no para las ovejas; para ellos mismos. Siempre están pensando en ellos, y en cómo les va a beneficiar a ellos, y en cómo se trata de ellos. Egoístas, que no apacientan, no fortalecen, no curan, no volvieron al redil a la descarriada y no buscaron a la perdida. Y en eso se resume lo que hemos estado viendo hasta este punto.

Una palabra para los pastores de la iglesia

Claro, cuando estaba leyendo esto, sí me hizo pensar. Obviamente estos son los líderes de Israel, los reyes de Israel, son los líderes religiosos también. Pero se parece la responsabilidad que estos pastores tenían a la responsabilidad que nosotros, los pastores de esta iglesia, tenemos; es similar. Sí, yo no quiero escuchar a Dios un día decir: "Estoy en contra de ustedes, pastores", por estas mismas razones. ¿Cómo es similar esto al liderazgo de la iglesia? Similar en el hecho de que Dios nos ha dado una responsabilidad. Y nuestra responsabilidad es lo que dice Pedro en 1 Pedro 5, versículo 2: "Pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia" —¿empiezan a ver los paralelos aquí?, no por la avaricia del dinero; si ese fuera el caso, me hubiera ido a otro tipo de iglesia, no a esta—, "sino con sincero deseo; tampoco como teniendo señorío sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores" —sí, hay uno que está encima de todos los pastores, que es el Pastor— "recibiréis la corona inmarcesible de gloria".

Nosotros estamos aquí para ser ejemplo a ustedes, los líderes. Y Dios, como dice Hebreos 13, nos demandará que rindamos cuentas por eso, por ser un ejemplo. Nosotros no podemos exigir de la iglesia nada que nosotros mismos no hagamos. Yo no puedo decirles: "Lean su Biblia, estúdienla", si yo no la estudio. Yo no puedo decirles: "Llévense bien con sus esposas", y yo no me llevo bien con mi esposa. Yo no puedo decirles: "Eduquen correctamente a sus hijos", y yo no educo correctamente a mis hijos. Yo no puedo decirles: "Lleguen temprano a la iglesia", si yo no llego temprano a la iglesia.

Eso es lo que demandará Dios de nosotros como líderes: ser ejemplos del rebaño en todos los sentidos. "Hagan lo mismo que hacemos nosotros, porque así se ve la vida cristiana; así es como se ve un cristiano". Y a veces tenemos que reconocer: "No estoy haciendo lo que debería de hacer; perdónenme, hermanos". Y tengo que ser muy directo con ustedes, y ser transparente acerca de mis debilidades y de las cosas en las que he fallado, y decir: "Señor, ayúdame para así ser ejemplo en estas áreas, porque sé que aquí es donde me cuesta trabajo". Entonces esto es lo que tiene este pasaje acerca de los pastores humanos.

El Pastor divino

Ahora llegamos a mi parte favorita de este capítulo. Porque, dentro de todo esto, podríamos estar sumamente desanimados, sentir: "No, pues ¿qué esperanza hay para Israel? Ya no va a haber más rey; ya Dios ha descartado a sus líderes, ha dicho: Son unos inútiles, no hacen lo que deberían de estar haciendo. Yo estoy juzgando a Mi pueblo por reaccionar equivocadamente, con hipocresía, en pecado, sin arrepentimiento, sin fruto. ¿Para qué seguir? No hay verdadera esperanza". Hay algo que Dios va a hacer aquí. El siguiente punto es el Pastor divino, versículos 11 al 22.

"Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, Yo, Yo mismo iré a buscar Mis ovejas, y las reconoceré. Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré Mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. Y Yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré Mis ovejas, y Yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia".

Ovejas malas mezcladas con las buenas

"Mas en cuanto a vosotras, ovejas Mías…". Y aquí empieza un aspecto interesante, que, ¿ven?, siguen habiendo ovejas malas mezcladas con las buenas. "Y en cuanto a vosotras, ovejas Mías, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, Yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos". ¿Les es familiar eso? "¿Os es poco que comáis los buenos pastos, sino que también holláis con vuestros pies lo que de vuestros pastos queda; y que bebiendo las aguas claras, enturbiáis además con vuestros pies las que quedan? Y Mis ovejas comen lo hollado de vuestros pies, y beben lo que con vuestros pies habéis enturbiado".

"Por tanto, así les dice Jehová el Señor: He aquí, Yo, Yo juzgaré entre la oveja engordada y la flaca". La gorda es la mala; la flaca es la buena. "Por cuanto empujasteis con el costado y con el hombro, y acorneasteis con vuestros cuernos a todas las débiles, hasta que las echasteis y las dispersasteis fuera, Yo salvaré a Mis ovejas, y nunca más serán para rapiña; y juzgaré entre oveja y oveja".

"Yo mismo seré su Pastor"

Entra en acción Dios, y dice: "¿Saben qué? La razón por la que hay esperanza, la razón por la que esto va a funcionar, es porque Yo mismo me voy a hacer cargo de esto. Hay ovejas que son Mías, así que Yo seré el Pastor. Sus pastores humanos van a fallar, no van a ser suficientes; Yo voy a ser su Pastor, Yo mismo". Eso, ¿qué les recuerda? Es algo muy famoso, que habla acerca de esto: ¿quién es el buen Pastor? Dios. "Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de Su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque Tú estarás conmigo; Tu vara y Tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días". ¿Quién es el que hace eso? Dios. Él es, dice, el doctor, el que cura a las ovejas. Él es el libertador, el que las libera; versículos 11 y 12: "las libraré de todos los lugares que fueron esparcidas". Él es el protector; versículo 15: "Les daré aprisco, dice Jehová el Señor". Él es el proveedor; versículo 13: "las apacentaré en los montes de Israel". Y Él es el guía; versículo 16: "haré volver al redil la descarriada". Entonces, ¿ven cómo todas estas características de un pastor, de cómo debería de ser un pastor, son las que Dios dice: "Esto es lo que Yo voy a hacer por Mi pueblo"?

Entonces quiero saber, eso es muy importante al menos: ¿quién es el pastor de Israel? ¿Quién, en este pasaje, es el pastor? Dios. Dios es el pastor. Es sumamente importante que lo entiendan: Dios se está poniendo como "Yo soy el pastor, Yo soy el que va a hacer estas cosas". ¿Por qué? Porque lo que sigue ahora, en los versículos 23 en adelante, especialmente 23 al 24, nos muestra un nuevo aspecto del plan de Dios. Y se destapa, se abre el velo sobre algo que ya ha estado siendo revelado a lo largo de toda la Biblia.

"Mi siervo David"

¿Qué es esto? "Y levantaré sobre ellas a un pastor", uno solo, "y él las apacentará". ¿Quién es este pastor que va a levantar Dios? "A Mi siervo David", dice. "Él las apacentará, y él les será por pastor". David. "Yo Jehová les seré por Dios, y Mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado". "Y Yo les voy a dar…". ¿Y está bien? Nada más que les tengo una mala noticia: David ya se murió, ¿no es cierto? David ya no está vivo. "¿Qué, lo vas a resucitar para que vuelva a ser el pastor, el rey? ¿De qué estás hablando?". Dios está hablando del pastor mesiánico, de alguien que vendría del linaje de David, alguien que sería puesto por Dios.

No es una democracia; no es que Dios va a hacer una encuesta y decir: "Vamos a tener unas votaciones, a ver a quién quieren ustedes que sea su rey". "Este es el que Yo estoy poniendo; este es el pastor Mío". Y esto ya ha sido anticipado en muchos otros pasajes. Está al revés: esto tenía que aparecer primero, la otra parte. Se los pongo aquí; no vienen ahí todavía, después de estos versículos, pero es importante que los vean. Este es el contexto del Antiguo Testamento.

El Renuevo de David en los profetas

Dice Jeremías 23: "He aquí, vienen días —declara el Señor— en que levantaré a David un Renuevo justo; y Él reinará como rey, actuará sabiamente, y practicará el derecho y la justicia en la tierra. En Sus días será salvo Judá, e Israel morará seguro; y este es Su nombre por el cual será llamado: El Señor, justicia nuestra". ¿Está pasando? Jeremías está profetizando esto alrededor de este mismo tiempo en que Ezequiel está profetizando esto. Y, por supuesto, tenemos otros pasajes, como Salmo 89, versículo 3: "Yo he hecho un pacto con Mi escogido; he jurado a David Mi siervo: Estableceré tu descendencia para siempre, y edificaré tu trono por todas las generaciones". "He hallado a David Mi siervo; lo he ungido con Mi óleo santo". "Así estableceré su descendencia para siempre, y su trono como los días de los cielos".

Amós 9:11: "En aquel día levantaré el tabernáculo caído de David, y repararé sus brechas, y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en tiempos pasados". Zacarías 12:8: "En aquel día el Señor defenderá a los habitantes de Jerusalén, y el débil entre ellos en aquel día será como David, y la casa de David será como Dios, como el ángel del Señor delante de ellos". Entonces, ¿ven cómo esto no es nuevo? Lo que está diciendo, "David será su pastor", es algo que ya otros profetas han estado diciendo. David viene: su descendencia, su trono, su reinado, su sabiduría. Es el legado de David, es el linaje de David: alguien que se sentaría en su trono, que sería alguien que cumpliría todo lo que David ya prefiguraba durante su reinado, pero ahora de una manera perfecta.

Y, por supuesto, entonces, nada más para señalarles: David no va a reinar; David… pero solo será un solo pastor. Y no va a ser un pastor como uno más, sino que tiene que ser un pastor suficiente, o sea, perfecto. De hecho, vean Ezequiel 37 —se me estaba olvidando esto—; Ezequiel 37, vamos a regresar a esto próximamente, se los adelanto, porque quiero que vean esto: va a reaparecer en Ezequiel 37, versículo 25. Dice: "Y Mi siervo David será príncipe de ellos para siempre". Bueno, ya tienen ahí la siguiente parte, que no les voy a mostrar ahorita.

"Yo soy el buen pastor"

Pero entonces esto nos lleva a Juan capítulo 10. Y, por supuesto, es algo que se retoma, ¿verdad?, en los Evangelios, porque durante el ministerio de Jesús los pastores de Israel también habían fallado; habían fallado en guiar a Israel correctamente. Y Jesús vino, y Él se declaró a sí mismo como aquel que conoce a Sus ovejas, como lo describe Ezequiel. Así como Dios dice: "Yo voy a conocer las que son Mías", así dijo Jesús también, versículo 3: "Las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz".

Entonces las conoce, las guía; también las protege. Versículo 7: "Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que antes de Mí vinieron, ladrones son y salteadores; pero no los oyeron las ovejas. Yo soy la puerta; el que por Mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen pastor; el buen pastor Su vida da por las ovejas". No es un pastor egoísta que solo está buscando engordarse a expensas de las ovejas, como los pastores malos, no. Él da Su vida por las ovejas.

"Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco Mis ovejas, y las Mías me conocen, así como el Padre me conoce, y Yo conozco al Padre; y pongo Mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil" —son de Cuajimalpa—; "aquellas también debo traer, y oirán Mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor".

Me encanta, porque en la mente de los judíos —y ustedes lo van a ver, Ezequiel 34— Dios es el pastor, Jehová es el pastor. Pero aquí, en Juan 10, Él dice: "Yo soy el pastor". Y claro, más adelante, en el versículo 33 del capítulo 10, los líderes religiosos entendían que Él se hacía como Dios: "Tú, siendo hombre, te haces Dios". Eso es lo que les molestaba acerca de Jesús: "Estás usando títulos de Dios, estás usando títulos mesiánicos, estás usando aspectos que Dios dice que son de Él". Como "Yo soy el pastor que cuida, protege, da Su vida por las ovejas", así como en Ezequiel 34 fue manifestado. Entonces hay una conexión entre Ezequiel 34 y Juan capítulo 10.

El gran Pastor de las ovejas

Y, por supuesto, este título es recurrente a lo largo de todo el Nuevo Testamento: "Pues vosotros andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Guardián de vuestras almas", 1 Pedro 2:25. Hebreos 13:20: "Dios de paz, que resucitó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor, el gran Pastor de las ovejas, mediante la sangre del pacto eterno". Y si se acuerdan, en Apocalipsis vimos esto también. En Apocalipsis 7, la visión del cielo hablaba sobre el Cordero. Y eso, me encantaba esta imagen, porque es el Cordero que también… Es el Cordero, es el Pastor; así lo describe: el Cordero en

medio del trono los pastoreará, y los guiará a manantiales de aguas de vida; y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos". El Cordero es el Pastor, porque es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Es el sacrificio, y a través de ese sacrificio tiene la capacidad de pastorear a Su pueblo y darles lo que necesitan para sobrevivir. ¿No les encanta? Esa es la manera tan increíble en que la Biblia se armoniza, y se juntan todos los pedazos del rompecabezas, y podemos ver cómo el mensaje es uno solo.

Un pacto de paz

Lo cual nos lleva al último punto, versículo 25: "Y estableceré con ellos pacto de paz, y quitaré de la tierra las fieras; y habitarán en el desierto con seguridad, y dormirán en los bosques. Y daré bendición a ellas y a los alrededores de Mi collado, y haré descender la lluvia en su tiempo; lluvias de bendición serán. Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra con seguridad; y sabrán que Yo soy Jehová, cuando rompa las coyundas de su yugo, y los libre de mano de los que se sirven de ellos. Y no serán más por despojo de las naciones, ni las fieras de la tierra las devorarán; sino que habitarán con seguridad, y no habrá quien las espante. Y levantaré para ellos una planta de renombre, y no serán ya más consumidos de hambre en la tierra, ni jamás serán avergonzados por las naciones. Y sabrán que Yo Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son Mi pueblo, la casa de Israel, dice Jehová el Señor. Y vosotras, ovejas Mías, ovejas de Mi pasto, hombres sois, y Yo vuestro Dios, dice Jehová el Señor".

¿Ven cómo está cambiando el tono de este libro? Ahora lleno de esperanza, lleno de un futuro, lleno de… Pero ¿es la iniciativa de ellos? La obra de Dios: Dios es el que va a actuar. ¿Y qué es lo que va a hacer? Va a hacer un pacto de paz, versículo 25: "Estableceré con ellos pacto de paz".

Un mensaje navideño

Hermanos, no lo planeé así, pero cuando lo estaba pensando: a ver, este es un mensaje navideño, ¿no es cierto? ¿Por qué? ¿A quién, a qué grupo de gente les fue revelado primero que, de hecho, el Pastor, el Príncipe Pastor, había nacido? A un grupo de… pastores, ¿no? Hay aquí una conexión: es el Pastor, como el llamado de todo el Antiguo Testamento, y ahora en el Nuevo fue revelado a pastores en Belén. Y no solo eso, sino que ¿qué es lo que los ángeles cantaron? "En la tierra paz". Hay una conexión entre el buen Pastor y el pacto de paz que Él traería, siendo revelado a un grupo de pastores, en Lucas capítulo 2, versículos 8 al 20.

Isaías capítulo 9: "Porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la soberanía reposará sobre Sus hombros; y se llamará Su nombre Admirable, Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz". "Pero tú, Belén Efrata" —Miqueas 5:2—, "aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y Sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad". "Y Él —versículo 4— se afirmará y pastoreará Su rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor Su Dios. Y permanecerán, porque en aquel tiempo Él será engrandecido hasta los confines de la tierra". Y aquí está la clave, dice: "Y Él será nuestra paz". Eso es Miqueas: "Él será nuestra paz", el que pastoreará.

Él es nuestra paz

Entonces, ¿qué es lo que vemos aquí? ¿Cuál es el principio que estamos viendo, que está siendo expresado, acerca de la bendición que Dios traería para Su pueblo? El principio es: Él no nada más va a traer paz; Él va a ser la paz de Su pueblo. Los que tienen la capacidad de negociar: "Y a ver, tú te estás llevando mal con este; así es como tienen que hacer para que ya no se peleen más". No; Él se pone en medio. Él se hace la paz de Su pueblo; Él se convierte en el recurso mediante el cual podemos tener paz con Dios. Y al final, en este pasaje, estamos viendo cómo es que Dios va a desarrollar esto, versículo 29: "Y levantaré para ellos una planta de renombre".

Entonces estas imágenes, cómo están a lo largo de toda la Biblia, y ahí surgen y se conectan en diferentes partes para mostrarnos el panorama más amplio de lo que Dios está diciendo. Romanos 5:1 dice: "Por tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo". ¿Por qué? Porque Él es nuestra paz.

"Sabrán que Yo estoy con ellos"

Y solo quiero que piensen en esto. Tengo Apocalipsis muy fresco en mi cabeza; esta frase, cuando leí esto… No estoy muy preocupado por explicar todo esto ahorita, porque va a venir más adelante otra vez; especialmente en los últimos capítulos de Ezequiel van a ver todas las conexiones que hay con el libro de Apocalipsis. Pero cuando leí "sabrán que Yo soy Jehová su Dios"… más bien no dice "sabrán que Yo soy Dios"; dice: "sabrán que Yo Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son Mi pueblo". A lo largo del libro hemos estado leyendo: "Y sabrán que Yo soy Dios", "los juzgaré, y sabrán que Yo soy Dios", o sea, condenados por su pecado, "y sabrán que Yo soy Dios".

Pero aquí cambia el tono, aquí cambia el enfoque, y ahora es diferente. Dice: "Y sabrán…". ¿Por qué es diferente? O sea, el juicio de Dios manifiesta a Dios, y los que son condenados conocerán que Él es Dios cuando sean juzgados. Pero hay algo diferente para los que son hijos de Dios. Porque para los que son hijos de Dios, cuando encontramos nuestra esperanza en Él, y cuando encontramos nuestro descanso, nuestro fundamento, en quién es Dios y qué es lo que ha hecho por nosotros, algo hay diferente aquí de cómo conocemos a Dios: "Sabrán que Yo Jehová su Dios estoy con ellos, y ellos son Mi pueblo". Es lo que van a saber: "Estoy contigo, y tú eres Mío".

Y eso, por supuesto, espero que les recuerde lo que ya leímos y estudiamos en Apocalipsis 21:1-3, porque ahí es donde termina esta historia. Es el cumplimiento de lo que estamos leyendo aquí en el versículo 30. Lo que dice Apocalipsis 21: "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono…". Y aquí está: "He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él habitará entre ellos, y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos". Así es como se cumple lo que Dios le está anticipando aquí a Ezequiel. El próximo domingo continuamos con este libro. Pónganse de pie.

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