Ezequiel 40EzequielNathan Díaz
Un nuevo templo: El Señor está presente
¿Se reconstruirá el templo de Ezequiel en Jerusalén, o la visión apunta a otra cosa? Este recorrido por Ezequiel 40-48 explica por qué las medidas, el río y los sacrificios de la visión encuentran su cumplimiento en Cristo, el verdadero templo, y en la nueva Jerusalén de Apocalipsis. El nombre final de la ciudad lo resume: el Señor está presente.
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Transcripción
Terminando Ezequiel
Hoy vamos a terminar el libro de Ezequiel, el último domingo... el primer domingo del año, este libro. Y con esto también concluimos realmente una serie que hemos estado haciendo de literatura apocalíptica, porque empezamos hace casi dos años con el libro de Daniel, después seguimos con el libro de Apocalipsis, y ahora recorrimos todo el libro de Ezequiel, para ver juntos cuál es este plan de Dios que está desarrollando para Su pueblo, para Sus hijos, para la iglesia. Y este era uno de los enfoques más importantes a lo largo de estos tres libros, en realidad: que no se trata solamente de estar viendo y estudiando cosas que van a suceder en algún futuro, sino que de hecho estamos leyendo cosas que tienen que ver con nuestras vidas hoy.
Estamos leyendo cosas que son relevantes a nosotros como iglesia, a lo que vivimos hoy y mañana como cristianos: las promesas, la esperanza que estos libros están poniendo delante de nosotros. Entonces hemos estado viendo este libro de Ezequiel, y viendo el énfasis que ha hecho este libro sobre el juicio de Dios sobre Su propio pueblo, sobre los judíos, en la destrucción de Jerusalén, pero también sobre las naciones enemigas de Dios. Y no se queda ahí, no se queda en juicios, aunque es la mayor parte del libro, sino que también nos ha estado dando estos pequeños destellos de esperanza sobre un plan de Dios que tiene para Sus hijos.
Y en estas últimas secciones especialmente se empieza a desarrollar con más claridad esta esperanza que los exiliados judíos en Babilonia podían encontrar en las palabras de Ezequiel, a través de las promesas de un nuevo pastor y líder, de una nueva tierra, de un nuevo corazón para la gente, de la derrota de los enemigos de Dios, que vimos el domingo pasado ejemplificada en Gog y Magog, capítulos 38 y 39. Y ahora terminando con una visión gloriosa sobre el plan de Dios: no nada más de tener un nuevo pastor, una nueva tierra, un nuevo corazón en Su gente, sino de que todas estas cosas se conecten en un lugar, y en un centro del mundo, por así decirlo —vamos a estar viendo más detalles sobre eso—, en el cual la comunión y la unidad entre Dios y Su pueblo se vuelve perfecta y eterna.
Y esa es la visión gloriosa con la que terminan estos últimos nueve capítulos. Vamos a ver nueve capítulos hoy, lo cual suena como mucho, porque lo es. Voy a tratar de resumir lo mejor que pueda estos capítulos; no vamos a leerlos todos. Lo que vamos a encontrar en estos capítulos, en general, son muchos detalles sobre un templo y todo lo que gira en torno a este templo. Entonces puede parecer irrelevante, o puede parecer aburrido, o puede parecer tedioso leer estos nueve capítulos. Pero les garantizo que realmente, cuando los vemos a la luz del resto de la Biblia, empiezan a cobrar vida estos capítulos, de una manera que espero que hoy puedan ver.
A ver, ¿puedes prender esa tele, para que puedan ver lo que está? Porque hay algunas cosas que quiero mostrarles sobre este templo. Vamos al capítulo 40. Y además, lo que vamos a ver hoy se va a conectar, van a ver, con lo que vamos a ver el próximo domingo, que es el comienzo de una nueva serie en el libro de Hebreos. Mucho de lo que está aquí también está conectado a lo que encontramos en el libro de Hebreos, y a cómo se conecta el templo, y los sacrificios, y todo lo que estaba sucediendo en el Antiguo Testamento, con Jesús.
La fecha de la visión y el jubileo
"En el año veinticinco de nuestro cautiverio, al principio del año, a los diez días del mes, a los catorce años después que la ciudad fue conquistada, en aquel mismo día vino sobre mí la mano de Jehová, y me llevó allá". Entonces estamos viendo que son 25 años después de que fueron exiliados los judíos a Babilonia, 14 años después de que cayó Jerusalén. ¿No se dan cuenta de que, aunque hemos leído este libro relativamente rápido, el ministerio profético de Ezequiel ha pasado algo lento? No sé si... la última vez que tuvo una visión Ezequiel fue en el capítulo 33, versículo 21, donde también dio una fecha, pero esta fecha fue seis meses después de la caída de Jerusalén, en el capítulo 33.
Entonces ahí es donde da una fecha. Entonces, si esto fue la última vez que recibió una visión, y ahora es la siguiente visión, pues ya han pasado casi catorce años, trece años y medio, que no ha habido visiones. Pero lo que es en particular —y nada más pongan esto en su mente aquí, traten de recordarlo—: esta fecha habría sido exactamente la fecha de la mitad del tiempo requerido para llegar al año del jubileo. Entonces, porque eran 50 años para celebrar el jubileo, en donde era la celebración de la libertad que Dios trae a Su pueblo, que era representada a través de darles libertad a las tierras, regresándolas a sus dueños originales, para que pudieran seguirlas heredando en las familias, aunque las habían tenido que vender por una cuestión financiera.
Esto habría sido significativo para los judíos, porque es un mensaje de esperanza. Y el marcarlo justamente a la mitad del camino hacia el jubileo habría sido significativo para ellos, al ver que Dios sí tenía un plan de darles otra vez la tierra, porque justamente eso es el jubileo: principalmente el regreso a las tierras. Entonces, si los judíos están exiliados en Babilonia, sintiendo que han perdido todo, sintiendo que ya no tienen heredad, entonces este número 25, y este día exactamente, habría sido muy significativo para ellos.
El varón con la caña de medir
"En visiones de Dios me llevó a la tierra de Israel, y me puso sobre un monte muy alto, sobre el cual había un edificio parecido a una gran ciudad, hacia la parte sur. Me llevó allí, y he aquí un varón, cuyo aspecto era como aspecto de bronce; y tenía un cordel de lino en su mano, y una caña de medir; y él estaba a la puerta. Y me habló aquel varón, diciendo: 'Hijo de hombre, mira con tus ojos, y oye con tus oídos, y pon tu corazón a todas las cosas que te muestro; para que yo te las mostrase has sido traído aquí. Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel'".
Entonces esta es una revelación que va a recibir Ezequiel en una visión que tiene que ver con una ciudad que ve desde un monte muy alto, y un hombre, un varón angelical aquí, con aspecto de bronce, que tiene algo para medir específicamente. Muy interesante. Entonces, ¿se acuerdan cuando estábamos estudiando Apocalipsis? Pero muchas de estas cosas ya habían aparecido... Apocalipsis, más bien: cuando estudiamos Apocalipsis, esto pasó antes. Cuando Juan recibió la visión, ya habían pasado en Ezequiel.
La visión del templo
¿Qué es lo que le va a revelar a Ezequiel? Le va a revelar un templo. Y aquí les voy a mostrar una imagen: es la visión del templo. Y se las voy a resumir, porque, como van a encontrar aquí a lo largo de todos estos capítulos, es sumamente detallada; tiene muchos elementos. Pueden estudiarlos con calma si quieren; no lo vamos a hacer hoy, porque queremos recorrer estos nueve capítulos. Pero les voy a explicar más o menos cómo está estructurada. Y creo que alcanzan a ver ahí los números. Ahí pueden ver: en el capítulo 40, versículo 5, encontramos un muro, y de hecho hay muros alrededor de todo el templo. Y también encontramos una puerta, en el versículo 6.
Una cámara... se describen las puertas siendo descritas individualmente, y cada cámara es descrita individualmente, en el versículo 7; portales descritos en el versículo 8; el atrio descrito en el versículo 14; ventanas en el versículo 16; etcétera, etcétera. Van a encontrar todas estas descripciones; aquí pueden encontrarlo. Entonces Ezequiel entra por la puerta principal, que es donde está el 1 ahí, si lo alcanzan a ver. Es una foto que le saqué a un libro que tengo; entonces por eso a lo mejor no se ve tan claro. Pero en el 1 ahí es donde entra Ezequiel, en el versículo 6. Esto desemboca a un atrio exterior, que es esa parte blanca donde está el 2, y ahí van flechitas cómo Ezequiel básicamente va recorriendo toda la estructura. Y primero se le muestra la puerta que queda al norte, que es el punto número 3, en el versículo 20 del capítulo 40. Después lo llevan a la puerta del sur, que es el versículo 24, que está hasta abajo, el puntito 4. Luego, en el 5, ya entra Ezequiel en el atrio que está adentro, después del patio exterior; entonces entra, y es donde está el 5. Y en el 6 es llevado a la puerta que da al oriente, y eso sucede en el versículo 32 del capítulo 40. Luego es llevado a la puerta norte, donde hay cámaras para preparar los sacrificios. Entonces ahí encuentran pequeñas camaritas que tienen ese propósito, de poder preparar sacrificios.
Luego es llevado al pórtico del templo y al recinto principal, donde está el 8, que es la parte más interna, digamos, del templo, y se le mide ahí el Lugar Santísimo; eso es en el capítulo 41. Salen del atrio de adentro por la puerta norte, y entonces se dan cuenta de que hay unas cámaras santas para los sacerdotes, capítulo 42, versículos 1 al 14. Y al final, Ezequiel y su guía salen del templo por la puerta oriental. Desde aquí Ezequiel ve el retorno de la gloria del Dios de Israel.
La gloria de Dios regresa al templo
Entonces el capítulo 43 se trata sobre cómo la gloria de Dios regresa al templo. Si recuerdan algo —¿no recuerdan?—, en los capítulos 8 al 11 Ezequiel, por causa del pecado del pueblo, vio cómo la gloria de Dios se apartó del templo, se salió del templo. Entonces dijo: "Dios ha abandonado nuestro templo en Jerusalén por la idolatría de ustedes". Pero aquí es que está habiendo una visión en la cual la gloria de Dios, en el capítulo 43, ahora regresa al templo que le está mostrando en una visión. Y entonces es lo contrario: el capítulo 43 sería lo contrario del capítulo 10.
Versículo 12: "Y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía del oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria. Y el aspecto de lo que vi era como una visión, como aquella visión que vi cuando vine para destruir la ciudad". Ahí está la referencia. "Y las visiones eran como la visión que vi junto al río Quebar" —capítulo 9—; "y me postré sobre mi rostro". Es una reacción similar a la de ese capítulo, en la que contempla la gloria de Dios. Pero aquí ve la gloria de Dios que entra por la misma casa, por la misma puerta del oriente, que es por donde salió. Por esa misma puerta vuelve a entrar. Así que el pecado sacó a Dios; ahora la santidad de este nuevo templo regresa a Dios y lo va a mantener ahí.
El propósito: el arrepentimiento del pueblo
En el capítulo 43 también van a encontrar algo muy importante a lo largo de toda esta sección, que es el propósito de esta visión: ¿por qué es que está revelando esto Dios a Ezequiel? Y quiero que lo vean. El propósito es el arrepentimiento del pueblo. Versículo 9: "Ahora arrojarán lejos de mí sus fornicaciones, y los cuerpos muertos de sus reyes, y habitaré en medio de ellos para siempre". Y es con eso con lo que va a concluir el capítulo 48.
Pero vean lo que dice el versículo 10: "Tú, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel esta casa, y avergüéncense de sus pecados; y midan el diseño de ella. Y si se avergonzarán de todo lo que han hecho, hazles entender el diseño de la casa, su disposición, sus salidas y sus entradas, y todas sus formas, y todas sus descripciones, y todas sus configuraciones, y todas sus leyes; y descríbelo delante de sus ojos, para que guarden toda su forma y todas sus reglas, y las pongan por obra". Y por el pueblo, y por sí mismo...
Los levitas y los hijos de Sadoc
Después describe a los levitas. Y en la descripción de los levitas, realmente lo que está describiendo es su fracaso al haber hecho mal el papel del sacerdocio: "Levitas, ustedes hicieron mal trabajo como sacerdotes". Entonces, en el versículo 15, especifica que son los hijos de Sadoc. Versículo 15: "Mas los sacerdotes levitas hijos de Sadoc". Ellos son los que van a estar más cerca del santuario, son los que van a entrar realmente en la parte más cercana, y ellos son los que van a ministrar delante de Dios para ofrecer la sangre. Y los levitas ahora ya nada más van a ser guardas del santuario, como porteros, o sea, nomás guardando la entrada, como lo describe en el versículo 11.
Entonces hace una diferenciación: la orden de Sadoc. Sadoc fue el que respaldó a Salomón como el sucesor de David, en 1 Reyes 1. Y sólo los levitas descendientes de Aarón a través de Sadoc son los que son permitidos estar más cerca aquí del santuario. Y hay una serie de instrucciones acerca de esta categoría de sacerdotes: que no se pueden poner nada que los haga sudar, porque eso los contamina. Todos los líquidos corporales, como veíamos en otras partes del libro de Ezequiel —la menstruación de una mujer, o el semen de un hombre, o el sudor—, todas estas cosas los volvían inmundos delante de Dios. Y entonces estos sacerdotes tienen que tener mucho cuidado de no sudar.
El propósito es, versículo 23: "Enseñarán a mi pueblo a hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán a discernir entre lo limpio y lo no limpio". Y ellos son los que van a estar en el atrio interior para ministrar en el santuario y ofrecer expiación.
La tierra repartida
Y después empieza a describir ahora la tierra. Ahora, quiero que vean también que las dimensiones de todo esto son bastante grandes, del templo; mucho más grandes que las de los que jamás han existido. Son 16, 18 acres lo que es descrito en la sección del capítulo 42, versículos 15 al 20, esta parte exterior del templo, cuando dan las medidas: unos 72 mil metros cuadrados, más o menos, toda esta área del templo. Un poco más grande que nuestra iglesia.
Y ahora describe la tierra. Entonces la visión de la tierra también es muy interesante, porque empieza a describir cómo está repartida la tierra. Les dice: "Se va a repartir la tierra entre las doce tribus de Israel". Y entonces empieza a describir esta porción sagrada de la tierra, y cómo es que van a participar las diferentes tribus, y cómo van a ser parte de las festividades de la Pascua. Aquí habla otra vez del príncipe, del holocausto, el sacrificio que el príncipe tiene que hacer. Y justamente describe, en el versículo 18, el Año Nuevo, una de las fiestas; después, una semana después, el versículo 20; después la Pascua, el versículo 21, en el capítulo 45. Van a encontrar otra vez el siete, siete, siete; el séptimo, muchas veces repetido.
Y todos los sacrificios descritos en el capítulo 46, en los que están participando. Algunas instrucciones sobre cómo manejar el tráfico del templo, de tanta gente, en los versículos 9 al 10: 8, 9, 10. No se menciona el Día de la Expiación. Eso es interesante, que era el día del año en el que se expiaba por el pecado de todo el pueblo. Pero las otras fiestas sí se mencionan: la Pascua, en particular, la fiesta de los Tabernáculos. Luego se menciona ahora sí, en el versículo 16, cómo se van a repartir las diferentes tierras en cuanto a los hijos del príncipe: él puede heredar las tierras.
Y aquí van a encontrar... bueno, el capítulo 47 también describe un río que sale del templo; en un momento vamos a ver más sobre eso. Pero en el versículo 3 se empiezan a describir estas tierras y cómo se van repartiendo. Y entonces ahí están organizadas y ordenadas como vienen en el libro de Ezequiel: Jerusalén, un poco más abajo de donde está ahorita y de donde tradicionalmente estaría el templo, que está más abajo geográficamente. Y se reordenan un poquito aquí las tribus. Judá, ¿cuál reino era, el del sur o el del norte? El del sur, ¿no? Y ahora se ordena con Judá estando arriba —es interesante— y Benjamín abajo. Y en medio, esta partecita donde ven verde y naranja: aquí está dividido cómo se va a repartir la tierra donde está el templo, y lo más cercano al templo se reparten las tierras. Primero viven ahí los levitas... primero viven, perdón, los de Sadoc, y luego los levitas, y luego lo verde es lo del príncipe, lo que le corresponde al príncipe. Eso es todo lo que está siendo descrito en el capítulo 48.
La ciudad: Jehová-sama
Y finalmente terminamos con una ciudad, versículo 30: "Y estas son las salidas de la ciudad: al lado del norte, cuatro mil quinientas cañas". Ahora, ahí está esta región que ven aquí en naranja; es la zona donde se encuentra el templo, y todo el atrio externo, y los muros, y las puertas, tres puertas que dan adentro de estos atrios. Pero después está toda la ciudad de Jerusalén, que está siendo descrita aquí. Hay 12 puertas, una para cada una de las tribus. Ahora Leví es incluido, y Efraín... van a ser sustituidos con José, para que queden las doce exactamente. Y dice en el versículo 33: "En derredor tendrá dieciocho mil cañas. Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-sama". Jehová-sama significa "el Señor está presente".
Bueno, es mi resumen de estos nueve capítulos, mi mejor esfuerzo por hacer esto rápido. Todavía no he terminado el sermón; esto sólo es la introducción, porque lo único que quería es que vieran... Pueden leer estos capítulos con calma, y ahorita vamos a ver algunas partes específicas. Lo único que quería que vieran es qué está pasando aquí. Y pueden darse cuenta de por qué es que sería un poquito, a lo mejor, frustrante leer estos capítulos, porque pensaría uno: "Ah, bueno, claro, Ezequiel era sacerdote; por supuesto que le encanta describir el templo". Eso es, más bien, como el hobby de Ezequiel. Así como a algunos les gusta coleccionar cosas, y se obsesionan ahí con sus hobbies, que les gusta hacer —para algunos son deportes, para algunos son artes, diferentes cosas así—, a Ezequiel lo que le gustaba eran medidas y cosas del templo, y por eso es que le encanta describirlo.
¿Literal o simbólico?
Bueno, podría parecer que solamente sería de interés a un arquitecto todo lo que hemos estado leyendo. Pero vamos a ver por qué es que esta visión, creo, es mucho más que solamente instrucción; no es un plano de cómo es un templo físico, el cual está siendo revelado a Israel. Entonces me voy a meter a la parte controversial aquí, porque es la primera pregunta que nos hacemos sobre todo esto que estamos leyendo. Y por supuesto, ¿se acuerdan de que este era el tema también con Apocalipsis? Cuando estábamos estudiando Apocalipsis: "¿Es esto literal o es esto simbólico?".
Y en nuestro enfoque de Apocalipsis vimos que realmente la esencia de la literatura apocalíptica es simbólica, y vimos Apocalipsis con un enfoque simbólico en prácticamente todo lo que se describía en todo el libro. El problema aquí con Ezequiel es que no tiene las mismas características. Aunque es literatura apocalíptica, suena muy normal todo. No suena como el tipo de símbolos que encontramos en Daniel necesariamente; no está lleno del tipo de símbolos que encontramos en Apocalipsis. Y sí, ¿se acuerdan de cómo empezó el libro?, con unas ruedas llenas de ojos y cosas bien extrañas. Dirás: "Bueno, claramente eso es simbólico". Pero cuando llegamos a estos capítulos nos empezamos a preguntar: ¿es esto simbólico, o está diseñado para ser tomado literal?
Porque, pues, hay medidas; hay cosas muy, muy, muy físicas que se están describiendo, que nos podemos imaginar perfectamente que podrían hacerse. Entonces, ¿cómo tomamos Ezequiel 40 al 48? Y como se van a imaginar, hay diferentes respuestas a esa pregunta. Hay gente que cree que esto es una visión literal de un templo literal, y hay gente que cree que esto es una visión que es enteramente simbólica. ¿Ustedes qué creen? Ya sé que tienen miedo de dar la respuesta equivocada: "Si digo uno y luego sale que no estoy bien...".
Entonces, he pasado mucho tiempo pensando sobre esto y leyendo muchas cosas sobre estos capítulos. Entonces no voy a hablar tanto como quisiera sobre esto, pero les voy a dar brevemente mi resumen sobre por qué creo que no es literal esta visión. Y estas son preguntas hermenéuticas; nos hacemos estas preguntas cuando llegamos a la Biblia, especialmente a un pasaje así, que es tan controversial, y creo que son claves para poder decidir cómo deberíamos tomarlo. No es arbitrario; no es como que "escoge: si quieres tomarlo literal, tómalo literal; si quieres tomarlo simbólico, tómalo simbólico". No; tendría que haber parámetros que nos ayuden a tomar esa decisión.
Primera pregunta: ¿se ha cumplido?
¿Quieren saber cuáles son nuestros parámetros que nos guían en una dirección, y por qué creo que todo esto que está siendo escrito es simbólico? Número uno, nos hacemos esta pregunta: ¿se ha cumplido lo que está siendo descrito aquí? Esta sería la primera pregunta. Porque obviamente, si se cumplió ya de alguna manera, entonces sí es literal, porque ya vimos su cumplimiento; eso sería una clave sobre cómo tomarlo. Y muchas profecías del libro de Daniel, y muchas profecías de otras partes del Antiguo Testamento, sabemos históricamente cómo se cumplieron literalmente, aunque tuvieran otro aspecto más allá de ese cumplimiento literal. Pero sí podemos ver, por lo menos afirmar o aseverar, que tuvieron su cumplimiento literal.
Sin embargo, en estos capítulos nos vamos a encontrar algo interesante. Cuando termina el exilio, en unos cuantos años, con los medo-persas y el edicto de Ciro —pueden leer Nehemías, Esdras—, van a encontrar que ellos regresan y reconstruyen Jerusalén, y reconstruyen el templo, y ellos no siguieron estas descripciones del templo. Entonces, ni ese segundo templo... El primer templo es el templo de Salomón; el segundo templo es el templo postexílico, en Nehemías y Esdras; y más adelante vuelve a reconstruir ese mismo templo Herodes, que dura bien poquito ese, pero fue el más magnífico, el más grandioso entre estos dos, el postexílico y el de Herodes.
Sin embargo, ninguno de estos templos es como este. Este —ya les dije las medidas— ni siquiera cabe; excede lo que hoy en día... donde estuvo el templo de Salomón, y donde estuvo el templo postexílico y el de Herodes, no puede estar ahí. Primero, porque vemos que este es desde un monte muy alto, y el monte donde ahora está el templo no es un monte muy alto. Y en general todas estas descripciones son diferentes. Número dos, es algo muy interesante nuevamente también: la manera en que es descrita la gloria de Dios regresando al templo en el capítulo 43 no se ha cumplido.
Y número tres, la manera particular de hacer los sacrificios. Aun si pudiéramos ir más allá, no es que no se podían acomodar físicamente a las medidas de esa descripción, sino que ni siquiera las descripciones de cómo se celebraban las fiestas aquí se han cumplido todavía. Cuando regresaron, con Esdras y Nehemías, no siguieron esto. Y los rabinos... y este es uno de los problemas: que los rabinos judíos, por mucho tiempo, para que no se contradijeran las Escrituras del Antiguo Testamento, estaban tratando de descifrar cómo armonizar las instrucciones de los sacrificios de la ley mosaica con las instrucciones de Ezequiel, porque no son iguales. Son parecidas en algunas cosas, pero no son iguales.
Entonces se habla de algunos rabinos que, en su afán de que se armonizaran, se quedaban despiertos toda la noche tratando de hacer que funcionara, y no podían hacer que funcionara. Nada más no estaban siendo compatibles estas imágenes. Entonces, ¿la de Moisés o la de Ezequiel? ¿Cuál? Y nunca hubo un río saliendo del templo, tampoco. Nuevamente, no hay un monte alto como está siendo descrito aquí, donde ha sido construido el templo. Hay muchas cosas que son diferentes de todo lo que se ha visto hasta ahora. Entonces no ha tenido un cumplimiento todavía.
Segunda pregunta: ¿se contradice con otras Escrituras?
Esto... mi siguiente pregunta entonces es: ¿se contradice con otras Escrituras un cumplimiento literal de estos pasajes? Esa sería una pregunta importante. O sea, ¿hay otras partes de la Biblia que nos impedirían tener un cumplimiento literal? Y la respuesta es sí, de hecho. Y en un momento vamos a leer algunas de estas partes, y es nuestro siguiente estudio: el libro de Hebreos. Y regresando: ¿no se ha cumplido todavía? ¿Se puede cumplir en el futuro? Yo crecí escuchando estos rumores, y hasta la fecha todavía los sigo escuchando, pero cuando estaba creciendo decía: "¡Guau, qué increíble! Se están preparando para reconstruir el templo en Jerusalén". ¿Han escuchado esos rumores? "Los judíos se están preparando; ya están juntando los materiales, y ya van a reconstruir el templo. Entonces se va a cumplir: ya se va a construir el templo de Ezequiel. Ese va a ser el tercer templo". Bueno, tercero, dicen tercero porque consideran el postexílico y el de Herodes como el segundo, realmente, porque el de Herodes nada más fue una reconstrucción más grande del de Esdras y Nehemías, o de Zorobabel. Pero el libro de Hebreos dice: ya no hay más sacrificios, ya no hay más derramamiento de sangre de animales. ¿Por qué? Porque Jesús ha sido manifestado.
Y entonces considero que hay una razón por la cual esto no se ha cumplido literalmente, y es porque sería una contradicción de la manera en que Dios ha revelado ya Su plan a través de Jesucristo. Hay una razón por la cual ya no hay un templo; hay una razón por la cual ya no hay sacrificios: porque Jesús ahora es nuestro perfecto sacrificio. Ya no necesitamos matar corderos, ya no necesitamos matar machos cabríos; ya no tiene que haber un templo, porque, como vamos a ver en un momento, Jesús es el templo.
Tercera pregunta: ¿hay referencias posteriores?
Y por supuesto, la última cosa aquí, y es la más significativa, creo, en cuanto a si tomamos esto literal o simbólico, es: ¿existen referencias posteriores a esto mismo que estamos leyendo? ¿Y cuál es la respuesta a esa pregunta? Hay referencias posteriores, en el libro... ¿no se acuerdan? Es Apocalipsis, donde hay conexiones con estos capítulos que acabamos de leer, y claramente en Apocalipsis toma un sentido simbólico. Por lo cual ya tenemos la referencia de cómo interpretar estos capítulos. Juan nos da la referencia; nos dice: "Miren, el templo de Ezequiel tiene un cumplimiento que va más allá de un cumplimiento literal".
Y yo sólo les voy a mostrar por qué. Voy a tomar ciertos elementos de la visión de Ezequiel; no van a ser todos exactamente iguales, pero los principales elementos van a estar ahí: una estructura cuadrada, cúbica, en la cual estará la presencia de Dios con Su pueblo; y va a haber un río, y va a haber sanidad para las naciones. Y todas estas cosas vuelven a aparecer en el libro de Apocalipsis, que son tomadas de Ezequiel, que nos muestran que su verdadero cumplimiento tiene una interpretación simbólica.
Geografía teológica
Entonces es lo que llamaríamos geografía teológica, lo que encontramos aquí en Ezequiel. ¿Han escuchado ese término antes? Geografía teológica versus geografía literal: el significado teológico en la geografía. Arquitectura teológica: ¿han escuchado ese término? ¿Quieren ir a la universidad para hacerse arquitectos? "Yo quiero ser arquitecto teológico, diseñar teología". Es lo que está haciendo: realidades teológicas de la Biblia; tratar de entenderlas, y explicarlas, y mostrarlas. Todo esto que estamos viendo aquí... aquí está el punto central: todo gira, todo lo que está sucediendo y todo el cumplimiento de las promesas en estos capítulos de Ezequiel giran en torno al templo.
El templo está ahora al centro; ahora está más grande; ahora tiene mayor significado que en cualquier otro momento de la historia de Israel, inclusive en la reconstrucción del templo postexílico. El templo ahora tiene una mayor centralidad, un mayor peso en la visión, que no tenía. Y esto quiero que lo noten —pueden leer estos capítulos nuevamente si no me creen—, pero quiero que noten que estos capítulos no son una serie de instrucciones: "Construyan el templo así". Es una visión de un templo que ya existe, y solamente Dios se lo está presentando a Ezequiel para que lo vea, para que lo pueda medir, para que pueda hacer las dimensiones y darse cuenta de cómo funciona y cómo está estructurado. Pero no es una orden de hacerlo.
Y es por eso, creo, que Nehemías y Esdras no usaron esto como una referencia, como un plano para reconstruir el templo en Jerusalén. Entonces es una visión en forma de legislación, o una legislación en forma de visión; son dos cosas diferentes. Bueno, en un momento los voy a llevar a Apocalipsis; ahorita vamos a llegar ahí. En Apocalipsis van a regresar estos temas; van a ver los mismos patrones a lo largo de los últimos capítulos, con algunas diferencias importantes. Hay una adaptación aquí de la visión de Ezequiel.
Y lo que quiero también es que entiendan de estos capítulos... les estoy poniendo las bases interpretativas de lo que estamos viendo ahorita. Léanlo con esta mentalidad: Dios está en Su lugar nuevamente en la visión. Estudiando los temas centrales, los más grandes: Dios está nuevamente en Su lugar, reordenando el espacio, reordenando la materia y reordenando el tiempo. Por eso contiene todos los elementos: medidas y estructuras, fiestas, épocas del año reordenadas por Dios, como lo hizo en Génesis 1, estableciéndolo desde el principio, y como lo hace nuevamente en el libro de Apocalipsis, cuando todas las cosas sean restauradas. Entonces ahí está el tema central, ahí está la visión central de Ezequiel, y cómo se conecta con el resto de las Escrituras.
Jesús es el templo
Sí. Entonces vamos a hacer un recorrido por estos capítulos, sólo viendo dónde están las conexiones significativas que queremos ver. Estoy haciendo énfasis nuevamente, hermanos, no en cada detalle que está aquí; solamente en los temas centrales. Así que mi punto central, hermanos, hoy, acerca de estos capítulos, es el siguiente: Jesús es el templo. Ese es el tema central que quiero que vean. La manera en que lo van a ver aquí es que las medidas, como vieron en el mapita que les mostré, son de un cuadro. Y claro, este cuadro es simbólico de perfección, y el detalle en las medidas es simbólico de perfección. Y hay varios aspectos que creo que están siendo simbolizados aquí.
Y recuerden: esto lo dijo Jesús mismo. Jesús, cuando vino y cuando empezó Su ministerio, Él dijo: "Yo soy el templo. Destruyan este templo, y lo reconstruiré en tres días". Y se burlaron de Él. Pero dice Juan que no era lo que significaba lo que ellos pensaban: Él estaba hablando de Su cuerpo, porque Él era el templo. Jesús nos da esta interpretación. Cuando ahora vemos el libro de Ezequiel, ya tenemos este filtro a través del cual podemos ver este templo, viendo que nos está explicando aspectos teológicos que están apuntando hacia los atributos de Jesús mismo.
Su santidad
Y el primero de los atributos es Su santidad. Y por supuesto, la santidad está clara aquí, porque este nuevo templo, con unas dimensiones mayores al templo anterior y a cualquier templo que se ha construido, tiene unos muros no más chiquitos, sino unos muros más grandes, separando lo inmundo de lo santo. Hay una separación más grande aquí: 3.2 metros por 3.2 metros, estos muros, mucho más grandes de los que habían existido antes en el templo. Y así son los muros de este templo, en donde la distancia con el Lugar Santísimo, y donde se hacen los sacrificios, se hace aún más grande; no más chiquita, más grande. Lo cual enfatiza la santidad, enfatiza la diferenciación entre lo que hay afuera y lo que hay adentro.
Esa es la primera cosa que quiero que observen, y que viene en los capítulos 40, 41 y 42. Y eso lo vamos a ver descrito en Hebreos 4, versículo 15: "No tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado". Entonces el primer punto que esto enfatiza es la santidad de Jesucristo. Porque la diferencia entre Él y nosotros es mucho más grande que la que ha existido en cualquier otro ser humano en relación al pecado: el abismo que se generó, cuando Jesús fue manifestado, entre la luz y las tinieblas.
O sea, a lo largo del Antiguo Testamento, sí, "es un hombre de Dios, es un hombre que buscaba agradar a Dios", pero en general eran hombres que seguían pecando y seguían fallando. Cuando Jesús se manifestó, la diferencia entre las tinieblas y la luz fue mucho más evidente. Como dice Juan en el versículo 5 de su primer capítulo: "La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron". Nada se ha visto como esto antes de que Jesús fuera manifestado. Pues bien, esto es tan importante, hermanos, porque la separación aquí es crucial. Anoche veníamos en el autobús viendo películas, y venía pensando en estos pasajes cuando veníamos en el autobús, y leyendo. Y pusieron una película sobre... no sé qué es; algo pasó en Francia, en la película, en donde sale un polvo. No estaba poniendo mucha atención, pero en casi toda la película es eso: hay una niña que está encerrada en una burbuja y que no puede entrar en contacto con el aire normal. Eso pasó en la película, si es que entendí bien. Pero está ahí en una burbuja, en un aparato especial; no puede entrar en contacto con el aire normal. Y luego se revierten las cosas, y al final resulta que ella es la única que queda, en el aire contaminado, y todos los demás se mueren.
Pero el punto es no entrar en contacto. Y entrar en contacto es lo que nos contamina, y es lo que hace que sea letal. De la misma manera, la santidad no se puede mezclar con el pecado; es letal esa combinación. Y estos pasajes, más que cualquier otro pasaje en toda la Biblia hablando del templo y del sacerdocio, hacen la separación más grande que existe entre estas dos categorías. Imagínense, o sea: no pueden sudar los sacerdotes, y no se pueden poner la misma ropa que usaron para entrar en las partes más santas y luego ir con el pueblo, porque "no vaya a ser que los santifique con la ropa". O sea, ni siquiera eso puede entrar en contacto.
Y no es porque Dios no quisiera santificarlo; es porque el pueblo no está preparado para ese nivel de santidad. Ni aun la ropa de los sacerdotes, pues, entra en contacto con la gente. Esto se parece más a una fortaleza que a un templo, el espesor de las paredes, en las dimensiones. Y por cierto, les voy a decir algo que es muy interesante: de solamente los muros se dan las medidas de altura. De ninguna de las otras cosas del templo se da la medida de la altura, lo cual también es una pista. Sobre unas instrucciones para seguir para reconstruir un templo literal, no sabrían cómo hacerlo exactamente. No está descrito como el templo fue descrito para Moisés; ni los materiales son descritos, ni la altura del templo en sí es descrita. Solamente los muros, y es una masa; es para enfatizar separación.
La gloria de Dios: trascendencia e inmanencia
La otra cosa que encontramos aquí es lo que está en el capítulo 43, que es la idea de la gloria de Dios regresando al templo otra vez por el oriente. Y esto me encanta, porque esto nos muestra que la gloria de Dios es la que se está representando en estos capítulos, y que hay dos aspectos que están aquí y se están encontrando. Uno es la trascendencia de Dios, o sea, Su separación de todo lo demás. Pero al mismo tiempo, a través del sacerdocio y a través del príncipe, la conexión que hace con Su pueblo, de tal manera que ahora habita con ellos. Lo cual pensarían que son dos ideas incompatibles, pero eso es precisamente esta progresión de inmanencia.
Inmanencia es Dios siendo parte de la creación; trascendencia es aparte de la creación. Inmanencia es parte de, conectado con Su creación; Creador con creación: cuando Dios tiene que condescender para estar con nosotros, y para que podamos entenderlo, verlo, tener comunión con Él. Y es la misma progresión que encontramos a lo largo de la Biblia. En el Edén, ¿había muros? No. ¿Por qué? Porque todo era santo; no había pecado. En el momento en que entró el pecado, tuvo que haber una separación, y esa separación se hizo a través de un ángel con una espada. Y en ese momento se separan las cosas: lo santo de lo inmundo.
Del altar al tabernáculo y al templo
Y al progresar la historia, entonces encontramos que tanto Adán como Eva, como Abel, como todos los demás personajes que empiezan a surgir... Dios genera un espacio en el cual se puede conectar lo inmundo con lo santo, y eso se llamaba altares. Dios les pide: "Hagan un altar, adórenme ahí". Y ese es el lugar en el cual podrías tener un encuentro con Dios y adorar a Dios, un lugar especial para encontrarte con Dios. Y ahora sí, más adelante, cuando Israel es liberado de Egipto y entra Moisés, se le dan las instrucciones para el tabernáculo. Ahora ese es el lugar del encuentro con Dios, el espacio en el cual la santidad se puede encontrar con el pecado, para que haya una conexión, y una reconciliación, una expiación, un sacrificio apropiado, para que haya este encuentro.
Y después el templo, donde ahora sí es un lugar permanente, con paredes permanentes, no como el tabernáculo del desierto, que se iba moviendo. Ahora ya existe como una estructura fija, sólida, en un solo lugar, y ese es el templo. Ese mismo templo es el que fue abandonado por Dios por el pecado, en los capítulos 8 al 11 de Ezequiel. ¿No es interesante? Dentro de estas conexiones que empiezan a surgir, por qué la gloria de Dios es tan importante aquí: porque de eso se trata. Es de la presencia de Dios en el templo. No es un edificio el punto. No nos está diciendo: "Ay, mira, allá vamos a tener un templo otra vez". No: "La gloria de Dios estará en ese lugar". Eso es lo que importa: "Tú vas a poder tener un encuentro con Dios; tú vas a poder adorar a Dios ahí".
Isaías 6 y Emanuel
Y encontramos eso precisamente... Estaba pensando sobre eso otra vez; estamos no tan lejos de Navidad. Pero si recuerdan Isaías 6, Isaías tiene una visión de la gloria de Dios llenando el templo. Es una visión otra vez celestial, y deja a Ezequiel casi como muerto, y sintiéndose indigno, y con la necesidad de purificación. Y después de que es purificado, Ezequiel entiende cuál es su misión en esta tierra. Y es justamente después del capítulo 6, el capítulo 7, en el cual él profetiza la venida de Emanuel, Dios con nosotros. Porque entiende esta conexión: sí, Dios y Su gloria pueden ser manifestados de alguna manera a nosotros. Tenemos que ser purificados, pero sí podemos contemplar la gloria de Dios.
Por eso es que la profecía del Mesías es posible, y esa es la profecía de Isaías 6 y 7. Y por supuesto Juan 1:14, que dice: "Vimos su gloria". La gloria de Dios fue manifestada a través de Jesucristo. Es por eso que es tan importante el capítulo 43, porque el capítulo 43 nos muestra de qué se trata: Dios quiere mostrar la gloria de Dios a Su pueblo. Y es eso lo que encuentra su cumplimiento en Jesús.
Los sacrificios: expiación, tributo y comunión
Continuando aquí todavía con la idea de que Jesús es el templo, vamos a brincarnos ahorita al capítulo... vean los capítulos 45 y 46, cuando están siendo descritos todos estos sacrificios. Y los sacrificios en el Antiguo Testamento tenían la idea de expiación, de tributo, de comunión. Por eso es que tiene estos compartimentos. Bueno, tiene unas cocinas, ¿no es interesante? Tiene unas como cocinitas siendo descritas aquí, en el área del templo, en las cuales los sacerdotes hacen el pan. Y es porque la comida formaba parte del sacrificio, y es porque Dios quería que hubiera comunión alrededor de la comida para el pueblo de Dios.
Y es por eso que es tan significativo que la Cena del Señor es una comida que celebramos juntos, en la cual disfrutamos de la unidad a través del sacrificio de Cristo. O sea, el propósito del sacrificio también es comunión y lavamiento. Y el lavamiento es interesante, porque es descrito aquí, en todas las festividades que están en el capítulo 45. Pero vean el capítulo 43 también: viene lo del altar, todo lo del altar, desde el versículo 13 hasta el versículo 27.
Hebreos 10: un solo sacrificio
Y algo que es interesante: vayan a la conexión con Hebreos, porque ahí iniciamos el próximo domingo. Hebreos 10, véanlo conmigo desde el versículo 8: "Sacrificio y ofrenda y holocaustos y expiaciones por el pecado no quisiste, ni te agradaron" —y aquí es lo de la expiación—, "las cuales cosas se ofrecen según la ley. Y diciendo luego: 'He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad'. Quita lo primero, para establecer esto último. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: 'Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y en sus mentes las escribiré', añade: 'Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones'.
Pues donde hay remisión de estos, no hay más ofrenda por el pecado. Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura". Cuenta todos los aspectos del sacrificio, y de la purificación, y de la ofrenda, cómo se cumplen en Jesús; cómo todos estos símbolos se encuentran en la manera en que Jesús es el verdadero sacrificio.
Fuera del campamento
Y vean lo que dice en el capítulo 13 de Hebreos, versículos 12 al 15: "Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta". Y está fuera del santuario —versículo 21 del capítulo 43—. Dice el versículo 13: "Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio; porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir. Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre". ¿Ya empiezan a ver todas estas conexiones? ¿No es lo que...? A lo que están apuntando todas estas cosas de la visión.
Y es interesante, porque aquí menciona la sal, en el versículo 24: "Y los sacerdotes echarán sal sobre ellos, y los ofrecerán en holocausto a Jehová". Y es que la sal tenía el símbolo del pacto en el Antiguo Testamento, por su característica indestructible, prácticamente. Eso representaba la eternidad del pacto. Y otra vez van a encontrar el número siete, de algo perfecto, a lo largo de estos pasajes, sobre los días de la expiación, el 10, de los sacrificios. Ojalá tuviéramos más tiempo; podríamos entrar en mucho detalle. Pero estoy tratando más de darles la idea de lo que está pasando aquí, para que el versículo 27 sea posible: "Me seréis aceptos... vuestras ofrendas de paz; y me seréis aceptos, dice Jehová el Señor".
El río que sale del templo
La otra cosa significativa en este pasaje de Ezequiel es lo que viene en el capítulo 47, que es el río. Entonces tenemos a Jesús como el templo. ¿Por qué? Porque Él es los sacrificios por el pecado; Él representa esos sacrificios, capítulos 45 y 46. Pero también hay un río de vida que sale del templo, y tiene una característica bien interesante, que el versículo 2 lo describe. Pero básicamente, salen las aguas del lado derecho. "Y salió el varón hacia el oriente, llevando un cordel en su mano; y midió mil codos, y me hizo pasar por las aguas hasta los tobillos".
Entonces... ¿y quién no sabe nadar? Pero no quiero avergonzarlos así, que les da pena eso. Pero, ¿qué les da más miedo: el agua bajita de un charco, o la profunda? El agua profunda. Lo que es interesante acerca del agua que sale del templo es un detalle que nos da Ezequiel: el agua sale a la altura de los tobillos, pero para cuando llegas al versículo 5 era ya un río que ya no se podía ni pasar, "porque las aguas habían crecido de manera que el río no se podía pasar sino a nado". Empieza con los tobillos, y de pronto ya no tocas el piso; tienes que tratar de flotar, si puedes.
Esto es un detalle sumamente interesante sobre este río, porque este río va a dar al mar Muerto. Y la descripción que hace sobre esto es que cuando este río entra en contacto con los peces, va a sanar las aguas, y los peces van a tener vida, y van a recibir sanidad, y todo lo que entre en contacto con este río va a tener vida, versículo 9. Y el versículo 12: "Y junto al río, en la ribera, a uno y otro lado, crecerá toda clase de árboles frutales; sus hojas nunca caerán, ni faltará su fruto. A su tiempo madurará, porque sus aguas salen del santuario; y su fruto será para comer, y su hoja para medicina". ¿Ya se acuerdan? Espero que esto vuelva a aparecer en el libro de Apocalipsis.
Joel, Zacarías y Juan 7
Pero lo que quiero que vean es que estas son profecías que se han dado a lo largo del Antiguo Testamento. Joel habla de cómo es que los arroyos correrán aguas: "Brotará un manantial de la casa del Señor, que regará el valle de Sitim". Pero también Zacarías habla. Y estos detalles me encantan cuando empiezo a ver a los profetas hablando de cómo... nosotros tendemos a despreciar las pequeñeces, pero en este caso este río empieza como muy poquito, pero al final se convierte en un río enorme. "Y en aquel día" —Zacarías 14, versículo 8—: "En aquel día sucederá que brotarán aguas vivas de Jerusalén, una mitad hacia el mar oriental y la otra mitad hacia el mar occidental; será lo mismo en verano que en invierno".
Todas estas imágenes son sumamente interesantes, porque cuando llegamos a Juan, capítulo 7, Jesús está en la fiesta, justamente, de los Tabernáculos. Y Él se pone en pie. Y es en esta fiesta en donde traían agua de Siloé, y era representativa justamente de lo que se lee aquí en Ezequiel. Para la gente era el símbolo de la purificación, de lo que ellos esperaban que se cumpliera del libro de Ezequiel. Y en ese contexto Jesús se para en esa fiesta, y Él dice: "Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba. El que cree en mí, como ha dicho la Escritura, de lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva".
"Pero él decía esto del Espíritu, que los que habían creído en él habían de recibir; porque el Espíritu no había sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado". ¿Saben a qué se refieren estas aguas, de acuerdo a Jesús? Al Espíritu Santo. Y adivinen cómo es que se manifestó. ¿En dónde es que tenemos el derramamiento del Espíritu Santo? En Pentecostés. ¿Y cómo se dio? En Jerusalén, en Judea, en Samaria, hasta lo último de la tierra. Un río que gradualmente se va haciendo más, y más, y más profundo, porque abarca y cubre cada vez más.
El río de agua de vida en Apocalipsis
Y esa es la manera en que encontramos el cumplimiento de esto, que al final es descrito en Apocalipsis. Y quiero que lo lean, porque ya se les olvidó; ya lo vimos, pero está en el capítulo 22 de Apocalipsis. Dice: "Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones". Esto está sacado del libro de Ezequiel, pero encuentra su cumplimiento final en el número completo del pueblo de Dios, ahora disfrutando de las bendiciones completas de Dios, dadas a través del Espíritu Santo, en comunión con Dios por toda la eternidad.
Entonces hay una conexión aquí entre estas cosas, en la cual hay un muro que no permite el acceso al templo y al Lugar Santísimo, y la distancia se ha hecho mayor; pero al mismo tiempo hay un río que sale del templo, que llega, y todos los que entren en contacto con ese río serán sanados y tendrán vida. Entonces, ¿entienden cómo van las dos direcciones? Sí, no puedes accesar, pero aquí te va el río, y de esa manera ahora puedes tener vida. Y el río se convierte en la conexión entre la gente y la purificación y el templo de Dios. Eso es lo que está pasando en el libro de Ezequiel.
Pescadores de hombres
Y no es casualidad que aquí mencione que los peces van a tener vida cuando entren en contacto con este río, y que Jesús, en Su ministerio, les haya dicho a... a quienes buscó fue a unos pescadores. Y es una analogía, porque Jesús les dijo: "Por cierto, los voy a hacer pescadores de hombres", porque el mensaje que ustedes van a comunicar les va a dar vida. Así como los peces del mar Muerto van a tener vida cuando entren en contacto con el río que viene del templo, de la misma manera la gente que entre en contacto con el mensaje del evangelio que ustedes van a comunicarles también tendrá vida, a través de Mí y a través del ministerio que ustedes van a tener.
Hay tantas cosas... ¿No les encanta? No sé si ustedes se emocionan tanto como yo, pero cuando empiezo a leer estas cosas: "¡Esto es increíble! Esto está aquí, en el libro de Ezequiel". Y por supuesto que esto tiene relevancia para nosotros; por supuesto que esto se trata acerca del plan de Dios por toda la eternidad, y de cómo tiene este valor simbólico y teológico acerca del evangelio.
La ciudad es la esposa
Lo cual me lleva al siguiente punto, que es que el capítulo 48 termina con esta ciudad. Y esta ciudad, por supuesto, en Apocalipsis se retoma: la idea de una nueva Jerusalén. Porque, recuerden, esta Jerusalén que está siendo descrita aquí no está en el mismo lugar donde estaba la vieja Jerusalén, por lo cual es una nueva Jerusalén. Lo cual en Apocalipsis surge como la esposa de Cristo: la nueva Jerusalén es la esposa. Dice... bueno, en el capítulo 19 fue descrita como una esposa, y en el capítulo 20, pero en el capítulo 21 dice, versículo 2: "Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa que va ataviada para su marido".
Y no solamente como una esposa: es la esposa. Porque en el versículo 9 le dice: "Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero". ¿Y qué le muestra? La ciudad. O sea que el mismo pasaje nos dice que la ciudad es la esposa; la ciudad es la iglesia. ¿Qué es lo que estamos leyendo en Ezequiel? Una sombra, un símbolo que anticipa lo que Dios iba a hacer en nosotros. ¿Y cuáles son las características? Y recuerden: no es nada más... obviamente este plan ya comenzó. Este plan... no estamos nada más esperando a que un día aparezca la ciudad. Ya está la ciudad, y especialmente ya está la ciudad celestial.
Y de eso se trata: de cómo Dios va a unir la ciudad celestial con la ciudad terrenal al final. Pero la ciudad celestial ya existe, y es de lo que nos habla el libro de Hebreos.
¿Quién es el príncipe?
Y es por eso... y ahora sí, pueden ir al capítulo 44. Creo que por eso es tan significativo este príncipe que está aquí. Porque este príncipe, ¿quién creen que es? Yo no creo que es Cristo, y les voy a decir por qué no creo que es Cristo. Está bien, es un buen intento. Número uno, porque el príncipe ofrece sacrificios por sus propios pecados también. Y número dos, el príncipe tiene hijos, a los cuales les puede dar tierra, heredarla. Hay ciertas características del príncipe que en realidad no encajan con las otras profecías mesiánicas que hemos encontrado antes en Ezequiel.
Pero cuando encontramos en Apocalipsis que el cumplimiento de lo que Dios le dijo a Moisés, de hacer una nación de reyes y sacerdotes, se cumple en la iglesia, hay algo muy particular aquí que creo que está siendo simbolizado. Y es esto: es realeza. Por eso habla de un príncipe: es realeza. Y creo que es una descripción, nuevamente, de uno de los aspectos que Dios le ha dado a la iglesia, que es: reyes.
Un sacerdocio nuevo
Y por el otro lado, ¿se acuerdan? Había un sacerdocio fallido, que eran los levitas, y en su lugar levantó ¿a quiénes? A los sacerdotes de Sadoc. Pero los sacerdotes que venían de la línea de Sadoc no es que se habían ganado ese lugar y ese privilegio. De hecho, cuando los describe les dice: "Bueno, es que originalmente ellos fueron los fieles, y en base a la fidelidad pasada ustedes heredan esa posición. Entonces, como su antecesor cumplió, ustedes pueden disfrutar de la bendición de ser los sacerdotes que tienen el acceso al santuario".
Y entonces encontramos que los hijos de Sadoc representan un sacerdocio nuevo, un sacerdocio nuevo que no habíamos escuchado antes, y en estos capítulos es revelado. Y creo que es de lo que está hablando Pedro en 1 Pedro 2:5, cuando dice: "Ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable". Bueno, esto resume esta parte de la iglesia en relación a estos capítulos, creo. Creo que todas estas son sombras y figuras de lo que habría de venir en nosotros.
La herencia de la tierra
Entonces quiero, por último, nada más mencionar todo esto de la herencia de la tierra, porque esta herencia de la tierra se divide nuevamente en diferentes secciones. ¿Pero quiénes son los que están más cerca del templo? Nuevamente, el príncipe y los sacerdotes son los que están más cerca del templo. Pero todos reciben una heredad; todo el pueblo de Dios recibe una heredad. Y eso también es simbolizado aquí a través de las doce tribus. Y en particular creo que es interesante esta manera en la cual a Judá por primera vez se le da una posición de importancia, al ser la ciudad justo al norte de Jerusalén.
Que, si recuerdan, en la descripción de los 144.000 es el único lugar donde, en un listado de las doce tribus, Judá es mencionado primero. Lo cual es nuevamente significativo, si consideramos que la iglesia es representada en los 144.000. Pero lo que quiero que vean es que estas tribus no trabajaron para obtener la tierra. ¿Hicieron nada? ¿Pelearon por ella? ¿Tuvieron que ganar alguna batalla para que Dios se las diera? No. Toda esta visión, todo el templo, toda la tierra, todo esto es enteramente iniciativa de Dios. Dios es el que está haciendo la obra; Dios es el que se las está dando. Y no es para los ricos y poderosos.
¿Cuánto cuesta el metro cuadrado en Cuajimalpa? Es para los ricos y poderosos. Pero no se preocupen, porque, ¿saben cuál es la promesa, la promesa de la tierra del capítulo 48? Dijo Jesús: "Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra". Ellos heredarán la tierra. ¿Cuál tierra? La tierra prometida. Y estamos incluidos nosotros: heredaremos la tierra. Hechos 2:39: "Porque la promesa es para vosotros, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para tantos como el Señor nuestro Dios llame". Y en Romanos 4 Pablo vuelve a mencionar todas las promesas.
La promesa es para los que creen
Y esto es importantísimo, hermanos. Cuando escuchan a la gente hablar: "No, esto es para Israel. Israel es el que va a heredar la tierra. Estas son promesas que Dios tiene que cumplir para ellos". Hermanos, en todo el Nuevo Testamento no aparece ni una sola promesa en relación a la tierra física para Israel que sea retomada. En todo el Nuevo Testamento, ningún autor lo retoma. Nadie dice así: "Por cierto, falta que Israel posea la tierra". Nadie lo dice. Cada vez que aparece una promesa de la tierra, ¿es para quién? Para los que creen en Cristo Jesús a través de la fe.
Y eso es lo que dice Pablo en Romanos 4. Dice: "Porque la promesa a Abraham o a su descendencia, de que él sería el heredero del mundo" —dice Pablo, "el heredero del mundo"; es la promesa terrenal—, "no fue hecha por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa". Y en Hebreos —ya vamos a estudiar esto, no sé cuándo; en muchos meses, probablemente, así que se los digo de una vez—, Hebreos 11 dice: "Por la fe habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios". Nosotros esperamos la tierra cuyo arquitecto es Dios. "Y no tenemos una ciudad aquí permanente" —Hebreos 13, en el versículo 14—, "sino que buscamos la que está por venir". Todas las promesas en relación a la herencia son promesas que nosotros podemos disfrutar a través de la fe en Cristo Jesús.
El Señor está presente
Y aquí es donde encontramos este último versículo de Ezequiel, donde dice que el nombre de este lugar, ahora de esta ciudad, será Jehová-sama. ¿Qué significa? "El Señor está presente". Ese es el cumplimiento de lo que ya leímos en Ezequiel 37, versículos 26 y 27, que decían: "Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y sabrán las naciones que yo Jehová santifico a Israel, estando mi santuario en medio de ellos para siempre".
Es decir, tendremos una herencia incorruptible, y también tendremos recompensas. Y esto enfatiza que aquellos que son hijos de Dios, aquellos que son parte del pueblo de Dios, recibirán su recompensa. Y esto enfatiza nuestra responsabilidad para con Dios, porque sí vamos a rendir cuentas de nuestras vidas, y sí vamos a decir: "Señor, esto es lo que hicimos con los recursos que nos diste". Y también es la manera en la cual Dios vindica a Su pueblo delante de las naciones, y dice: "Este es Mi pueblo. Todo lo Mío es suyo. Así es como saben que es Mi pueblo: porque todo lo que me pertenece a Mí les pertenece a ellos".
Enfoque vertical y enfoque horizontal
Y es por eso que estas visiones de Ezequiel, hermanos, son tan relevantes para nosotros hoy, porque entonces nos damos cuenta de cómo es proporcional nuestro enfoque. Conforme crece nuestro enfoque horizontal, que son las cosas materiales y temporales de este mundo, se reduce nuestro enfoque vertical, ¿no? Y conforme crece nuestro enfoque vertical, se reduce nuestro enfoque... horizontal. Pero bien, cómo funciona la vida cristiana: es proporcional. Entre más estás enfocado en Dios, y en la importancia que tiene Dios y la permanencia que tiene Dios en tu vida, más insignificantes se hacen las cosas de este mundo. Y entre más grandes se te hacen las cosas de este mundo, más pequeño se hace el enfoque vertical y la importancia que Dios tiene en tu vida.
Y es por eso que tenemos esta mentalidad y este enfoque cuando leemos estos capítulos, de decir: "Señor, yo lo único que quiero escuchar en el día final es: 'Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor'". Pero, hermanos, ¿cuál es nuestra recompensa? Nuestra recompensa es lo que el nombre de la ciudad significa: el Señor está presente. Es la presencia de Dios lo que hace que esta recompensa sea tan increíble. Porque vamos a habitar en la presencia, en la gloria de Dios, sin ninguna interrupción de pecado, sin ninguna interrupción de cosas temporales o cosas que nos distraigan.
Ahora sí podemos ver a Dios tal cual es, y podremos conocerlo de una manera nueva cada segundo por el resto de toda la eternidad. No hay nada en esta tierra que se compare a lo que vamos a experimentar. Y es eso lo que Jesús prometió en Juan 17:24: "Padre, quiero que los que me has dado estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo".
Ezequiel 40 al 48 y Apocalipsis 20 y 21
Eso significa, hermanos, que Ezequiel 40 al 48 es un reflejo en el Antiguo Testamento de Apocalipsis 20 y 21. Si no se acuerdan de qué dice Apocalipsis 20 y 21, vuelvan a leerlo, porque van a encontrar todas estas cosas siendo retomadas y amplificadas para el pueblo de Dios. Es increíble lo que nos promete Apocalipsis. Ya no hay un templo. ¿Por qué? Porque Dios es el templo. Ya no hay un altar, ya no hay un santuario, porque nosotros, todos, todos los que estemos dentro de esta ciudad, tendremos acceso ilimitado al Lugar Santísimo. Y es lo que escribe Apocalipsis 7, versículo 15: "Por eso están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo; y el que está sentado en el trono extenderá su tabernáculo sobre ellos".
Ese es el recordatorio. Les voy a recordar qué dice Apocalipsis 21: "Y vi un cielo nuevo y una nueva tierra; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe" —el lugar de caos y confusión—. "Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, preparada como una novia ataviada para su esposo. Entonces oí una gran voz que decía desde el trono: 'He aquí, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y él habitará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará entre ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado'. Y el que está sentado en el trono dijo: 'He aquí, yo hago nuevas todas las cosas'. Y añadió: 'Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas'".
Y es lo que creyó Ezequiel; es lo que creemos nosotros: estas son palabras fieles y verdaderas. Es la esperanza que tenemos de un futuro glorioso en la presencia de Dios. De eso se trata la profecía bíblica. Y hoy, con estos capítulos, concluimos nuestro estudio de lo que Dios dice en Daniel, en Apocalipsis y en Ezequiel. Pues, de pie.
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