Ezequiel 17EzequielNathan Díaz
La responsabilidad humana y la soberanía divina
¿Cómo se relacionan la responsabilidad humana y la soberanía divina? Ezequiel 17 al 19 usa dos parábolas sobre los últimos reyes de Judá y desmiente el refrán de que los hijos pagan por el pecado de sus padres: cada alma responde ante Dios. Y sin embargo, Dios promete plantar un renuevo y dar un corazón nuevo, la única esperanza del pecador.
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Transcripción
Introducción: un libro difícil
Ya continuamos en este estudio de Ezequiel. Espero que recuerden algo de lo que hemos estado viendo hasta ahorita. Y realmente no es un libro fácil: contiene una mezcla de géneros literarios, lo cual lo hace difícil, y no estamos acostumbrados a leer así como está escrito este libro, con estas narraciones, dramatizaciones, imágenes, símbolos, toda clase de cosas que están diseñadas para comunicar un mensaje, principalmente al pueblo de Israel, a los exiliados en Babilonia, con respecto al juicio de Dios. El juicio de Dios sobre el pecado, y también la esperanza que Dios quiere darles de que Él está en control y que sí tiene un plan para ellos, a pesar de que ahorita están experimentando la consecuencia de su pecado.
Y hemos estado viendo toda clase de profecías que hace Ezequiel sobre lo que va a suceder en Jerusalén con los que se quedaron en Jerusalén, porque ya hubo una invasión, la primera invasión y el primer exilio. Y ahorita estamos leyendo esto que está sucediendo entre la primera y la segunda invasión de Nabucodonosor a Jerusalén. Hay algo de historia aquí, hay algo de información que se necesita de fuera del libro, un poquito, para entender qué es lo que está sucediendo. Y hoy vamos a estar viendo más profecías que van paralelas a las otras profecías que hemos estado viendo. Realmente el mensaje no está cambiando; simplemente está teniendo diferentes ángulos sobre la misma realidad.
Entonces Dios escoge, de diferentes maneras, mostrarles la misma realidad. La mayoría de la Biblia así está escrita: es una sola realidad mostrada de muchas maneras para que la entendamos. Y hoy vamos a estar viendo este detalle importante dentro del libro de Ezequiel sobre la responsabilidad humana y la soberanía divina, o el corazón del carácter de Dios al actuar en relación al humano, al ser humano.
Calvinismo, arminianismo y dos verdades en tensión
Y esto es un buen tema, considerando también lo que comentamos hace ocho días, cuando estábamos celebrando la Reforma y los Cánones de Dort —y todas estas decoraciones que ven tienen que ver con esa celebración—. Y hablábamos acerca del calvinismo y del arminianismo, y de cómo Dios ha escogido incondicionalmente quiénes han de ser salvos, y cómo es que Su gracia es irresistible, y cómo es que nuestra naturaleza es pecaminosa y está corrompida, está depravada, y cómo es que cuando Dios nos salva perseveramos, perseveramos hasta el final. Todas estas cosas que son difíciles de entender, espero ahora que puedan verlas aquí también siendo explicadas.
Y cómo funciona, cómo funcionan estas verdades que están en tensión en la Biblia: pues soberano Dios, Dios elige; el hombre es responsable, y el hombre elige, y el hombre decide, y el hombre merece el justo juicio de Dios. Entonces esas dos cosas, ¿cómo funcionan juntas? Voy a tratar de contestar algo de eso. Aunque tengo que advertirles desde ahorita que, si están buscando una respuesta completa y fácil de entender, no la van a obtener, porque no hay, no existe una respuesta fácil de digerir o de entender, humanamente hablando.
El contexto histórico de los capítulos 17 al 19
Entonces vamos a ver estos tres capítulos: capítulo 17, capítulo 18 y capítulo 19. Ahora, la razón por la que estamos viendo estos tres capítulos juntos es porque el capítulo 17 y el capítulo 19 son dos parábolas de juicio divino. Entonces son ilustraciones que da Ezequiel para expresar lo que Dios ha hecho y va a hacer con los reyes de Israel. Y algo que es importante que sepan es que estamos ya viendo el final de la monarquía davídica, o sea, del linaje de David, de los reyes que vienen desde David. Ya estamos viendo lo último que va a haber en toda la historia de Israel sobre la monarquía; ya aquí se expresa el final del último rey de Israel, Sedequías.
Entonces estas palabras de juicio divino están explicando la historia de Judá desde el primer exilio, en el año 598 antes de Cristo —eso ya pasó—, hasta lo que va a suceder en el segundo exilio, en el año 586 antes de Cristo. Pero cuando se están dando estas profecías faltan más o menos 45 años para este segundo exilio, ¿sí entienden? Todavía no se ha dado este segundo que sigue, pero ya lo están profetizando. Estos están regresando hasta lo que pasa en el primer exilio y nos están mostrando cómo va a ser el segundo exilio, que todavía no ha sucedido, y por qué. Y la razón del porqué es por la desobediencia de los reyes, de los líderes de Israel, de Judá, que son responsables delante de Dios y tienen que sufrir las consecuencias dadas por Dios, Su justo juicio, por sus acciones.
Entonces tengo que darles esto antes, porque en el momento en que nos metemos al texto van a encontrar que se van a perder un poco y no van a entender exactamente de qué está hablando. Pero ya habiéndoles dicho esto, tienen el contexto. Ahorita les voy a dar los nombres de quiénes están… de quién está hablando este pasaje históricamente.
La parábola de las águilas y la vid
Capítulo 17: "Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, propón una figura, y compón una parábola a la casa de Israel. Y dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: Una gran águila, de grandes alas y de largos miembros, llena de plumas de diversos colores, vino al Líbano, y tomó el cogollo del cedro. Arrancó el principal de sus renuevos, y lo llevó a tierra de mercaderes, y lo puso en una ciudad de comerciantes. Tomó también de la simiente de la tierra, y la puso en un campo bueno para sembrar, la plantó junto a aguas abundantes, la puso como un sauce. Y brotó, y se hizo una vid de mucho ramaje y de poca altura, y sus ramas miraban al águila, y sus raíces estaban debajo de ella; así que se hizo una vid, y arrojó sarmientos y echó mugrones.
Había también otra gran águila, de grandes alas y de muchas plumas; y he aquí que esta vid juntó cerca de ella sus raíces, y extendió hacia ella sus ramas, para ser regada por ella por los surcos de su plantío. En un buen campo, junto a muchas aguas, fue plantada, para que hiciese ramas y diese fruto, y para que… Di —ahora, esto es: pónganse en lugar de ellos—: Así ha dicho Jehová el Señor: ¿Será prosperada? ¿No arrancará sus raíces, y destruirá su fruto, y se secará? Todas sus hojas lozanas se secarán; y eso sin gran poder ni mucha gente para arrancarla de sus raíces. Y he aquí que está plantada; ¿será prosperada? ¿No se secará del todo cuando el viento solano la toque? En los surcos de su verdor se secará".
O sea, hasta ahorita, ¿entienden? Porque es muy confuso todo esto. ¿De qué se trata esta historia? "No entiendo: hay águilas, hay una vid, la planta se quema, se seca". Bueno, se va a quemar más adelante. "Vino a mí palabra…", y ahora viene la interpretación, no se preocupen. "Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Di ahora a la casa rebelde: ¿No habéis entendido qué significan estas cosas?". ¿No entendieron, casa rebelde? "Diles: He aquí que el rey de Babilonia vino a Jerusalén, y tomó a tu rey y a sus príncipes, y los llevó consigo a Babilonia. Tomó también a uno de la descendencia real e hizo pacto con él, y le hizo prestar juramento; y se llevó consigo a los poderosos de la tierra, para que el reino fuese abatido y no se levantase, a fin de que guardando el pacto permaneciese en pie. Pero se rebeló contra él, enviando embajadores a Egipto para que le diese caballos y mucha gente. ¿Será prosperado, escapará el que estas cosas hizo?". El que rompió el pacto, ¿podrá escapar?
"Vivo yo, dice Jehová el Señor, que morirá en medio de Babilonia, en el lugar donde habita el rey que le hizo reinar, cuyo juramento menospreció, y cuyo pacto hecho con él rompió. Y ni con gran ejército ni con mucha compañía hará Faraón nada por él en la batalla, cuando se levanten vallados y se edifiquen torres para cortar muchas vidas. Por cuanto menospreció el juramento y quebrantó el pacto, cuando he aquí que había dado su mano, y ha hecho todas estas cosas, no escapará. Por tanto, así ha dicho Jehová el Señor: Vivo yo, que el juramento mío que menospreció, y mi pacto que ha quebrantado, lo traeré sobre su misma cabeza. Extenderé sobre él mi red, y será preso en mi lazo, y lo haré venir a Babilonia, y entraré en juicio con él por su prevaricación con que contra mí se ha rebelado. Y todos sus fugitivos, con todas sus tropas, caerán a espada, y los que queden serán esparcidos a todos los vientos; y sabréis que yo Jehová he hablado".
Nabucodonosor, Sedequías y el pacto roto
Entonces aquí ya tienen la explicación. Les doy un poquito el contexto histórico del que está hablando. Está en 2 Reyes, capítulo 23; específicamente en ese capítulo van a encontrar esta historia cuando ya se cumplió. Aquí todavía no se ha cumplido el final de la historia, pero tiene que ver con Nabucodonosor. Entonces es esta águila, y la tierra de mercaderes es Babilonia, y toma este renuevo, este tallo, que sería… Tenemos tres reyes en orden que van siendo narrados aquí: Joacaz… pero no; Joaquín, y luego Sedequías. Sedequías es este último rey que trata de hacer un pacto con los egipcios, con Faraón, y no le resulta su pacto.
Porque, al final, pues bueno, había hecho un pacto con Babilonia, con Nabucodonosor; Sedequías era como el rey títere de Babilonia. Entonces ahí está: "Lo controlamos, hacer lo que queremos". Pero entonces él trata de rebelarse, rompe el pacto con Babilonia, está traicionándolos, haciendo un pacto con los egipcios y diciendo: "Nos podemos rebelar contra Babilonia, podemos escapar de su opresión hacia nosotros". Pero no le resulta, porque lo descubren. Y entonces Nabucodonosor… esto es lo que genera la segunda invasión, ese segundo exilio, donde ahora sí va a destruir todo Jerusalén. Y Sedequías trata de escapar, pero lo capturan y se lo llevan a Babilonia; matan a su familia, le sacan los ojos. Así termina la historia.
Y esto es lo que está siendo narrado; se los estoy resumiendo. Es la historia; nuevamente, la pueden leer en 2 Reyes 23. La pregunta entonces es: ¿por qué? ¿Por qué lo narra así Dios, con una parábola de águilas y de una vid, de una manera tan confusa? ¿Por qué no nada más dice desde un principio: "A ver, les estoy hablando de Nabucodonosor, les estoy hablando de Joaquín, les estoy hablando de Sedequías"? ¿Por qué no nada más lo explicó así?
Por qué Dios habla en parábolas
Y bueno, eso tiene que ver con la razón por la cual existen parábolas en la Biblia. ¿Por qué? No sé, Dios sabe. Pero sí hay algo que pasa con las parábolas que es muy interesante, que es: los exiliados de Jerusalén están en Babilonia; todavía, en la historia, Sedequías no ha sido capturado. Ya se está profetizando que va a ser capturado, pero todavía no ha sido capturado. Y los que están exiliados, muchos de ellos, admiran a Sedequías, y piensan muy bien de Sedequías como rey. Y especialmente, también, si él está planeando la liberación de su pueblo, también va a obtener el favor del pueblo, porque van a decir: "Nos libera de los de Babilonia".
Pero si se dan cuenta, Dios está diciendo que, de hecho, cuando él rompe el pacto con Babilonia, de hecho está rompiendo el pacto con Dios. Por el versículo 9: "Vivo yo, que el juramento mío que menospreció, y mi pacto que ha quebrantado, lo traeré sobre su misma cabeza". O sea, Sedequías está rompiendo el pacto con Dios. No nada más está rompiendo el pacto con Babilonia: está rompiendo el pacto con Dios. Porque si el pacto lo hizo con Babilonia, de ser su rey puesto por ellos, y lo está traicionando, aliándose con los egipcios, Dios dice: "Me está traicionando a mí". ¿Por qué? Bueno, porque Sedequías está confiando en las estrategias y las alianzas políticas, y no en el plan soberano de Dios.
No está preocupado por honrar a Dios, sino por simplemente obtener favor y ayuda de reyes y gobernantes. Está confiando en Egipto para liberarlos, no en Dios. Es por eso que está traicionando a Dios. Y entonces hay gente a la que le cae bien Sedequías. Y es interesante que, cuando una parábola se narra en la Biblia y no la entendemos, o escuchamos la parábola al principio, la ventaja de narrar en una parábola es que todo aparece neutral al principio, porque no tienes los nombres, no sabes de quién está hablando. Nada más se está explicando qué es lo que está pasando, y entonces entiendes.
O sea, los que están escuchando esta parábola dicen: "Ah, nada, pues evidentemente esta vid está siendo ingrata con la primera águila, y se está yendo con un águila inferior, y está traicionando a la primera águila. Está mal la vid". No saben que está hablando de Sedequías, pero ya, ya están formulando una opinión objetiva con respecto a la culpabilidad de la vid.
Natán y David
Les doy un ejemplo de cómo funciona esto de las parábolas en la Biblia. ¿Se acuerdan cuando David comete adulterio con Betsabé, y viene el profeta Natán y lo confronta? Pero no lo confronta inmediatamente diciéndole: "Has pecado". Le cuenta una parábola acerca de un hombre que le roba una ovejita a otro que no tenía; y él tenía muchas, y se la roba a él. Y entonces, está bien: no tiene ni idea de qué está pasando con esa historia. Él simplemente… le está contando una historia, y hay estos personajes. Y entonces, ¿cuál es la conclusión a la que llega David? Es culpable. El que le robó la ovejita al más pobre es culpable; obviamente hizo mal.
Y ya llegó a su conclusión; ya entiende que el juicio de Dios es perfectamente justo sobre él, el que se robó la ovejita. Y ahora, ¿qué le dice Natán? "Tú eres ese hombre". Ahora cambia toda la perspectiva. Pero ya tuve primero la imagen objetiva, neutral, de la parábola, para ayudarme a ver el justo juicio de Dios y la culpabilidad; o sea, cómo lo está viendo Dios desde Su perspectiva. Y ahora sí, ya cuando se revela quiénes son realmente los personajes, podemos entender un poquito mejor cómo es que Dios está siendo perfectamente justo. Y nos ayuda a ser más objetivos en nuestra visión de la historia, ¿entienden eso?
Creo que es lo que está pasando aquí. Entonces Israel, ahora, los que quieren mucho a Sedequías, empiezan a entender que este es un juicio contra Sedequías, y empiezan a ver: "Ah, él es la vid. Él es la vid que traicionó a la primera águila y se fue con la segunda águila". "¿No arrancará sus raíces, y destruirá su fruto, y se secará?". Es justo… es el justo juicio de Dios.
La parábola de los leones
Después, en el capítulo 19, viene otra vez otra… Lo mismo está siendo narrado en paralelo; es un poco diferente, pero es la misma idea. Ahora son dos leones y una vid. Lean lo que dice el versículo 1 del capítulo 19: "Y levanta endecha sobre los príncipes de Israel. Dirás: ¡Cómo se echó entre los leones tu madre la leona! Entre los leoncillos crió sus cachorros, e hizo subir uno de sus cachorros; vino a ser leoncillo, y aprendió a arrebatar la presa, y a devorar hombres. Y las naciones oyeron de él; fue tomado en la trampa de ellas, y lo llevaron con grillos a la tierra de Egipto. Viendo ella que había esperado mucho tiempo, y que se perdía su esperanza, tomó otro de sus cachorros, y lo puso por leoncillo. Y él andaba entre los leones; se hizo leoncillo, aprendió a arrebatar la presa, devoró hombres. Saqueó fortalezas, y asoló ciudades; y la tierra fue desolada, y cuanto había en ella, al estruendo de sus rugidos. Arremetieron contra él las gentes de las provincias de alrededor, y extendieron sobre él su red, y en el foso fue apresado. Y lo pusieron en una jaula y lo llevaron con cadenas, y lo llevaron al rey de Babilonia; lo pusieron en las fortalezas, para que su voz no se oyese más sobre los montes de Israel.
Tu madre fue como una vid en medio de la viña, plantada junto a las aguas, dando fruto y echando vástagos a causa de las muchas aguas. Tuvo varas fuertes para cetros de reyes; y se elevó su estatura por encima entre las ramas, y fue vista por causa de su altura y la multitud de sus sarmientos. Pero fue arrancada con ira, derribada en tierra, y el viento solano secó sus frutos; sus ramas fuertes fueron quebradas y se secaron; las consumió el fuego. Y ahora está plantada en el desierto, en tierra de sequedad y de aridez. Y ha salido fuego de la vara de sus ramas, que ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte para cetro de rey. Endecha es esta, y de endecha servirá".
Los leoncillos y la madre vid
Según 2 Reyes 23:33… solamente, además, vean tantito ahí: es la narración de esto que está explicando. Según 2 Reyes 23:33: "Y lo puso preso Faraón Necao en Ribla, en la provincia de Hamat, para que no reinase en Jerusalén; e impuso sobre la tierra una multa de cien talentos de plata y uno de oro". Este Faraón Necao es del que está hablando aquí, cuando es apresado este primer leoncillo. Entonces es interesante, porque este leoncillo sería una referencia a Joacaz, que solamente reinó por tres meses. No le salieron las cosas; fue apresado inmediatamente por los egipcios. Y este es el primer leoncillo: es llevado a Egipto por Faraón Necao.
Y el segundo leoncillo sería Sedequías. Y Sedequías ahora es comparado con la rama de una vid, y la vid sería Judá, la madre leona que está aquí. Esto es muy interesante: Hamutal, 2 Reyes 24:18, es la mamá de ambos reyes, de Sedequías y de su hermano Joaquín. Y eso es muy interesante, porque entonces encontramos una misma madre de donde los dos reyes: la leona. Y luego, la referencia de la vid en el versículo 10: "Tu madre fue como una vid en medio de la viña": Judá. Y las ramas son reyes; son los reyes que vienen de Judá, en la línea de David.
Y lo que es interesante, entonces, es que una de las ramas, que es Sedequías, se prende fuego y quema toda la vid. Entonces, a causa de Sedequías y de sus malas decisiones, en juicio de Dios, toda la dinastía davídica, y de los reyes de David, se viene abajo. Bueno, yo les estoy dando el resumen. Me tardé mucho tiempo en entender estas cosas, mucho tiempo de estudiarlo, y a lo mejor todavía no lo entienden, pero está bien. Eso es lo más simple que puedo explicarlo.
Pero esa historia es simplemente la historia de Israel siendo desarrollada. Además, quiero que entiendan que están estos reyes y son los últimos reyes de la monarquía de Judá. El último, Sedequías, es el último. Y por eso es que es tan dramático esto, que se enciende y prende fuego a la vid, y se quema, y ya no quedan más ramas; ya no hay más reyes. Es el juicio de Dios sobre las decisiones que ellos han tomado, y Su juicio siendo demostrado de una manera clara y tangible en la historia.
El alma que pecare, esa morirá
Ya tienen el contexto. Ahora, no me gusta hacer esto mucho, pero creí que esta era la manera más clara de conectar todo esto. El capítulo 17 y el 19 son paralelos sobre estas parábolas; entonces fue una parábola y otra parábola. Y en medio, en medio de esas dos parábolas, Ezequiel va a explicar otra cosa que es importante que entendamos. Ahora, esto sí está muy claro; esto no es una parábola. Simplemente son ilustraciones sobre la responsabilidad humana. Aquí ya nos estamos metiendo ahora sí en este tema sobre la responsabilidad humana y sobre el justo juicio de Dios sobre nosotros.
Aquí va a explicar a través de Ezequiel Dios dos cosas, principalmente. Una es que el pecado es individual y personal. Y van a encontrar esta frase siendo repetida a lo largo de todo el capítulo 18: "el alma que pecare", "el alma que pecare", "el alma que pecare". Y ahí está mostrando la responsabilidad individual de cada persona. Y por el otro lado, nos está mostrando las consecuencias tan serias que hay de cualquier alma que peca. ¿Cuál es el resultado de pecar? La muerte. Entonces van a encontrar una y otra vez que "el alma que pecare, esa morirá".
Más de 28 veces en este capítulo 18 van a encontrar un contraste entre vida y vivir, y muerte y morir. Vida, vivir, muerte, morir: más de 28 veces en este capítulo va a ser explicado. Y la manera en la cual Ezequiel va a explicar esta realidad es confrontándolos con un dicho que ellos tienen, un refrán. Y ya hemos visto antes en el libro de Ezequiel que a los judíos les gustaban los refranes, los proverbios.
El refrán de las uvas agrias
Y es este; dice el versículo uno: "Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿Qué pensáis vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera?". Ese es el refrán. Ahora, ¿a qué se refiere este refrán? Los papás hacen algo y los hijos sufren las consecuencias. Lamentaciones 5:7 es la perspectiva de Jeremías de lo mismo; dice… esto es lo que pensaba Israel: "Nuestros padres pecaron, ya no existen, y nosotros cargamos con sus iniquidades". Lamentaciones 5:7.
Ahora, ese es un concepto bíblico, de que los hijos sufren las consecuencias de lo que hacen los padres. ¿Dónde está eso en la Biblia? ¿Qué dice Éxodo 34:7?: "El que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación". Entonces, ¿es esto cierto, que hay consecuencias para los hijos? Entonces, ¿por qué está molesto Dios sobre lo que están diciendo? De hecho, les dice "vivo yo", versículo 3: "Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel". Ya no quiero que lo usen. No quiero que hablen más de que "los papás hicieron eso, por eso nos está juzgando Dios".
¿Por qué? Porque lo están usando como un pretexto para justificarse ellos de su pecado, para hacerse sentir bien sobre sus vidas. Porque, por supuesto: "Nuestros papás son peores que nosotros. Qué bueno que no somos como nuestros padres. Pero pobrecitos de nosotros, cómo sufrimos; no nos lo merecemos. Pero bueno, nuestros papás así fueron". ¿Entienden dónde está el problema, hacia dónde va el problema? Y, de hecho, regresen un poquito, en el nexo de la alianza, a Éxodo 20, versículo 5, porque esa manera de entender lo que Dios está diciendo no es exactamente correcta, de que los hijos sufren las consecuencias de los padres. Éxodo 20:5 y 6 nos explica un poquito más acerca de lo que leen en Éxodo 34. Éxodo 20, versículo 5 y 6: "No los adorarás ni los servirás, porque yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen". ¿De quiénes? De los que me aborrecen. Cuando las generaciones siguen los pasos de los padres —lo cual pasa muy seguido—, entonces sigue el juicio de Dios. Pero, pero si los hijos se arrepienten, y si buscan a Dios, entonces Dios tendrá misericordia de ellos: "Muestro misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos".
No importa qué hayan hecho tus padres; si tú te arrepientes, tú obtendrás misericordia. Es lo que dice Dios. No tienes que justificarte, no tienes por qué sentirte mal sobre tu vida: "Y pobre de mí, cómo he sufrido, y cómo me han abusado, y todo lo que estoy viviendo en mi vida es culpa de alguien más". Es lo que dice la psicología normalmente, ¿no? "Lo que te han hecho otros, esa es la razón por la cual estás tan mal, y por qué estás tomando malas decisiones, y por qué pecas, y por qué haces cosas que afectan a los demás: porque otros te han afectado a ti. Debes de sentir lástima por ti mismo".
No podemos culpar a otros
Quiero que vean cómo Dios los confronta a ellos, cómo nos confronta a nosotros. Tenemos la tendencia, todos, a hacer lo que Adán hizo en Génesis 3, el versículo 12 y 13: "La mujer que me diste, Señor…". O sea, ese es el problema: "Pero no es culpa mía, es culpa de ella; yo hago lo que hice por ella". O sea, tenemos esa tendencia siempre de justificar nuestras acciones viendo lo que otros nos hacen a nosotros, y diciendo: "Bueno, como ellos me hacen eso, entonces yo estoy perfectamente justificado delante de Dios para tener las actitudes que tengo, porque me han hecho…".
Vean lo que dice Deuteronomio 24:16. Si tan solo hubieran leído bien sus Biblias estos judíos, entenderían que su manera de entender a Dios, y de entender el justo juicio de Dios, estaba mal. Deuteronomio 24:16: "Los padres no morirán por sus hijos, ni los hijos morirán por sus padres; cada uno morirá por su propio pecado". Está en Deuteronomio 24:16; no es nuevo, dice Dios. No: tú vas a sufrir el justo juicio de Dios por tu pecado, no por el de otros; por tu pecado. Tú no puedes justificarte delante de Dios y decir: "Es que él, es que ella…". Tú eres responsable de tu vida delante de Dios, nada más; no de nadie más: de la tuya. Y lo que otros hagan o no hagan, ellos responderán. Tú respondes por ti.
Jeremías 31 también explica este concepto. Jeremías 31:29: "En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera". Es muy común esta frase. "Sino que cada cual por su propia iniquidad morirá"; usando la analogía del refrán: "los dientes de todo hombre que coma uvas agrias tendrán la dentera".
El abuelo justo
Bueno, como va a explicar esto Dios… Todo el capítulo 18 se trata de esto, de confrontarlos sobre la responsabilidad que cada uno tiene delante de Dios. Y eso es muy interesante, porque lo que va a hacer es que va a explicar una historia de un abuelo. Sí, este es el abuelo. Y el versículo 4: "He aquí que todas las almas son mías". O sea: "Yo he creado a todos individualmente; todos son responsables delante de mí por sus vidas". "Como el alma del padre, así el alma del hijo es mía". O sea: "Yo soy… yo les di la vida individualmente, yo soy la fuente, y ellos responden a mí". "El alma que pecare, esa morirá". La primera vez que aparece es esa: "el alma que pecare, esa morirá", en este capítulo.
Y ahora va a explicar esta historia: "Y el hombre que fuere justo, e hiciere según el derecho y la justicia; que no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel, ni violare la mujer de su prójimo, ni se llegare a la mujer menstruosa, ni oprimiere a ninguno; que al deudor devolviere su prenda, que no cometiere robo, y que diere de su pan al hambriento y cubriere al desnudo con vestido, que no prestare a interés ni tomare usura; que de la maldad retrajere su mano, e hiciere juicio verdadero entre hombre y hombre, en mis ordenanzas caminare, y guardare mis decretos para hacer rectamente, este es justo; este vivirá, dice Jehová el Señor".
Entonces habla del fruto, habla de cómo es que guardan las leyes ceremoniales, las leyes morales, las leyes judiciales del pueblo de Israel. Eso es lo que es requerido para vivir: guardar toda la ley. Pero dice… ahí está el abuelo. Ese es el abuelo, y se van a dar cuenta, porque ahora el versículo 10 habla del hijo.
El hijo injusto y el nieto que se aparta
Su hijo… es… el hijo es un ladrón: "Mas si engendrare hijo ladrón, derramador de sangre…". O sea, ese es hombre justo, pero su hijo es completamente injusto, y hace todo lo contrario. Y van a encontrar que hay una descripción de todo lo contrario que hizo su papá: "cometiere robos, no devolviere la prenda, alzare sus ojos a los ídolos e hiciere abominación, prestare a interés y tomare usura, ¿vivirá este? No vivirá. Todas estas abominaciones hizo; de cierto morirá, su sangre será sobre él". Entonces el papá es justo, el hijo es injusto, totalmente lo contrario del papá. Dice que cada quien va a rendir cuentas por su propia vida.
Ahora, supongamos que él tiene un hijo. Entonces está el papá, que es justo; el hijo es injusto; y este hijo ahora tiene un hijo, que es… este es el nieto. Por eso empezamos con el abuelo, porque ahora terminamos con el nieto. Y este nieto ve los pecados que hizo su padre y dice: "Yo no voy a hacer como mi papá". Y él hace todo lo que hizo su abuelo; ahora él regresa a la justicia de su abuelo, a vivir una vida de fruto de acuerdo a lo que su abuelo hizo.
Y dice el versículo 17: "Este no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá. Su padre, por cuanto hizo agravio, despojó violentamente al hermano, e hizo en medio de su pueblo lo que no es bueno, he aquí que él morirá por su maldad". Y si se… ahora vamos a tener este contraste, porque "¿el hijo no llevará el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia, guardó todos mis estatutos y los cumplió, de cierto vivirá. El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él. Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todos mis estatutos e hiciere según el derecho y la justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas las transgresiones que cometió no le serán recordadas; en su justicia que hizo vivirá".
Responsables como padres
Entonces, ¿entienden esto? Ya lo repitió suficiente, ¿les queda claro? Este es un principio importante sobre nosotros como padres. ¿Somos responsables nosotros, padres, de las decisiones de nuestros hijos? Sí y no. No son responsables de las decisiones de sus hijos; las decisiones de sus hijos son las decisiones de sus hijos. ¿Son responsables de cómo educan a sus hijos? Sí; eso sí son responsables. Dios les va a llamar a rendir cuentas de qué es lo que ustedes hicieron para guiarlos en el camino del Señor. Pero lo que ellos hagan, ellos responderán delante de Dios. Yo he visto, yo he visto generaciones alejarse de Dios después de tener un ejemplo de fidelidad y de servicio al Señor, en el matrimonio y en el ministerio. Y los hijos, y después ya los hijos de los hijos, se desviaron completamente; ya no tienen nada que ver con la vida cristiana, a pesar de la fidelidad de los abuelos y de los padres. A veces es que cambian completamente las decisiones; se van desviando en una dirección completamente errónea y en rebeldía a Dios. Y entonces esto nos está ayudando a entender este concepto: cómo ve Dios esta realidad.
Los ancianos de la iglesia deben de tener su casa en orden, sus hijos en sujeción. ¿Qué pasa si un hijo se rebela? Tendremos que evaluar si es que es por negligencia de los padres —por una mala educación, falta de tiempo, falta de atención a sus vidas— que se han desviado, o simplemente es porque ahora son sus decisiones. Y eso determinaría si es que son dignos del oficio de anciano o de obispo en la iglesia, ¿entienden? No es lo mismo un hijo rebelde por una razón que un hijo rebelde por otra razón; no es lo mismo. Y creo que eso es un principio que está siendo explicado aquí.
Josías y sus hijos
Esto es importante por una razón, y ahora regresando a la audiencia original, los reyes de Judá. Esto es muy importante, hermanos, porque Joacaz fue un rey malo, Joaquín fue un rey malo, Sedequías es un rey malo. Pero adivinen de quién fue hijo Joacaz: de un rey que se llamó Josías. Según 2 Reyes 23:25… Y dice la Biblia que Josías fue un buen rey. Sí, sí, fue un buen rey: buscó a Dios, hizo reformas y trajo un avivamiento al pueblo de Israel. Pero dice 2 Reyes 23:25 que ya no hubo un rey que buscó al Señor después de él. Ni su propio hijo; su hijo se desvió completamente, no siguió el ejemplo del padre.
Por eso esto es tan importante, porque está mostrando Dios cómo es que dentro de esta línea de reyes que han buscado a Dios o no han buscado a Dios… O sea, es increíble cómo cambian de una generación a otra. Y Dios los tiene responsables a cada uno de esos reyes por sus decisiones. Por eso es aún más la responsabilidad de la condenación de estos reyes: después de haber tenido un buen ejemplo para seguir, aun así se desviaron a la idolatría y a no confiar en el Señor. Es aún más severo el juicio por esa razón. No puedes echarle la culpa a tu papá: tu papá fue un buen hombre, tu papá fue un hombre de fe, tu papá fue un hombre que buscó a Dios. Joacaz: es la naturaleza de su corazón, de sus caminos.
La soberanía divina: ¿quiero yo la muerte del impío?
Entonces vamos a otro punto aquí, que es el otro lado. Ahora ya tenemos la responsabilidad humana; está claramente siendo establecida aquí: es individual, es personal y es seria, porque el juicio de Dios sobre el pecado siempre es serio y es severo. Nosotros lo consideramos no tan serio. Estoy seguro que estos reyes pensaban que no eran tan malos, pero Dios sí veía su pecado de una manera que merecía Su juicio. Y la cautividad hacia los egipcios, la cautividad de los babilonios, todo esto es un resultado de sus acciones.
Ahora vamos a ver el otro lado, que es la soberanía divina. Dios es soberano en todo lo que está sucediendo; Él tiene el control. ¿Cómo funciona esto? ¿Cuál es el corazón de Dios dentro de todo lo que está sucediendo? Y lo primero que quiero que vean es el versículo 23, y empieza a plantear una pregunta. ¿Y por qué? Porque para los judíos ahora, dice, está apareciendo que Dios… "Oye, ya, Dios, ¿te gusta ver esto? ¿Te gusta ver que suframos? ¿Te gusta condenar al, al impío, al que se rebela contra ti? ¿Te gusta decir: 'Ahora, ahora van a sufrir, y ahora los voy a castigar, y van a venir las naciones y los van a invadir, y los van a hacer sus esclavos, y van a ver cómo los castigo'?". Un Dios masoquista, que le gusta el dolor y el sufrimiento de la gente.
Y empieza a plantear esta pregunta, porque así suena: "¿Quiero yo la muerte del impío? dice Jehová el Señor". Y quiero que vean: todo esto se sigue desarrollando. Se cuestiona en el versículo 25 si Dios está siendo justo: "Y si dijereis: No es recto el camino del Señor". "¿Está siendo justo Dios con nosotros? ¿No estás siendo un poco severo?". Dice Dios: "No; más bien ustedes son los que están mal. ¿No son vuestros caminos torcidos?".
Pero ahora vean, vean, vean cómo nos va llevando en este, en este camino de cuestionamientos humanos. Y dice el versículo 29: "Si aún dijere la casa de Israel: No es recto el camino del Señor; ¿no son rectos mis caminos, casa de Israel? Ciertamente, vuestros caminos no son rectos". Ustedes cuestionan si yo soy justo; más bien, ustedes cuestiónense si ustedes son justos. "Por tanto, yo os juzgaré a cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice el Señor. Convertíos, y apartaos de todas vuestras transgresiones, y no os será la iniquidad causa de ruina. Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo".
Un Dios que no se complace en la muerte
Y aquí está la pregunta; dice: "¿Por qué moriréis, casa de Israel?". Y el corazón de Dios surge aquí como una realidad: "No, no se pregunten sobre el carácter de Dios, porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis". ¿Que me deleito en hacerlos sufrir? ¿Que me deleito en la justicia sobre el pecado? No. Y eso es interesante, porque justamente el capítulo 19 empieza con un llamado a Ezequiel de reflejar el mismo corazón de Dios: "Y tú, levanta endecha sobre los príncipes de Israel". O sea, lamenta sobre ellos; que te dé tristeza ver su condición, que te dé tristeza ver su desobediencia y su rebeldía. No "¡ah, nos gustó!", no jactancia, no "¡bola de rebeldes!". Que te dé tristeza en tu corazón ver su iniquidad, su pecado, y cómo Dios está haciendo justo juicio sobre ellos por su pecado. Que sea una causa de lamentación.
Y eso es lo que es el capítulo 19: esto es un canto de lamentación, como lo que se hacía en los funerales, este tipo de cantos lamentándose por una desgracia, algo triste. Vean lo que dice Lamentaciones 3. Aquí tengo los versículos que quiero mostrarles sobre esta realidad: "No quiero la muerte del que muere", dice Dios; no es, no es lo que yo deseo. Lamentaciones 3:32 dice: "El Señor…", perdón: "Antes bien, si aflige, también se compadecerá según su gran misericordia, porque Él no castiga por gusto ni aflige a los hijos de los hombres". Entonces, ven, ven aquí: en Jeremías está explicando esta misma verdad. Dios no lo hace porque se deleita en hacerlo, en castigarnos; lo hace porque Él es un Dios justo.
Y claro, por supuesto, empezamos a encontrar cómo en toda la Biblia existe este principio de que Dios no… no es Su deseo que perezcamos, que nos rechacemos. Según 2 Pedro 3:9: "El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento". Entonces, a ver si ya empiezan a sentir esta tensión que está aquí bien clara. ¿Cuál es la tensión? Si Dios no quiere… A ver: Dios hace lo que quiere; lo que Dios quiere hacer, se hace. ¿Seguro? Él no quiere que nadie perezca, que todos procedan al arrepentimiento. ¿Todos se arrepienten? Entonces pregunto otra vez: lo que Dios quiere hacer, ¿se hace? Bueno, cualquiera de las dos cosas que hubieran dicho hubiera sido correcta: sí y no.
Las dos voluntades de Dios
Brevemente voy a tratar de explicar algo que teológicamente está por debajo de lo que estábamos… estuvimos hablando el domingo pasado. Hablamos de la soberanía divina en la salvación del hombre. ¿De quién es la obra de redención, de la salvación del ser humano? ¿De quién es la obra? De Dios, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no salva a todos? ¿Puede hacerlo o no puede? Entonces la pregunta es: ¿es incapaz? Es Su obra. Dice que quiere, dice que no se complace en que perezcan, en el juicio, en la muerte del ser humano.
Aquí es donde Jonathan Edwards escribió algo que es muy útil, y él habla acerca de estas verdades: son las dos voluntades de Dios. Y esto está a lo largo de toda la Biblia, y solo se los voy a explicar brevemente, porque no tenemos mucho tiempo; ya tenemos que llegar aquí al final, a las conclusiones de estos pasajes. Pero creo que esto es útil de entender. Existen dos voluntades de Dios en la Biblia, y eso está claro, porque aquí vemos que hay una voluntad de Dios que no se cumple necesariamente: Dios quiere algo y no pasa. Y por otro lado tenemos la voluntad soberana de Dios, el decreto soberano de Dios, que siempre se cumple.
Y dice Dios: "Nadie puede estar en contra de mí, nadie puede cambiar mis planes. Yo voy a hacer lo que yo quiero hacer, y eso se hará". Y, de hecho, eso está también en este mismo pasaje; lo van a encontrar al final del capítulo 17, y eso ha estado en todo el libro de Ezequiel: "Yo Jehová lo he dicho, y lo haré". Dios hace lo que quiere, y Dios es soberano, Dios es todopoderoso; puede hacer lo que Él quiere. ¿Por qué no salva a todos? Tiene que haber algo que es más grande que la voluntad de Dios de que todos sean salvos. Entonces, sí, Dios quiere que todos sean salvos, pero debe de haber algo más importante para Dios que el hecho de que todos sean salvos.
El lente macro y el gran angular
Entonces hay una perspectiva… Si ustedes saben algo de fotografía, saben que hay lentes que tienen un acercamiento a un punto muy específico, y son lentes macro: hacen fotos de cosas muy pequeñas para que se vean grandes. Y también hay lentes que tienen la perspectiva más amplia y te muestran todo el paisaje, y tratan de captar lo más posible, para que un espacio muy amplio se pueda ver. Y creo que con la voluntad de Dios existe una perspectiva similar: que cuando Dios se acerca a aspectos individuales de la historia y de nuestras vidas, Él puede ver aspectos de los que Él dice: "No, esto no es mi voluntad. Esto no es mi voluntad".
¿Tú desobedecer a Dios? No es la voluntad de Dios. ¿Tú te rebelas contra Dios? No, no es la voluntad de Dios. ¿El hombre rechaza a Dios? No, no es la voluntad de Dios. Pero en el momento en que Dios se aleja y se ve el panorama más amplio, puede ver… pues puede verse en la Biblia cómo es que Él tiene control sobre todas esas pequeñas cosas que no son Su voluntad, para cumplir algo que sí es Su voluntad y que sí se hará, que es: Él será más glorificado al dejar que estas cosas sucedan.
Lo cual significa, entonces: "No, no quiero que se rebelen contra mí; no, no quiero ver que el alma muera. Pero el hecho de que yo permita que eso suceda —yo tengo control sobre eso—, el hecho de que yo permita que eso suceda, servirá a un propósito más grande y más glorioso al final de la historia, que será mi gloria". Entonces: no lo deseo, pero sí lo decreto. ¿Ya quedó claro? No quedó claro. Pero esa es la explicación bíblica. Dios decreta ciertas cosas; las cosas que Él decreta en Su soberana voluntad siempre sucederán. Pero no todo lo que Él desea decreta que suceda, ¿entienden?
Son dos aspectos diferentes sobre la manera en que obra Dios: Su deseo y Su decreto; Su voluntad moral y temporal, y Su voluntad soberana y eterna. Su voluntad soberana y eterna siempre se cumplirá. Su voluntad moral y temporal no siempre se cumplirá; pero no se cumplirá para que se logre otro propósito más grande, que es Su voluntad soberana y eterna, y Su decreto eterno: Él será glorificado. Entonces será glorificado a través de Su justicia y Su misericordia en la historia, a través de la salvación de algunos y la perdición de otros, en glorificar a Dios, y el Soberano sobre esa realidad. Eso se llama las dos voluntades de Dios.
Entonces, si alguien peca en esta iglesia, le podemos decir: "¿Es la voluntad de Dios para ti? No, no es la voluntad de Dios que peques; no es la voluntad de Dios". Pero Dios sigue estando en control, y Él usará todas las cosas, hasta el pecado, para un propósito bueno en Sus hijos y los que lo aman, Romanos 8:28. Otra vez: no me puedo quedar mucho tiempo en este punto, pero quiero que vean este aspecto sobre la soberanía divina.
La esperanza: el renuevo que Dios planta
Y aquí viene un punto que me había brincado, y ahora voy a ir a él, que está en el capítulo 17. Es cómo termina el capítulo 17, pero se los voy a mostrar en contraste con el capítulo 19. Otra vez: no es la manera ideal de desarrollar un pasaje, pero pensé, y pensé, y pensé mucho tiempo sobre cómo hacer esto, y esto me pareció la manera más fácil y clara de mostrarles estos paralelos y cómo se conectan estos tres capítulos. Versículo 13 y 14: "Y ahora está plantada en el desierto" —esta vid— "en tierra de sequedad y de aridez. Y ha salido fuego de la vara de sus ramas, que ha consumido su fruto, y no ha quedado en ella vara fuerte para cetro de rey".
Si ustedes solo leyeran ese versículo, ¿cómo se sentirían sobre el futuro de Israel? Ya se acabó: ya no hay más reyes, ya no puede haber más reyes. Ya, de hecho, no va a haber más reyes en Israel. El último fue terrible; fue como una llama que prendió toda la vid y la consumió. ¿Hay esperanza? Sí. De hecho, ya se las había dicho en el capítulo 17, justamente después de toda esta parábola acerca del problema y el juicio de Dios. Él ya les había explicado, versículo 22: "Tomaré yo del cogollo de aquel alto cedro, y lo plantaré; del principal de sus renuevos cortaré un tallo, y lo plantaré sobre el monte alto y sublime. En el monte alto de Israel lo plantaré, y alzará ramas, y dará fruto, y se hará magnífico cedro; y habitarán debajo de todas las aves de toda especie; a la sombra de sus ramas habitarán. Y sabrán todos los árboles del campo que yo Jehová abatí el árbol sublime, levanté el árbol bajo, hice secar el árbol verde, e hice reverdecer el árbol seco. Yo Jehová lo he dicho, y lo haré".
Y aquí ya vemos en el libro de Ezequiel —y esto va sucediendo a lo largo de todo el libro— que hay esperanza, porque Dios está actuando. Dios está siendo soberano al plantar un tallo que va a dar fruto. Sedequías es este último rey. ¡Qué terrible! Y se acaba, lo matan: el juicio de Dios que hay sobre él. Pero, pero dice Dios: "Sí hay algo que voy a hacer en el futuro, en donde sí vendrá alguien más, que dará un árbol bajo el cual todas las naciones podrán estar bajo su protección, bajo su poder, su gloria sublime, como el heredero del trono de David". Es… humanamente, capítulo 19, humanamente no, no hay esperanza. Pero capítulo 17, soberanamente, por la soberanía divina actuando en la historia, sí, sí hay esperanza: Él lo hará. Y entonces, un tallo plantado que dará fruto a pesar de un linaje santo quebrantado. Josías fue el último buen rey de Israel; ya después de él, ninguno más. Pero aun así hay esperanza, porque Dios está actuando en la historia. Es la soberanía divina actuando a pesar de nuestra infidelidad, a pesar de que no estamos siendo fieles a la ley de Dios y siguiendo la ley de Dios en nuestras vidas: Dios actuará para traer salvación y esperanza.
Conclusión: haceos un corazón nuevo
Entonces, con eso concluimos. ¿Cómo respondemos? Ya lo leímos. ¿Cómo respondemos ante esta realidad? Somos culpables delante de Dios, somos responsables por nuestro pecado delante de Dios, merecemos el juicio de Dios. Sí. Dios quiere que lo veamos aquí; está diciendo: "Yo no los estoy juzgando nada más porque sí; ustedes están actuando de tal manera que están trayendo el juicio sobre ustedes mismos". Pero la solución es muy simple. Versículo 30: "Convertíos". ¿A qué se refiere "convertíos"? Pues a lo que dice el versículo 31: "Haceos, haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo". ¡Es tan fácil! Sí, está fácil la solución, dice Dios: solo actúen como quisieran. Algo muy fácil. ¿Qué les cuesta? Cámbiense el corazón.
Ya leímos sobre eso, ¿se acuerdan? Capítulo, capítulo 16… perdón, capítulo 11. Capítulo 11, versículos 19 y 20. Y aquí está la clave, porque ya lo explicó Ezequiel, y lo va a volver a explicar en el capítulo 36. Pero aquí les dice quién: "Y les daré…". ¿Quién? Dios: "les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios".
Entonces, "haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo": ¿a qué se refiere? A la obra ¿de quién? De Dios. No es una obra de nosotros. Sí, nosotros buscamos a Dios, sí escogemos a Dios, sí elegimos seguirlo. Pero la razón por la que lo hacemos es porque Dios nos da un nuevo corazón: es la obra de Dios, y ya les explicó Ezequiel. Entonces, cuando dice "haceos un corazón nuevo, un espíritu nuevo", es un llamado al arrepentimiento, una actitud del ser humano, una respuesta del ser humano. Pero ya explicó Ezequiel que la razón por la que eso va a pasar es porque Dios lo hará posible. Entonces no está mal escrito: "Haceos, haceos". Sí: háganse un corazón nuevo, porque Dios se los dará. Así es como lo pueden hacer; es la única manera, es la única esperanza.
Arrepentimiento no es remordimiento
"Y apartaos de vuestras transgresiones". Entonces esta es la otra… el otro aspecto de cómo debemos de responder: hemos de apartarnos de todas nuestras transgresiones. Estas son todas las transgresiones con que hemos pecado, versículo 31. Lo cual nos muestra que hay una diferencia entre arrepentimiento y remordimiento. No es lo mismo. Y creo que aquí Ezequiel está tratando de explicar cuál es la diferencia. La diferencia es que cuando algo te remuerde, ¿qué es lo que hace en ti? Te hace sentir mal. Pero eso no es arrepentirte. Sentirte mal por algo que hiciste no es arrepentirte.
Arrepentimiento es apartarte de eso; es un cambio de camino. Es: "Ya no voy a hacer eso. Ya entiendo lo que eso hace en mi relación con Dios, entiendo que eso es lo que me separa de Dios; por lo tanto, ya no quiero eso. Odio eso en mi vida, y me aparto de las transgresiones que me han separado de Dios". Es un cambio de camino. Remordimiento solamente es un sentimiento, y arrepentimiento es una actitud; es algo que haces, es algo que da fruto, que se ve tangiblemente en la manera en que respondes al pecado. ¿Qué piensas sobre el pecado en tu vida? "Así soy". No: "Soy un hombre nuevo, Dios me da un nuevo corazón. Debo de odiar esas cosas, debo pelear contra esas cosas para honrar a Dios. No voy a ser el mismo ya".
Y quiero que vean: aquí está explicado claramente. Y el versículo 32 termina diciendo: "Convertíos, pues, y viviréis". Otra vez, ¿de quién es la iniciativa? Capítulo 16, ¿se acuerdan?, en la otra analogía, donde era un bebé Israel: "Y yo pasé junto a ti", versículo 6, "yo pasé junto a ti, y te vi sucia en tu sangre, y cuando estabas en tu sangre te dije: ¡Vive! Sí, te dije, cuando estabas en tu sangre: ¡Vive!". ¿Quién es el que tiene la capacidad de dar vida? Dios. ¿Ven esta tensión, la soberanía divina y la responsabilidad humana? Ambas están aquí. Dios tiene la iniciativa, Dios tiene el poder; pero también nos sostiene responsables de nuestro pecado, y somos responsables delante de Él. Y Él hará Su obra en nosotros, y nosotros responderemos ante la obra que Él hace.
Pero es Él, y la razón por la que es de Él es porque Él quiere llevarse la gloria. No hay nada en nosotros mismos que merezca la gracia de Dios; si no, no sería gracia. La gracia, por definición, es que no mereces lo que tienes: Dios te lo da por Su soberana voluntad. Por el puro afecto de Su voluntad es que somos salvos.
La cruz: la justicia de Dios manifestada
Entonces quiero conectar todo esto con lo que el evangelio nos muestra: la cruz. La cruz es la manifestación final y perfecta de la justicia de Dios. ¿Por qué? "El alma que pecare, esa morirá" significa que alguien tiene que morir. Cuando hay pecado, alguien tiene que morir. Es la razón por la cual la cruz es la manifestación de la justicia de Dios: alguien sí murió. "El alma que pecare, esa morirá"… a menos que, ¿a menos qué? Alguien pueda morir en su lugar. Por eso es tan importante el evangelio: cómo se manifiesta a la luz de nuestra culpabilidad delante de Dios.
Y aquí está el versículo 22. ¿Cómo es que este versículo 22 es posible? No, no queda claro en el pasaje, pero ahora sí lo podemos ver a la luz del evangelio. Dice: "Todas las transgresiones que cometió no le serán recordadas; en su justicia vivirá", por su justicia. Hizo transgresiones, ¿no? O sea, no es inocente. Pero este versículo está diciendo: hay alguna manera en la cual la justicia puede ser aplicada a él a pesar de que haya cometido transgresión, a pesar de que ha pecado. No le serán recordadas esas transgresiones; es decir, será inocente delante de Dios. ¿Cómo será eso posible? Ahora lo sabemos: solamente a través de la fe en Cristo Jesús, siendo Él el que carga con nuestra culpa y muriendo en nuestro lugar, para imputar en nosotros Su justicia. De tal manera que ahora podamos presentarnos delante de Dios y decir: "Señor, gracias, porque me has dado vida y no muerte". Jesús es el que murió, no yo. Tu pecado no será recordado más.
Oración
Gracias, Padre, por esta verdad tan espectacular que hay en Tu Palabra. Porque sabemos, Señor, que a lo largo de Tu Palabra hemos visto desarrollado este plan, que es de gran esperanza para nuestras vidas. Y hoy encomendamos a Ti nuestros corazones, para que Tú los sigas transformando de acuerdo a Tu voluntad, y podamos seguirte obedeciendo en fe, sabiendo que Tu obra soberana es nuestra única esperanza. En Tu nombre oramos, en el nombre de Cristo Jesús.
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