Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Ezequiel 1EzequielNathan Díaz

La gloria de Dios

¿Qué es la gloria de Dios y por qué Ezequiel comienza con esa visión? Los primeros capítulos describen seres vivientes, ruedas llenas de ojos y un trono que revelan la inteligencia, la realeza, el poder y la soberanía de Dios. Antes de enviarlo a un pueblo rebelde, Dios le muestra quién es él: nuestro mayor problema es tener una visión demasiado pequeña de Dios.

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Transcripción

Todo el consejo de Dios

(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.) …predicando todo el consejo de Dios. Estamos buscando ser fieles a la Palabra. Predicar todo el consejo de Dios significa no solo predicar las partes fáciles, o las partes que nos gustan, sino predicar todo, todo lo que está ahí. Y por eso predicamos libros completos de la Biblia, porque esa es la mejor manera de entender el mensaje de Dios: es leyendo toda la Biblia, no nada más unas partes. Tratamos también de hacer una serie en el Nuevo Testamento y una serie en el Antiguo Testamento, y así es como hemos ido alternando a lo largo de los años. Si se han dado cuenta, siempre hacemos eso: hacemos una serie en el Antiguo, y la alternamos con una en el Nuevo.

Y la razón por la que hacemos eso también es porque queremos mostrar cómo es que la Biblia es una unidad. Es un solo libro; no son dos libros, es un solo libro. El Antiguo y el Nuevo Testamento realmente van juntos; están diseñados para leerse juntos. A veces regalamos un Nuevo Testamento, y está bien, qué bueno; o un Evangelio de Juan, o un Nuevo Testamento. Pero eso no es la Biblia; eso solo es el Nuevo Testamento. Falta el Antiguo Testamento. La Biblia se compone de todos los 66 libros. Tenemos que meditar sobre toda la manera en la cual Dios desarrolló Su plan de redención, desde el principio hasta el final.

De Apocalipsis a Ezequiel

Y espero que se hayan dado cuenta, en nuestro estudio de Apocalipsis, de qué tan importante era el Antiguo Testamento para entender Apocalipsis. Si tú no ves el Antiguo Testamento al ir estudiando Apocalipsis, creo que te pierdes de toda la simbología, toda la riqueza que hay dentro de ese libro. Fuimos viendo capítulo por capítulo en Apocalipsis, pero viendo de dónde venían esas imágenes en el Antiguo Testamento. Ya se habían visto esas cosas; eran las mismas cosas que están en Apocalipsis: ya se han visto en el Antiguo Testamento, y ahora están siendo retomadas para amplificar esa visión. Para amplificar la visión que tenemos del pueblo de Dios, de la nueva Jerusalén, de la tierra prometida, de la esperanza que existe para los redimidos. Todo eso es lo que estuvimos haciendo a lo largo del libro de Apocalipsis.

Y antes de ver Apocalipsis vimos el libro de Daniel. Y la razón por la que vimos Daniel primero era porque queríamos ver cómo en el libro de Daniel ya existían muchas de las mismas visiones que reaparecen en Apocalipsis. Específicamente aparecen los diferentes imperios, y después aparece la visión, en el capítulo 9, de las 70 semanas de Daniel, que nos muestran, nos profetizan, el plan de Dios con respecto al Mesías, cómo se va a desarrollar. Y también nos muestran las escenas de la victoria final de Dios, redimiendo a Su pueblo, vindicando a Su pueblo contra sus enemigos, sí, ejemplificados en algún tipo de bestia o anticristo final.

Que no, no sabemos cómo se va a ver, no sabemos exactamente quién es o quién será. Pero sabemos que simboliza a todos los sistemas que se han opuesto, a lo largo del periodo de toda la historia de la iglesia; todos los sistemas que se han opuesto a Dios, pero que al final de los tiempos serán intensificados. Esa oposición será intensificada en la persecución de la iglesia, en la oposición hacia Dios, y una guerra final que culmina en la victoria de Dios sobre todo el mal, sobre toda la muerte, sobre todo el pecado. Eso es lo que vimos, y eso es el resumen de lo que vimos.

Pero otro de los libros del Antiguo Testamento de donde surgen muchas imágenes que estuvimos viendo es el libro de Ezequiel. Ezequiel también es un libro paralelo a Apocalipsis. En particular, se dan cuenta de que, cuando llegamos a las visiones de la nueva Jerusalén, y del templo, y de todo este tipo de cosas —bueno, ya no habrá más templo—, pero la nueva Jerusalén, siendo representada por el pueblo de Dios en comunión perfecta con Dios, usando imágenes que venían del libro de Ezequiel… También se dan cuenta de cuántos paralelos había: y un río que fluye de la ciudad; todo eso está en Ezequiel.

Un panorama del libro de Ezequiel

Pero al final, entonces, estuvimos viendo Ezequiel conforme íbamos viendo Apocalipsis. Dependiendo de dónde estábamos en Apocalipsis, veíamos diferentes partes; un poquito ahí en desorden, pero en el orden de Apocalipsis. Ahora quiero darles un panorama del libro de Ezequiel, porque creo que es un libro del que vimos algunas partes, pero no todo. Y creo que contiene muchísimas cosas, muchísimas cosas que no hemos visto, que son de mucha bendición para nuestras vidas cuando las meditamos de la manera que Dios quiere que las veamos, como relevantes para nosotros.

Y hoy vamos a empezar con los primeros tres capítulos. Voy a predicar de los primeros tres capítulos del libro de Ezequiel, en los que es introducida no nada más la vida de Ezequiel, sino que es introducida la manera en que Dios va a estar trabajando a través de su vida, y a través de visiones, y a través de dramatizaciones. Ezequiel va a hacer un montón de cosas loquísimas a lo largo de este libro. Ni se imaginan; si no lo han leído, léanlo. Va a jugar con una ciudad a escala, como tipo Legos; va a cocinar sobre heces humanas; va a estar acostado por un rato sobre un lado, y luego acostado por muchos días, muchas semanas, sobre otro lado. Y va a hacer toda clase de cosas que Dios le pide que haga, para ejemplificar lo que Dios quiere decirle a Su pueblo, a lo largo de su ministerio de 22 años.

Va a fallecer la esposa de Ezequiel; es parte del libro. Hay tantos, tantos detalles, que creo que van a ser de mucho ánimo para nosotros, de ver cómo Dios sigue estando en control, y sigue diciéndonos cuál es Su mensaje sobre Su juicio venidero y sobre Su redención para Su pueblo. Hay una visión en particular a la que vamos a llegar, se llama la visión del valle de los huesos secos, que es una visión increíble sobre lo que representa la salvación y la regeneración del ser humano, el plan de Dios. Pero bueno, eso es algo más; les estoy dando un anticipo de algunas de las cosas que vienen. Me emociona mucho cuando, cuando comenzamos un libro así, y empiezo a leer cosas, y empiezo a estudiar cosas que sé que, uno, van a ser muy divertidas de predicar; pero, dos, y principalmente, van a ser de mucha bendición para la iglesia.

La gloria de Dios, el punto de partida

Quiero que empecemos con lo más importante, porque creo que el libro empieza con lo más importante, que va a tener que ver con la gloria de Dios. La gloria de Dios es la primera visión que va a recibir Ezequiel, y ese es el punto de partida para su ministerio. Es ahí donde Ezequiel puede entender correctamente por qué es tan importante la labor que Dios le ha asignado. Y para nosotros, como iglesia, también va a ser el punto de partida.

"Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos junto al río Quebar, los cielos se abrieron, y vi visiones de Dios. En el quinto año de la deportación del rey Joaquín, a los cinco días del mes, vino palabra de Jehová al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar; vino allí sobre él la mano de Jehová". Entonces estos primeros tres versículos son la introducción. Si ustedes ven, es muy exacta la fecha: la fecha en la que esto… la fecha en la que se está escribiendo esto, en la que sucedió esto. Ezequiel es un libro sumamente exacto en sus fechas y en su cronología.

Nacido en el año de la reforma de Josías

En el año 621 antes de Cristo hubo una reforma del rey Josías, en la cual se dio cuenta de que el pueblo de Dios… Se recuperó la ley, salió la ley otra vez, y se dio cuenta el rey Josías de que el pueblo de Dios no había estado siendo fiel a esa ley. Entonces restauró varias de las fiestas que el pueblo de Israel había olvidado, como la Pascua; hizo juicio contra la idolatría que había en Israel; trató de traer una reforma que realmente trajera un avivamiento a Israel. Lo que es interesante es que ese año, ese año en el que comenzó la reforma de Josías, es el año en el que nació Ezequiel, probablemente. No sabemos… ¿Cómo se coloca a Ezequiel, más o menos, en su edad? Porque este primer versículo, cuando dice "en el año treinta", se asume que se refiere a la edad de Ezequiel, cuando cumplió él, o cuando tenía él, 30 años de edad. Entonces él habría nacido cuando empezó la reforma de Josías. Entonces habría tenido esa influencia, creciendo, de ver un avivamiento en su niñez y en su adolescencia en el pueblo de Israel. Jeremías empezó su ministerio en el año 623 antes de Cristo, unos tres años después de la reforma. Y en el año 606 fue la primera invasión de Babilonia a Jerusalén, y la primera deportación de los judíos. En ese año, en el año 606 antes de Cristo, es que otro hombre fue llevado a Babilonia: Daniel es llevado en el año 606.

Ezequiel, llevado al exilio

Nueve años después hay otra deportación; hay otra invasión de Babilonia en Jerusalén, y hay otra deportación, una segunda deportación, en la que se llevan a 10.000 personas a Babilonia, de los mejores que había. Y en esa deportación es llevado Ezequiel, 697 antes de Cristo. Y este habría sido un camino largo entre Jerusalén y Babilonia, unos 1500 km. Imagínense: caminar 1500 kilómetros, ser llevado como un prisionero de guerra por un país invasor, en el que estás viendo cómo tus sueños… Porque ahora vemos que Ezequiel se había estado preparando para ser ¿qué? Un sacerdote. Eso era lo que se supone que él iba a hacer. A los 30 años de edad él hubiera sido inaugurado como sacerdote. Entonces, toda la vida preparándose, toda la vida preparándose para este momento: "Es mi profesión, es lo que voy a hacer; voy a servir a Dios en el templo".

Pero cuando llega el año en el cual se supone que él habría sido sacerdote, ¿dónde está? No puede ser sacerdote. Es el tiempo… este es el tiempo, este es el periodo de la peor crisis para Israel en su historia. Porque es en este periodo de la historia que es saqueada Jerusalén, y que va a ser destruido el templo, y que van a ser destruidas las murallas; y básicamente toda la esperanza de todos los judíos que están buscando ahora al Señor… Ya había sido esta reforma con Josías, este avivamiento, y están buscando al Señor; y, sin embargo, parece ser que las cosas están fuera de control, parece ser que las cosas no son como deberían de ser.

El plan de Ezequiel era: "Señor, yo te voy a servir en el templo como sacerdote". Y nunca lo es; nunca pudo hacerlo. Porque cuando llegó la edad en la cual él tendría que haber sido inaugurado como sacerdote, ya no está en Jerusalén; ya ha sido llevado como prisionero de guerra. ¿Cuántas veces en nuestras vidas Dios tiene un plan diferente al nuestro? ¿No es cierto? "Esto es lo que se supone, Señor, que yo iba a ser. ¿Por qué no me dejas hacerlo? ¿Por qué no estoy yo donde tendría que estar, de acuerdo a mis planes?". Dios tiene planes diferentes muchas veces, y eso es lo que experimentó Ezequiel.

Exiliados en este mundo

Ezequiel vivía como exiliado, igual que Daniel. No sabemos… Menciona a Daniel en una parte de su, de su libro. No sabemos realmente si estaba consciente de que ahí estaba Daniel; sabía de su testimonio en Babilonia también. No sabemos qué tanto hayan interactuado, qué tanto hayan convivido Ezequiel y Daniel. Pero sí sabemos que están viviendo una situación similar, como exiliados. Y, después de todo, después de todo, nosotros también somos los exiliados. El exilio, de hecho, refleja una situación parecida a la que nosotros vivimos como cristianos ahorita en este mundo.

Es el "ya, pero todavía no". Ya somos redimidos, ya somos perdonados por nuestros pecados, pero todavía no hemos sido perfeccionados, todavía no hemos sido glorificados. Hoy estamos en el proceso de la santificación, en la cual Dios nos está llevando a ser más, y más, y más como Él. Entonces hay esta dinámica de saber que no estamos donde deberíamos estar; que no encajamos exactamente como quisiéramos en este mundo, porque no somos de este mundo. Somos mexicanos, sí, pero esa no es nuestra ciudadanía principal. Y no nos vamos a sentir completamente en casa hasta que lleguemos a casa.

La visión: los cuatro seres vivientes

Entonces quiero mostrarles cómo comienza todo. Vamos a leer esta primera parte, y así es como leer Apocalipsis, les advierto. No se espanten, pero aquí vienen una serie de cosas muy extrañas, y visiones que son difíciles de imaginar; pero están ahí por una razón. "Y miré, y he aquí venía del norte un viento tempestuoso, y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor, y en medio del fuego algo que parecía como bronce refulgente, y en medio de ella la figura de cuatro seres vivientes. Y esta era su apariencia: había en ellos semejanza de hombre. Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas. Y los pies de ellos eran derechos, y la planta de sus pies como planta de pie de becerro; y centelleaban a manera de bronce muy bruñido. Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos de hombre; y sus caras y sus alas por los cuatro lados. Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban, sino que cada uno caminaba derecho hacia adelante.

Y el aspecto de sus caras era cara de hombre, y cara de león al lado derecho de los cuatro, y cara de buey a la izquierda en los cuatro; asimismo había en los cuatro cara de águila. Así eran sus caras. Y tenían sus alas extendidas por encima, cada uno dos, las cuales se juntaban; y las otras dos cubrían sus cuerpos. Y cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; y cuando andaban, no se volvían. Cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto era como de carbones de fuego encendidos, como visión de hachones encendidos que andaba entre los seres vivientes; y el fuego resplandecía, y del fuego salían relámpagos. Y los seres vivientes corrían y volvían a semejanza de relámpagos.

Las ruedas llenas de ojos

Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una rueda sobre la tierra junto a los seres vivientes, a los cuatro lados. El aspecto de las ruedas y su obra era semejante al color del crisólito. Y las cuatro tenían una misma semejanza; su apariencia y su obra eran como rueda en medio de rueda. Cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados; no se volvían cuando andaban. Y sus aros eran altos y espantosos, y llenos de ojos alrededor en los cuatro. Y cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban. Hacia donde el espíritu les movía que anduviesen, andaban; hacia donde les movía el espíritu que anduviesen; y las ruedas también se levantaban tras ellos, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas. Cuando ellos andaban, andaban ellas, y cuando ellos se paraban, se paraban ellas; asimismo cuando se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban tras ellos; porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.

El trono sobre la expansión

Y sobre las cabezas de los seres vivientes apareció una expansión a manera de cristal maravilloso, extendió encima sobre sus cabezas. Y debajo de la expansión las alas de ellos estaban derechas, extendiéndose la una hacia la otra; y cada uno tenía dos alas que cubrían su cuerpo. Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como ruido de muchedumbre, como el ruido de un ejército. Cuando se paraban, bajaban sus alas. Y cuando se paraban y bajaban sus alas, se oyó una voz de arriba de la expansión que había sobre sus cabezas. Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él. Y vi apariencia como de bronce refulgente, como apariencia de fuego dentro de ella en derredor, desde el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor. Como parece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor".

Espero que su imaginación ya esté trabajando un poco, porque esto es una visión muy extraña. Pero, a ver, ¿nos dice Ezequiel qué es esta visión? Nos dice claramente qué es lo que está viendo; dice: "Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Y cuando yo la vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba". Entonces es la visión de la gloria de Dios.

Los paralelos con Apocalipsis

Y no vamos a entrar en detalles en todas las cosas que hay aquí, pero a grandes rasgos quiero mostrarles todos los simbolismos que existen dentro de estas visiones, porque estas visiones son muy parecidas a las visiones de Apocalipsis 4 y de Apocalipsis 1, que es cuando Jesús se le aparece a Juan. Vean rápidamente; nada más les quiero mostrar. No voy a estar yendo cada vez que aparecen estas visiones en Apocalipsis, pero solo para darles pistas de las palabras clave que se están repitiendo. Una de ellas, que va a aparecer en un momento, es "hijo de hombre", "Hijo del Hombre", que es una manera en que se le llama a Ezequiel. Pero, claro, sabemos que Ezequiel en particular es uno de los libros que más usa esta expresión. Más adelante, "Hijo de Hombre", "Hijo del Hombre", es un nombre que Jesús va a tomar para sí mismo.

Y en Apocalipsis aparece el versículo que dice: "En medio de los candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre". Pero, en particular, la manera en que Él es descrito, dice… son estas imágenes; son el mismo tipo de imágenes que aparecen en Ezequiel. Y, por supuesto, los cuatro seres vivientes van a aparecer en el capítulo 4 de Apocalipsis. En el capítulo 4 hay seres vivientes también; versículo 7: "El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando". Estos cuatro seres son los mismos seres que están apareciendo en Ezequiel.

Además de los espíritus, los siete espíritus de Dios: esta es una referencia a los espíritus de Dios también habitando en las ruedas de la visión de Ezequiel. También ahí vimos, cuando vimos Apocalipsis 4 y 5, cuántas veces se menciona la palabra "trono"; aquí, en Ezequiel 1, también hay un trono. También hay un arco iris; en el versículo 3: "Y había alrededor del trono un arco iris, semejante al aspecto a la esmeralda". También aquí hay un arco iris, etcétera, etcétera. Nada más quiero que vean que todas estas visiones se conectan. No estoy predicando Apocalipsis ahorita, estoy predicando Ezequiel; pero quiero que vean que esas son las mismas visiones que se van a retomar en Apocalipsis con Juan.

Primero, ver quién es Dios

Y la pregunta que quiero hacerles es: ¿por qué es así como abre, no nada más Ezequiel, sino Apocalipsis? Piénsenlo: Apocalipsis se compone de esta manera. Es la visión de Jesús delante de Juan, el capítulo 1; después, el capítulo 2 y 3 de Apocalipsis tienen las cartas a las siete iglesias; y después, en el capítulo 4, cuando se abre otra vez la visión, la gloria de Dios… Bueno, cuando se abren otra vez las visiones que está teniendo Juan, la primera visión que Juan tiene, capítulo 4 y 5, tiene que ver con la gloria de Dios. Siempre. La manera en la cual Dios prepara a Su pueblo para entender la gran labor que tiene para ellos: "Tú vas a predicar mi mensaje, tú vas a dar mi mensaje; pero antes de que des mi mensaje, quiero que veas quién soy yo. Quiero que entiendas algo acerca de quién soy".

Pasa lo mismo con Isaías. Ya estudiamos en algún momento Isaías 6; e Isaías 6 es una visión de la gloria celestial para Isaías, en la cual, al final, él tiene que ser purificado. Y cuando él es purificado, después de tener esa visión, es que él puede buscar cómo va a servir a Dios: "Heme aquí, envíame a mí. Yo voy a ir, Señor". Va a pasar lo mismo con Ezequiel: él tiene esta visión, Dios le va a encargar una misión, y entonces, después de haber visto la gloria de Dios, ahora sí puede servirle fielmente. Ese es el orden de las cosas. ¿Tú puedes servir a Dios si no has contemplado Su gloria, si no sabes quién es este Dios?

Hay que empezar por conocer a Dios. No se trata de servir en la iglesia, no se trata de hacer cosas: se trata de conocer a Dios. Ese es el propósito de la vida cristiana. Y que nuestro servicio a Dios sea un resultado de esa experiencia que estamos teniendo con Dios día a día, en Su Palabra y en oración. Es fácil hacer cosas; hacer cosas, cualquiera lo hace. Porque externamente podemos hacer todo lo correcto —llegar a tiempo a la iglesia, hacer todo lo que nos piden y hacerlo bien— y que nuestro corazón esté lejos. Ser parte de la iglesia no es ser cristiano. Simplemente porque estás en esta comunidad, ¿soy cristiano? Es porque conoces al Dios de la Biblia; meditas sobre el Dios de la Biblia; meditas sobre quién es Él, cómo se ve, qué es lo que quiere Él de mí, y cómo quiere Él que yo entienda Su gloria.

Nos hacemos demasiado grandes

Y miren, hermanos, esto, esto es crucial. Porque creo que nuestro más grande problema, nuestro más grande problema, aun cuando hemos contemplado la gloria de Dios, es que se nos olvida la gloria de Dios. Nuestro problema más grande es que, conforme pasa el tiempo, nuestra visión de nosotros mismos se hace más grande. Nos empezamos a dar más y más importancia a nosotros: "Es que yo, es que yo; es que mira cómo me reconoce la gente; es que mira cómo me escuchan; es que mira cómo soy líder; es que mira…". Y nuestra visión de nosotros mismos tiende a incrementarse, y empezamos a sentir que somos algo especial, y algo increíble; que el mundo y todo gira en derredor nuestro, y lo único que importa es nuestra gloria. ¿No es cierto? Cómo otros ven nuestra gloria; que la gente no nos ofenda a nosotros, que la gente no nos haga cosas a nosotros. Eso es lo que nos molesta.

Pero la visión de Ezequiel es una visión grande de Dios. La gloria de Dios es lo que importa. Lo que importa es lo que otros piensen de Dios, no de nosotros. ¿Qué importa lo que digan de mí? ¿Qué importa lo que crean de mí? Lo único que importa es lo que sepan y crean de Dios. Eso es lo que realmente importa, porque se trata de Dios, no de mí. Nuestro problema es que nos hacemos demasiado grandes, y hacemos demasiado pequeño a Dios. Y esta visión está aquí para despertar en nosotros una visión más grande de Dios, una visión más real de quién es.

¿Alguna vez han estado contemplando algo enorme, un edificio, alguna montaña, algo, algo que los haga sentir pequeños? Dicen: "¡Qué chiquito soy!". ¿Alguna vez han estado parados junto a algo que mida 100 metros de altura, 200 metros de altura? Eso es… Así está diseñado este pasaje: para que sintamos qué tan pequeños somos. Para que terminemos como termina Ezequiel —como termina Juan también, después de su visión del capítulo 1—: cayendo sobre nuestros rostros delante de Dios en adoración. Esa es la reacción que él tiene; eso es lo único que le queda: "Cuando yo lo vi, cuando vi esta visión, me postré sobre mi rostro". Está diseñado para despertar en nosotros adoración genuina a Dios.

El número cuatro y los querubines

Sí, es una, es una revelación parcial de quién es Dios. No es completa, es parcial; pero es verdad todo lo que está diciendo. No es todo lo que es Dios, pero es parte de lo que es Dios, y todo lo que está aquí es cierto. Y quiero que noten el 4. El número 4 es un número que también aparece en el libro de Apocalipsis, y el 4 representa toda la creación, todo el orden creado, y todos sus atributos más altos siendo representados con estos 4 seres. En el capítulo 10 van a reaparecer nuevamente estos seres vivientes, y Ezequiel los va a identificar como querubines. Entonces ya sabemos esto; aquí no nos dice, pero más adelante nos va a decir: son querubines.

Entonces, ahí va. Solo quiero que vean cuáles son algunas de las características de esta visión, una de las… de las imágenes que tiene esta visión. Esta es una representación de la gloria de Dios, de Sus atributos. Y la primera imagen es que tiene rostro de hombre, manos de hombre. Rostro de hombre: tipo que tiene cuatro lados, y en cada lado es un rostro diferente, y uno de los lados es el rostro de un hombre. El rostro de hombre, ¿qué representa dentro de la creación? Representa inteligencia. Somos la creación más inteligente de Dios. Los animales están por debajo de nosotros en ese sentido; no pueden hacer herramientas como nosotros las hacemos.

No pueden aprovechar y crear tecnología como nosotros lo hacemos; no pueden comunicarse como nosotros lo hacemos. Hay una capacidad de razonamiento y de inteligencia que el ser humano representa, como el clímax de la creación de Dios, que aquí también está siendo representada en Dios. Es decir, Dios es un ser racional, es un ser inteligente.

León, buey y águila

Número 2: vemos un león. Y el león es símbolo de realeza a lo largo de la Biblia. Y, por supuesto, si han visto un león —y si han visto un león aun en un zoológico, detrás de una jaula—, saben lo imponente que es, y cómo en la creación del mundo salvaje representa el clímax de la realeza, de la imponencia de un animal majestuoso de parte de Dios en Su creación. Y que también es representado aquí como parte de los atributos de Dios. También tenemos a un buey, que dentro de los animales domesticables, o domésticos, es también el, el clímax de la creación: el animal más fuerte que existe que tú puedes tener en tu casa, si quisieran tener uno; pero si viven en una granja, a lo mejor sí.

Y, por supuesto, el cuarto, que es el águila. Cuando estaba leyendo esto, me acordaba de cómo, en Apocalipsis 12, si recuerdan, la mujer que representa al pueblo de Dios, que, que es llevada al desierto, sustentada por Dios, ¿sí? Pero después, cuando Satanás está persiguiendo a la mujer y está tratando de ir contra ella, se le dan las alas del águila para volar e ir a un lugar también protegido por Dios. Y en muchos sentidos el águila representa protección, cuidado; representa también la manera en que Dios nos nutre y nos cuida de una manera personal, y nos protege. Y el águila, por supuesto, de todas las aves es la más majestuosa; es el clímax de las aves de la creación de Dios.

Entonces tenemos estos cuatro seres que representan todo el orden creado, y cómo Dios está reflejando los atributos de cada uno de estos aspectos de la creación en sí mismo, en Su gloria: Él es inteligente, Él tiene realeza, Él tiene fuerza, y Él protege a Su pueblo.

Ruedas con ojos: omnipresencia y omnisciencia

También vemos algo muy interesante, porque, si se fijan, estos seres andan con unas ruedas. Y unas ruedas que, de acuerdo al versículo… bueno, 17: "se movían hacia sus cuatro costados; no se volvían cuando andaban. Sus aros eran altos, espantosos, llenos de ojos alrededor los cuatro. Cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando se levantaban de la tierra, las ruedas se levantaban". Y hay ruedas dentro de las ruedas; o sea, tienen rines, tienen un tipo de movimiento que, pues, se puede en cualquier dirección sin ningún problema. Pero tienen ojos: ruedas con ojos. Son visiones extrañas.

Pero, claro, entendemos que los ojos y las ruedas representan dos aspectos de Dios, los atributos de Dios. Número uno, la manera en que las ruedas se mueven. Lean cómo dice el versículo 14: "Y los seres vivientes corrían y volvían a semejanza de relámpagos". Parece ser que se pueden mover de un lado a otro a la velocidad de la luz, en cualquier parte y en cualquier dirección del mundo, guiados por el Espíritu. Cuando se tienen que detener, se detienen; cuando se mueven, se mueven; y no hay ningún lugar donde no tengan acceso. Pueden ir adonde sea. Entonces eso refleja la omnipresencia de Dios: Dios está en todas partes.

Dios ve todas las cosas: los ojos representan Su omnisciencia. Él ve, conoce todas las cosas; está en todos lados y conoce todas las cosas. Y es importante que recordemos eso, especialmente cuando sentimos que está ausente Dios: "¿Dónde está, Señor?". Recuerda: Él está en todos lados, y no hay nada que no vea. Dios conoce cada injusticia, cada sufrimiento. Dios conoce cómo vives en tu casa, todas las cosas que ves en tu computadora. Dios conoce todas las cosas, y todo lo ve. ¿Nos transforma eso en cómo vivimos día a día? Si lo meditamos un poquito, si lo creyéramos un poquito… Pensando: "Si no me ven los hermanos, estoy bien".

Sonido de muchas aguas y fuego

También tenemos visiones de relámpagos; tenemos sonido de muchas aguas, que también es una de las características de Apocalipsis 1, cuando Jesús se presenta delante de Juan. Pero todo eso está diseñado… Y, por supuesto, también hay una expansión; y hay una expansión a manera de cristal maravilloso, extendidos sobre sus cabezas. Sonido de muchas aguas, como de muchedumbre: algo majestuoso. No sé si han estado en un lugar donde oigan una cascada, las cataratas del Niágara: impresionantes. No es muy común que oyes tantas toneladas, litros de agua, caer al mismo tiempo. Pero ese es el tipo de sonido que emite: un rugido que es majestuoso. Y nos muestra… todas estas imágenes nos están mostrando aspectos de la majestad de Dios.

Y, por supuesto, también hay… siete veces se menciona el fuego, "como fuego", fuego, fuego, fuego. Lo cual, a lo largo de la Biblia, encontramos que el fuego simboliza la purificación: purificación de los hijos de Dios, refinados por fuego. Eso es lo que Dios hace con Su fuego para nosotros. Pero también el fuego de Su juicio contra Sus enemigos. Pero todo eso, al final del día, es un reflejo de la santidad de Dios. Dios es santo; no puede estar en presencia del pecado; tiene que consumir el pecado, si va a estar alguien delante de Él.

El trono: Dios sigue siendo soberano

Y tenemos: "Sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él". Lo que es una teofanía, una cristofanía del Antiguo Testamento, que está prefigurando la imagen del Hijo de Hombre, y Jesucristo, que se va a aparecer de una manera muy similar a Juan. Pero el trono, ¿qué simboliza? El trono —ya lo vimos en el capítulo 4 de Apocalipsis—, el trono simboliza soberanía. Él está sobre el trono.

Y esto es en particular muy importante. Parece que el porqué… "¿Por qué las cosas no van bien? ¿Por qué las cosas van mal, Señor? ¿Por qué, por qué permites que las cosas estén saliendo mal? ¿Por qué permites que las cosas se estresen de esta manera, que me causen el conflicto interno que están causando en mí? Como si no te importara la situación, como si no quisieras ayudarme. ¿Por qué, Señor? ¿Por qué mi matrimonio se está deshaciendo? ¿Por qué mis hijos no me escuchan? ¿Por qué me van a despedir de mi trabajo? ¿Por qué, Señor?". Esas son todas las crisis y las circunstancias que nos rodean en la vida como cristianos, que son parte de la vida cristiana. Están diseñadas para hacernos confiar y depender en el hecho de que Dios sigue siendo soberano.

No estamos confiando en nuestras circunstancias; estamos confiando en que Dios está en control. Eso es en lo que confiamos, hermanos: Él está sobre el trono. Aun cuando hay caos, aun cuando está fuera de control, aun cuando Babilonia nos ha conquistado, y están destruyendo, o van a destruir, Jerusalén y el templo.

El arco iris: esperanza

Y es por eso que termina esta imagen con una imagen de un arco iris: "Como aparece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor". Porque el arco iris, si ustedes regresan a la historia de Noé, ¿representa qué? Esperanza, ¿no? Sí. Ahí está Dios; nos está recordando que Él promete algo, que Él promete redención para Su pueblo; que Él promete que el juicio no es todo lo que hay: también hay redención. Es el, el arco iris representa la esperanza de un nuevo comienzo. Y eso es lo que Ezequiel necesitaba; eso es lo que nosotros necesitamos. ¿No puede haber restauración? Puede haber redención.

Oí la voz de uno que hablaba

Capítulo 2 y capítulo 3: vamos a encontrar el mensaje de la gloria de Dios. "Ezequiel, ya has contemplado mi gloria, ya has visto quién soy". Y aquí hay algo importantísimo que sucede, justo al final del versículo 28. Dice: "Cuando yo vi esto, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que habla". Porque, ¿saben qué, hermanos? No es suficiente con ver y contemplar a Dios; tenemos que escuchar lo que tiene que decir también. Y eso es la Palabra de Dios. Esto es… esta revelación de este libro es Dios hablando; es revelación especial dada a nosotros. No es nada más la revelación natural en toda la creación que nos rodea, sino que Dios está diciendo cosas específicas a nosotros: "Esto es lo que quiero de ustedes, esto es quién soy, estos son mis mandamientos, esto es lo que yo he hecho en la historia, y por esto lo estoy haciendo". Y entonces Dios habla. Y por eso predicamos; por eso es este tiempo de la reunión de los domingos: porque Dios habla. Y si Dios habla, tenemos que escuchar. Ezequiel ahora está en este momento, en esta posición de decir: "A ver, Señor, ¿qué tienes que decirme? ¿Qué es específicamente lo que quieres decirme a mí, Tu siervo, Tu profeta, acerca de lo que quieres hacer con mi vida?".

Revelación especial

Por lo tanto, el mensaje de la gloria de Dios, primeramente, es un mensaje de revelación especial. Eso es como llamamos a la Palabra de Dios revelada en palabras: es revelación especial. Y esto crea una relación única con Dios, ¿no? Nuevamente, esto es lo que hace única la relación entre seres humanos. Yo sé que muchos de ustedes aman mucho a sus perritos —y yo no voy a hablar de mi perrita, porque ya no está—, pero es diferente, ¿no? Si ustedes regresaran a su casa, y su perro los recibe en la puerta y les dice: "¿Cómo estaba el sermón?", cambiaría su relación con el perro. ¿Por qué? Porque es palabra. Así es la manera en que nos comunicamos, que crea una relación especial.

Y Dios está hablándonos a nosotros. Le dice: "Hijo de hombre, ponte sobre tus pies, y hablaré contigo". ¡Qué privilegio! "Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba. Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque es una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos".

El resultado no es tu responsabilidad

Bueno, lo vamos a leer varias veces esto, a lo largo de todo este capítulo. Dios le advierte a Ezequiel: "Vas a hablarles; no te van a escuchar, no. Anímate: tú di lo que yo quiero que digas. Pero su corazón se mantendrá duro. En su mayoría, ¿van a hacerte caso? No; no lo van a recibir. No te preocupes, Ezequiel: el resultado no es tu responsabilidad. Tú no generas los resultados; yo genero los resultados. Tú solo obedece". Y eso es lo que nosotros hacemos. Predicamos el evangelio; nosotros no convertimos a nadie, Dios hace esa obra. Nosotros predicamos, decimos qué es el evangelio, dejamos que la gente lo escuche, que sepa qué es lo que Jesús hizo por ellos; pero la obra en el corazón de la gente es de Dios, no de nosotros.

Y Dios nos va a equipar. Y eso es lo que sucede aquí, en el versículo 6: "Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos" —así los llama—, "y moras con escorpiones; no tengas miedo a sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde". No tengas miedo. "Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes. Mas tú, hijo de hombre, oye lo que yo te hablo; no seas rebelde como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que yo te doy". Así que le dice: no tengas miedo; y a asimilar el mensaje primero tú.

Come este rollo

Y aquí surge un nuevo mandamiento; dice: "Come lo que yo te doy". "Y miré, y he aquí una mano extendida hacia mí, y en ella había un rollo de libro. Y lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritas en él endechas y lamentaciones y ayes" —o sea, juicios—. "Me dijo: Hijo de hombre, come lo que hallas; come este rollo, y ve y habla a la casa de Israel. Y abrí mi boca, y me hizo comer aquel rollo. Y me dijo: Hijo de hombre, alimenta tu vientre, y llena tus entrañas de este rollo que yo te doy. Y lo comí, y fue en mi boca dulce como miel". ¿Que fue dulce como miel? ¿Los juicios de Dios fueron dulces como miel para el profeta?

Pero esto solo nos muestra que nosotros tenemos que asimilar la Palabra de Dios primero para nosotros mismos; entender cómo es que va a nutrir nuestra vida. Primero te lo comes, para digerirlo. De nada sirve tener comida enfrente si no te la metes a la boca y te la tragas. Y eso es lo mismo que es la Palabra de Dios. Es decir, cuando nosotros… Estoy yo preparando la Palabra de Dios, y estoy meditando sobre esto, y digo: "Señor, ayúdame primero a digerirlo yo. Ayúdame a entenderlo yo en mi vida: cómo quieres transformar mi corazón a través de lo que estás diciendo. Y luego déjame hablarlo yo". Porque, lo que no sea real en mi vida, ¿cómo espero que sea real en la de ustedes?

Alcuino dijo: "Aquellos que se consagran a sí mismos a Dios no solo aprenden de lo que hablan; pero, así como se come la comida, así reciben dentro de ellos la Palabra de Dios, y la esconden en los lugares más profundos de su corazón, para que puedan sacarla como es servida la comida apropiada a la gente".

Una frente dura como diamante

"Hijo de hombre, ve y entra a la casa de Israel, y habla a ellos con mis palabras. Porque no eres enviado a pueblo de habla profunda ni de difícil lengua, sino a la casa de Israel". Hablan tu mismo idioma, Ezequiel. "No a muchos pueblos de habla profunda ni de lengua difícil, cuyas palabras no entiendas; y si a ellos te enviara, ellos te oyeran. Mas la casa de Israel no te querrá oír, porque no me quiere oír a mí". El problema no es que te desprecien a ti; el problema es que me desprecian a mí. "Porque toda la casa de Israel es dura de frente y obstinada de corazón". Frente dura: es lo que son, cabezas duras. "No te preocupes, así que yo también te voy a dar una cabeza dura a ti, para que te puedas enfrentar a ellos".

"He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos" —¡dense de topes entre los dos!—, "y tu frente fuerte contra sus frentes. Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde. Y me dijo: Hijo de hombre, toma en tu corazón todas mis palabras que yo te hablaré, y oye con tus oídos. Y ve y entra a los cautivos, a los hijos de tu pueblo, y háblales y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar". "Háganme caso o no me hagan caso, yo les voy a decir lo que tengo que decirles".

Dulce y amargo

"Y me levantó el Espíritu, y oí detrás de mí una voz de gran estruendo, que decía: Bendita sea la gloria de Jehová desde su lugar. Oí también el sonido de las alas de los seres vivientes que se juntaban la una con la otra, y el sonido de las ruedas delante de ellos, y sonido de gran estruendo. Me levantó, pues, el Espíritu, y me tomó; y fui en amargura". Ahora hay un aspecto amargo y un aspecto dulce de esta misión. Se comió el rollo, el libro, y era dulce; pero también fue amarga la experiencia: "en la indignación de mi espíritu; pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí. Y vine a los cautivos en Tel-abib, que moraban junto al río Quebar, y me senté donde ellos estaban sentados, y allí permanecí siete días atónito entre ellos".

Y nuevamente, esto, espero que les recuerde que en Apocalipsis 10 hay algo exactamente igual, que le pasa a Juan con un ángel que le da también un librito que comer, y también es dulce y amargo para Juan. Porque también su mensaje era de juicio: el juicio de Dios vendrá sobre las naciones; el juicio de Dios es sobre aquellos que se rebelan contra Dios, y sobre Sus enemigos. Pero hay un aspecto dulce: porque, si te arrepientes, y si recibes el mensaje del evangelio y de lo que Dios quiere hacer en tu vida; si te arrepientes de tus pecados, vienes a Él en toda disposición, de que Él es tu única esperanza, de que quieres ser dependiente, dependiente de Él enteramente, entonces se convierte ese mismo juicio… se convierte en algo dulce. Pero para hacer eso tiene que entrar y estar ahí con el pueblo. Y va y se sienta ahí con ellos.

Siete días de consagración

Siete días. Siete días, que en la Biblia son: siete días de la creación, siete días de luto, o siete días de la consagración de un sacerdote, lo cual es lo más significativo. Este es el ministerio sacerdotal de Ezequiel, que está siendo consagrado al Señor por siete días: salir y sentarse entre todas las personas que están ahí, en donde él vive. Y pueden ver entonces que hay compasión ahí, simpatía y empatía con esta gente, para hablarles el mensaje: "Sí, sí, me van a rechazar; sí, sí, es un pueblo rebelde; pero me duele, me causa amargura ver la idolatría que hay en mi propio pueblo". Entonces el mensaje de la gloria de Dios no solamente es asimilado, sino también es con compasión.

Atalaya a la casa de Israel

Y vean lo que sigue; dice: "Y aconteció que al cabo de los siete días vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel" —esto también va a aparecer otra vez en el libro aquí, Ezequiel—; "oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: De cierto morirás; y tú no le amonestares ni le hablares, para que el impío sea apercibido de su mal camino a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío, y él no se convirtiere de su impiedad y de su mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado tu alma. Si el justo se apartare de su justicia e hiciere maldad, y pusiere yo tropiezo delante de él, él morirá, porque tú no le amonestaste; en su pecado morirá, y sus justicias que había hecho no vendrán en memoria; pero su sangre demandaré de tu mano. Pero si al justo amonestares para que no peque, y no pecare, de cierto vivirá, porque fue amonestado; y tú habrás librado tu alma".

Entonces encontramos… a ver, y es muy claro en el pasaje: "Tú no eres responsable de cómo respondan al mensaje, Ezequiel. Tú eres responsable de obedecer lo que yo te estoy pidiendo que hagas; de eso eres responsable". No es que tú eres responsable de sus pecados; es que tú eres responsable de desobedecerme a mí. "Por eso demandaré su sangre sobre ti; porque es tu obediencia a lo que yo te estoy pidiendo: es que hagas lo que yo te pido como mi hijo, como mi siervo, como mi profeta, independientemente del resultado que se dé". Entonces es un mensaje de juicio y de arrepentimiento, y es un mensaje que tenemos que hacer con fidelidad y constancia.

Enciérrate en tu casa

Por último, dice el versículo 22 al 27: "Vino allí la mano de Jehová sobre mí". Esta es la primera de las cosas físicas representativas que va a empezar a hacer Ezequiel, que muestran el plan de Dios para su vida y para el mensaje que tiene que dar. "Y vino allí la mano de Jehová sobre mí, y me dijo: Levántate, y sal al campo, y allí hablaré contigo. Y me levanté y salí al campo; y he aquí que allí estaba la gloria de Jehová, como la gloria que había visto junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro. Entonces entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies" —o sea, me dio la fuerza para hacer lo que tenía que hacer—, "y me habló, y me dijo: Entra, y enciérrate dentro de tu casa". "Señor, ¿no que querías que fuera a hablar con ellos?".

"Y tú, oh hijo de hombre, he aquí que pondrán sobre ti cuerdas, y con ellas te ligarán, y no saldrás entre ellos. Y haré que se pegue tu lengua a tu paladar, y estarás mudo, y no serás a ellos varón que reprende; porque son casa rebelde. Mas cuando yo te hubiere hablado, abriré tu boca, y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor: El que oye, oiga; y el que no quiera oír, no oiga; porque casa rebelde son". Entonces, ¿sí quieres que hable con ellos o no? No; va a estar limitado, no vas a salir más. Muchos creen que esto es una referencia… esto de "entra en tu casa, enciérrate" se refiere a su comunidad cercana: no vas a salir más allá de los que están ahí inmediatamente, como tus vecinos. "Y no vas a hablar toda la palabra todavía que tengo que decir".

Aprender a callar

O sea, me está diciendo… a Ezequiel: "No hables de más. No es tu opinión; no te quieras adelantar. Espérate a decir lo que yo quiero decir; asegúrate de que sí soy yo hablando". Lo cual me lleva a pensar: el mensaje de la gloria de Dios a veces significa aprender a callar, ¿no es cierto? Porque a veces lo que queremos decir es nuestra propia opinión: "Es lo que yo creo, es lo que yo pienso". "Esto es…". Aquí es lo que dice Dios, no es lo que dices tú. Hay que ser sabios, hermanos, para entender cómo mantenernos en la línea.

En la clase de predicación expositiva hemos visto eso: que existe una línea, que es la Palabra de Dios. Y no queremos agregarle a la Palabra de Dios diciendo ideas nuestras, y no queremos quitarle a la Palabra de Dios quitando cosas que Dios quiere decir. Queremos mantenernos en la línea; queremos predicar solo lo que Dios quiere decir. Si decimos más de lo que Dios quiere decir, nos volvemos una iglesia legalista; y si le quitamos a lo que Dios quiere decir, nos volvemos una iglesia liberal. Y no queremos ser ninguna de esas; queremos decir solo lo que Dios está diciendo en Su Palabra.

Y, y, y si leen el versículo 27, espero que les recuerde una frase que aparece también en el ministerio de Jesús: "El que oye, oiga"; "el que tiene oídos para oír, oiga". Y en Apocalipsis 2 y 3 termina cada carta: "El que tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias". Es un llamado a escuchar específicamente la Palabra de Dios que está siendo expuesta, y a responder ante esa Palabra; a responder ante lo que Dios está diciendo. Pero, hermanos, hablamos mucho y escuchamos poco, ¿es cierto? Hablamos mucho, mucho más, creo, de lo que tenemos que hablar. Porque, si habláramos solo lo que Dios realmente está diciendo, ¿qué porcentaje de nuestro día sería eso? ¿5 %? ¿10 %? ¿Cuántas horas nosotros hablamos, hablamos, diciendo: "Siento esto", "creo esto", "quiero esto", "no quiero esto"?

Conclusión: lo que tiene peso

La pregunta a la cual nos lleva todo este pasaje es: ¿estamos preparados para vivir nuestras vidas para la gloria de Dios, y no para la nuestra? ¿Es prioridad? ¿Qué es lo que pesa más, qué es lo más importante? ¿Saben? Esa palabra en hebreo, "gloria", que describe esta visión que tuvo Ezequiel, es la palabra kabod, que significa "pesado", o "de peso". Es lo que significa ahí, cuando se refiere a la manifestación física de Dios: está mostrándonos Sus atributos, y nos está mostrando que eso es lo que realmente importa; eso es lo de peso. Entonces significa que nosotros tendríamos que reacomodar nuestras prioridades, para que las cosas que son importantes para Dios sean las mismas cosas que son importantes para nosotros.

La gloria de Dios es lo que es importante para Dios; nuestra gloria es importante para nosotros, normalmente. Pero Dios quiere restaurar esas prioridades, mostrándonos quién es Él, y lo que Él quiere que digamos y hagamos con nuestras vidas para comunicar Su mensaje al mundo que nos rodea. 2 Corintios 4:6: "Pues Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo". ¿Cómo vemos la gloria de Dios? Viendo a Cristo; reflexionando sobre Cristo, quién es Él, qué es lo que Él ha hecho por nosotros.

Y es por eso que es tan importante la Santa Cena, porque es un recordatorio de la gloria de Dios. La gloria de Dios se ha manifestado en lo que Cristo vino a hacer por nosotros. Y en lo que hemos visto: cuando se convirtió en un tesoro para nuestras vidas, cuando lo empezamos a ver como algo hermoso, como algo que atesoramos, como algo que era lo más importante de todo este universo, entonces la gloria de Dios empezó a manifestarse como realmente quiere que la veamos. Que Dios nos refrene de nosotros mismos, y nos dé el poder del Espíritu para reflejar la gloria de Dios en la faz de Su Hijo, en todo lo que decimos y hacemos. Pues…

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